Sánchez da miedo

Cunde el pánico en el Ferraz más formal y los titulares lo cuentan rozando el esperpento. “Los barones cargan contra Pedro Sánchez por rojo”, se medio choteaba anteayer un diario madrileño. No era el único que se hacía lenguas sobre el canguelo creciente entre los partidarios de los candidatos de orden —lean Patxi López y Susana Díaz— ante la capacidad movilizadora del aspirante que, de perdido al río, se ha echado al carril izquierdo con gran éxito de público. Sobre todo, de eso. Contra el pronóstico de muchos, incluyendo al autor de estas líneas, Sánchez abarrota los locales —y no necesariamente pequeños— allá por donde pasa su frenética gira. Los modositos actos de López y Díaz no aguantan la menor comparación ni en asistencia ni, desde luego, en el entusiasmo mostrado por los parroquianos. Y claro, por eso mismo, las ardorosas homilías del exsecretario general despechado y sus pintorescos teloneros resultan mucho más colocables en los (todavía llamados) medios de comunicación, lo que provoca que siga aumentado la bola de nieve.

Resumiendo, el PSOE oficial tiene sobradísimos motivos para el nerviosismo. Quién le iba decir a la conocida como Sultana de Andalucía que el títere al que encumbró para mandar al peligroso Eduardo Madina a la reserva cobraría vida propia y se convertiría en su peor pesadilla. Literalmente, cría cuervos. No me hagan caso, porque en esto llevo la plusmarca mundial de fallar pronósticos, pero juraría que lo que le toca a la doña es dar un paso atrás, no presentarse a las primarias y fiarlo todo a la baraka que suele acompañar a Patxi. Ni aun así las tendrá todas consigo.

Heteropatriarcado y tal

¡Jopelines con el Heteropatriarcado, así en bruto y sin más matices! ¡Resulta que compró un fusil y una pistola más baratos que un Iphone, entró a un local gay de Orlando, se lió a repartir plomo, y dejó 49 muertos y 50 heridos! ¿Que el que hizo eso era un tipo con nombre y apellidos, unas creencias muy concretas y un largo historial de nauseabundo hijoputismo intolerante en el nombre de un tal Alá? ¡Oigan, oigan, no criminalicen a los criminales! Lo dejamos en el mentado tiro por elevación, como hizo, entre otros muchos cobardes —¿O quizá cómplices?—, el irreconocible nuevo rico de la política Alberto Garzón, y pasamos a lo que importa, que es el baboseo posturil de los lamentos plañideros.

Qué molona, la bandera arcoiris poniendo carita triste. Qué requetechulas, las frasezuelas de a duro espolvoreadas en Twitter con estomagante paternalismo, repletas, con un par de narices, de exaltadas proclamas a favor de la libertad para sentir y amar. Ni una puñetera palabra sobre qué y quiénes específicamente tienen establecido, no ya el desprecio, sino el aniquilamiento sistemático de cualquiera que se atreva a poner en práctica esas libertades.

Marieme-Hélie Lucas, que es mujer, argelina y feminista, le llama a eso holgazanería izquierdista. Y añade: “El Islam político recibe por parte de la izquierda un tratamiento muy diferente del que recibe cualquier otro movimiento popular de extrema derecha que actúa con disfraz religioso. Yo diría incluso que el Islam recibe un tratamiento diferente del que recibe cualquier otra religión”. No cabe esperar, claro, que las almas puras vayan a darle ni media vuelta.

Madurismo obtuso

“Maduro está loco como una cabra”. Antes de que los fanboys y fangirls del bolivarianismo cañí que no estén al tanto empiecen a supurar bilis hirviente, aclaro que la invectiva no es mía. Es más, no soy nada partidario de utilizar la locura para descalificar a alguien. Pero como ha demostrado otras veces, el expresidente de Uruguay, José Mujica, no se anda con esas menudencias, y exactamente esa es la expresión con la que se ha referido al primer mandatario de Venezuela, bien es cierto que anteponiendo que le tiene “un gran respeto”.

¿Algún voluntario para afearle la conducta a alguien con la trayectoria vital y los hechos acreditados de Mujica? A la espera de que lleguen, anoto mi gratitud por decir, siendo quien es y estando fuera de toda sospecha de agente contrarrevolucionario, lo que a cualquiera con medio gramo de espíritu crítico le salta a la vista. Y añado como argumento de autoridad que también vale un Potosí, siquiera por lo infrecuente, las palabras del número tres de Podemos, Pablo Echenique: “Maduro está haciendo lo mismo que hace el señor Mariano Rajoy, que es hablar de otro país para no hablar del suyo”.

Iba siendo hora de que saltaran las anteojeras en la izquierda. Claro que me temo que este par de golondrinas no harán verano. Verán las bofetadas que me caerán por estas líneas. Por alguna razón que se me escapa, el progresí medio muestra respecto al personaje y sus ocurrencias —a veces sangrientas— una actitud de defensa a ultranza. Que muchos de sus opositores, especialmente los de primera línea, sean una manga de tipejos con mucho peligro no debería impedir ver lo evidente.

Desigualdad y Frente Nacional

No sabe uno si enternecen o enfurecen las requetesobadas manifestaciones de sorpresa indignada —o de indignación sorprendida— que siguen a cada mejora de los resultados electorales del Frente Nacional en Francia. He perdido ya la cuenta. Sin mirar en Wikipedia, no soy capaz de decirles si son tres, cuatro o cinco consecutivas, pero sí que cada una de ellas ha venido orlada con idénticos mohínes y sobreactuados rictus de disgusto. Se diría que los ejercicios de manos a la cabeza, las mendrugadas tópicas sobre dónde va a parar esta Europa insolidaria, los tontucios recordatorios de la Alemania prehitleriana e incluso las bienintencionadas expresiones de preocupación forman parte de un exorcismo de los propios fantasmas.

Y eso es precio de amigo. En no pocas ocasiones, todo ese blablablá clueco es la (auto) delación de la izquierda exquisita y funcionaria sobre su responsabilidad vergonzosa y vergonzante en el ascenso de las huestes, primero de Jean Marie, y ahora, con mucho más peligro, de Marine Le Pen. Qué fácil, ¿verdad?, explicarlo todo en función del racismo, la xenofobia, el egoísmo y, en definitiva, la inferioridad mental de varios millones de votantes que no merecen consideración de personas. Tremebundo clasismo en nombre, manda pelotas, de lo contrario; no se puede llevar más lejos la perversión. Como coralario, brutal ceguera voluntaria de quienes para no quedarse sin su martingala se niegan, entre otras mil evidencias, esta que revelaron varios analistas el domingo pasado: el mapa de la desigualdad en Francia es milímetro a milímetro el de la fortaleza electoral del Frente Nacional.

Grecia ha elegido

Vayan y tósanle a Alexis Tsipras. Parecía que estaba destinado a darse la bofetada del siglo, y ahí lo tienen, prácticamente con la misma mayoría de hace ocho meses y libre de críticos esencialistas. Menudos linces, por cierto, los que vaticinaron que la escisión de Syriza por la izquierda arrastraría a las masas descontentas por la claudicación ante la malvada madrastra Europa. Pues de eso, nada. Los que han acabado en el guano extraparlamentario han sido los que, como tantas veces, habían hecho las cuentas de la lechera. Cuando eres Varoufakis y vives como Zeus, es muy fácil apelar a la dignidad porque por muy mal que vayan las cosas, a ti te va a seguir yendo de narices. Los que intentan comer al día siguiente tienden a pensar de otra forma… y por lo que acabamos de ver, también a votar en consecuencia. Hay que ser malnacido para tildarles explícita o implícitamente de cobardes.

Cabe, por supuesto, echar mano del comodín de la participación más baja de la historia, atribuyéndose cada sufragio no emitido. Un siglo de estos veremos que no votar es otra forma de votar y que, en consecuencia, quien decide quedarse en casa es tan responsable de los resultados como los que sí han echado esta o aquella papeleta a una urna.

Resumiendo, que el pueblo que ha querido que sea Tsipras quien gestione el malhadado tercer rescate es exactamente el mismo que hace dos meses y pico optó en masa por el ‘no’ en el referéndum y el que en enero aupó a Syriza al gobierno. Si en esas dos ocasiones se hicieron encendidas loas a su arrojo y su sabiduría, no parece muy coherente ponerles ahora como una panda de mansos.

Desprecio a la izquierda

Qué barullo, oigan, allá al fondo a la izquierda. O quizá solo al fondo, que últimamente la otra palabra empieza a repeler a los doctores en Ciencias Políticas con calculadora porque han echado cuentas, y la conclusión ha sido, por lo visto, que ya no vende una escoba. “No es la izquierda la que va a traer el cambio; va a ser la gente”, pontificó el otro día el cátedro y caudillo de masas Iglesias Turrión en frase que bien podía haber firmado el remilgado Rivera. Respondía, después de acusarles de chantajistas, a las miles de personas que proponen concurrir a las elecciones generales en una sola lista, siguiendo la estela indiscutiblemente triunfal de las candidaturas plurales que ya gobiernan, por ejemplo, en Madrid y Barcelona. “La izquierda, quedáosla”, remató, a la diestra (ejem) de Dios Padre, el apóstol Iñigo Errejón, como si él mismo y su señorito no tuvieran acreditadas centenares de soflamillas de la más pura ortodoxia dizque zurda. Incluyendo, oh sí, medio loas al padrecito Stalin, que mató lo suyo, pero trajo —palabras de Pablo que, como casi todas las que ha pronunciado, están grabadas— el estado de bienestar.

Daría un rublo por saber qué opinan sobre estos gargajos despectivos de sus líderes los muchísimos fundadores de Podemos que siempre llevaron a gala ser de izquierda. Y no digamos ya los que exhibían el vocablo junto a un apellido aun más contundente: anticapitalista. Desde —lo reconozco— mi cómoda posición de escéptico resabiado al que le va poco en la vaina, aguardo el desenlace del enésimo encontronazo entre el fulanismo y los principios. Sospecho, eso sí, quién ganará.

Talegón en almoneda

De pocas columnas me avergüenzo tanto como de una en la que le cantaba las mañanitas a un ser humano que atiende por Beatriz Talegón. Esta no es, de hecho, la primera vez que me fustigo en público por la patética colección de blandenguerías que le dediqué a la que por aquel entonces me pareció una joven política con arrestos para soltar cuatro frescas bien dichas a un rebaño de dinosaurios de su propia organización, la Internacional Socialista. Toda la autenticidad que pudiera haber en el rapapolvo a sus mayores se fue diluyendo —fenómeno digno de estudio— con la difusión viral del video que mostraba el episodio. Al cabo, esas imágenes no fueron más que el casting de la susodicha para convertirse en secundaria con frase en tertulias de aluvión.

Ha sido en esas salsas rosas politiqueras donde hemos completado su retrato como nada entre dos platos. Mohínes, lagunas de culturilla general del tamaño de las de Ruidera y frases de diez céntimos al margen, en cada una de sus intervenciones, Talegón ha explotado tozudamente el personaje con que se dio a conocer, el de la alevín díscola del PSOE. Se preguntaba uno qué diablos hacía en una cofradía que tan mala vida le daba.

Pero ese frotar se va a acabar. Espoleada, según dice, por la actuación de Ferraz ante el referéndum griego, ha decidido darse de baja de entre los puños y las rosas. La parte más divertida es que un segundo después de propagar urbi et orbi que devolvía el carné, la mengana se puso en almoneda, o, utilizando sus propias palabras, “a disposición de cualquier plataforma que tenga equipo y ofrezca un cambio de izquierdas de verdad”. En fin.