El triunfo y el éxito. (Cap.17)

Tras terminar la prueba del zapato brillante con altísimo tacón, el sueño, en el hemisferio izquierdo de la cabeza de Juan Carlos I, siguió con los dos enamorados. El príncipe, en lugar de salir, se volvió hacia la mujer que le había deslumbrado. Carraspeó con nervios. Tomó la mano de Letizienta. Comenzó a besar por los dedos. Siguió por la mano, la muñeca, el brazo…

-¡Esto es el paraíso encontrado!

Llegó a la boca. La comió. Mientras, las manos del heredero buscaron los lugares más recónditos de la anatomía femenina. Ella, entonces, recordó su decisión de mantener al Borbón a dieta sexual absoluta hasta conseguir el objetivo de casarse con él y así poner en marcha su misión.

-¡Un momento, por favor! – se excusó con diplomacia – Tengo que saludar a mi familia y mis compañeros.

Cuando dijo eso, Letizienta ya se había soltado de las manos principescas que pretendían palpar su misterio escondido. El príncipe trató de impedirlo. Pero no lo logró. Se quedó con el deseo encendido.

-¡No tardes! – solicitó – Yo me adelanto para hacer los preparativos de la ceremonia.

Una vez sola, Letizienta hizo gestos cómplices aludiendo al talismán que había producido el efecto seductor sobre el príncipe. Estaba radiante de felicidad.

-¡Muchas gracias! Estamos a punto de conseguirlo. El príncipe está en el bote. Está…. ¡Bueno, cómo está! Por lo menos está a doscientos. Yo sigo con la estrategia. Abstinencia sexual completa hasta conseguir el objetivo final.

 

El foco del hemisferio izquierdo de la cabeza del rey durmiente buscó al príncipe heredero con intenciones inquisitorias.

-¿Estás seguro de que será la esposa adecuada? – preguntó Juan Carlos I a su hijo heredero – Yo dudo de …

-¡Quiero casarme ya! Tú mismo me has dicho que mi principal misión es engendrar un hijo varón cuanto antes para garantizar la continuidad de la corona,

-Felipín, no debes precipitarte. El paso que vas a dar es muy serio.

Había sido una intervención de la reina. Lo hizo en tono pausado. Pero el hijo estaba enardecido.

-¡Queridísimos padres! Quiero tener muchos herederos cuanto antes.

-¡Varones! – puntualizó el rey.- Deben garantizar la sucesión sin problemas.

-Juan, no metas presión al niño. – intervino la reina.

-Quiero empezar cuanto antes a … a producir herederos.

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