Overbooking de traidores

Un tiro para Ana Gabriel. Carme Forcadell y Oriol Junqueras al paredón. Ojalá una violación en grupo a Inés Arrimadas. El nombre de alcaldes del PSC junto a una horca. Ada Colau en una picota. Jordi Évole en un cartel de Se Busca por equidistante. Y es solo una muestra ínfima de la escalada del odio gañanesco en la últimas semanas. Tremendo en sí, pero mucho más, si añadimos que, con excepciones, desde cada trinchera se disculpa o hasta se festeja a los ejecutores (generalemente, anónimos) de las demasías. No solo eso: con una irresponsabilidad suicida, se azuza a las huestes propias contra los señalados como enemigos del pueblo, enemics del poble o todo al mismo tiempo.

Ahí tienen, por ejemplo, al ventajista Rufián escupiendo en Twitter que Joan Coscubiela es “como el ‘camarada’ que iba hace 40 años con las manos sin callos a las casas de los obreros a decirles que mejor no hacer huelgas”. Manda huevos, por cierto, ver cómo el advenedizo que solo podría tener ampollas en las manos haciendo lo que ustedes imaginan se atreve a lanzar tal andanada a un tipo que, además de defender como abogado a sindicalistas, se comió su cárcel en el franquismo.

Pero ese es el nivel. Se ha instalado el todo vale, y cada tarde se bate el récord de declaración de traidores del día anterior. Los peor parados, como de costumbre, los que tratan de introducir el menor matiz entre los brochazos. Ya verán, sin ir más lejos, los tres o cuatro soplamocos que le caen al autor de estas líneas.

Nadie parece haberse parado a pensar que, sea cual sea el desenlace de este inmenso embrollo, no quedará otra que seguir conviviendo.

Manos sucias

Bueno, sí, presunción de inocencia y todo eso. Pero dos más dos tienden a ser cuatro, y que vaya dando un paso al frente quien se haya sorprendido al ver en la crónica marrón de las últimas horas a Ausbanc y Manos Limpias, o Manos Limpias y Ausbanc, que tanto monta. Si hay algo raro es que este par de mutualidades de lo turbio hayan tardado tanto en merecer atención policial, cuando sus métodos corleonescos cantaban a leguas. Ya salió y se tapó que los barandas de ambos truños, Luis Pineda y Miguel Bernad, eran ultraderechistas de los de cadenón en astillero. Tampoco se le dio mucho aire a la investigación de la Audiencia Nacional sobre el millón de euros que cobró Pineda de Fórum y Afinsa antes de hacer el paripé como acusación popular de los estafados por los chiringuitos filatélicos.

Esta vez —a ver si es la buena— la UDEF tiene indicios, parece que abundantes, de extorsiones a diversas compañías a cambio de retirar querellas presentadas con anterioridad o, simplemente, bajo la amenaza de iniciar una campaña de desprestigio si no apoquinaban publicidad a precio de oro en la revista del entramado. Era un secreto a voces, pero todo el mundo, empezando por una parte de mi oficio, miraba para otro lado. Es más, el dúo de caraduras gozaban de gran predicamento mediático, y raro era el día que no te los encontrabas en este plató o en aquel programa de radio ejerciendo de supuestos paladines contra el mal con su labia de charlatanes de feria. Pero no se quedaban en esa golfería de andar por casa. Lo grave y ya irreparable ha sido el desfalco consentido que Manos Limpias le ha hecho a la convivencia.