Posts Tagged: roberto jiménez


8
feb 13

Eternamente Yolanda

Parece que a Yolanda Barcina se le acaba la baraka, que es la sugerente palabra árabe para decir lo que aquí se ha venido nombrando como folla, nata, chamba, o más gráficamente, tener una flor en el culo. Los mismos genios de la lámpara regionalista que le concedieron la gracia de llegar a ser lo que ni sus orígenes ni su currículum hacían imaginable le andan ahora segando la hierba bajo los pies. Con la resignación cristiana que se le supone, la doña podrá decir que el señor se lo dio y el señor se lo quitó. Ese señor, no busquen más pies al gato, se llama Miguel y se apellida Sanz, que en esta hora del derribo ha escogido a su paisano Alberto Catalán para que ejerza de rayo destructor. Contrariar al padre sin pararse a comprobar que esté muerto y bien enterrado se paga muy caro en política.

También puede ser que le esté componiendo a la aún presidenta de Navarra una necrológica prematura. Al fin y al cabo, escribo a 150 kilómetros del epicentro del terremoto y, probablemente, sin ser capaz de desprenderme del todo de ese simplismo con que los vascos de la demarcación autonómica tendemos a despachar los asuntos del viejo reino, que es para nosotros una geografía más sentimental que carnal. ¿Será que desde esta cercana lejanía (o viceversa) se me escapa algún ripio de la tragicomedia foral y a la heroína aparentemente a punto de hincar la rodilla le quede una milagrosa vía de escape? Supongo que tardaremos muy poco en comprobarlo, pero si tengo que apostar, va lo que cuesta un billete de villavesa a que la Señora (Copyright Jiménez) está a rato y medio del finiquito.

Eso sí, me juego también un volován relleno del Gaucho a que en la huida hacia adelante dejará más de dos fiambres en su partido y no menos de cuatro pufos en el Gobierno. Por no hablar, claro, del marronazo para alguna formación opositora —adivina, adivinanza— cuya peor pesadilla es tener que mirarse al espejo de las urnas.


3
jun 12

Culebrón foral

Pepa y Avelino, Concha y Mariano, el dúo Pimpinela… Nos quedamos necesariamente cortos cuando buscamos en el bestiario bufo con quién comparar a la grotesca pareja asíncrona que gobierna en Navarra. Barcina y Jiménez, la una con el mantón de manila foral y español y el otro con el puño flojo sujetando una rosa chuchurría, forman por derecho una categoría propia de la tragicomedia política. Sólo el ya descuajeringado tándem López-Basagoiti ha sido causa de tanto solaz, alipori y destrozos irreparables como el par simpar que administra en pésima avenencia el viejo reino. Tal vez, de hecho, en la estrepitosa ruptura a sartenazos de la santa alianza vascongada tengamos el botón de muestra de cómo va a acabar el serial en la tierra del Amejoramiento.

No me fiaría. Como tengo en el lado oscuro de mi currículum el visionado en vena de una docena de culebrones, principalmente mejicanos, venezolanos y colombianos, conozco algunas leyes del género. Desde que parece que está a punto de llegar el desenlace hasta que efectivamente llega te da tiempo a fumarte un estanco, preparar unas oposiciones a notarías y completar la maqueta del Taj Majal de una de esas colecciones por entregas semanales. Se diría, sí, que el puñetazo en la mesa que dio el viernes pasado Lizarbe —quién te ha visto y quién te ve, Juan José— sonaba a últimatum. Pero también se sabe que la paciencia política, sobre todo cuando tienes un puñadito de cargos en gananciales, es como el tubo de la pasta de dientes; siempre parece que no puede salir más y sin embargo, si aprietas, sale. Y podemos remitirnos a los precedentes: hasta la fecha, la firmeza demostrada por el PSN ha estado entre la gelatina y las natillas.

¿Le queda una gota de sangre roja al partido que sigue cerrando sus congresillos (no es ofensa; se llaman así) puño en alto y entonando La Internacional? Lo sabremos en el próximo capítulo. Por si acaso, no apuesto.


22
feb 12

Rojos sobrevenidos

Ya lo escribió Larra hace cerca de dos siglos: todo el año es carnaval. No esperen, pues, que con este miércoles de ceniza llegue el finiquito de los bailes de máscaras. Al contrario, tiene toda la pinta de que en las fechas que vienen aumentará el número de los que se embozarán en el disfraz de moda que, mal que le pese al EBB, no es el de escocés, sino el de rojo sobrevenido. El pasado fin de semana los hemos tenido a decenas en las calles, empotrados entre miles de personas que salieron a mostrar su digno y justificado cabreo. Menudo cante daba, por ejemplo, el último ministro de Trabajo del PSOE, chupando pancarta como si él mismo no hubiera tenido nada que ver en la escabechina de derechos sociales que no cesa.

Al menos, ese pisó el asfalto. Los que nos tocan más de cerca se han conformado con ir de boquilla y acrecentar la antología de los rostros marmóreos con arengas de plexiglás. Qué despiporre, sin ir más lejos, ver a Roberto Jiménez, sujetatijeras de Barcina, clamando contra la impía reforma laboral que a él no le rozará ni un pelo… ni le hará abandonar su condición de monaguillo del Gobierno más retrógrado a este lado del Volga. De nota también lo de Gemma Zabaleta, responsable convicta y confesa de un buen puñado de tajos en Patxinia, sacando ahora a paseo la mano izquierda y sentenciando que la situación invita, como poco, a una huelga. Pena que no haga ella una indefinida para dar un respiro a la nutrida legión de víctimas de su gestión. Eso sí sería revolucionario.

Pero abandonemos toda esperanza y dispongámonos a presenciar durante mucho tiempo el obsceno espectáculo de las sopas gubernamentales y el sorber opositor. Los mismos que nos rasurarán el cogote dirán que ellos no han sido y nos despacharán a las barricadas a protestar por la ignominia. Una vez allí, claro, nos mandarán a los guardias para devolvernos, hechos un puñetero lío, a la casilla de salida.


20
sep 11

Yolanda y Roberto

A López y Basagoiti les ha salido una dura competencia como dueto cómico-patético. Perdida casi toda la gracia de las artificiosas grescas en público que no han aflojado ni media micra el pacto de hierro que mantienen, los aficionados al vodevil político empezamos a pasarnos en masa a la pareja emergente en el género. Será por la novedad, pero el tándem formado por Yolanda Barcina y Roberto Jiménez (o al revés, que tanto monta) se ha ganado en apenas dos meses el favor de los espectadores que, a falta de profundidad ideológica, no hacemos ascos a los astracanes casposos.

Hay diferencias entre el par autonómico y el foral. Si, como escribí un día, Antonio y Patxi son un remedo del abofeteador Lussón y el abofeteado Codeso, Barcina y Jiménez siguen más bien el patrón de los guiones de Escenas de matrimonio, explotando el tópico de la parienta con rulos y rodillo y el calzonazos alfeñique con sangre de horchata. Vamos, la Doña Concha y el Mariano que no se cansa de dibujar el gran Forges desde los años setenta.

¿Aguantarán mucho en cartel? Pronosticaba el agorero Joseba Santamaría en Diario de Noticias de Navarra el pasado domingo que les quedan muy pocas funciones. Una lectura lógica del contradiós que están protagonizando parecería abundar en esa tesis del inminente finiquito. Que además de cubrirte de desplantes y desprecios a la vista de todo el mundo, tu partenaire se vaya al tálamo con tu rival y lo pregone urbi et orbi se antojan motivos más que sobrados para devolver las arras.

Ocurre que eso se hace cuando se tiene la dignidad suficiente y/o un techo donde refugiarse. Un somero inventario de bienes del actual PSN nos mostrará que perdió lo uno y lo otro el mismo día de su casorio de penalti con UPN. A Jiménez no le queda más opción, pues, que aguantar en el domicilio conyugal hasta que Barcina le ponga la maleta en la puerta. Entretanto, continuará el sainete chusco.


21
jun 11

Vicepresidente Jiménez

Antes de las elecciones del 22 de mayo, Roberto Jiménez, el rampante y trepante líder del PSN, obviaba el nombre de su presunta rival, Yolanda Barcina, y se refería a ella como “la señora”. Como suele ocurrir con tantas gracietas de campaña, cuando los votos estuvieron contados, al ingenioso vendedor de humo el chiste se le volvió calabaza. La “señora” chascó los dedos y llamó a su presencia a Jiménez para endiñarle una de esas ofertas que un partido en liquidación por derribo no se puede permitir el lujo de rechazar. Magnánima ella, antes de usarlo como felpudo durante la inminente legislatura foral, permitió que su futuro siervo tuviera unas migajas de gloria haciendo como que negociaba supuestas mayorías de progreso. El mismo timo que hace cuatro años, pero corregido y aumentado.

Es curioso, no obstante, que pese a la profunda huella que dejó aquella felonía, las tres fuerzas que ahora representan las ganas de aire fresco en Navarra volvieran a morder el anzuelo. Probablemente les pudo más la intensidad de su deseo que su capacidad de análisis. Alguien que te la da con queso la primera vez, la segunda te la pega con un calcentín, y más, como es el caso, si se trata de un tipo que desconoce voluntariamente la existencia de cualquier cosa parecida a unos principios. Desgraciadamente, salvo honrosas y contadas excepciones, es la clase de personas (más bien, de individuos) que se llevan el gato al agua en la política. La ideología es un lastre muy grande camino de la cima.

Habrá que reconocérselo como mérito. Cualquiera con media gota de pundonor que hubiera cosechado un fracaso tan bochornoso como el suyo, habría cogido el abrigo y estaría a esta hora conduciendo un quitanieves en Vladivostok. Él no. Él se ha colocado como palafrenero y a la vez mascota de “la señora”, con derecho a utilizar resmillería con el membrete de Vicepresidente del Gobierno más reaccionario del hemisferio norte.


14
oct 10

Úriz frente al aparato

Cuando Roberto Jiménez, rampante líder del actual PSN, vino al mundo, José Luis Úriz ya había corrido unos cuantos encierros delante de los grises y tenía estrenado el certificado de penales. Va a tener bemoles que aquella criatura que, tras feliz infancia y escaladora juventud, se amorró al puño y la rosa por los oscuros tiempos de Urralburu, Otano y Roldán, firme el acta de expulsión del veterano militante. De hecho, los tiene ya que el pipiolo y no improbable futuro presidente foral ande poniendo de chupa de dómine al díscolo abuelete (lo escribo con respeto y cariño), y marcando, con perdón, aparato.

En ese feo y ambiguo vocablo está la clave de todo. Hace mucho tiempo que la ideología dejó de tener la menor importancia en un partido político. Eso es, como mucho, para los afiliados de base, que en lugar de cobrar, pagan, los muy tontorrones. En los peldaños de arriba se juega una timba con reglas diferentes. Ahí no hay ideas; sólo aparato, y que se mantenga perfectamente engrasado es vital para la supervivencia de los que han arribado -arribistas, la misma palabra lo dice- hasta la sala de máquinas del portaviones. Cualquiera con dos o tres principios está de más en un lugar así. Estrategas, tácticos, correveidiles, tránsfugas irredentos, zancadillistas, fontaneros, lamelibranquios, alfombras humanas y otros seres de sangre helada forman el bestiario eternamente dirigente. Y me apuesto la columna de mañana a que nueve de cada diez lectores tienen ahora en su mente un nombre de siete letras y un apellido de cuatro. Sólo Pío Cabanillas y el mismo Maquiavelo le pueden hacer sombra desde el más allá a ese que están ustedes pensando.

Expulsión y liberación

El entusiasta militante, por más quinquenios de cuotas pagadas que lleve, no tiene nada que hacer frente al aparatero profesional recién desembarcado. Y vuelvo al caso del correoso Úriz, nacido nada menos que en el número 70 de la madrileña calle Ferraz, sede de la PSOE Corporation, que va a ver cómo el advenedizo Jiménez le rompe el carné. “Estamos hartos de quijotismos”, ha dicho el joven y sobradamente arrogante secretario general en una tosca adaptación del legendario “El que se mueve no sale en la foto” de Alfonso Guerra.

Dicen de la disciplina inglesa, pero la que duele de verdad es la de partido. No hay grilletes que aprieten como unas siglas. Y eso es lo que se llevará por delante el rebelde de Villava, que en lo sucesivo podrá discrepar hasta de sí mismo sin tener que rendir más cuentas que las que le pida su conciencia.