La prueba del zapato. ( Cap. 16 )

En el sueño del rey durmiente, las trompetas anunciaron el comienzo de la prueba del zapato para determinar a la joven que se casaría con el heredero. Entraron los reyes con solemnidad. No estaban muy risueños. El príncipe se colocó en medio del salón real con el zapato brillante de larguísimo tacón en la mano.

-¡Comienza la ceremonia para elegir a la dueña de este zapato! – anunció el futuro rey Felipe VI – Ella será mi esposa. Debe pasar la primera candidata.

Entró la hijastra de la duquesa Cayetana muy segura de sí misma. Lo hizo con gestos ampulosos y reverencias aparatosas de Drag Queen. Esparcía en el ambiente perfumes y guirnaldas. Remató su entrada con una aparatosa reverencia ante el rey.

-¡Ponte este zapato! – ordenó el príncipe en tono severo ya autoritario.

La hijastra aristocrática hizo un gesto cómplice al monarca. Éste trató de disimular. El príncipe repitió la orden para que se pusiera el zapato.

-¡Ponte el zapato!

Comenzó la operación de introducir su pie en el zapato brillante de larguísimo tacón. Por mucho que lo intentaba, no podía meterlo. Hizo grandes esfuerzos. Llegó a sangrar en los dedos del pie. Se desesperó. La música ratificó el fracaso. La joven protestó, pataleó y lloró.

-Este zapato no es tuyo. ¡Fuera! – sentenció el príncipe.

Hubo una nueva llamada de las trompetas para probarse el zapato.

-¡Debe subir la siguiente candidata! – ordenó el heredero nervioso.

Hubo un momento de espera y de incertidumbre. Llegó Letizienta corriendo. Apareció espléndida y seductora con su vestido rojo, corto escotado. La música lo ratificó. El príncipe la reconoció con alegría. No tenía ojos más que para ella. Mientras caminaba hacia la prueba, ella se levantó la falda para dejar ver con picardía, pero con elegancia, la liga de su bisabuela. El efecto en el príncipe es inmediato. Tuvo que disimular su excitación. Con esa confianza, ella hizo la prueba. El pie entró con facilidad en el zapato. La música dio la ratificación con ritmo y solemnidad.

-¡Padre! ¡¡Madre!! Comprobadlo. – indicó el príncipe con una gran sonrisa.

Los reyes, a desgana, se acercaron para comprobarlo.

-Padres, ésta es mi novia oficial. Deseo casarme cuanto antes con ella.

Sin embargo, el rey, enfadado, tomó la mano de la reina y salieron sin atender esa propuesta.

 

3ª advertencia de la amiga .- (Cap.15)


En el sueño real, entró de nuevo la amiga de Letizienta. Llegó corriendo. Tenía la respiración entrecortada. Estaba muy preocupada.

          -¡Leti, por favor, escúchame! Es tu última oportunidad para rectificar. Soy tu amiga y quiero evitar que caigas en una desgracia muy grave por tu ambición de ser reina. ¡Abandona! Serás más feliz trabajando en la tele.

            -¡Está decidido! Mi misión está por encima de todo.

          -He venido a hacerte dos preguntas. – insistió la amiga.

          -Date prisa. No tengo tiempo que perder. – aceptó Letizienta.

          -Comienzo por la segunda. ¿Tú has visto o has palpado el … el aparato del futuro Felipe VI?

          -¡Esa es una pregunta muy vulgar! – aparentó escandalizarse la aspirante.

          -Es vulgar, pero importante. ¿Conoces sus dimensiones o no?

          -En el baile, intenté arrimarme. Pero ... Hubiera sido indiscreto. ¿No?

          -Es urgente que conozcas sus dimensiones. Y paso a la segunda pregunta. ¿Tú sabes lo que es el priapismo?

          -Pria.. ¿qué? – evidenció su ignorancia la aspirante a princesa.

          -Es una enfermedad también llamada macrosomía genital. Consiste en ¡tener genitales desproporcionadamente grandes! Varios de sus antecesores Borbones han padecido esta ... esta enfermedad. El que más Fernando VII.

            -¿El de la canción del paletón?

            -Era una alusión. La historia dice que tenía un miembro viril de unas dimensiones descomunales. Una de sus esposas, María Josefa de Sajonia, se desmayó sólo al verlo la noche de bodas. Dicen que cuando tenía que hacer el amor, a ella le entraba tal temor que … -siento decirlo – se meaba y se cagaba de miedo. Literalmente.

            -¡Habladurías!

          -Está comprobado históricamente. Los médicos le tuvieron que construir al rey semental un cojín con un agujero reducido para que moderara el efecto de su erección. Además, las personas que padecen esta enfermedad suelen tener unas erecciones que duran muchas horas, e incluso días. A Fernando VII le pasaba eso.

            -¡Está bien! – sentenció Letizienta con firmeza - Me doy por enterada. Pero ¡voy a seguir con mi misión! Me casaré con él.

            -¡Hazme caso, por favor!

            -Lo siento. ¡Adiós!

            La amiga se vio obligada a salir.

	

Convocatoria de prueba del zapato. ( Cap. 14)

Las trompetas reales hicieron otra vez acto de presencia en el sueño de Juan Carlos I de España. Esta vez, no había tomado él la iniciativa, sino su heredero. El príncipe entró con el zapato de Letizienta en la mano. Deseaba localizar a su propietaria. Se enjuagó la voz haciendo gorgoritos. Se colocó para anunciar el nuevo edicto. Trató de imitar en todo lo posible a su padre. -A la propuesta que os hago/os pido vuestra atención./Quiero buscar a la joven/que ayer conmigo bailó./Las asistentes a baile/‘todas’ deberéis probar /para ver si os pertenece/el zapato de cristal./¡Sin máscaras estaréis!/Ninguna puede fallar/pues habrá graves castigos/para la que ose faltar. El príncipe quería mantener la solemnidad de su convocatoria. Pero cayó en la tentación de de besar el zapato brillante con altísimo tacón. El monarca se disgustó y cambió la secuencia de su sueño. Volvió a aparecer Letizienta. -¡Nos lo jugamos todo! Estaba en su casa. Se había enterado ya de la convocatoria para probar el zapato. Su plan se iba cumpliendo en todos los detalles que ella había establecido para lograr casarse con el príncipe heredero y cumplir su misión. -Tengo que seducir al príncipe completa y definitivamente. ¡Es la única oportunidad! Si no hay boda, no conseguiremos nuestro objetivo. Ahora sí que me tenéis que ayudar. La aspirante pasó a su habitación privada para ponerse la ropa más seductora. Se desnudó. Al rey del sueño se le fueron los ojos. Así fue hasta su perchero y cogió dos vestidos. -¿Cuál de estos dos vestidos es mejor para seducirle? ¿Qué color le gusta más? ¿El azul o el rojo? ¡Éste! El rojo es más excitante. Se puso el vestido rojo con picardía. El rey siguió el proceso con curiosidad libidinosa. Cuando terminó, no pudo evitar una ventosidad. En otra zona el hemisferio izquierdo de la cabeza del rey dormido se colocó la hijastra de la duquesa Cayetana. Ella también se había enterado de la convocatoria para probarse el zapato. -El zapato no es mío. Pero el rey habrá recapacitado y obligará a rectificar a su hijo. Dio un salto acrobático de Drug Queen y casi se cayó. -¡Esta noche seré yo la elegida para casarme con el príncipe heredero! Llegaré a ser reina. Llevaré el nombre de mi madrastra. Me llamaré Cayetana I.

Advertencia de la hijastra.- ( Cap. 13 )

El rey Juan Carlos I de España, dormido, tuvo un acceso de tos. Estuvo a punto de despertarse. Pero el sueño se mantuvo.  En el hemisferio izquierdo de su real cabeza se colocó de nuevo la hijastra de la duquesa Cayetana. Mantenía su vestido de Drug Queen. Hizo una gran reverencia.

-Majestad, ¿me da su permiso?

-¿Otra vez por aquí? – se extrañó el rey – ¡A ver qué tienes que decirme ahora!

-He venido a hacerle una advertencia en nombre de mi madre, la duquesa Cayetana.

-¿Sobre qué me quiere advertir ahora la duquesa Cayetana? ¿Quiere divorciarse y casarse de nuevo?

A la hijastra no le gustó la broma real. Pero sonrió.

-¡Es algo más importante, señor! Se trata del heredero de la corona.

-Dime lo que piensa Cayetana.

-Mi madre desea advertirle sobre el paso que va a dar su hijo heredero. Cree mi madre que una candidata aristócrata como yo es más de fiar. Majestad, con la monarquía no se deben hacer experimentos. Es una cosa muy seria.

-Yo opino exactamente lo mismo que tu madrastra. – afirmó el rey – Pero hacen falta pruebas. ¿Sabe tu madre algo secreto de esa candidata plebeya? ¡Algún secreto que la descalifique como aspirante a ser la esposa del heredero!

-Majestad, yo conseguiré esa prueba. Diré a mi madre, la duquesa, que busque algún secreto de esa intrusa. Su nuevo marido se pondrá a investigar.

-¡Debéis buscarlo pronto! La boda se celebrará en fecha próxima.

El monarca desapareció de su propio sueño. La hijastra de la duquesa Cayetana, con su vestido de Drug Queen comenzó un baile frenético para celebrar el éxito que creía haber conseguido ante el rey para anular el nombramiento conseguido por Letizienta.

-¡Tenéis que ayudarme, políticos! A quien me ayude a descubrir el secreto perverso de Letizienta, le daré un puesto en la corte, cuando yo me haya casado con el príncipe y sea la reina. ¡Ha llegado la hora de la verdad! Recordadlo, senadores. Repartiré títulos entre los que me ayuden. A Vd., que tiene cara de marqués, si me apoya, le nombraré marqués de Miranda. ¿Tú qué título quieres? Concedido, pero antes tienes que ayudarme a ser reina.

En poco tiempo, se formó una larga cola de políticos, incluso republicanos, para apoyar a la hijastra a cambio de un título nobiliario o un sillón administrativo.