Segunda hija. ( Cap. 24)

 

En las imágenes del sueño recogidas en el hemisferio izquierdo de la cabeza del rey, aparecían los propios monarcas. Los dos estaban nerviosos. Él no paraba de echar esputos en la escupidera y beber. Ella seguía mordiéndose las uñas.

-Juan, dales un respiro a los chicos. – aconsejó la reina.

-¿Un respiro? ¡No estamos para respiros! ¡A ver con qué nos vienen ahora! Espero que nuestro hijo haya cumplido con su obligación, aunque sea a la segunda.

-Seguro que todo va bien.

-¡Mala señal! Están tardando mucho también esta vez.

Por fin, entró el príncipe Felipe. Daba muestras de agotamiento. Llevaba las piernas más separadas que antes. Manifestaba más muestras de dolor. El rey se abalanzó sobre él.

-¿Sale el heredero adecuado o no sale el heredero adecuado?

-Está a punto de salir.  – prometió el hijo – Esta vez, no puede fallar.

-¿Estás seguro o no estás seguro?

-¡Juanito, no presiones al chico! – indicó la reina.

-Con esta princesa, no se puede estar seguro. Pone más entusiasmo que yo. Es agotadora.  Estoy mucho más dolorido.

-Si es otra niña, va a ser una vergüenza. Tendremos que tomar medidas inmediatamente. ¡No podremos esperar más!

-¡Tu segundo descendiente también fue hija! Recuérdalo.

-¡Tiene razón Felipín! – ayudó la reina.

-¡Eran otros tiempos! – se quejó el monarca.

-Ahora se puede cambiar la constitución para que reinen las mujeres.

-¡Ése es el peligro! Vamos hacia una monarquía feminista.

En ese momento, interrumpiendo, apareció la princesa Letizienta con el nuevo bebé en brazos. El rey y el príncipe se lanzaron expectantes.

-¡Se llamará Sofía, como la reina! – anunció la princesa plebeya.

-¿Es otra chica?

-¡Es todavía más guapa! – valoró la reina.

-Esto es una catástrofe. ¡Llega la monarquía feminista! ¡Hay que poner en marcha las medidas urgentes! No podemos esperar más.

-Debes darles otra oportunidad. – solicitó la reina.

¡Tenemos que organizar una gran fiesta! – propuso Letizienta.

– No sé si es prudente. Mi padre está …

-¡Tu padre está ya muy mayor!

Letizienta tomó de la mano a su marido y desaparecieron.

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