El papelón de Ziganda

Buscando el aspecto positivo al tedioso partido disputado en Cornellà-El Prat me quedo con la parsimoniosa respuesta dada por los chicos de Ziganda al craso error de Mikel Rico que propició el gol de Gerard Moreno. Se puede añadir que fue un regalo en toda regla, y hasta en eso intuyo un sesgo amable: hace un mes, el centrocampista de Arrigorriaga probablemente le había atizado un castañazo a la pelota, pero ahora el hombre está confiado, así que se tomó la licencia de domeñar el balón y sacarlo de la zona caliente con donaire. Metió la pata, claro, y el Espanyol marcó su gol. Tampoco procede hacer sangre del fallo y, a lo que iba: los chicos de Ziganda asumieron el trago impávidos y ahí reside la gracia del asunto. Han dejado atrás la inseguridad, esa desconfianza que los hacía erráticos, la sensación de pánico, el instinto por maltratar la pelota como si fuera un bicho raro. Otra cosa es jugar bien al fútbol. Hubiera sido la leche. Y aunque todo se andará, recurramos mientras tanto al socorrido ¡clasificación, amigo!, con ocho partidos consecutivos sin perder, magra estadística para los tiempos que corren, y no tan magra si tenemos en cuenta que tan solo se contabilizan tres victorias. O que el Athletic, cumplida la primera vuelta liguera está en la undécima plaza, a cuatro puntos de la zona UEFA, y no hace tanto que mirábamos de reojo el abismo.
El partido me recordó al del año pasado, otro tostón mayúsculo donde ni tan siquiera hubo goles. Ayer, ambos contendientes acabaron firmando el armisticio, conformes con ese raquítico punto que mantiene incólume esa asombrosa incapacidad del Athletic para ganar al Espanyol en su feudo desde la temporada 1997-98.
Casuística al margen, los chicos de Ziganda no perdieron la compostura y cinco minutos después igualaban el encuentro con un gol de cabeza de Iñaki Williams, lo cual reconforta sobremanera, como también reconforta su disposición a renovar el contrato con el club bilbaino teniendo en cuenta su proyección futbolística (y porque, ¡ay!, Aduriz tampoco es para siempre).
Sigo pensando que el Athletic adquirió el sosiego en aquella victoria frente al Betis en Sevilla al amparo del enorme partido que realizó Iago Herrerín, suceso que además aconteció con el caso Kepa Arrizabalaga en plena ebullición.
Herrerín ha aprovechado la lesión de su reputado competidor para conseguir la titularidad en la portería rojiblanca y, casualidades de la vida, para ampliar su contrato hasta junio de 2021 lanzando el rotundo mensaje de “yo sí quiero estar aquí”. Una frase redonda que además sugiere la canalla interpretación: “no como otros…” Kepa Arrizabalaga, sin ir más lejos.
Pero por mucho que se empeñe Iago Herrerín en proclamar que se ha ganado la renovación a pulso, y desde luego está en su derecho, intuyo que a lo peor las circunstancias habrían sido bien distintas si al guardameta de Ondarroa le da por firmar y la fuerza que se intuye en los que vienen detrás, los jovencísimos Remiro y Unai Simón.
El show sin embargo no ha hecho otra cosa que empezar, dando por seguro que la rotundidad con la que Zidane se ha pronunciado posterga el fichaje de Kepa con el Real Madrid para el próximo mes de junio y gratis total. O sea, que mientras tanto el Athletic le tratará con mucho mimo hasta que se recupere de sus males, le pagará generosa y puntualmente y luego se lo entregará hermoso y en plena forma al gigante blanco para que pueda retomar su carrera futbolística con una brillante perspectiva.
Pero, ¿y qué hacemos en el ínterin? ¿Corremos un tupido velo, obviamos su deslealtad y aprovechamos su virtuosismo mientras se pueda a riesgo de soliviantar al personal? ¿Y con Herrerín qué? ¿A la suplencia, con lo bien que está rindiendo?
Buen papelón le aguarda a Ziganda pero, a la espera de acontecimientos (aún puede renovar), le sugiero al chico que no se esconda por los vericuetos de Lezama y arrostre cuando antes su realidad. La fama y fortuna que comporta ser un futbolista de élite lleva consigo la exposición a la afición, que le adora y le paga. De lo contrario, conviene la rectificación laboral. De incógnito carpintero.

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