3ª advertencia de la amiga .- (Cap.15)


En el sueño real, entró de nuevo la amiga de Letizienta. Llegó corriendo. Tenía la respiración entrecortada. Estaba muy preocupada.

          -¡Leti, por favor, escúchame! Es tu última oportunidad para rectificar. Soy tu amiga y quiero evitar que caigas en una desgracia muy grave por tu ambición de ser reina. ¡Abandona! Serás más feliz trabajando en la tele.

            -¡Está decidido! Mi misión está por encima de todo.

          -He venido a hacerte dos preguntas. – insistió la amiga.

          -Date prisa. No tengo tiempo que perder. – aceptó Letizienta.

          -Comienzo por la segunda. ¿Tú has visto o has palpado el … el aparato del futuro Felipe VI?

          -¡Esa es una pregunta muy vulgar! – aparentó escandalizarse la aspirante.

          -Es vulgar, pero importante. ¿Conoces sus dimensiones o no?

          -En el baile, intenté arrimarme. Pero ... Hubiera sido indiscreto. ¿No?

          -Es urgente que conozcas sus dimensiones. Y paso a la segunda pregunta. ¿Tú sabes lo que es el priapismo?

          -Pria.. ¿qué? – evidenció su ignorancia la aspirante a princesa.

          -Es una enfermedad también llamada macrosomía genital. Consiste en ¡tener genitales desproporcionadamente grandes! Varios de sus antecesores Borbones han padecido esta ... esta enfermedad. El que más Fernando VII.

            -¿El de la canción del paletón?

            -Era una alusión. La historia dice que tenía un miembro viril de unas dimensiones descomunales. Una de sus esposas, María Josefa de Sajonia, se desmayó sólo al verlo la noche de bodas. Dicen que cuando tenía que hacer el amor, a ella le entraba tal temor que … -siento decirlo – se meaba y se cagaba de miedo. Literalmente.

            -¡Habladurías!

          -Está comprobado históricamente. Los médicos le tuvieron que construir al rey semental un cojín con un agujero reducido para que moderara el efecto de su erección. Además, las personas que padecen esta enfermedad suelen tener unas erecciones que duran muchas horas, e incluso días. A Fernando VII le pasaba eso.

            -¡Está bien! – sentenció Letizienta con firmeza - Me doy por enterada. Pero ¡voy a seguir con mi misión! Me casaré con él.

            -¡Hazme caso, por favor!

            -Lo siento. ¡Adiós!

            La amiga se vio obligada a salir.

	

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *