Producir un heredero. ( Cap.21)

El rey volvió a entrar en su propio sueño. Fue a buscar a su hijo y heredero. Deseaba saber cómo iban sus primeros días como casado. Antes de alcanzarle, carraspeó y echó un esputo en la escupidera. El príncipe caminaba con dificultades. Tratando de separar las piernas por el dolor que sentía en los genitales. El padre le preguntó por la espalda.

-¿Cómo va el … el proceso de engendrar cuanto antes un heredero varón para adelantarse a posibles acontecimientos?

-Yo creo que estoy cumpliendo. No sé si tanto como mi mujer. Pero …. Estoy cumpliendo.

-¿Qué quieres decir con lo de ella?

-La princesa Letizienta es … Está entregada a engendrar este primer descendiente. Es imposible imaginar algo igual. Es insaciable, infatigable. No me deja descansar. Un … un intento tras otro. ¡Mira cómo me tiene!

El príncipe heredero hace una demostración de cómo se ve obligado a andar con las dificultades para separar las piernas.

-Tengo los genitales escocidos. ¡Hinchados! Padecen una sobrecarga de actividad.

-Lo importante es el resultado. – replicó el padre.

-¿El resultado? – especuló el príncipe – Por el esfuerzo que estoy haciendo, seguro que salen gemelos o quizá trillizos. El trabajo de la princesa Letizienta está siendo tremendo. No podíamos haber elegido mejor candidata a ser reina. ¡Impresionante!

-¿Estás seguro de que será un varón adecuado para garantizar el futuro de la monarquía en estos tiempos difíciles? – se interesó el rey.

-Seguro que salen dos herederos para garantizar ese futuro.

-Pero ¿serán varones o no serán varones?

-¡Serán varones con toda seguridad!

-¡Tampoco debes crear otro problema dinástico! Si nacen gemelos o mellizos, podemos tener otro problema. ¿Quién va a ser el heredero en ese caso? Se pelearán por subir al trono.

-Podrán reinar, al año, seis meses cada uno. – propuso el príncipe.

-De todos modos, no te duermas en los laureles. – insistió el rey – Sigue trabajando ¡A engendrar el heredero varón!

-¡Pero, padre! Mira cómo estoy. – Se quejó el futuro Felipe VI.

-¡A producir herederos! – ordenó el monarca – ¡Al tajo!

El príncipe se levantó y comenzó a andar, quejándose por el dolor de sus testículos.

Negociación con la reina. (Cap.20)

 -¡Mami, quiero hablar contigo en privado!

Fue una petición de la Infanta Elena a la reina Sofía. Se la hizo al terminar una recepción oficial. Había dado muchas vueltas en su cabeza a la conveniencia o no de plantear a su madre la petición que le había trasladado su ex marido sobre el socio de Iñaki Urdangarín.

-Te veo muy nerviosa. ¿No tendrás un novio secreto que quieres sacar a la luz? ¿Tampoco estarás embarazada?

-¡Por favor, mami! Yo ya no estoy para esos líos. Quiero hablar contigo de una cosa que no se refiere a mí directamente.

Las dos buscaron un lugar reservado donde hablar sin ser molestadas.

-La verdad, mami, es que no sé cómo plantearlo.

-Los griegos clásicos aconsejaban ir directamente al asunto principal. – propuso la reina recordando su procedencia.

-Un ex socio de tu yerno Urdangarín está dispuesto a sacrificarse y asumir toda la culpa.

-¡A ver! ¡A ver! Eso es ir demasiado deprisa al asunto principal. ¿Qué es eso de asumir la culpa de tu cuñado? ¡Explícalo con más calma!

-Un ex socio de tu yerno …

-¿Qué socio? ¿El que está más implicado?

-Creo que es otro. Quiere hablar con padre, el rey, para negociar la posibilidad de que él asuma toda la culpa de los … bueno, de todo y que Iñaki quede totalmente inocente. Así la familia real se vería libre de todo.

-Tiene que haber algún truco en todo eso. ¿No?

-A cambio, quiere una compensación. Supongo que económica.

-¿Y quién le plantea eso el rey, tu padre?

-Lo que él pide es que convenzamos a padre, el rey, para que le reciba y negocie con él.

-Eso es como poner el cascabel al gato. ¿No estará por medio Jaimito?

La infanta Elena se puso colorada y no supo qué contestar. Al final, tuvo que contar a su madre cómo se lo había propuesto su ex marido. La reina sólo le prometió que no estudiaría. Pero opinó que eso no tenía muchas posibilidades de prosperar.

-¡Espera, Elenita! Una pregunta. ¿Tú sabes cuál es esa decisión tan importante que ha tomado tu padre el rey?

-No tengo ni idea, mami.

 

2ª advertencia de la hijastra. (Cap. 19)

Cuando el hemisferio izquierdo de la cabeza de Juan Carlos I volvió sintonizar las imágenes de su sueño, apareció de nuevo la figura de la hijastra de la duquesa Cayetana.  Entró por sorpresa y de repente. Se acercó al Rey.

-¡Majestad reverendísima!

-¿Otra vez tu? ¿Te envía tu madrastra, la duquesa Cayetana de nuevo?

-¡Majestad, debéis repudiar a la mujer del príncipe heredero!

La joven pero rancia aristócrata estaba tan nerviosa que se atropellaba al hablar.

-Mi madre y yo hemos descubierto el secreto perverso de Letizienta.

-¿Tiene un secreto perverso? – se interesó le rey.

-Esa …’joven’ no cumple la principal condición para ser reina.

Juan Carlos I de España se contagió por el nerviosismo. Se puso también a tartamudear

-¿Cu -cuál es esa pi-principal condi-dición?

-Esa joven, mi rey, es estéril masculina. ¡Nunca engendrará varón! Ha preparado una trampa. En su familia, sólo nacen niñas de generación en generación. Nunca nacerá ningún heredero varón para vuestra corona.

-¿Esta-tás segu-gura de que di-dices?

-Lo hemos descubierto mi madre y yo.

-¡Necesito pruebas de eso! – gritó el monarca muy alterado – ¡Eso sería un desastre para esta monarquía! Sería una monarquía feminista, dominada exclusivamente por las mujeres.

-¡Mi madrastra, la duquesa, dice que hay que impedirlo desde el principio! Si dejáis que empiece a tener hijas, ya no habrá remedio. Os quitarán el poder. En cambio, yo seré fiel a vos por los siglos de los siglos.

-¡De-debo esta-tar segu-guro antes de actu-tuar!

-Si repudiáis a Letizienta y me concedéis a mí la mano del heredero, os daré un nieto varón a los nueve meses exactos. Además, os tendré informado de todos los propósitos y deseos de vuestro hijo. Estaré siempre de vuestra parte por los siglos de los siglos.

-Yo personalmente comprobaré si Letizienta tiene esa … esa enfermedad. Así podremos repudiarla con todas las de la ley. Y tú serás la esposa definitiva. Díselo a tu madrastra, la duquesa Cayetana.

-¡Estaremos las dos preparadas para la nueva boda! Ella será la madrina.

La hijastra giró sobre sus tacones de Drug Queen y se fue.

 

La boda.(Cap.18)

En el sueño real, volvió a aparecer la televisión. En el hemisferio izquierdo de la cabeza real adquirió forma un presentador de informativos. Se parecía muchísimo a Alfredo Urdaci. Llevaba la nariz roja de payaso. Se proyectó la careta del Telediario, a la vez que se oía la sintonía musical de la canción popular ‘Vamos a contar mentiras’.

-Muy buenos días, señoras y señores. Perdón. – dijo el presentador – Queremos decir muy buenas noches, señores y señoras. Bienvenidos a este des – informativo de Televisión española. Comenzamos con la mentira más destacada del día: La boda del príncipe Felipe, heredero de la corona. Conectamos en directo con el palacio real. Pueden ver a los invitados a la boda. Sentirán envidia por no poder participar en esta fiesta, aunque la paguen. Los actuales reyes, felices y satisfechos padres del heredero, están recibiendo a sus invitados, que les felicitan por el acontecimiento nupcial.

Al contrario de lo que decía el presentador, los reyes vestidos de gala en lugar destacado, estaban muy nerviosos y poco satisfechos.

-Sofía, ¿Tú crees que esto va a salir bien? – se le oía al rey entre dientes.

-¡Juanito, domina tus nervios! – recomendaba la reina – Todo va a salir divinamente.

El presentador de la nariz roja de payaso recuperó su protagonismo.

-Señoras y señores, esta ceremonia refleja la grandeza de nuestra monarquía. Les dejo con el sonido y las imágenes oficiales del besamanos.

Se oyó la última parte de la macha nupcial, como signo de que ya había terminado la boda entre Letizienta y el príncipe.  El rey aprovechó para acercar su habitual escupidera y la copa de vino.

-¡Ya está hecho! – dijo el monarca tras echar el primer gargajo -Tu hijo se ha salido con la suya. Se ha casado con quien quería.

-Letizienta es quien se ha casado con quien quería. – puntualizó la reina.

-Yo mantengo mis dudas. ¿Nos traerán pronto un heredero varón?

-No hay motivo para tener dudas.

Por su parte, el heredero, que seguía enardecido, quiso comenzar a trabajar.

-Letizienta, debemos cumplir con nuestra obligación de tener hijos.

-Cuando tú quieras. ¡Yo lo estoy deseando!

Sin despedirse de nadie, los dos comenzaron a correr hacia el dormitorio. Comenzaron a desnudarse. Pero en ese momento, el sueño del rey fue a negro y perdió las imágenes.

El triunfo y el éxito. (Cap.17)

Tras terminar la prueba del zapato brillante con altísimo tacón, el sueño, en el hemisferio izquierdo de la cabeza de Juan Carlos I, siguió con los dos enamorados. El príncipe, en lugar de salir, se volvió hacia la mujer que le había deslumbrado. Carraspeó con nervios. Tomó la mano de Letizienta. Comenzó a besar por los dedos. Siguió por la mano, la muñeca, el brazo…

-¡Esto es el paraíso encontrado!

Llegó a la boca. La comió. Mientras, las manos del heredero buscaron los lugares más recónditos de la anatomía femenina. Ella, entonces, recordó su decisión de mantener al Borbón a dieta sexual absoluta hasta conseguir el objetivo de casarse con él y así poner en marcha su misión.

-¡Un momento, por favor! – se excusó con diplomacia – Tengo que saludar a mi familia y mis compañeros.

Cuando dijo eso, Letizienta ya se había soltado de las manos principescas que pretendían palpar su misterio escondido. El príncipe trató de impedirlo. Pero no lo logró. Se quedó con el deseo encendido.

-¡No tardes! – solicitó – Yo me adelanto para hacer los preparativos de la ceremonia.

Una vez sola, Letizienta hizo gestos cómplices aludiendo al talismán que había producido el efecto seductor sobre el príncipe. Estaba radiante de felicidad.

-¡Muchas gracias! Estamos a punto de conseguirlo. El príncipe está en el bote. Está…. ¡Bueno, cómo está! Por lo menos está a doscientos. Yo sigo con la estrategia. Abstinencia sexual completa hasta conseguir el objetivo final.

 

El foco del hemisferio izquierdo de la cabeza del rey durmiente buscó al príncipe heredero con intenciones inquisitorias.

-¿Estás seguro de que será la esposa adecuada? – preguntó Juan Carlos I a su hijo heredero – Yo dudo de …

-¡Quiero casarme ya! Tú mismo me has dicho que mi principal misión es engendrar un hijo varón cuanto antes para garantizar la continuidad de la corona,

-Felipín, no debes precipitarte. El paso que vas a dar es muy serio.

Había sido una intervención de la reina. Lo hizo en tono pausado. Pero el hijo estaba enardecido.

-¡Queridísimos padres! Quiero tener muchos herederos cuanto antes.

-¡Varones! – puntualizó el rey.- Deben garantizar la sucesión sin problemas.

-Juan, no metas presión al niño. – intervino la reina.

-Quiero empezar cuanto antes a … a producir herederos.