El rey despierta. (Cap. 25)

 

En ese momento, se volvió a oír el teléfono. El auténtico, fuera del hemisferio izquierdo de la cabeza del rey. El monarca dormido resopló y cambió de postura. Seguía sonando el teléfono. Entró la reina a cogerlo. Con el ruido, Juan Carlos abrió ya los ojos refunfuñando.

-¡Juanito, es para ti!

-¡Déjate de teléfonos! Tenemos que tomar medidas urgentes.

-Quieren hablar contigo.

El rey se levantó bruscamente de la butaca en que había dormido y había soñado hasta ese momento. Estuvo a punto de caerse. Estaba muy enfadado. Él mismo colgó el teléfono con furia.

-He tenido un sueño tremendo. ¡Un sueño horrible! Pero revelador. ¡Me ha descubierto la realidad de lo que está sucediendo! ¿Dónde está Felipe? ¡Que venga Felipe inmediatamente!

-¡Cálmate! Lo único que falta este año es que te dé un patatús.

-Tengo que tomar medidas urgentes. El futuro de la monarquía está en peligro. Quieren destruir nuestra monarquía tradicional. La quieren destruir desde dentro.

-Déjate de sueños. – aconsejó la reina – ¡Bastante tenemos con la realidad!

-Este sueño me ha abierto los ojos para comprender la realidad. Tiene que venir Felipe inmediatamente.

-Felipe no puede venir. Está ayudando a Letizienta a parir su tercer hijo. Esta vez puede ser el varón que estás deseando.

-¡No! – gritó el rey – ¡No puede nacer la tercera! Si nace una tercera hija ya no habrá solución. ¡Será la perdición total! Tenemos que impedirlo.

-¿Qué estás diciendo, Juanito? Nunca te había visto tan excitado.

-¡Tenemos que impedir que nazca la tercera heredera de la Letizienta!

En ese momento, volvió a sonar el teléfono. Lo coge la reina.

-¡Dígame! … Sí. Un momento. Ya lo sé. Ya sé quién es Vd. y que desea negociar con el rey … Juanito, es para ti. Es una llamada importante.

El rey no quiere cogerlo. Lo rechaza con brusquedad.

-¿No será la comadrona de la princesa Letizienta? Eso es ahora lo único importante. Buscad a la comadrona de Letizienta. Es muy urgente que no nazca su tercera hija. Al que lo consiga, le hago …. ¡Le llevo a cazar elefantes!

La reina se ve obligada pedir disculpas por teléfono.

-Lo siento. Discúlpeme. En estos momentos, no se puede poner el rey. … Ya sé que se lo habíamos prometido. Y se pondrá. ¡Llame dentro de un cuarto de hora! Podrá tratar su propuesta con el rey. Yo se lo prometo.

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