Populacherismo

Es posible que sea un enorme irresponsable, un inconsciente del carajo o ambas cosas, pero desde el viernes a las seis de la tarde, hora de Euskadi y de Aquisgrán, voy de carcajada en carcajada. La penúltima y más conseguida encarnación del mal se hacía cargo del poder en el perverso y diabólico imperio culpable de todas las desgracias del planeta. Hordas de individuos moralmente superiores que piensan exactamente eso se atizaban codazos para ejercer de eruditos tertuliantes en las mil y una transmisiones televisivas y radiofónicas del evento. Caray, con los insumisos, que con su sola presencia en esos saraos del blablablá estaban retratándose como súbditos del lado oscuro. Y esto va por los que cobraron por sus cagüentales y por los que los farfullaron gratis et amore en Twitter.

He ahí la contradicción fundacional. El resto fueron llegando en torrente en cada apostilla al discurso inaugural del presidente con cara de cochino, como dice la canción viral de internet. “¡Qué asco!”, “¡Intolerable!”, “¡Tipejo!”, “¡Eso es fascismo de libro!”, “¡La que nos espera!”, “¿Cómo es posible?”, se iban rasgando ritualmente las vestiduras los recordmen y recordwomen siderales de la progritud. Y todo, vean qué gracia, porque el nuevo inquilino de la Casa Blanca no dejaba de regüeldar en diez o doce versiones con leves matices que había llegado el momento de quitar el poder a las élites corruptas para devolvérselo al pueblo. “No permitas que nadie te diga que eso no se puede hacer”, remató Trump, remedando a su modo, jojojo, el lema de los mismísimos que se ciscaban en su estampa. Los populacherismos se tocan.

Trump y los profetas

Anoten en su diario: 20 de enero de 2017, hoy comienza la era Trump. Un saludo con corte de mangas y cuchufleta al ejército de sabios que nos explicaron con profusión de argumentos expelidos mirándonos por encima del hombro que esto no ocurriría jamás de los jamases. ¿O ya no se acuerdan? Empezaron vaticinando sin-ningún-género-de-dudas la imposibilidad de una victoria en las primarias del Partido Repúblicano. No había el menor riesgo, seguían porfiando mientras el pelopaja iba mandando a la cuneta un rival tras otro.

La prudencia más elemental habría aconsejado que cuando finalmente fue designado candidato a la presidencia, los profetas de lance dejaran abierta una puerta a la sorpresa. Ni por esas. Sin mudar el gesto ni mostrar el menor signo de vergüenza por el colosal fiasco, pasaron a abrumarnos con los quintales y quintales de motivos por los que Hillary Clinton barrería del mapa al extravagante multimillonario.

Consumada la derrota de la aspirante demócrata, no crean que tampoco hubo el menor amago de reconocer su terrorífica cantada. Los auríspices contumaces se travistieron en analistas del copón y se aplicaron, con aplomo forense, a hacer la lista de los cómos y los porqués del inopinado triunfo del tipejo. La conclusión vino a ser, coma arriba o coma abajo, que la democracia es cada vez más peligrosa porque la masa inculta no sabe votar y tiene querencia a salir por peteneras. Si no rebosaran soberbia, quizá les diera para preguntarse si esa insultante superioridad moral traducida en desprecio sistemático por los demás no es lo que ha alfombrado el camino de Trump hacia la Casa Blanca.

Abusos en la Iglesia vasca

De nuevo, la Iglesia aparece como piedra de escándalo. Esta vez, la vasca, por si alguien, en su autocomplacencia o ceguera voluntaria, pensaba que las sacristías del terruño estaban libres de polvo y paja. Cuánta respiración contenida, por cierto, ante la trayectoria conocida del señalado como autor —confeso, no se pase por alto— de por lo menos tres casos de abusos a menores. ¿Quién iba a pensar que Juan Kruz Mendizabal, Kakux, tan cercano, tan afable, tan campechano, tan… bueno, ya saben, iba a ser un depredador sexual?

Junto a esa pregunta, otras más incómodas: ¿Por qué ha pasado tanto tiempo desde que ocurrieron los hechos hasta su conocimiento? ¿No había indicios o sospechas? ¿Quién o quiénes miraron hacia otro lado? ¿Qué les impulsó a ello? ¿Cómo se explica que fuera subiendo en el escalafón? ¿A qué se debe que hasta la fecha no haya actuado, que sepamos, la justicia ordinaria? ¿De qué nos sirven las palabras compungidas del Obispo Munilla? ¿Qué es eso de intentar convencernos, a estas alturas, de que en el pecado está la penitencia? Y sobre todo, ¿tenemos la certeza de que es el único caso? ¿Hay alguna garantía de que no va a volver a ocurrir?

Déjenme que en el último párrafo me mire el ombligo. Se nos reclama, con razón, a los medios de comunicación que informemos sin tapujos ni miedo sobre la cuestión. No dejemos de hacerlo. Pero, por favor, no permitamos que nos guíe el morbo chabacano. Es digno del mejor periodismo localizar a las víctimas y darles la voz que les han robado durante años. Sin embargo, están de más esos titulares sensacionalistas llenos de sórdidos y explícitos detalles.

Apenas la fotografía

Ir o no ir, he ahí la cuestión. Si hablamos de la cacareada conferencia de presidentes autonómicos, se pueden encontrar argumentos igualmente razonables a favor o en contra. De hecho, fijándonos en lo que nos toca más cerca, comprobamos que la presidenta de Navarra, Uxue Barkos, ha optado por la presencia, mientras que el lehendakari Iñigo Urkullu se ha decantado por la ausencia. No parece que ni una ni otra postura se vayan a traducir para las respectivas ciudadanías en algo que les beneficie o les perjudique de modo especial. Al fin y al cabo, a casi nadie se le escapa que el principal motivo del encuentro, si no el único, reside en la fotografía solemne —también conocida como de familia— con todos los asistentes flanqueando a Mariano Rajoy y al rey Felipe Sexto, recién llegado en este caso de su bisnes por esa satrapía llamada Arabia Saudí.

La instantánea quizá no dé para una tesina de semiología, pero si la miran durante dos o tres segundos, les cantará la Traviata sobre un modelo de Estado que debería estar superado hace un buen rato. Y si además de mirarla, la huelen, percibirán el aroma inconfundible y ya rancio de aquel funesto café para todos que, si ya era malo de inicio, no ha dejado de aguachirlarse con el paso de los años y de los gobiernos de estas o aquellas siglas. No se antoja detalle menor que el ejecutivo liderado por el que aparece en el centro —cómo no— de la imagen haya sido el que con más brío, cuando no directamente saña, se ha empleado, en compañía de sus magistrados de corps, para cercenar el ejercicio de un autogobierno que, no lo olvidemos, ya venía afeitado de serie.

Sánchez, otra vez humillado

Pagaría 50 céntimos por los pensamientos de Pedro Sánchez en estas horas sombrías. Como Marco Antonio en el célebre verso de Kavafis, no podrá decir que fue un sueño. Tuvo en la yema de sus dedos ser, como poco, la cabeza de la rebelión contra el herrumbroso aparato del PSOE. Ahora, por enésima vez desde que lo elevaron de culiparlante a secretario general manejable, debe de barruntar que sigue sin saber absolutamente nada de política.

Hace falta una ingenuidad oceánica para llegar a la conclusión de que una entrevista de confesionario con Évole erige a alguien en líder de no se sabe qué movimiento regenerador. Item más, para tragarse las palabras dadas por buena parte de sus conmilitones, como si no supiera que en su formación (igual que en todas) las declaraciones de principios tienen una caducidad más baja que el yogur. Te quiero mucho hoy es el anticipo de la puñalada trapera de mañana. Con una sonrisa en los labios, para que duela más.

Absténgase, en todo caso, de quejarse, aprendiz de brujo Sánchez. Usted mismo se ha labrado a pulso este triste final, si es que lo es. ¿A santo de qué se echó a dormir en la cresta de la ola? ¿Quién le aconsejó que pasara a cuarto plano mientras actuaban en su nombre los elementos más pintorescos de su partido convirtiendo su opción en una extravagancia? Quedará, tal vez sin serlo, como un cobarde y, desde luego, como un pésimo estratega incapaz de tomar las riendas de su propio destino, y por eso mismo, un tipo al que no se le puede confiar una organización en un momento delicado. Podrá repetir su famoso tuit de cuando no era nadie: ¡Qué paliza me han dado!

El indecente Trillo

Para chulo, el pirulo del señorito Trillo-Figueroa y Martínez-Conde. Cumpliendo el clásico, se ha ido de la embajada de Londres un cuarto de hora antes de que lo echaran. Da para pensar que lo que no es sino el enésimo acto de arrogancia del fantoche cartagenero haya sido acogido como una victoria de quienes llevan años señalando su inhumana conducta respecto a la carnicería del Yak 42. Con razón pedirá el aludido que ahí se las den todas. Mucho más, cuando sabe que cerrada la puerta de la bicoca londinense, se le abre la del mismísimo Consejo de Estado que acaba de retratarlo con las manos llenas de mierda en todo lo relacionado con la tragedia. Gran lección, por cierto, de cómo se escribe la Historia en el Reino de España. La institución que descubre a los malvados guarda un asiento para ellos. Retribución anual por echar alguna que otra hora perdida: entre 80.000 y 100.00 euros. Sí, un huevo de salarios mínimos.

Pero aún hay más enseñanzas, en este caso, sobre cómo las gastan los patrioteros de misa y comunión diaria. Trillo es el tipejo que quiso vendernos como inmensa gesta heroica la toma de Perejil, un islote habitado por cabras. Cómo olvidar el ridículo relato de la mamarrachada al alba con viento de Levante. Pues ya ven el trato hacia su carne cañón, los que dejan la piel en nombre de la bandera que tanto le inflama. No olviden que quienes iban en el avión eran miembros del que llaman glorioso ejército español. Es también devoto y significado miembro del Opus Dei desde su turbia juventud. Suerte tiene de que no haya infierno, porque el patán tendría reservada una parcela a su nombre.

El PP de Bilbao se retrata

Lo admito. Me llevé un berrinche considerable al enterarme de lo del PP de Bilbao. ¿De la presentación de la gilimoción para expulsar del callejero a Zumalakarregi, Sabino Arana y Dolores Ibarruri?  Qué va, eso me encantó. De hecho, lo que les decía que me molestó fue la bajada de pantalones, o sea, la retirada de la memez pretextando no sé qué balbuceos de que quizá no tocaba. Los ridículos, mejor hasta el final. Especialmente, si son de esos que delatan a quien los comete, y en este caso estamos ante una reproducción a escala 1:1 de la pobreza cultural que anida en el cacumen de —seamos justos— alguno de los ediles gavioteros en la capital del señorío.

Me dirán que también es señal de ranciendad ideológica. Por ahí veo que van la mayoría de los comentarios, pero fíjense que yo aparto ese cáliz. Prefiero señalar la vacuidad intelectual de tanto presunto sabio de casinillo con caspa y en el mismo bote, las ganas locas de dar el cante para salir en los papeles, una vez comprobado que en el desempeño normal del cargo no se vende una triste escoba.

Que levante la mano quien tenga conocimiento, fuera o dentro de la villa, de media actuación del cuarteto de munícipes del PP, y no vale citar cierto vídeo. Desde la inauguración de la legislatura lideran la clasificación consistorial de la absoluta irrelevancia pública. Incluso Udalberri o Goazen, con la mitad de electos, tienen una presencia infinitamente mayor en los medios y, desde luego, en la calle. No es mal síntoma esa insignificancia, y en mi opinión, tampoco que traten de superarla haciendo propuestas grotescas. Insisto, una pena que la retirasen.