Advertencia de la hijastra.- ( Cap. 13 )

El rey Juan Carlos I de España, dormido, tuvo un acceso de tos. Estuvo a punto de despertarse. Pero el sueño se mantuvo.  En el hemisferio izquierdo de su real cabeza se colocó de nuevo la hijastra de la duquesa Cayetana. Mantenía su vestido de Drug Queen. Hizo una gran reverencia.

-Majestad, ¿me da su permiso?

-¿Otra vez por aquí? – se extrañó el rey – ¡A ver qué tienes que decirme ahora!

-He venido a hacerle una advertencia en nombre de mi madre, la duquesa Cayetana.

-¿Sobre qué me quiere advertir ahora la duquesa Cayetana? ¿Quiere divorciarse y casarse de nuevo?

A la hijastra no le gustó la broma real. Pero sonrió.

-¡Es algo más importante, señor! Se trata del heredero de la corona.

-Dime lo que piensa Cayetana.

-Mi madre desea advertirle sobre el paso que va a dar su hijo heredero. Cree mi madre que una candidata aristócrata como yo es más de fiar. Majestad, con la monarquía no se deben hacer experimentos. Es una cosa muy seria.

-Yo opino exactamente lo mismo que tu madrastra. – afirmó el rey – Pero hacen falta pruebas. ¿Sabe tu madre algo secreto de esa candidata plebeya? ¡Algún secreto que la descalifique como aspirante a ser la esposa del heredero!

-Majestad, yo conseguiré esa prueba. Diré a mi madre, la duquesa, que busque algún secreto de esa intrusa. Su nuevo marido se pondrá a investigar.

-¡Debéis buscarlo pronto! La boda se celebrará en fecha próxima.

El monarca desapareció de su propio sueño. La hijastra de la duquesa Cayetana, con su vestido de Drug Queen comenzó un baile frenético para celebrar el éxito que creía haber conseguido ante el rey para anular el nombramiento conseguido por Letizienta.

-¡Tenéis que ayudarme, políticos! A quien me ayude a descubrir el secreto perverso de Letizienta, le daré un puesto en la corte, cuando yo me haya casado con el príncipe y sea la reina. ¡Ha llegado la hora de la verdad! Recordadlo, senadores. Repartiré títulos entre los que me ayuden. A Vd., que tiene cara de marqués, si me apoya, le nombraré marqués de Miranda. ¿Tú qué título quieres? Concedido, pero antes tienes que ayudarme a ser reina.

En poco tiempo, se formó una larga cola de políticos, incluso republicanos, para apoyar a la hijastra a cambio de un título nobiliario o un sillón administrativo.

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