Primera hija. ( Cap. 22)

 

Dentro del sueño real, los propios reyes estaban esperando nerviosos el nacimiento de su nuevo nieto. Ya tenían la experiencia de los hijos de las infantas. Pero éste tenía un carácter especial. Debía ser el heredero de su heredero. La reina se mordía las uñas. Al rey, le dolía el estómago por retención de gases. En varias ocasiones, se había separado de su esposa para intentar una ventosidad. Pero no lo había conseguido.

-¿Qué? ¿Llega o no llega el heredero? Están tardando mucho. – sentenció el monarca – Eso no es buen síntoma. Creo que no va a ser varón.

-Tú, calla. – le recriminó doña Sofía – De estas cosas, no tienes ni idea.

-Yo, de herederos, entiendo mucho. Cuando se tarda, es porque va mal.

-Están tardando porque vienen dos. – afirmó la reina con tono doctoral.

-¡A ver si también va a ser estrecha la Letizienta esta!

En ese momento, entraron el príncipe y Letizienta con su primer descendiente en brazos. La música festejó la solemne entrada. Aparecían como triunfantes.

-¡Ya está! Lo hemos conseguido. – se congratuló el príncipe Felipe.

-¡Ésta es nuestra primera hija! – proclamó la nueva princesa plebeya.

-¿Es una chica?

Más que una pregunta fue un grito de desilusión. Lo dio el rey, a quien los gases intestinales le aumentaron repentinamente.

-¡Es muy guapa! – aseguró la reina.

-Se parece a mí. – presumió el príncipe.

-¡La primera heredera del reino! – gritó Letizienta con satisfacción.

El rey estuvo a punto de desmayarse. Pero la sorpresa tuvo el efecto beneficioso de desbloquear los gases con una fuerte ventosidad. Nadie se atrevió a echárselo en cara en esas circunstancias. Él siguió con su enfado.

-¡Me lo temía! ¡Preparemos el repudio!

-¡Juanito, compórtate, por favor! – aconsejó la reina.

-¡Menudo soponcio le ha dado a mi suegro! – pensó Letizienta.

-¡Felipe, ven aquí! – ordenó el monarca.

-Dime, padre.

Los dos se apartaron a un lado.

-¡Esto no puede ser! Ni mellizos ni varones. Felipe, ¿qué hacemos ahora?

-¡Padre, lo intentaré de nuevo! Ten un poco de paciencia. El próximo será varón. Trabajaré más.

-¿No será ya demasiado tarde? – temió el monarca.

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