Sánchez da miedo

Cunde el pánico en el Ferraz más formal y los titulares lo cuentan rozando el esperpento. “Los barones cargan contra Pedro Sánchez por rojo”, se medio choteaba anteayer un diario madrileño. No era el único que se hacía lenguas sobre el canguelo creciente entre los partidarios de los candidatos de orden —lean Patxi López y Susana Díaz— ante la capacidad movilizadora del aspirante que, de perdido al río, se ha echado al carril izquierdo con gran éxito de público. Sobre todo, de eso. Contra el pronóstico de muchos, incluyendo al autor de estas líneas, Sánchez abarrota los locales —y no necesariamente pequeños— allá por donde pasa su frenética gira. Los modositos actos de López y Díaz no aguantan la menor comparación ni en asistencia ni, desde luego, en el entusiasmo mostrado por los parroquianos. Y claro, por eso mismo, las ardorosas homilías del exsecretario general despechado y sus pintorescos teloneros resultan mucho más colocables en los (todavía llamados) medios de comunicación, lo que provoca que siga aumentado la bola de nieve.

Resumiendo, el PSOE oficial tiene sobradísimos motivos para el nerviosismo. Quién le iba decir a la conocida como Sultana de Andalucía que el títere al que encumbró para mandar al peligroso Eduardo Madina a la reserva cobraría vida propia y se convertiría en su peor pesadilla. Literalmente, cría cuervos. No me hagan caso, porque en esto llevo la plusmarca mundial de fallar pronósticos, pero juraría que lo que le toca a la doña es dar un paso atrás, no presentarse a las primarias y fiarlo todo a la baraka que suele acompañar a Patxi. Ni aun así las tendrá todas consigo.

Fotocopia movida

Cría cuervos, o sea, versos sueltos. Odón Elorza llama a Patxi López “fotocopia movida y desdibujada de Pedro Sánchez”. Miren que habré dicho y, sobre todo, escrito lindezas del antiguo inquilino de Ajuria Enea. No creo, sin embargo, haberle faltado tanto al respeto como acaba de hacer su cada vez más deslenguado y —metafóricamente, se entiende— desmelenado conmilitón. Lo de fotocopia, mal. Movida y desdibujada, peor. Pero que tenga que ser justamente de Sánchez rebasa los límites de la desconsideración para situarse en el terreno del insulto.

Claro que la cosa no se queda solamente en exabrupto o, si quieren, en pago atrasado y nada elegante de cierta deuda que va a cumplir 15 años. También habla de la peculiar capacidad de análisis político del exalcalde de Donostia. Es cierto que tendrá más datos y lo vive desde dentro, pero cuesta trabajo ver las presuntas similitudes entre los, de momento, dos candidatos a las primarias del PSOE. Ni tienen la misma trayectoria, ni las mismas ideas, ni parecidos proyectos.

Por lo demás, está la situación como para hacer acopio de palomitas. Si los previos de la carrera por la secretaría general están siendo una notable mezcla de culebrón, astracán y psicodrama con su toque de auto sacramental, lo que viene por delante promete gran diversión para el respetable, siempre y cuando no se pertenezca al partido fundado por el Pablo Iglesias primigenio, claro. Y la trama se pondrá aún más sabrosa en cuanto Susana Díaz termine de batir el récord sideral de no decir absolutamente nada en sus actos dominicales de contraprogramación y anuncie oficialmente su candidatura.

López o López

Con la bibliografía que tengo presentada les va a costar creer que hablo en serio, pero puedo asegurarles que de las tres opciones que parece que van a estar en liza, no veo ninguna mejor para el PSOE que la que representa Patxi López. De hecho, si permiten que me ponga la pequeña medalla, desde aquel Comité Federal que casi acaba literalmente a hostias, vengo sosteniendo que la única posibilidad medio viable de contener la brutal hemorragia socialista pasa por poner al frente a López. Y cuando, tras la pinturera dimisión de Pedro Sánchez y la posterior entrevista martiriológica con Évole, no pocos nombres de relieve del PSE se tiraron en plancha a hacer proselitismo pedrista, a varios les advertí que quizá no tardando mucho tendrían un aspirante más cercano. Hoy todos, con la excepción del outsider vocacional Odón Elorza, están en el bando de su antiguo secretario general.

¿Qué me lleva a porfiar —insisto, en flagrante contradicción con lo que he dicho y escrito durante años sobre el de Portugalete— que su victoria en las primarias supondría la mejor solución para detener la cuesta abajo en la rodada de su partido? Cambien el enunciado. No la mejor, sino la menos mala. O siendo más realistas, la más viable.

Quizá sea un tremendo retrato del PSOE, pero ahora mismo Patxi López es el líder más sólido de aquella casa. Sánchez no ha demostrado ser sino un títere que se dejó llevar hasta que ya era muy tarde para la rebelión. Y Susana Díaz no pasa de una gris aparatera que tras reptar en la sombra durante lustros llegó de rebote a la primera línea para suplir a Griñán, su padrino gravemente enmarronado.

Sánchez, otra vez humillado

Pagaría 50 céntimos por los pensamientos de Pedro Sánchez en estas horas sombrías. Como Marco Antonio en el célebre verso de Kavafis, no podrá decir que fue un sueño. Tuvo en la yema de sus dedos ser, como poco, la cabeza de la rebelión contra el herrumbroso aparato del PSOE. Ahora, por enésima vez desde que lo elevaron de culiparlante a secretario general manejable, debe de barruntar que sigue sin saber absolutamente nada de política.

Hace falta una ingenuidad oceánica para llegar a la conclusión de que una entrevista de confesionario con Évole erige a alguien en líder de no se sabe qué movimiento regenerador. Item más, para tragarse las palabras dadas por buena parte de sus conmilitones, como si no supiera que en su formación (igual que en todas) las declaraciones de principios tienen una caducidad más baja que el yogur. Te quiero mucho hoy es el anticipo de la puñalada trapera de mañana. Con una sonrisa en los labios, para que duela más.

Absténgase, en todo caso, de quejarse, aprendiz de brujo Sánchez. Usted mismo se ha labrado a pulso este triste final, si es que lo es. ¿A santo de qué se echó a dormir en la cresta de la ola? ¿Quién le aconsejó que pasara a cuarto plano mientras actuaban en su nombre los elementos más pintorescos de su partido convirtiendo su opción en una extravagancia? Quedará, tal vez sin serlo, como un cobarde y, desde luego, como un pésimo estratega incapaz de tomar las riendas de su propio destino, y por eso mismo, un tipo al que no se le puede confiar una organización en un momento delicado. Podrá repetir su famoso tuit de cuando no era nadie: ¡Qué paliza me han dado!

Un poco de memoria

Ya casi nadie lo recuerda, pero en los meses inmediatamente anteriores a las elecciones de 2009 se daba por hecho un pacto PNV-PSE. Estaba tan asumido, que se hablaba con naturalidad del reparto de carteras y organismos públicos, a la espera de certificar la correlación de fuerzas. Por entonces, las encuestas reflejaban una cierta igualdad entre ambas formaciones de cara a unos comicios en los que se tenía muy claro que la izquierda abertzale no podría participar bajo ninguna denominación; lo de EHAK no volvería a ocurrir.

¿Y qué desvió el plan? Ahí tendrían que aportar su testimonio los protagonistas —la mayoría de ellos aún en activo—, aunque mi interpretación es que hubo dos factores fundamentales. Por un lado, gracias al arrastre del candidato Juan José Ibarretxe, la ventaja del PNV sobre el PSE fue mayor de la prevista. Más decisivo diría que fue, si cabe, el mero hecho aritmético. Cuando, terminado el escrutinio, Patxi López cayó en la cuenta de que sus 25 escaños y los 13 rascados por el PP de Antonio Basagoiti sumaban los 38 exactos que marcaban la mayoría absoluta, la situación giró 180 grados. En ese punto se fue al garete la célebre promesa electoral de no pactar con el PP. La posibilidad histórica de ser lehendakari y formar gobierno bien valía el incumplimiento de la palabra dada.

A la misma hora en que ya se había tomado esa decisión, en Sabin Etxea se celebraba lo que resultaría una amarga victoria. En los días que siguieron, el PSE, con Jesús Eguiguren como ariete principal, no aceptó las generosísimas ofertas jeltzales. Se abrió así una brecha que parece que se acaba de cerrar.

Lo que nos espera

Primer balance tras la constitución de las nuevas cortes españolas: el PP ha recuperado la presidencia del Congreso. O quizá más llana y explícitamente, el PSOE la ha perdido. Ahí hay materia para una docena de conclusiones, y ninguna buena para las autoproclamadas fuerzas progresistas, de lo que ha cambiado desde las elecciones del 20 de diciembre a su repetición el 26 de junio.

Todavía no se puede decir que lo de ayer vaya a ser el menú degustación de lo que acabará ocurriendo con la investidura. Las sumas necesarias para uno y otro asunto son distintas y, por lo demás, la tozudez suicida de las posturas exhibidas hasta ahora empieza a oler a callejón sin salida, o sea, a tercera convocatoria. En todo caso, aplicando la lupa allá donde, por suerte para los partidos, no mira el común de los votantes, sí tenemos el trailer del culebrón que nos van a largar hasta que haya presidente o se disuelvan las cortes.

¿Más de lo mismo? Les diría que aun peor. Los cada vez menos novísimos han empezado a cumplir el mandato de Pablo Iglesias de  “convertirse en un partido normal” —cita literal, no me escupan a mi, believers de la cosa— a marchas forzadas. Como prueba primera, el birlibirloque de presentar un candidato y anunciar dos minutos antes del pleno que en segunda votación estarían dispuestos a retirarlo y a apoyar a Patxi López. Juego de triles que se suma a su grandiosa acusación a Convergencia, ERC, PNV (y supongo que a EH Bildu) de haber propiciado con su abstención la elección de Ana Pastor. Miren por dónde, estarían reconociendo que al rechazar a Pedro Sánchez en su día votaron a favor de Rajoy.

Los que nos representan

Como hay una urgencia del copón, el Borbón titular recibe al voluntarioso gendarme del Congreso, López, mañana a la una de la tarde —menudo madrugón— para que le informe de lo que ya debería saber desde el viernes. La tontuna ceremonial es solo una más del millón y pico de tomaduras de tupé que llevamos desde el 20 de diciembre. Sí, en realidad, el vacile viene de mucho antes, pero empiezo la cuenta ahí para no encabronarles de más.

¿Qué ha pasado en estos ya dos meses y pico? Intuyo que la respuesta depende, entre otra docena de factores, de las tragaderas de cada cual o del lugar que se ocupe en la farsa. Buena parte de los que hozan sobre el escenario, esos a los que supuestamente pusimos ahí con nuestros votos, se lo están pasando en grande. Los veteranos, porque pasan un kilo de casi todo, y los nuevos, porque no se han visto (y varios no se verán) en otra igual.

Retrato perfecto del cóctel de jeta rancia y temprana fue la segunda votación que palmó Sánchez. El resultado, cantado de saque, fue lo de menos. Para los actuantes, con honrosas excepciones, se trataba de dar la nota. Un presidente en funciones con olor a cadaverina bañando de acidez cómica su rencor. Un narcisista que pasa de la cal viva al jijí-jajá-jojó sin transición y que, como cualquier maltratador, proclama que después de las hostias vienen los besos. El tipo ese que convierte el soberanismo catalán en caca, culo, pedo, pis, chupádmela, so fascistas. El del Ibex en plan matón cuando hablaba la portavoz de EH Bildu. Y todos los que me dejo, incluyendo —por alusiones, ya saben—, a uno que fue lehendakari. Joder qué tropa.