Al calor de un derbi

Los donostiarras son gente estupenda, que además tiene el privilegio de residir en una ciudad bellísima, y eso es como para darle las gracias a Dios todos los días, pero hacen muy mal en buscar vías terapéuticas con los asuntos futbolísticos, y más en el derbi, sobre todo si existe la posibilidad de torcerse el asunto, porque la bilis, que tiene que salir del cuerpo para que éste recupere la armonía con la Madre Tierra y las estrellas, se puede quedar dentro y acaba amargando al más templado.
Es una forma de contar la animadversión; los sapos y culebras que salen de las gradas de Anoeta cada vez que se acerca el Athletic por sus aledaños, y cuando se lleva así de mal la rivalidad, desde las tripas, se corre el riesgo de acabar descompuesto y sin puntos.
Dicho lo cual, habrá que convenir lo simpático que estuvo el dicharachero Griezmann, el mismo que clamaba por su traspaso el pasado verano argumentando que la Real se había quedado pequeña para su ciencia futbolística, augurando que iba a marcar tres goles al Athletic. Un guiño comprensible hacia la parroquia txuri urdin, que vivía con fundada esperanza la víspera del derbi, más que nada por lo mal que llevaba el Athletic su singladura liguera.
Aunque sus previsiones se quedaron en bravuconada, que eso sí da fuste y miga al fenómeno futbolístico, se convirtió en uno de los protagonistas del partido por la brutal embestida que dejó grogui al granítico Javi Martínez. La acción y posterior salida del campo del recio navarro distorsionó el partido, desconcertando al Athletic y animando a la tropa blanquiazul, que entonces vio la posibilidad de hincarle el diente a su rival, y vaya si lo hizo.
El gol de Iñigo Martínez, anotado desde unos 55 metros de distancia, tendrá su hueco en la historia realista por su singularidad, y cae como un borrón en la hoja de servicios de Gorka Iraizoz, que se tragó el proyectil como quien come una aspirina.
Pero antes de despellejar al meta rojiblanco por semejante desventura conviene analizar los aspectos sociológicos para encontrar atenuantes. Teniendo en cuenta que Donostia es la ciudad preferida para el veraneo de los iruindarras y dada la hora (la hora china la llaman, puesta ahí para que se vea en el extremo oriente, se aficionen, nos quieran y, sobre todo, compren) y la climatología del momento, a lo peor Gorka estaba pensado en un bañito en la cercana playa de La Concha, la preferida por los navarros, o el sugerente arrullo del mar,  o un buen piscolabis en las tabernas de lo viejo, y el hombre se despistó un poco.
Si dejamos al margen las connotaciones sociológicas, se trata entonces de la tercera pifia del cancerbero en seis partidos, un dato alarmante que pone en cuestión la idoneidad de Iraizoz para la portería, un puesto donde la regularidad y la sensación de transmitir tranquilidad deben ser norma y aspectos inquebrantables.
Por fortuna luego sacó su mano certera para desviar un excelente remate de Agirretxe y después apareció el apolíneo Fernando Llorente cerrando el marcador y prácticamente el sino del partido con otro estupendo  gol; que calla muchas bocas y reivindica, si aún hace falta reivindicar lo evidente, al hombre más importante del Athletic, pues acabó la función exhausto después de exprimirse en la defensa, conducir el balón hacia arriba y, ¡eureka!, recuperando su olfato goleador.
(Además añado: Llorente también aprovecha sus encantos futbolísticos y los otros como embajador de Save the Children y se mueve y moja por esta causa altruista, lo cual hace que el mozo me caiga aún mejor.)
Merece la pena destacar en la jugada el centro largo y templado que le envió Fernando Amorebieta, en plan Franz Beckenbauer, y su meritoria labor defensiva. Lástima que todavía mantenga esa irrefrenable tentación de darle un trompazo al rival que se le escapa, lo cual le costó añadir una nueva tarjeta amarilla a su extensa colección.
Ha sido un derbi, en suma, muy sugerente: el Athletic por fín gana en la Liga, y en qué lugar, sale del pozo clasificatorio y se procura un merecido tiempo de tranquilidad y buenos alimentos, amén de recuperar para los escépticos la doctrina de Marcelo Bielsa, que comienza a afinar su orquesta sin gritar ¡anatema! cuando se produce algún patadón que otro, alternativa necesaria para salir de apuros, pues el legado Caparrós también mantiene su huella.

Procelosas aguas

qué hacían José Manuel Francisco y Agustín Aranburu, entrenador y vicepresidente de Urdaibai, respectivamente, y Marcos Maynar, famoso médico extremeño, reunidos el pasado 17 de mayo en Talavera de la Reina (Toledo) según atestiguan agentes de la Guardia Civil que seguían sigilosamente sus pasos a instancias del jueza instructora de la denominada Operación Estrobo?
Teniendo en cuenta que estuvieron en un local de comida rápida, pues se tomarían una hamburguesa, supongo, mientras dialogaban sobre el tiempo, naturalmente. Luego revisaron algo en un ordenador, dijeron los agentes, probablemente recuerdos de familia, y es muy posible que después visitaran la Basílica de Nuestra Señora del Prado, de estilo renacentista y barroco, y famosa por albergar una magnífica colección de cerámicas de los siglos XVI al XX.
La casuística de tan extraña reunión puede responder a los parámetros aquí sugeridos, aunque también cabe la posibilidad de un intercambio de cromos o, como hablaron de “un pedido de 24 cajas 1.800”, desvela la Guardia Civil en su informe, a lo mejor se trata de una pócima para estimular “las ganas de comerrr…”, como aquel anuncio televisivo de los años sesenta destinado a fomentar el consumo de alcohol entre los niños, hay que joderse; o las ganas de remarrr…
Es lo que tiene la casuística, que lo mismo vale para un roto que para un descosido.
Ahora bien. En todo este amargo y turbio asunto sobre un presunto delito de dopaje que emponzoña las relaciones entre Kaiku y Urdaibai; las de sus respectivos pueblos, Sestao y Bermeo y, por extensión, al mundo del remo, hay un dato de momento irrefutable: ningún bogador de la Bou Bizkaia ha dado positivo en alguno de los controles a los que han sido sometidos tanto en la Liga ACT como en los diferentes campeonatos en los que han competido.
Entonces, ¿sobre qué estamos especulando? Para empezar sobre la presunción de inocencia, concepto fundamental para entender la justicia que los siete clubes que ayer votaron en la asamblea extraordinaria de la ACT a favor de la suspensión cautelar de la embarcación bermeotarra se han pasado por el forro de sus caprichos.
Pero también estamos hablando de otro asunto, bastante ruin, como es la venganza, consecuencia, a su vez, del mal perder y las rencillas personales que arrastran dos divos de esta modalidad deportiva como son José Manuel Francisco y José Luis Korta, responsables de la preparación de las traineras de Urdaibai y Kaiku.
¿O a caso hay alguna persona sensata que pueda imaginar a Korta acusando a los remeros de la Bou Bizkaia de dopaje si Kaiku hubiera ganado el año pasado la Bandera de La Concha?
Marcos Maynar, imputado en la Operación Estrobo, forma parte de un nebuloso círculo de médicos con fama de brujos, que logran mejorar el rendimiento deportivo suministrando unas pócimas mágicas, fabricadas con sus adecuados ¿enmascaradores, les llaman?, capaces de eludir hasta los controles por satélite de la NASA, de ahí su reputación y fama; y la evidencia de que pueden seguir ejerciendo la profesión, porque ante todo sigue estando la presunción de inocencia.
Pero puestos a entrar en batalla, Marcos Maynar acaba de denunciar a Korta y a su asesor médico, Guillermo Cuesta, ante la Agencia Estatal Antidopaje (AEA) por “presuntas malas prácticas médicas en varios clubes” “que pueden haber puesto en peligro la salud de los deportistas”. La denuncia se basa en las manifestaciones realizadas ante la juez de Gernika que instruye el caso por remeros de la Bou Bizkaia cuando estuvieron a las órdenes de Korta en el club de Castro y también en Kaiku; y porque Maynar conoce a los colegas de la competencia, y Guillermo Cuesta también tiene una bien ganada fama de brujo entre la profesión.
A la espera de acontecimientos ya va siendo hora de que los responsables de Urdaibai y Kaiku corten de una vez por lo sano con estos personajes, que han soliviantado el pulso del remo y quebrantado la armonía entre los pueblos, y que de una puñetera vez se articule una Ley del Deporte que meta el código penal, o sea, penas de cárcel, para que todo aquel que sea capaz de recurrir a métodos dopantes para buscar reconocimiento y dinero rápido y fácil se lo piensen dos veces.
Con el si bebes no conduzcas, funciona. Vaya que sí.

El loco y los raros

dE lo mucho que se está hablando y escribiendo sobre la apasionante figura de Marcelo Bielsa, el nuevo entrenador del Athletic, me quedo con una reflexión acuñada en Chile, donde realizó su última labor profesional y acabó elevado a los altares, a propósito de su elección, despreciando ofertas del Inter o Sevilla. “A Bielsa le sedujo que el Athletic es un club especial, una especie de anacronismo del fútbol con el que el licenciado se siente, por muchos motivos, identificado”.
Visto así, un loco dirigiendo a unos raros resulta hasta normal; y lo anormal hubiera sido enrolarse en el campeón italiano por ejemplo, un equipo que forma parte de la aristocracia europea, internacionalmente viste más y desde luego ofrece una paga superior.
Me imagino a Marcelo Bielsa poniéndose obsesivamente al día de nuestra historia, fascinado por las andanzas en América de Lope de Aguirre, también apodado El Loco; o el lustre de Juan de Garay, el vizcaino que fundó Buenos Aires y después se lanzó a la aventura de buscar la mitológica ciudad de los Césares por la inabarcable Patagonia.
A la espera de que la pelota se ponga a rodar de verdad y descubramos el verdadero calado del técnico argentino, lo cierto es que la figurade Bielsa sugiere. Por sus hechos, cuajo, personalidad llena de matices y su determinación absoluta de elegir al Athletic para embarcarse en su  nueva experiencia vital, entrenar en Europa, tras la exigua experiencia que tuvo en el Espanyol.
Este tipo de lazos sentimentales sorprenden en el proceloso universo futbolístico, donde lo más lógico es entregarse al mejor postor, sin mayores contemplaciones y, en ocasiones, provocando dolor.
Sucede con el Kun Agüero, que acaba de escenificar un episodio de desafección lacerante hacia el Atlético de Madrid, club del que quiere marcharse porque le da la gana, como si hubiera cola de equipos con 45 millones de euros en la mano dispuestos a pagar lo que vale su cláusula de indemnización. Todavía no ha llegado el guapo que lo compre, pero por si acaso el yerno de Maradona hurga más en la herida abierta entre una afición que hasta ayer le idolatraba afirmando que si se va al Real Madrid, como hizo el mexicano Hugo Sánchez al día siguiente de hacerle la pascua al Athletic en la final de Copa de 1985, no sería una traición porque el Atlético es tan solo la oficina donde trabaja, y no el dueño de su corazón. “No jugaría en el Racing de Avellaneda porque soy de Independiente”, añadió para dejar claro su falta de ética, escrúpulos, hasta qué punto le importa un pimiento el Atlético de Madrid y por dónde navegan sus auténticos sentimientos.
Tampoco vamos a sorprendernos demasiado por la catadura del Kun, al fin y al cabo bastante común en el negocio, sobre todo cuando un futbolista se cree más guapo que nadie, ambiciona lucir palmito en un club en consonancia a su alcurnia y a falta de otra argumentación más diplomática y sutil utiliza la bellaquería para forzar su marcha.
Hay otro caso que también llama poderosamente la atención, solo que a la inversa. Se trata de Cesc Fábregas, que proclama su amor por el Barça a los cuatro vientos y sin embargo tampoco tuvo escrúpulo alguno en renovar y ampliar su contrato con el Arsenal para encarecer absurdamente el billete de regreso a la casa madre, de la que en su día escapó por rebeldía y en busca de nuevos horizontes, asunto éste que le ha echado en cara el mismísimo Johan Cruyff.
Lo cierto es que Cesc se enfadó el año pasado porque el Barça no pagó los 50 millones que pedía el club londinense por su traspaso y ahora hace pucheritos porque la entidad blaugrana regatea los 40 millones que supuestamente reclaman por él, teniendo en cuenta que ya no se trata de un jugador estratégico ni fundamental tras la deslumbrante irrupción de Tiago Alcántara.
Ante tanta desafección, ¿no es adorable tener al lado a un loco romántico como Marcelo Bielsa?

¿Qué hay de lo mío?

Yahí estaba Joaquín Caparrós encantado de la vida, en el frontón Bizkaia de Bilbao dispuesto a asistir en directo a la final del Manomanista. Un sevillano integrado en el paisanaje. “Por la mañana asistí a las regatas”, advierte al entrevistador de ETB el míster andaluz, que está que no para de campaña electoral, con la mejor de sus sonrisas, como es lógico y natural, no en vano él se juega más que nadie; se juega su puesto de trabajo y un montón de dinero si el próximo jueves, San Fermín, Fernando García Macua gana las elecciones y reedita su mandato al frente del club rojiblanco.
El fervor con el que Caparrós se deja ver poteando con su valedor y asiste entusiasmado a los diversos espectáculos autóctonos responde a un evidente interés personal, surgido de un apresurado matrimonio de conveniencia, que a su vez es posterior a un divorcio abrupto provocado tras aquel partido frente al Málaga, cuando el subconsciente colectivo de la hinchada brotó incontinente para expresar con una sonora pita su censura y hartazgo hacia el estilo de juego del técnico sevillano.
A consecuencia de aquel desencuentro comenzaron a cabalgar  jinetes en la oscuridad, y surgieron manos negras, y fantasmas arrastrado cadenas herrumbrosas, y hasta una edición facsímil de El Proceso de Kafka, según proclama García Macua el perseguido, la víctima propiciatoria, pese a sus generosos desvelos por la gloria del Athletic.
Pero antes de entrar en esta procelosa historia de terror gótico conviene reconstruir el controvertido idilio entre Caparrós y Macua para situar en su justa medida la críptica campaña electoral, el curso de los acontecimientos y el grado de hipocresía que asiste al afligido abogado bilbaino.
Aquel dichoso partido frente al Málaga, al margen de la catarsis colectiva que provocó entre la peña, puso al entonces presidente en un brete: quedó en evidencia que Caparrós, más que un valor, se había convertido en una rémora de cara a la reelección, como así se lo hicieron ver sus propios compañeros de viaje electoral. Pero estaba prisionero de su palabra. Entonces, ¿cómo deshacerse del vínculo? He aquí la cuestión.
Le dijo:
–Joaquín, busca, compara y, si encuentras algo mejor, pues eso. Me harías un favor… Y si no logras nada, entonces… ya sabes donde estamos.
¿O acaso creen que fueron casuales, o un rumor, las negociaciones que mantuvo el técnico y sus representantes con el Sevilla y el Atlético de Madrid, cuya contratación se daban por hecha en los medios de comunicación madrileños?
¿O creen que miembros de la plancha de García Macua se citaron con el entrenador francés Claude Puel únicamente para echar una partida al mus?
¿Y acaso no desmontó su casa bilbaina, síntoma evidente de que esperaba otro destino?
Sin embargo Caparrós fue rechazado en el Sevilla de su alma, donde decidieron apostar por el asturiano Marcelino García Toral, y también por el Atlético, que optó por Gregorio Manzano.
Al técnico sevillano, compuesto y sin el abrazo de otra novia, no le quedó otra que regresar con la antigua: “Fernando, ¿qué hay de lo mío?”
Y Fernando García Macua, preso y consecuente de la palabra dada, reunió a su gente, se puso solemne, miró con ojitos legañosos a Joaquín, le cogió con ternura de la mano y canturreó en tono melindroso:
–Ni contigo ni sin tí tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin tí porque yo me muero…
¿O se entiende por qué Macua ha tardado tanto en decir, con toda la naturalidad del mundo y sin ambages, que el técnico andaluz, en caso de vencer, es su hombre; o por qué solo le ha propuesto un contrato de un año de duración si realmente estuviera convencido de que sigue siendo su entrenador ideal?
(Posdata: al respecto de los siniestros jinetes que Macua ve cabalgando a su alrededor con aviesas intenciones, ¿han visto las películas Los otros, de Alejandro Amenábar y El sexto sentido, de M. Night Shyamalan? Pues eso.
Y otra cosa: siempre, y ante todo, la presunción de inocencia. Y hasta en eso se ha hecho un lío Macua, empeñado en mezclar su trayectoria profesional con su condición de hombre que quiere volver a regir los destinos del Athletic).