Unidad, por fin

Acabaremos haciéndolo bien del todo cuando no haya nadie mirando. Ahora estamos en casi nadie. Que levante la mano el común de los mortales que prestó más de veinte segundos de atención a los actos de solidaridad con las víctimas del terrorismo que se desarrollaron el viernes en Gasteiz e Iruña. Quizá el de la capital navarra, justamente por la división y las sonoras ausencias, mereciera un enarcamiento de ceja más prolongado. Y ni eso, que coincidir con un terremoto tampoco favoreció su relieve. Algo nos llegó de los enésimos desmarques de UPN y PP acompañados de las letanías sobre la equiparación. Oportunidad perdida, pero no hay que desesperar. También es verdad que en la comunidad foral existe menos costumbre de estos homenajes con vocación de pluralidad.

En el caso de la demarcación autonómica, llevamos tiempo intentándolo. Otro asunto es que solo nos acordemos los muy cafeteros. Acordarnos a medias, porque he tenido que mirar en Google para cerciorarme de que el primer gran acto que buscaba la unidad fue el que organizó el lehendakari Juan José Ibarretxe hace casi un decenio, en abril de 2007. “El circo de Ibarretxe”, lo descalificaban los mismos que hoy se han convertido en sus tardíos admiradores. Desde el otro flanco, el de las asociaciones oficialistas, el boicot fue feroz. Aun así, hubo un puñado de gentes de buena voluntad que dieron el paso de estar. A fuerza de pruebas y errores en los años sucesivos, llegamos a la inspiradora estampa del viernes pasado en la plaza de la Virgen Blanca. Ahí sí estaban prácticamente todos, aunque no fuera la gran noticia que habría sido en otra época.

Un homenaje necesario

Navarra, 18 de febrero de 2017. Con decenios de vergonzoso e hiriente retraso, se rinde tributo a las víctimas provocadas por excesos policiales y grupos de extrema derecha, tanto monta, monta tanto. Como aperitivo, intentos de impedir el acto en los tribunales, una esperpéntica prohibición de mencionar por sus nombres a las personas homenajeadas, insultos graves de militares franquistas a la presidenta de la Comunidad, la clásica campaña de sapos y culebras en los medios del viejo régimen y, resumiendo, un retrato a escala 1:1 de la zafiedad política de las siglas que hoy conforman la oposición de acoso y derribo.

Señalaremos con asterisco al PSN, que después de su consabido slalom declarativo —sí, no; no, sí; bueno, ya veremos—, sintió la necesidad de justificar su presencia advirtiendo que estaría vigilante. No recuerda uno que los frustradores compulsivos de cambios actuaran como centinelas de lo admisible cuando en una concentración de apoyo a la Guardia Civil tras el episodio de Alsasua se escucharon exabruptos de alto octanaje. En cuanto a UPN y PPN, no cabe añadir nada que a estas alturas no esté dicho y redicho. Su ruidoso desmarque les sitúa a menos de un centímetro de la justificación de los asesinatos hasta ahora impunes de esas personas cuyo solo nombre les ofende.

A modo de epílogo, las tres fuerzas arriba mencionadas exigen que Uxue Barkos explique en el parlamento los detalles del acto del sábado. Sin duda, la presidenta sabrá ofrecer la oportuna respuesta. Al margen de lo que añada, el mensaje básico es muy simple: se hizo algo que se debió haber hecho hace muchísimo tiempo.

Enaltecimientos varios

Siempre he pensado, con Aute, que los tirios y los troyanos deberían casarse porque son tal para cual. Y dejarnos en paz al resto, que estamos hasta las mismísimas de aguantar su rollito sadomaso y su retroalimentación mutua en bucle infinito.

Farfullo, que ya sé que a veces me embalo y se pierde el hilo, de las cuatro detenciones de ayer por enaltecimiento del terrorismo. Inmensos, comme d’habitude, Urquijo, Mariano, Fernández y los picoletos de jornada, dando bombo urbi et orbi a un acto que durante veintipico años se ha venido desarrollando sin que saliera de los círculos de costumbre. Sí, a la vista pública, y probablemente para lógico y comprensible disgusto de mucha gente. Pero es que como empecemos a entrullar a todos los que se comportan miserablemente, no va a quedar ni quisque fuera. Eso, sin contar con lo poco que me fío yo de quien decide sobre las actitudes que son y dejan de ser penalmente punibles.

Respecto a esta en concreto, la de montar saraos a mayor gloria de tipos que —en la inmensa mayoría de los casos— se han dedicado al matarile o al auxilio del matarile, lo tengo muy claro. Como decía el famoso cura sobre el pecado, no soy partidario. Es más, salvo en ocasiones excepcionales a las que podría encontrar una explicación, me parece una canallada del quince, así se llame el fulano homenajeado Morcillo, Galindo, Zabarte, Txikierdi o, pongamos por caso, José Bretón. Creo, sin embargo, y muy firmemente, que lo que procede es la sanción o la reprobación moral. Llevarlo más allá es, y vuelvo al principio de estas líneas, una forma enaltecer, miren por dónde, a los enaltecedores.

Homenajes o así

Lo que son las asociaciones mentales… Llevo un par de días alternando el tarareo de una canción de Pablo Milanés que me trae muy buenos recuerdos con el martilleo de esa rima de dos de mosqueo que termina hablando de unos cataplines que se van de viaje. La culpa es de una palabra que se repite mucho últimamente y que ha dado pie al enésimo debate semántico-jurídico: homenaje. La bronca jesuítica versa, como estarán al corriente, sobre si el término citado es equivalente a recibimiento, acogida (“incluso calurosa”, como matizó Josu Erkoreka), enaltecimiento —del terrorismo, se entiende— o, en la parte más alta del pentagrama, exaltación.

Curado de varias modalidades de espanto y, por narices, acostumbrado a nuestra querencia por sacarle punta a las bolas de billar para clavarlas en el costillar del de enfrente, opto una vez más por mi proverbial equidistancia, que no es ni proverbial ni equidistancia. Vamos, que en lugar de por un bando (ni siquiera por ese que algunos malvados me atribuirían), me decanto por la contemplación de la refriega. Ustedes, yo, Grande Marlaska, Fernández Díaz, Beltrán de Heredia, Permach y hasta el otero que me denunció el lunes pasado sabemos perfectamente qué son y qué dejan de ser los actos a los que nos estamos refiriendo. Otra cosa es que todos los mencionados tengamos también una sardina a la que arrimar el ascua, una parroquia a la que dirigir el sermón, unos intereses creados y otros por crear y, vaya, sí, hasta una ideología o similar. Eso es lo que complica la cosa, es decir, lo que la simplifica: cada cual ve lo que quiere ver o, si somos aun más precisos, lo que necesita ver. ¿Fue de roja directa lo de Iturraspe sobre Neymar el otro día en San Mamés? No contesten, era una pregunta retórica. Y en el caso que nos ocupa, exactamente igual, con el agravante de que aquí se juegan algo más que tres puntos. Espero que haya terminado de confundirlos.