Cariño, esto no es lo que parece

Messi, autor de tres goles al Almería, y Bojan, que anotó dos. (AFP)

Hay dos formas de caer derrotado en el estadio Santiago Bernabéu. El Racing, por ejemplo, quiso jugar en plan autobús, con defensa de cinco hombres, y le cayeron seis goles encima. El Athletic, bien al contrario, se plantó en el coliseo blanco predispuesto a tutear al Real Madrid y le cayeron cinco.
En ambos casos, el resultado fue más o menos el mismo, una soberana paliza, pero merece la pena cuidar las formas. Quedar bien. Porque mientras los racinguistas recibieron críticas severas por su comportamiento mezquino, sobre el Athletic en cambio hubo encendidas loas. Se ensalzó la capacidad rojiblanca para poner en apuros, como nadie antes, a Iker Casillas, fundamental en la suerte merengona, y había que ver la cara de amargado que mostraba José Mourinho cada vez que las cámaras le enfocaban en su rincón de exiliado. Resulta que el Athletic fue el equipo que más brechas ha abierto en el férreo sistema defensivo forjado por el técnico luso para reconstruir el imperio blanco, y eso cabreó mucho al engolado técnico portugués.
¡Ahí queda eso! Y sin embargo, cinco. Un manotazo en toda regla. Como en las películas de enredo, ¡cariño, esto no es lo que parece! Y ella (o él), que solo ha visto el resultado final, lo evidente, la consecuencia, y sólo se fía de la verdad incuestionable de los números, nota unos cuernos más grandes que los de un ciervo en pleno celo.
Para explicar el entuerto habría que explicar al detalle las circunstancias que propiciaron el naufragio bilbaino, sobradamente conocidas a estas alturas de la película, pero después de dar las razones oportunas volvemos a toparnos con otra situación de enredo: el Athletic aspira a conseguir una plaza europea, y sin embargo ha sido derrotado por todos sus competidores directos (Real Madrid, Barcelona, Villarreal, Sevilla, Valencia y Atlético de Madrid). Es el cuarto máximo goleador de la división, pero sobre todo es el segundo, tras el Málaga, a quien más goles le han encajado en su portería. De los 20 tantos que tiene a favor, casi la mitad, nueve, los ha marcado Fernando Llorente, luego más vale que se meta en la cama bien abrigadito para que no pille ni un resfriado, porque parece evidente que el día que falte el apolíneo delantero el Athletic tiene toda la pinta de desmoronarse como un castillo de naipes.
Dicho lo cual hay otra visión de la jugada, consolidada y manifiesta: el Athletic ha ganado con autoridad  al Mallorca, Hércules, Getafe y Zaragoza, luego goza de solvencia suficiente para liderar la otra liga, donde el principal objetivo es evitar como sea el descenso y el único premio posible es acabar perdido en el espacio, sin norte ni sur, entre una placidez absolutamente anodina.
Así que el Athletic está con la botella medio llena y medio vacía, y si le preguntas si anda sobrio o borracho, contesta: “Cariño, ¡no es lo que parece!”, y otra vez a dar vueltas con la misma noria. A la espera de acontecimientos, lo cierto es que el Real Madrid, con Cristiano Ronaldo en plenitud, se trincó al Athletic de cinco mordiscos bien dados y afila sus dientes en vísperas del gran combate frente al Barça, que tiene a Messi con más duende que nunca y tampoco está para ejercer la filantropía.
“Es una persona fantástica y sigo pensando que es un excelente entrenador”, dijo Pep Guardiola sobre Juanma Lillo instantes después de que el Barça destrozara literalmente al Almería, le metiera ocho y pusiera alfombra roja al despido del técnico guipuzcoano.
Aquí hay otro curioso caso de Cariño, ¡no es lo que parece! que merece al menos un somero análisis, pues resulta que Guardiola, el gran Pep, considera a Lillo su maestro, y Lillo se considera a sí mismo un zombi desde que, como él mismo recuerda con sorna, la directiva del Almería le “pegó el tiro” a comienzos de la temporada.
Paradojas de la vida, se deduce en consecuencia que los responsables del club andaluz (serán paletos, mira que repudiar nada menos que al pedagogo del gran Pep) estaban deseando desde entonces la derrota del Almería para poder argumentar el cese. Y los muy cabrones siempre reaccionaban, para volver a caer y luego levantarse, con lo cual Lillo caminaba con traza de muerto viviente por la Liga, y en su estado de indolencia absoluta pudo hablar con amargura de su absurda situación, pero también con licencia para ironizar y usar el sarcasmo.
Hasta que Guardiola, que para eso están los amigos, le clavó la estaca en el corazón, o como sea que se mate a los zombis, y así le ha liberado de su errático peregrinaje a ninguna parte. De paso, el Barça también ha puesto a punto sus garras para… ¿Lo adivinan?