Albert y Pablo, desconcierto

Qué enternecedor a la par que revelador: en esa papillita televisiva hecha al gusto de la retroprogresía hispana pero que arrasa en Euskadi más que en ningún otro sitio salen Zipi Rivera y Zape Iglesias echando la tradicional meadita sobre el Concierto vasco. Me imagino que, de rebote, también sobre el Convenio navarro, pero como no se menciona específicamente —así me dicen mis informantes; yo ni jarto me trago esa pelea amañada y edulcorada con sorbitol—, cabe pensar que la pareja yeyé y el que preguntaba no tienen ni pajolera idea de la existencia de tal cosa. En consonancia, tampoco nos asombremos, de los conocimientos que manifiestan sobre lo otro. Se ve en los entrecomillados que ambos tocan partituras ajenas.

El figurín de moda, al que hay que reconocerle que la esencia de su chiringuito siempre ha sido el centralismo cañí, ejecuta la que le hayan soplado alguno de los economistas de cabecera del Ibex 35. A programa pasado, dijo el lunes que hay que subir el cupo un 25 o 30 por ciento. Y por qué uno doscientos, no te jode. Por su parte, el intelectual (cada vez más) orgánico, fiel a su estilo, se apuntó a la tesis más en boga, esa de aluvión que sostiene, sin saber de qué narices se está hablando, que “hay que revisarlo”.

Pues, ¿saben lo que les digo? Que me alegro. Porque así quedan las cosas más claras si cabe, pero también porque esto nos da esperanzas para salir de la modorra plácida en la que nos movemos de un tiempo acá. Les daré pelos y señales en otra columna, pero les avanzo que nada nos haría mayor favor que vinieran en serio a por el Concierto y el Convenio. Ya me entienden.

3 comentarios sobre “Albert y Pablo, desconcierto”

  1. Yo,de hecho,estoy deseando que el próximo gobierno Español intente acabar con el concierto y el convenio.O mejor,que acaben directamente con ambas herramientas.En la columna comprometida seguimos.

  2. El programa de Evole no me parece acertado para contraponer programas políticos: sirve mejor para las preguntas dardos y las respuestas que no dejan resquicios, esos sí, siempre de uno en uno porque si no deriva todo en guirigay.

    Dicho esto me parece muy osado amarrarse y proclamarse con derecho exclusivo a la defensa numantina “de lo nuestro” mientras se descalifica al enemigo como eso mismo: enemigo de lo “nuestro”. En democracia, todo, absolutamente todo, debe estar a disposición del ciudadano y de su derecho a decir algo al respecto. A mí no me molesta que se quiera meter mano a los Concierto/Convenio vascos porque tampoco me molesta que se quiera meter mano a la unidad de la patria española o a la revisión del actual mapa autonómico tan impresentable y falto a la realidad: las autonomías debieron ser sólo para ahí donde había tradición independentista y de autogobierno y no para el resto.

    Rivera, por supuesto, dejó claro que es un anti demócrata por segunda vez. La primera fue con el derecho a decidir catalán, que le gusta votar “NO” pero se niega a deja votar “SI”. ¿Quién es él para impedir el derecho a votar de los ciudadanos catalanes? Pues con el Concierto/Convenio de los territorios vascos hace lo mismo: se los quiere cepillar sin consultar antes con los afectados por ellos. Mal, muy mal. Además esgrime un argumento populista (por idiota a más no poder) que encima causa sensación en el público simplista: es anacrónico, de otros tiempos. ¿Más anacrónico y de otros tiempos que la monarquía o la religión católica o la propia democracia que ya la utilizaban los griegos cuando usaban túnicas? habría que preguntarle.

    A Pablo le faltó fruto, como ya dije, del formato inadecuado del programa, decir lo que siempre dice: serán los ciudadanos los que decidan al respecto, los ciudadanos de Navarra y vascongadas. Pero sin olvidar que los gobiernos autonómicos pueden ser llamados a revisión de acuerdos por el gobierno central, lo que no es óbice para actuar en consecuencia y con contundencia si la negociación a criterio de los ejecutivos autonómicos lo requiere ante la cerrazón o exigencias inasumibles centralistas. ¿Acaso un gobierno autonómico y mayoritario en manos de un partido político centralista no podría tras una consulta ciudadana favorable liquidar dichos acuerdos históricos? Yo creo que sí, porque negarse a ello es exactamente lo mismo que hacen los partidos y gobiernos centralistas respecto de la unidad de España, que se niegan a admitir que la decisión democrática de vascos, catalanes…. de independizarse pueda llevarse a efecto porque la unidad de la patria está fuera de toda decisión democrática. ¿Están fuera de toda decisión democrática los fueros vascos? Es más, si los vascos jamás hubiéramos tenido fueros ni Navarra hubiera sido un reyno soberano, nada de ello impediría que hoy optáramos por la independencia y al revés, el tener fueros ancestrales y un pasado soberano no nos obliga a ser independientes.

    Dicho lo cual no estaría de más recordar que el AMEJORA-MIENTO navarro defendido por los navarrisimos de UPN, por mencionar a los de casa y no a los de “madrid”, fue un cepillado y un reduccionismo a su mínima expresión sin necesidad de que los “enemigos” participaran, es decir, un autoharakiri “voluntario” del que parece nadie quiere acordarse. Mientras tanto el Concierto de la CAV, o sea, los dineros, son de las pocas cosas que se han respetado por “madrid”, ya que gran parte del Estatuto de la CAV está sin desarrollar o a falta de ello, como todo el mundo sabe, después de tres décadas y esto también es una especie de abolición en diferido permitida por los de casa sin quejarse mucho.

    Como algún otro comentario destaca, ¡ojala se atrevan a meter mano!, así muchos se caerán del guindo y empezaran a ver, en Navarra, por ejemplo, que “los vascos” no son los invasores sino los aliados/hermanos naturales y únicos con los que mejor se defiende la identidad y los derechos históricos de Navarra, los fueros y su vigencia y, por qué no, su ampliación –y no su reduccionismo como hasta ahora- en busca de mayores cotas de soberanía. Y en la CAV, que se empiece a asumir que el estatutismo de la paciencia que ha practicado el PNV ya no tiene más aguante. La fuerza del soberanismo y su defensa será la nueva herramienta social con la que las cuatro provincias hermanas y vascas tendrán que contrarrestar las intenciones políticas centralistas.
    Los territorios vascos y forales tendrán que volver a revivir los episodios que terminaron truncados en 1932 con el pucherazo dado en Navarra por los dirigentes de la derecha nazionalcatolica contra el estatuto vasco de las 4 provincias y que fue votado a favor en toda Navarra, desde Tudela a Bera. Porque la unidad del pueblo vasco es la mejor manera de conservar los fueros navarros y no lo que hasta ahora nos han estado vendiendo los vendepatrias de UPN, por nombrar a los de casa.

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