España acercará presos

Se me dan fatal las profecías, pero me aventuro con una: algo me dice que en no demasiado tiempo veremos ceder al gobierno español en su hasta ahora obcecación berroqueña en materia penitenciaria. No sé concretarles si será en dos, en cuatro o en seis meses, pero sí que todo apunta a que esta vez Rajoy está por la labor de empezar a desmontar la vengativa dispersión. Aclaro que hablo de acercamiento de presos de ETA; quien conciba o haga concebir una esperanza mayor se estará engañando o, peor todavía, participará conscientemente en una mentira a los afectados, a sus familias y a la ciudadanía.

Tampoco piensen que se trata de un pálpito o de la expresión de un deseo. Para empezar, y aunque a algún opinador de corps le sirva para hacer chacotas de esas que generalmente acaba comiéndose, me consta que hay quien está realizando una sorda labor de zapa. Y no solo en Moncloa, sino en el corazón de organizaciones que van a ser clave en la digestión de lo que, inevitablemente, resultará una bomba informativa.

Los demás elementos no son difíciles de situar en el escenario. Francia, me apuesto a que por petición de Madrid aunque sea más bonito pensar en otros románticos motivos, ha abierto el camino. El evidente cambio de música y letra en las recientes declaraciones y actitudes de PSE y PSN —con Ferraz dejando hacer, de momento— no son fruto de la casualidad. Incluso algún líder del PP vasco ha bajado unos diapasones su discurso. El único riesgo tangible, que en realidad no es pequeño, es que que la supernova naranja hinque el diente al asunto como hizo con el Concierto. Pero démosle tiempo al tiempo.

Acordando con el ‘enemigo’

¡Hay que ver el juego que está dando aquel puñado de papeletas mal contadas en Bermeo que bajaron del marcador jeltzale el escaño número 29, rompiendo la mayoría absoluta que propiciaba el acuerdo con el PSE! Lo llamativo —a la par que revelador del caprichoso azar que gobierna la política— es que, a pesar de que el asiento en cuestión fue para EH Bildu, quien de verdad lo está aprovechando es el Partido Popular. Si las urnas habían relegado a la formación de Alfonso Alonso a la condición de excrecencia, la aritmética parlamentaria la ha convertido, sin embargo, en la fuerza decisiva a la hora de la verdad.

Se puso de manifiesto en los primeros presupuestos del bipartito y, salvo monumental sorpresa, volveremos a comprobarlo con las cuentas para 2018. Con el añadido, ojo, de una reformilla fiscal al gusto de los populares y acuerdos extensibles a instituciones donde los números le son más esquivos a PNV y PSE. En plata, a Araba y su capital, Gasteiz.

¿De verdad todo es cuestión de matemáticas? ¿Y dónde quedan los principios? ¿Cómo se puede acordar nada con el corrupto PP del 155 y bla, bla, requeteblá? Procede devolver las preguntas a quienes las están haciendo en compañía de un rasgado de vestiduras cada vez menos creíble. Si no lleváramos cien docenas de caídas de guindos a las espaldas, quizá colara la vieja letanía. Pero qué menos que pedir un cierto disimulo. No sé, que pareciera como que había cierta disposición a negociar en serio, en lugar de poner condiciones que se saben inasumibles de saque. Por lo demás, la última palabra será, cuando toque, de esa ciudadanía en cuyo nombre se predica.

Memoria y convivencia

Estoy por apostar que la mayoría de esa sociedad que tanto se nombra en vano desconoce que en el Parlamento vasco se ha vuelto constituir una ponencia sobre la eterna asignatura pendiente. De Memoria y Convivencia, se ha bautizado en esta ocasión, no sabe uno si para conjurar el maleficio de la vieja denominación o, simplemente, porque se ha querido afinar con el lenguaje para que transmita de un modo más fiel el meollo de lo que se va a tratar en su seno. También ha podido ser un intento de dar con un enunciado asumible por las cinco fuerzas presentes en la cámara de Gasteiz. Si ese era el objetivo, la primera en la frente, puesto que de saque se ha borrado el Partido Popular.

Ya, ahora vendría la crítica afilada a la formación liderada en la demarcación autonómica por Alfonso Alonso. Es muy fácil sacar la garrota y acusar a los populares de inmovilismo o cualquiera de las diatribas —ojo, fundamentadas— del argumentario habitual. Me limitaré, sin embargo, a señalar que creo que en su cerrazón o en su finura excesiva de cutis, el PP pierde la oportunidad de formar parte de un grupo de trabajo del que cabe aguardar frutos muy interesantes.

Comprendo que les sorprenda lo que acabo de anotar, viniendo de un gran escéptico. Mi esperanza reside —y esto también les asombrará, dados mis precedentes— en la presencia de Elkarrekin Podemos. Sucede que los morados han demostrado un discurso ético sobre la violencia absolutamente impecable. Su aportación, sumada a la de los otros partidos que lo tienen claro será crucial. Y dejará en evidencia a quienes avanzan retrocediendo, que han quedado en franca minoría.

Mendia, secesionista

Era lo que nos faltaba por ver. En las últimas entregas del cronicón cavernario, Idoia Mendia es tratada y retratada como peligrosa secesionista. Entre otras jeremiadas, a la secretaria general de los socialistas vascos se le achaca haber “pisoteado la línea roja del PSOE de la unidad de España”. Y eso es casi precio de amigo al lado de la imputación de traición a las víctimas del terrorismo que le ha lanzado Rosa de Sodupe; sí, esa señora que chupó de la piragua un rato largo en un gobierno conformado por el mismo binomio de siglas que ahora le revuelve el estómago. Fuera de concurso, los barones, baronzuelos, pajes y pajuelos que andan haciéndose lenguas de no se sabe qué desconsideración hacia la camarilla interina que manda en Ferraz, también llamada Gestora, por no haberse dejado mangonear durante la negociación del acuerdo con el PNV.

Estamos ante un “ladran, luego cabalgamos” de libro. La Historia reciente demuestra que es un magnífico síntoma tener al ultramonte cabreado. De hecho, el PSE firmó sus mejores resultados electorales de todos los tiempos —más del triple de los votos cosechados en los comicios del 25 de septiembre— cuando, tras liberarse del yugo que lo uncía al PP de Mayor Oreja, se convirtió en pim-pam-pum de la diestralandia mediática que hasta entonces lo trataba con mimo exquisito. No parece casualidad que el declive imparable comenzara en el mismo instante en que, merced a la nueva alianza santa con la sucursal vasca de Génova en el infausto marzo de 2009, volvió a ser objeto de elogio y carantoña de la prensa de choque. Se avecinan tiempos de lo más interesantes.

Alternativa constitucionalista

De entre todas las reacciones a los resultados que depararon las urnas vascas el pasado domingo, ninguna como la que han ido aventando distintos dirigentes del PP local. A medio camino entre el delirio y la jeta de alabastro, al ser preguntados —o incluso sin mediar pregunta, a modo de excusatio non petita— por qué celebraban con tanto ardor su enésimo récord negativo de votos y escaños, proclamaban que sus (ridículos) números suponían una gran base para construir una alternativa constitucionalista. Tal cual, se lo juro. Lo oí primero en labios de Javier de Andrés, y se lo achaqué a la sobrexcitación —creo que ya me entienden— del momento. Pero luego lo repitió Alfonso Alonso como quien se come una gilda, un rato después me lo soltó Laura Garrido en la lisérgica charla que mantuvimos durante el Especial Elecciones de Onda Vasca, y al día siguiente volvió a decírmelo Nerea Llanos.

Van dados si esperan que les aclare el significado de la enigmática formulación. Estoy igual de pez que ustedes. ¿Alternativa constitucionalista? ¿En septiembre de 2016? ¿Con sus tristes 9 parlamentarios o, en el mejor de los casos, sumando la misma escuálida representación apañada por el PSE? Parafraseando al del chiste del túnel y el tren, chufla, chufla, que como no te apartes tú…

Imposible no recordar, una vez más, a aquel japonés que se tiró tres décadas escondido en una isla porque nadie le dijo que se había terminado la segunda guerra mundial. O a la anterior presidenta del partido, Arantza Quiroga, que antes de ser laminada por proponer una nueva vía, había confesado: “Sin ETA nos hemos quedado como desnudos”.

Reflexión en frío

No es la primera vez que defiendo que la verdadera reflexión no debe hacerse el día antes de las elecciones sino en cuanto están contadas las papeletas y asignados los escaños. Se entiende, claro que sí, un instante de euforia para liberar la adrenalina acumulada. Ahí cabe soltarse el refajo, entonar media docena de oeoeoés y dar gracias al cielo porque no se han cumplido los peores designios. Luego, en frío y en la intimidad del politburó correspondiente, quizá merezca la pena darle una pensada a lo que implica celebrar no haber quedado tercero. Todavía ayer se pregonaba el cuento de la lechera de la hegemonía prácticamente segura. ¿En serio volver a los números de 1998, voto arriba o abajo, era el objetivo? ¿Cómo documentar el liderazgo de no sé qué mayoría social a 12 traineras del ganador?

Y qué decir del espectáculo del peldaño de abajo. Los que venían vendiendo el desalojo a patadas marcando el paquete de unos sufragios que, borrachos de soberbia e ignorancia, habían creído en propiedad. Tarde llega la excusita de los comicios diferentes, y aun así, son 180.000 votos —más de la mitad— dilapidados en tres meses. No hay trasvases para explicarlo. Solo la evidencia de una de las campañas más desastrosas que se recuerdan, y miren que la competencia es alta.

Dejo para mejor ocasión los batacazos anunciados de las otrora pujantes fuerzas constitucionalistas. Merece un párrafo el cómodo vencedor, en cuya historia reciente no hay que rascar mucho para hallar las cicatrices de dolorosas derrotas que tal vez nacieron por la mala digestión de las mieles del triunfo. El antídoto se llama prudencia.