Historia de una espina

Probablemente se acordarán de aquel partido frente al Celta disputado en San Mamés el 19 de diciembre del pasado año. El equipo gallego le dio un repaso futbolístico al Athletic y, lo que son las cosas de este fascinante invento, la victoria se quedó en Bilbao (2-1) con el gol definitivo anotado en el minuto 93. Como eran vísperas navideñas, un ocurrente cronista tituló: “Al Athletic se le aparece la Virgen… y San José”, autor del tanto del triunfo. Casi cinco meses después, y en vísperas del reencuentro en Balaídos, Toto Berizzo, técnico del Celta, se acordó de aquel encuentro, y tan interiorizada tenía la desazón que le produjo la derrota que llegó a confesar que sentía una “espina clavada”. Pues menos mal que tan solo era una espina, porque si llega a tener un cuchillo el hombre estaría en agonía o directamente criando malvas. Como todo el mundo intuía, Berizzo está a lo que celebra, o sea, la Europa League y el Manchester United, a quien se medirá el jueves, y en consecuencia puso en liza al Celta B para más gloria del Athletic, que fraguó su partido más rotundo lejos de La Catedral.
Mucho se está hablando de las segundas unidades de los equipos y su fiabilidad. El que sacó el Real Madrid en Riazor fue demoledor. Y otro tanto se puede decir del Alavés B que armó ayer Pellegrino ante el Betis (1-4), lo cual quiere decir que preserva a sus mejores hombres para enfrentarlos el próximo domingo al Athletic a la espera de un triunfo de valor considerable para la hinchada alavesista. Ahora bien: lo del Celta B ha sido un auténtico regalazo para la tropa de Ernesto Valverde, que además mostró ambición y excelente forma física.
Kepa Arrizabalaga estuvo inédito, y si el resultado se hubiera fijado en un 0-6 (con tres goles de Williams, la única asignatura pendiente que tiene este fenomenal futbolista) a nadie le habría sorprendido.
A resultas de la “espina” indolora e insípida de Berizzo, a quien le importa un guano la Liga, lo mismo que a su afición, que en escaso número acudió al estadio probablemente imaginándose lo peor, el Athletic ha recuperado la sexta plaza y vuelve a tener a tiro de un punto la quinta que ocupa el Villarreal, que el sábado rinde cuentas al Barça en el Camp Nou, mientras la Real se enfrenta en el Sánchez Pizjuán al Sevilla. Además, y a falta de tres jornadas, el conjunto rojiblanco ha igualado los 62 puntos que sumó en toda la temporada anterior. Cuando ocurrió aquella súbita aparición de la Virgen y San José el Athletic estaba clasificado octavo, con cuatro puntos menos que el Villarreal (6º) y a siete de la Real Sociedad (5º).
Por eso ahora todo es felicidad en la tropa rojiblanca, gracias en parte a la seductora atracción que ejerce sobre el celtismo la semifinal de la Europa League, pues nunca antes habían llegado tan lejos en un torneo internacional en su historia.
Y pasado el chollo vigués, el Athletic ya sabe que como mal menor tiene asegurada la séptima plaza que, salvo enorme sorpresa (y eso será que el Alavés gane la Copa al Barça), da pasaporte europeo, aunque con el ingrato peaje de disputar dos eliminatorias previas.
El Glorioso Alavés y sus cuitas del pasado; el Leganés y sus angustias clasificatorias y el Atlético de Madrid el día de la despedida y cierre del Vicente Calderón serán tres retos complicados para acabar la temporada intuyendo que el Athletic otra vez estará clasificado para una competición europea, lo cual es digno de elogio. Pero el próximo jueves, antes de la visita a Mendizorrotza, Josu Urrutia comparecerá ante los medios de comunicación y entonces conoceremos si Valverde sigue o nos deja, quizá para enrolarse en la apasionante, compleja y arriesgada aventura azulgrana. Anoche, cada vez que las cámaras le enfocaban, su rostro mostraba un gesto como de angustia, a pesar de tener razones de sobra para expresar placidez. Salvo cuando sonriente saludó y deseó suerte a Berizzo, a quien ya le colocan en el Sevilla, y su espina sangrante. Son, en cierto modo, dos vidas paralelas: el éxito les abre puertas de hermosos paraísos.
Valverde nunca ha sido la alegría de la huerta, pero me da que su cara refleja lo que tiene en el alma. Algo, o mucho, dolor por esa decisión.

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