Una real chapuza

JUSTO cuando el PNV acude presto al socorro de Zapatero y evita con su actitud responsable la zozobra del Gobierno central y al Estado una crisis de caballo, va el Real Madrid y boicotea a la mismísima Corona mandando al cuerno al Príncipe, Asturias y el premio de marras, que sólo se concede si los galardonados tienen méritos, y obviamente los futbolistas de la selección española los tienen, pero además están dispuestos a acudir al ceremonial. Se desconoce si hay alguna conexión entre  tan extraños sucedidos. Sólo ha quedado constatado que por el primero hubo satisfacción mutua y a causa del otro, alarma general, crujir de dientes, un enorme terremoto, pues aquello sonaba a contubernio contra la mismísima Casa Real.
La fecha adoptada, el próximo viernes, fue elegida además con tiento y lógica por los responsables del protocolo principesco, pues en la semana siguiente hay competición copera, los grandes juegan contra rivales de Segunda y se da por descontado que sus respectivos entrenadores preservarán a sus figuras más estelares. Sin embargo, las televisiones decidieron programar los partidos del Real Madrid y Barcelona en sábado, pasando olímpicamente de la realeza y su boato; la Liga de Fútbol Profesional consintió y Villar, como de esto no saca un euro, asintió. Descomunal fue el desaire de José Mourinho, entrenador del equipo del régimen, mande dictador o rey; crisol de las españas, paradigma del centralismo y con el título Real, o sea, que encima es una regalía borbónica. La negativa de Pep Guardiola, al  menos, tiene un pase: no deja de ser un irreverente nacionalista catalán, el Barça es más que un club y el tema real, allá, les importa un pimiento.
Florentino Pérez tuvo que acudir presto y conturbado a desfacer el entuerto, so pena de ser señalado como malandrín y tremendo traidor a la corona, y a fuerza de insistir sólo sacó del megalómano entrenador portugués un mísero cromo de cinco posibles para la cita principesca: el portero Iker Casillas, y sin Sara Carbonero, que también fue protagonista de la gesta africana, ¿o no? Y con un avión a su plena disposición, para que no deba dar un paso más de lo preciso, lo cual dice bastante sobre quién lleva los pantalones en la gerencia del (¿Real?) Madrid de la actualidad.
La caverna mediática aún no sale de su asombro por la afrenta, más viniendo de quien viene, y para excusar lo inexcusable alguno ha sugerido que Mourinho, en puridad, sufrió un malentendido, y jamás tuvo intención de ofender a Sus Majestades. Al parecer, confundió la entrega del Premio Príncipe de Asturias del Deporte con el Camino de Santiago, con lo que cansa, y el buen hombre, muy católico y apostólico, pero que está a lo suyo, sólo pretendía con su “¡jamás!” absoluto evitar un sofocón innecesario a sus muchachos.
Hasta el Liverpool inglés ha consentido conceder permiso a sus galardonados, Pepe Reina y Fernando Torres, y por descontado el Athletic, pues a Macua y a Caparrós les encanta sacar pecho a costa de sus excelentes criaturas. Irá Javi Martínez, preservando a Fernando Llorente de tan ingrato viaje (al menos cinco horas en coche, ida y vuelta desde Oviedo).
Conviene mimar al máximo al apolíneo delantero del Athletic, que sigue en estado de gracia y tocado por la fortuna, mayormente porque la busca; sobre todo si en vez de melones le cae de vez en cuando un balón redondo de verdad, domesticado, con la rosca y la velocidad precisa, como el que le puso Susaeta ayer en el partido frente al pusilánime Zaragoza.
Llorente se ha convertido en la referencia del club bilbaino, para disfrutar de sus goles en San Mamés y explotar internacionalmente su merecida fama y buen palmito, pues con un figurón así, a poco que se gestione con agudeza mercantil, tiene que vender camisetas o calzoncillos con los colores rojiblancos como rosquillas, aquí y en China. Eso sí. Para más efecto debe ser pamplonés, ya que en Iruñea ha nacido. Es decir, vasco de pura cepa, constatado que  parte de su familia es navarra y él ha jugado con la selección de Euskadi y hasta con la de Euskal Herria, para que luego digan.
Lo malo es que el mozo, después de gozar con la exquisitas maneras de Iniesta, Xabi o Xavi, pero también de Susaeta, ya que el Athletic ha demostrado que sabe desplegar buen fútbol, puede acabar harto del método Caparrós: patadón adelante y a buscar el balonazo cayendo impune desde las nubes mientras se faja a codazo limpio con un pareja de rudos centrales. Caparrós ha dado su apoyo explícito a la reelección de Macua. Son pareja de hecho y lo que te rondaré morena. ¡Horror, cuatro años más con la misma rutina!, masculló consternado Fernando Llorente.

Enigmas en el horizonte

Del Bosque

Vicente del Bosque ha sido agasajado por el pueblo de Salamanca como si fuera una semidiós, encantados de la vida de tener un paisano tan ilustre, y por llevar a sus centelleantes jugadores hasta la tierruca para disputar un partido de clasificación internacional, aunque fuera contra la modesta Lituania.
Florentino Pérez decidió no renovar al entrenador charro en 2003 instantes después de ganar para el Real Madrid su vigésimo noveno título de Liga, amén del campeonato liguero de 2001 y dos Copas de Europa (2000 y 2002, la novena y última), entre otros galardones, bajo el pretexto de que era un técnico rancio y demodé.
Como si recibiera alguna especie de maldición divina por pecar de soberbia hacia el bueno de Vicente, el galáctico Real Madrid no volvió a festejar título alguno con Florentino al mando, mientras Del Bosque ejerce de héroe, aclamado por doquier como el hombre que guió a las españas al olimpo futbolístico.
Sobre aquel subidón mediático y anímico se dijeron barbaridades. Los políticos se transfiguraron en Xavi, Iniesta y David Villa. De sus bocas escaparon buenas nuevas maravillosas. Prometieron la disminución inmediata del paro. Auguraron que todo aquello que tuviera la marca España se iba a vender como rosquillas por ese mundo globalizado y rendido a las esencias balompédicas de la roja.
Ha pasado un tiempo prudencial, y mientras aumenta las tasa de paro y el final de la crisis ni se atisba, sólo se sabe que Villar y la Federación Española se siguen forrando exprimiéndolo al máximo el invento, organizando amistosos en fechas demenciales para hacer amigos y negocio en México o Argentina. Desde entonces, al menos diez de los jugadores que se proclamaron en  Sudáfrica campeones del mundo han caído lesionados.
Pero esa coyuntura la ha sabido aprovechar de manera espléndida Fernando Llorente, haciéndose con la titularidad en la selección estatal, anotando dos goles contra Lituania y llevándose las loas más encendidas de los medios de comunicación, pero también especulaciones con letra gorda, como una donde se asegura (diario As) que Mourinho ha pedido al Real Madrid que lo fiche el próximo verano. Llorente tiene contrato con el Athletic hasta 2013 y una cláusula de rescisión de 36 millones de euros, cifra que ahora parece racional para los grandes tiburones del fútbol europeo. Javi Martínez, que se ha perdido esta cita internacional por lesión, pero igualmente es campeón del mundo y ha experimentado una progresión espectacular, también se suma al carrusel de las especulaciones. Su cláusula sube a los 30 millones hasta 2011 y desde entonces y hasta el 2014, año en el que concluye contrato, se equipara a la que tiene el delantero riojano.
Al margen de la fidelidad que ambos cracks profesen al Athletic, ya se conoce de antemano que cualquier candidato a la presidencia del club bilbaino, cuyas elecciones están previstas para el próximo año, deberá prometer solemnemente que ambos gallos no se escaparán del corral rojiblanco al menos hasta que concluyan sus respectivos contratos, so pena de enorme repudio de la hinchada. En caso contrario, si alguien osa pagar las cláusulas y los muchachos aceptan, al menos habrá dinerillo fresco para vivir con tranquilidad y fichar en el escuálido mercado vasco.
Mientras tanto, el equipo de Macua, que como todo el mundo intuye se presentará a la reelección como muñidor de la recuperación deportiva y prohombre del nuevo San Mamés, adelanta que el futuro estadio, además de palcos VIPS tendrá txokos. No aclara si en ellos se podrá beber tinto de buena añada y selecto cava, como Dios manda en un txoko y hacen directivos e invitados en el ambigú aledaño al palco presidencial, o serán tratados igual que la plebe, a pan, agua y cerveza cero-cero. Dicho de otro modo, ¿habrá discriminación respecto a la nueva clase social o democracia e igualdad ante la ley; es decir, fuera alcohol y palo seco para todos?  Grandes enigmas se ciernen en lontananza…

Ese partido que tan mal sienta al hincha

Teniendo en cuenta los antecedentes, lleno de sinsabores y derrota pertinaz, el partido tenía mala pinta e irradiaba peores vibraciones. Y encima el Valencia está que se sale, ha comenzado la Liga como un tiro. Para qué padecer en vano. No merece la pena ni verlo, dijo ella.
Ella es hincha, pero no demasiado. El verdadero hincha intuye lo que puede pasar. Le da vueltas al asunto, pero claudica. Se trata de su equipo del alma y sabe que cada partido puede ser un mundo. Siempre cabe el posibilidad de la sorpresa. Su fe en lo muchachos es irreductible y, al fin y al cabo, ¿no es un hincha? Y a un hincha le mueve la pasión. ¡Diantres! ¿cómo se va a perder el partido?
Comienza el encuentro y el hincha se mueve inquieto en el asiento. De repente, se acuerda del ausente.
“Justa o no la roja que el árbitro le mostró el día del Barça, se nota un huevo la falta de Amorebieta. A ver si aprende pues con lo joven que es y el carrerón que lleva más temprano que tarde entrará en la historia del Athletic como el jugador que más veces ha sido expulsado. ¡Y lo que te rondaré morena! Dejó al Athletic con diez y ahora… Es que los centrales están malditos. Al pobre Ustaritz en cuando le dicen que va a jugar sufre una extraña reacción psicosomática y se lesiona. Sistemáticamente. ¡De brujas, tío! Y.., pero mira San José… de central zurdo, ni se entera, es que está perdido sin Amorebieta y, ¡qué quieres que te diga!, a veces es más lento que el caballo del malo…”
Conforme transcurre el partido, el hincha se va encendiendo. Certifico que sufre. Maldice por lo bajines.
“La banda izquierda es un coladero… Lo siento por Aurtenetxe, el chaval, pero ¡que vuelva a la guardería! ¿Y Gabilondo, por qué no le echa un cable Gabilondo?… ¿Y Caparrós? está ciego, o qué, es que no ve que entra todo pichichi del Valencia por la izquierda…”
En pleno frenesí ofensivo del equipo levantino, con el Athletic desbordado, llega el primer gol. El hincha se tapa la cara con los manos. Traga saliva y exclama:
“¡Madre del amor hermoso…!, por favor, se veía venir, y para colmar el chorreo encima marca Aduriz.  Sinceramente, Aitor Ocio mejor que se dedique a la pasarela, porque lo que jugar al fútbol en un equipo del nivel del Athletic… Y todos los demás, ¡eh…!, que aquí no se libra ni Dios, zascandiles, más que zascandiles”.
Llegados al descanso, el hincha se ha desfondado. No se lo puede creer. El disgusto le ha quitado el apetito. Sin embargo, el arranque del segundo tiempo reactiva su corazón. El Athletic reacciona. Caparrós cambia la faz del equipo con Susaeta, Muniain, Toquero. El Valencia acusa el alto ritmo impuesto en la primera parte, quizá el desgaste del encuentro que disputó el pasado miércoles frente al Manchester United. Físicamente se derrumba. Está a merced del Athletic. El empate parece cuestión de tiempo. Pero pasan los minutos. El gol no llega. Muniain se cierne amenazante. Toquero porfía. Susatea está espléndido. Mejor que nunca. Gambetea. Se asocia con criterio, y nada. Peor aún, tiene una gran oportunidad de anotar, pero el balón lo estampa contra su compañero Llorente. Javi Martínez cae lesionado. Se le cruzan los cables a Ocio, le atiza un mandoble a Soldado sin venir a cuento, como buscando la expulsión. El árbitro no lo ve, o se hace el sueco. El Athletic agobia a su rival. La ansiedad crece en el hincha por ese gol soñado, evidente, cantado, y que nunca llega.
Y en esto, la fatalidad: en plena vorágine rojiblanca, Vicente, aquel Vicentín que venía de estrella y acabó estrellado víctima de lesiones infinitas, finta y anota un gol espléndido. El segundo del Valencia, y en el 91. El acabose. Y sin embargo el Athletic no claudica. Gabilondo, al suspiro, marca de forma magistral. A buenas horas mangas verdes.
Pero los muchachos porfían, se resisten a morir. Aún tienen otra, pero tampoco, lo cual no hace más que alimentar una cruel paradoja que hunde aún más al hincha.
A saber: el Athletic de la primera parte estaba anímicamente amortizado, pero el Athletic de la segunda le levantó tanto la moral y la esperanza, que la frustración posterior fue descomunal. “Te lo advertí”, ponderó ella, tan sensata. Él me miró como buscando respuestas de augur y consuelo cristiano. Le dije:
Bueno… como analista sosegado de la cosa futbolística, el Athletic volvió a incurrir en el mismo error, que es un problema: tarda en meterse en el partido y, cuando lo hace, a veces es demasiado tarde. Debe corregirlo. (¡arggg! Valencia, ¡dita sea! El hincha no captó mi cabreo interior).

El precio de la (mala) fama

Igor Martínez junto Carlos Puyol, luciendo en la camiseta el anagrama de UNICEF, en un lance del partido.

Igor Martínez junto Carlos Puyol, luciendo en la camiseta el anagrama de UNICEF, en un lance del partido. (Foto: Oskar Martínez)

la hinchada del Athletic se marchó moderadamente satisfecha de San Mamés, aunque rumiando una jugada sobre la cual se dan y darán vueltas y revueltas, fomentando esa controversia y discusión del que tanto jugo saca el fenómeno futbolístico: ¿Fue justa (a reglamento) la expulsión de Amorebieta?

Antes de entrar en harina, la temprana eliminación del rudo central rojiblanco sirvió para atemperar los efectos de una derrota intuida, pues enfrente estaba el Barça, el mejor equipo del mundo. Si hasta entonces el Athletic estaba exigiendo de su selecto rival el máximo, después mantuvo el mismo nivel de entrega y entusiasmo, cualidades muy valoradas por el aficionado. Jamás se sintió derrotado y mantuvo un hilo de esperanza hasta el minuto final.

Además, el partido ante el Barça llegaba con los deberes cumplidos, es decir, el empate en Gijón y la clara victoria frente al Mallorca, luego tampoco apretaban las urgencias.

Dicho lo cual, Según el acta arbitral, Fernando Amorebieta fue expulsado “por entrar a un contrario de forma frontal, perdiendo el control de su cuerpo y con fuerza excesiva mientras disputaba el balón, poniendo en peligro la integridad física de éste (el acta no aclara si se refiere al balón o al jugador)”.

De otro modo: el vigoroso central acudió a la cita con la pelota que él mismo había perdido por un mal control como un bisonte desbocado, consciente de que podía arrasar a todo bicho que se pusiera por delante, futbolista incluido. Iniesta voló por los aires y del graderío de San Mamés surgió un ¡ohhh! bien expresivo, o sea, que todo el mundo pensó que Amorebieta había cuarteado al susodicho; que Amorebieta es un inconsciente por entrar así en una jugada nada comprometida. Que tampoco calibró sus antecedentes y perfil de tipo rudo, condición que predispone a los árbitros; y con lo que llovía sobre Bilbao, haciendo más resbaladizo el césped; y con lo que llovía a causa de la lesión de Messi, con la consiguiente hipersensibilidad hacia los divos futbolísticos.

Desde el graderío, pocos dudaron de que Amorebieta se había merecido la expulsión a pulso y más de uno pensó en meterle interno en un monasterio zen por ver si aprende un poco de autocontrol, más que nada para que el Athletic juegue más a menudo con once futbolistas.

Segunda consideración: Amorebieta, mientras embiste para recuperar el balón, repliega sus pies para amortiguar en lo posible las consecuencias del impacto. Un arrepentimiento súbito del muchacho que, como en justicia divina, merece consideración, como también la merece que Iniesta saliera más o menos indemne del lance. Ahora bien, esto sólo se pudo apreciar por televisión y en una toma lentificada.

Tercera apreciación: Si la entrada se produce al revés seguro que al árbitro Mateu Lahoz no se le habría ocurrido expulsar a Iniesta. El precio de la (mala) fama se paga, y caro.

Todo esto y mucho más se debatirá también en China, donde por efecto de la globalización y el poder hipnótico que despliega el Barça atrae la atención mundial, razón por la cual el club azulgrana suscribió un acuerdo con UNICEF para irradiar por el mundo imagen de buen rollito, caer bien y, de paso, vender camisetas. Pero semejante sagacidad comercial, que le cuesta dos millones de euros, más los 30 que deja de ingresar en publicidad comercial, bien merece un reconocimiento, pues también sirve para alertar a la humanidad sobre el lacerante desamparo que sufren millones de niños.

En vivo contraste, su antagonista por antonomasia, el Real Madrid anuncia una casa de apuestas, curioso fenómeno que se ha metido hasta los tuétanos en el orbe futbolístico y que ha encontrado acomodo publicitario en los programas deportivos radiofónicos, de tal modo que Paco González y el gran Pepe Domingo Castaño, en su desembarco desde el Carrusel, de la Ser, a Tiempo de juego, en la Cope, también se ha llevado consigo, con su proverbial facilidad comunicativa, la invitación a las apuestas vía internet. Y lo hace con ahínco, y de tal forma que parece un juego tan divertido como inocuo, cuando se trata de una subrepticia, sutil y muy engañosa invitación a la ludopatía. Es decir, los obispos arrastrando al vicio, ¡Sodoma y Gomorra por las ondas de la radio episcopal! También allí se fomenta el póquer, deporte sobre el que Castaño compuso una oda a propósito de un libro que ha escrito Poli Rincón (¡albricias!) sobre el tema. Terminado el programa, un joven habló sobre su compromiso con Cristo ante la visita a Madrid del Papa el próximo año para convivir con la juventud. Me dormí con ambos mensajes aún calientes, subliminales. Soñé. Vi a Benedicto XVII presidiendo una enorme timba de póquer en Cibeles, ejerciendo de sumo sacerdote tahúr, perdiendo una fortuna y empeñando los tesoros del Vaticano para salir del mal trance fomentado desde la radio de su eminencia Rouco Varela.