¿Y qué opina Alex Berenguer?

Y a todo esto, ¿qué piensa de todo esto el interfecto, Alex Berenguer? El muchacho lleva, más o menos, desde enero haciéndose a la idea, hasta el punto de buscar en Bilbao y sus alrededores una zona sugerente donde poder instalar su futuro hogar. Sabe que en hora y media de coche se planta en Iruñea, o que tiene asegurada su inmediata adaptación en la plantilla rojiblanca, de gente muy afín. Y con todo este montaje mental y anímico prácticamente interiorizado, van los gerentes de Osasuna, se ponen muy dignos, acusan al Athletic de abuso de poder y utilizan al muchacho a modo de rehén para ilustrar una historia que no es la suya.
Que se sepa, y tal y como está montado el tinglado, si Osasuna, o cualquier otro club, le pone una cláusula a un futbolista, aunque sea juvenil, está invitando (o persuadiendo) a otros clubes para que compren o desistan en el empeño. Eso es precisamente lo que hizo el club de Ibaigane con Jesús Areso, previo aviso de intenciones, y eso es precisamente lo que no va a hacer con Álex Berenguer, pues pagar 9 millones de euros por un jugador de su perfil rebasa el sentido común.
Así que como en la comedia de Lope de Vega El perro del hortelano, Osasuna ni come ni deja comer, solo que en este caso más que comedia parece drama, salvo que el muchacho se ponga bravo, haga valer con determinación su voluntad, pues se trata de su vida personal y profesional, renuncie a ser un sujeto pasivo del mercadeo y decida: o se queda, ya que tiene contrato en vigor hasta junio de 2020, o cambia de postal y se marcha a Nápoles, que no es lo mismo.
Dada su singular filosofía, el Athletic no tiene otro remedio que buscar la mejor veta en un territorio muy reducido, y buenos negocios que han hecho tanto la Real Sociedad como Osasuna a cuenta de sus angustias existenciales.
Pero tan cierto como que el Athletic se pone agresivo (es una cuestión de supervivencia) los jugadores rojillos saben que esta es la vía natural que tienen para medrar económica y futbolísticamente, salvo que sean unos superdotados.
José Ángel Ziganda era muy consciente de la circunstancia cuando fichó por el club bilbaino en 1991, y además se ha convertido en el paradigma de esta realidad. Querido por la hinchada rojilla tanto como por la bilbaina, Ziganda ha tenido además la oportunidad de entrenar a ambos equipos, reforzando el trazo identitario y de buen rollo a uno y otro lado.
Pero aquí hay algo más que una mala consecuencia de respirar en demasía los efluvios sanfermineros, comprensible en días tan entrañables. Agitar la demagogia acusando de prepotente y fanfarrón al bilbaino es una tentación recurrente para consumo interno si tenemos en cuenta que el próximo mes de octubre hay elecciones en Osasuna y es probable que Luis Sabalza, presidente accidental del club (y nunca mejor dicho lo de accidental), se presentará a los comicios sin otra baza que el sobrevenido ataque de dignidad a cuenta de un Athletic asalta cunas. Porque de lo otro, o sea, el desastroso tema deportivo, con el absurdo despido de Martín Monreal, el calamitoso recurso a Joaquín Caparrós o la disparatada encomienda a Petar Vasiljevićc para sellar cum laude el descenso a Segunda le auguran al hombre un panorama realmente negro.
Pero volvamos al inicio del cuento. Qué tiene que decir Alex Berenguer, el epicentro de la cuestión. Cómo y dónde ve su vida. ¿A la sombra del Vesubio es un buen plan? Conocido el conflicto, el Nápoles se ha encontrado con la impagable oportunidad de negociar a la baja, puesto que ya tiene fichado a un jugador con un perfil semejante y se ha quitado de encima la competencia del Athletic, que o paga la cláusula íntegra o nada de nada.
Es decir, que con sus bravatas, Sabalza y sus colegas ladran y tiran piedras contra su propio tejado, pasando por encima del jugador, a quien sin embargo siempre le quedará la determinación de aguantar hasta el mercado de invierno si realmente desea enrolarse en el Athletic, porque para entonces la actual directiva de Osasuna habrá pasado definitivamente a la historia.

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