El baile de selección. ( Cap.8)

El rey Juan Carlos I de España volvió a aparecer en su propio sueño. Entró, de modo solemne junto a la reina, en el salón real para celebrar el baile de elección de la novia del heredero. Ordenó con gestos imperativos que sonaran las trompetas. Llegó con una escupidera y una copa de vino. Primero, enjuagó la voz. Intentaba recitar con mucha contundencia. Pero le volvieron a salir gallos.

-Bienvenidas a esta gala/A esta fiesta muy especial,/en el salón más lujoso/de este palacio real./Toda joven deberá/con el príncipe bailar/para poder elegir/con la que se ha de casar./La joven que no bailara/      un gran castigo tendrá. /¡Un gran castigo tendrá!

Volvió a utilizar la escupidera y se aclaró, de nuevo, la voz con otro trago.

-¡Felipe!

Entró el príncipe heredero con gran desgana para manifestar su desacuerdo con la obligación de casarse.

-¡Colócate en tu puesto! – ordenó el monarca.

-Todo esto es innecesario, padre.

-Hijo, todo va a salir bien.

La reina dio un beso a su hijo. El rey se dirigió a las jóvenes asistentes.

-¿A qué esperáis? Las que vayáis a participar en el baile, subid. ¡Deprisa!

 

Un bufido del rey durmiente coincidió con una ventosidad y con otro cambio en el sueño. Letizienta apareció disfrazada de bailarina, Comenzó a ensayar los pasos del baile para estar preparada.

-¡Ha llegado mi momento! ¡Este baile para buscar novia al príncipe es la ocasión que estaba esperando! Debo poner en marcha mi plan. Debo conquistar al príncipe. No puedo explicar ahora nada más de mi misión. Lo siento.

Letizienta tenía también un espejo y cremas adelgazantes para su nariz. Comenzó a frotársela con diligencia.

-Esta nariz puede ser mi perdición. ¡Ay!

Se frotaba con tal fuerza que se hacía daño.

-Tengo que prepararme. Habrá mucha competencia en el baile. La principal rival será la hijastra de la duquesa Cayetana. Desea ser la elegida, para que todo siga igual. Son las aristócratas más antiguas del mundo. Tienen el ducado del paraíso terrenal. ¡Pero le voy a enamorar yo! Entonces, pondré en marcha mi plan para cambiar la monarquía, me cueste lo que me cueste. ¡Perdón! Voy a seguir moldeando mi nariz.

Consejo de amiga. (Cap.7)

El hemisferio izquierdo del rey dormido se ocupó de nuevo de la periodista presentadora del informativo. Se hallaba mirándose la nariz en un espejo. Se acercó una amiga suya. Para el monarca soñador, era desconocida.

                   -¡Hola, Letizienta! ¿Cómo estás?

-Hola, compañera.  Dime          pronto lo que tengas que decirme. – advirtió la vanidosa periodista – No puedo perder tiempo.

-Iré al grano. Te hablo como amiga. ¿Tú sabes el lío en el que te vas a meter, si te casas con el príncipe heredero?

-Soy consciente. Pero lo asumo. Tengo una misión secreta que cumplir.

-Debo advertirte que puedes salir muy perjudicada. ¿Sabes lo que han sufrido las esposas de los borbones? Sus vidas han sido trágicas. Letizienta, antes de tomar la decisión, estudia la vida de las ‘borbonas’. Cuando la conozcas, saldrás corriendo y seguirás en la tele.

-Lo he estudiado en el bachillerato. El primer Borbón vino de Francia y fue Felipe V. El heredero, con el que me quiero casar, será el rey Felipe VI.

-¿Qué sabes de la vida íntima de aquel primer Felipe V?

Letizienta elevó los ojos al cielo para disimular su ignorancia.

-Felipe V era un obseso del sexo hasta el extremo máximo. No salía de la cama. Amargó la vida a sus dos esposas. No las dejó en paz ni un momento. Todo el día trajinando con el sexo a lo bestia. Tomaba comidas afrodisíacas para mantener su miembro erecto constantemente. – explicó la amiga – Así que Felipe V, el fundador de la dinastía, estaba todo el día ‘dándole’.

-¡Eran otros tiempos! – se justificó Letizienta.

– Su primera mujer Maria Luisa de Saboya mandó un mensaje a su madre para que viniera a librarla. Murió a los 26 años. Le había ‘hecho el amor’ tantas veces como en 200 años ‘normales’.

-¡A mí, no me va pasar eso! Lo tengo todo planificado.

-La segunda esposa fue Isabel de Farnesio dicen que era fea, bajita y rechoncha. Tenía la cara picada de viruela. A pesar de todo, cuando se estaban casando en la catedral, no llegó a terminar la ceremonia. A la mitad, se la llevó a la sacristía para consumar el matrimonio. Y desde ese momento, no paró.

-¿Eso es todo lo que deseabas decirme?

-Además, está la maldición del trece. Te lo digo como amiga. Sólo quiero que lo pienses antes de casarte.

-¡Déjalo! Yo me casaré para cumplir mi misión.

Negociación por Urdangarín. ( Cap. 6)

  -¿Jaimito?

La pregunta se escuchó casi con voz clandestina a través del teléfono en el piso madrileño del ex duque de Lugo. Él se hallaba en pijama. Pero era también multicolor.

-¿Qué Jaimito ni qué niño muerto? ¡Aquí no hay ningún Jaimito!

-¿No eres tú Jaimito Marichalar?

-¡Yo soy el excelentísimo señor don Jaime de Marichalar! Hay honores que no me puede quitar ni la familia real.

-¡Perdón! Perdón. Lo siento.

Esta conversación no tuvo lugar en el hemisferio izquierdo de la cabeza del rey Juan Carlos I de España. No pertenecía a su sueño. Era real. El comunicante no había entrado con buen pie. Había logrado el enfado del ex marido de la Infanta Elena.

-¿Quién eres tú para llamarme Jaimito?

-Te llamo para pedirte un favor.

-Te he preguntado quién eres.

-Soy un socio de tu concuñado Urdangarín.

-Urdangarín tenía muchos socios. ¿Cuál de ellos eres tú?

-Soy uno de ellos. No importa cuál. El favor que te pido es el siguiente. Deseo negociar con el rey. Yo me ofrezco a decir que el culpable de todas las malversaciones soy yo. Pero exijo a cambio una recompensa, una gratificación, una … ¡Eso es lo que quiero negociar con el rey!

-¿Para qué me llamas a mí? – se sorprendió Marichalar.

-Quiero que me ayudes a llegar hasta el rey.

-No creo ser yo la persona más adecuada.

-Tú me puedes ayudar a través de tu ex mujer. Yo sería generoso contigo. Una parte de esa … de esa ‘gratificación’ podría ser para ti, si me ayudas.

-¿Cuánto sería mi parte?

-¡Hombre, Jaimit …! Perdón, Don Jaime. Eso depende de lo que podamos conseguir. A la familia real, le tiene que interesar tapar todo esto.

-No sé. Yo nunca he entendido a la familia real.

-¡Piénsalo! Te puedes llevar una pasta.

-Voy a ver lo que se puede hacer. No te prometo nada.

El ex duque de Lugo se quedó entre las dudas y las esperanzas. Se rascó a través del calzoncillo, que también era de colores.

La misión de la candidata. (Cap.5)

En el sueño del rey dormido, con el nuevo cambio de postura, apareció un plató de televisión donde se estaba emitiendo en directo un informativo.  Como si se tratara de una cámara digital, el foco se fue centrando en el rostro de la periodista que lee las noticias. Aprovechando el primer plano, la locutora dejó el tono serio de la información y se dirigió al público de modo distendido.

-¡Hola! Estoy encantada de conocerles. Como saben, me llamo Letizienta. Con z. ¡Perdón! Dígame. ¿No ha oído mi nombre? Lo repito. ¡Le-ti-zien-ta! Con z. Como la del cuento. Rectifico. La del cuento se llama como yo. Pero con z.

Simuló que respondía a otra interpelación de los numerosos periodistas que la están entrevistando.

-¡Sí! Dígame ¿Vd. también cree que yo soy más guapa que la Letizienta del cuento? Muchas, muchas gracias. ¿Vd. qué opina? … Tiene razón. Tendré que arreglarme un poco la nariz. ¡Pero sólo un poco!

La periodista, en el sueño real, se levantó y se dirigió al público.

-Hasta ahora he trabajado en la tele. ¡Pero tengo una misión importante! Aunque no tengo sangre azul, deseo pasar a la historia como la renovadora de esa institución tan vieja que es la monarquía. ¡Me casaré con el príncipe heredero!

Letizienta manifestaba una gran decisión.

-Aprovecharé que el viejo rey busca a alguien para desposar a su hijo heredero. Es lógico que el rey esté enfadado. El heredero no le da descendencia. Esa es la función de los reyes. ¿No? Tienen que producir herederos. Por lo tanto, lo que deben hacer es fo… Ya me entienden. Tienen que estar todo el tiempo ’haciéndolo’, con perdón. ¡Dale que te dale! Digámoslo elegantemente. La principal función del rey es hacer el amor, fornicar, engendrar herederos para que la monarquía no desaparezca.

La periodista nariguda había logrado complicidad con el público.

-El rey este del cuento ha tenido la idea de…. ¡No se sorprenda Vd. por favor! Los reyes, a veces, tienen alguna idea. Entre intento e intento, también piensan. Incluso pueden pensar, mientras lo están ’haciendo’.

Antes de salir del sueño real, Letizienta repitió: ‘Me casaré con el heredero y cumpliré mi misión. Es muy importante también para Vds que yo cumpla mi misión.’