Una ‘inoportuna’ lesión

En demasiadas ocasiones a los periodistas deportivos se nos cuelan frases como esta: “Fulano ha sufrido una inoportuna lesión”, lo cual demuestra lo sinsorgos que somos, pues toda lesión siempre es inoportuna por definición. Sin embargo todavía nos queda la posibilidad de abundar en la incoherencia y conjeturar sobre si también puede existir la lesión oportuna, y me estoy refiriendo, como ustedes imaginan, a Kepa Arrizabalaga, que optó por no jugar el derbi del pasado sábado a causa de una “metatarsalgia en el pie derecho”, según reza el parte médico que hizo público el Athletic dos horas antes de iniciarse el encuentro.
Lo malo es que en plena vorágine especulativa sobre su inminente marcha al Real Madrid, la supuesta espantada del portero podría sonar como oportuna a poco que se desconozca la catadura del personaje. La cantinela viene de lejos y el muchacho ni se inmutó cada vez que ha sonado la bandurria. Kepa tiene los nervios de acero y es ajeno a la presión que uno imagina agobiante en semejante situación, lo cual supone una virtud añadida a sus indudables cualidades. Por eso se lo lleva el club blanco, reiteran en Madrid. Kepa se ausentó porque carecía de las condiciones físicas necesarias para jugar tan importante partido. Y punto.
El caso es que no hay por dónde agarrarle al hermético guardameta. En ETB le preguntaron de vísperas si este sería su último derbi. Kepa esbozó una sonrisa y respondió: “No lo creo”, lo cual fue una verdad sideral, pues su último partido frente a la Real lo disputó el pasado 12 de marzo en Anoeta (0-2) y como no jugó el del sábado a causa de esa lesión tan oportuna como inoportuna, según recele cada cual, la respuesta está escrita en el aire.
Desde luego nadie le echó de menos en San Mamés. En realidad, tanto el Athletic como el equipo txuri-urdin podrían haber jugado perfectamente sin un hombre defendiendo sus respectivas porterías. Y poco más se puede añadir sobre el insustancial partido, viva estampa de las dudas e inseguridad que aprietan a ambos contendientes.
Así que tampoco la afición añoró al reputado cancerbero, pues bastante tuvo en combatir el tedio e implorar al cielo por la llegada de un delantero goleador para el presente y sobre todo para el futuro, porque este sí que es un problema acuciante.
En cierto modo, la situación de Arrizabalaga recuerda a cómo se gestó la salida de Valverde al Barça y la apuesta por Ziganda. Ahora también parece un secreto a voces, aunque matizado por ese enigmático “no lo creo” que le da al asunto una pizca de esperanza.
Como ni la directiva ni el jugador sueltan prenda y en Madrid dicen categóricamente que sí, que está hecho, y en enero, la especulación ha ocupado el espacio de las noticias. Por ejemplo: por qué no hay un acuerdo. Y se filtra: el portero no acepta ya que el club quiere imponerle una cláusula abusiva y él exige una cifra sobre los 30 millones. ¿De verdad que no renueva por eso? O aún peor: como no hay acuerdo, entonces el Real Madrid podrá llevárselo por los 20 millones de su cláusula actual. O todavía peor: el Real Madrid ofrece otros cinco más a modo de aguinaldo, por las molestias, y es entonces cuando Urrutia se pone digno y responde que de eso nada, que el Athletic no negocia por una cuestión de principios. ¿Qué principios? ¿Quedarse sin el prenda y encima cobrar cinco millones menos? Y a todo esto, ¿cómo no se solucionó mucho antes su renovación, conocido lo bien que pintaba el portero?
El pasado viernes le preguntaron a Simeone si abriría la puerta del Atlético a la salida de Griezmann. El técnico argentino respondió: “¿Pero cómo puedo cerrar la puerta a alguien que dio la vida por el equipo?”
Arrizabalaga apenas tiene historia en el Athletic. Tan solo ha jugado 37 partidos de liga y uno de copa. Eso es todo. Casi no tiene pasado, carece de poso entre la afición y desde luego no ha tenido tiempo para “dar la vida” por el club que le formó. En realidad es un perfecto desconocido, aunque barrunta un brillante porvenir. Por eso mismo su hipotética marcha es una pésima la noticia para un equipo de vive de su cantera.
Kepa tiene la palabra.

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