…Julio Bittencourt: Ramos…

Estos días son días en los que parece que es obligatorio escribir sobre luces callejeras, castañeros, petardos, turrones, juguetes, mazapanes, regalos, belenes, champán, matasuegras, calcetines, corbatas, arbolitos decorados, angulas, solidaridad, dulces, confeti, bolas de colores, pastorcitos, uvas, polvorones, donativos, gorritos rojos, colonias, el mensaje del rey, comilonas, el amigo misterioso, felicitaciones, buenos deseos, cestas de navidad, cotillones, nuevos propósitos, espumillón, nieve o saltos de esquí. Pero quizás no fuera lo más coherente que yo hablara de ello.

No me gusta el despilfarro energético que se hace con las luces callejeras; ni los desorbitados precios de los puestos de castañas; ni el ruido de los petardos; ni el atiborrarnos a turrón, mazapán o polvorones en dos semanas y no verlos durante el resto del año; ni el aturullar a los niños con caros juguetes para que luego se pongan a jugar con la caja y el envoltorio; ni los belenes vivientes con música enlatada; ni el tener que brindar el “no se sabe qué” con una bebida que no aprecio; ni el quedarte sin aire después de media docena de ridículos soplidos de matasuegras; ni el tener que poner cara de “oh, qué ilusión” al recibir unos maravillosos calcetines negros que pican y una corbata que yo juraría es la misma del pasado año; ni el tener que pintar ojos a los fideos para hacer creer a los invitados que nos hemos gastado un dineral en angulas; ni la falsa solidaridad con fecha de caducidad; el tardar once meses y medio en bajar los kilos ganados por la sobredosis de dulce de este par de semanas; ni el que aparezca en el lugar más insospechado dos o tres años después un confeti rosa fucsia y otro verde pistacho; ni en las horteras bolas de colores que cuelgan del árbol de navidad de la casa de los padres, tíos o suegros y que no se han sustituido desde que tienes uso de razón; ni las figuras de inexpresivos pastorcitos con borreguito al hombro que no se si van al matadero o a que el borreguito conozca al niño, el burro y la mula; ni el comerme la mitad de las uvas media hora antes de las campanadas y aún así acabar atragantándome mientras el resto de la familia brinda con champán con restos de pepitas en el bigote; ni el que te insistan en que digas “pamplona” cada vez que alguien te ve comer un polvorón; ni el tener que donar un euro a organismos que desaparecen para el resto del año; ni el que hasta el tendero cabrón de la panadería de enfrente que semana sí y semana también intenta sisarte unos míseros céntimos te despache con un gorrito rojo, una sonrisa y un “¡feliz año!”; ni el que acumules en la baldita del baño tantos frascos de colonia como el departamento de Perfumería de El Corte Inglés; ni el mensaje del cuñado de Urdangarín que empiezo a sospechar que es el mismo de todos los años y simplemente se trata de imágenes de archivo; ni las ingentes cantidades de comida que ingerimos aún sin tener hambre mientras en otros lugares del mundo… pues eso; ni el misterioso regalo del amigo misterioso que lleva tres años en un cajón del salón sin que sepas aún para que sirve pero del que conoces perfectamente cuál será su destino final; ni las felicitaciones por correo electrónico del gran jefe indio deseándote que tengas una buena entrada en ese año en el que va a seguir intentándote **** por un mísero sueldo que lleva tres años congelado; ni los buenos deseos formales y sin sentimiento de desconocidos de ascensor; ni las cestas de navidad con artículos baratos y con fecha de caducidad al límite que por un módico euro sortean en bares, tiendas y puticlubs (es lo que me han contado); ni los cotillones en los que se hace un remix de hombres trajeados, mujeres supramaquilladas con largos y repetidos vestidos y música bailonga pinchada por DJ Olentzero Residente, aderezado con ridiculez espolvoreada y virutas de desvergüenza; ni los nuevos planes para el nuevo año que sabes que no se van a cumplir pero que te tienes que poner para no tener que improvisar ante la poco original pregunta de “¿y tú qué propósitos tienes para este año?”; ni el espumillón con el que los comensales se decoran cuello y cabeza para aparentar, un año más, que se lo están pasando en grande aunque estén deseando que pase la noche lo más rápido posible; ni la nieve en las calles que en esta época solo vemos en películas a no ser que te encuentres en Cracovia; y, por supuesto, menos aún el pasotismo de la gente después de que se haya producido una de las decisiones más crueles de los últimos cincuenta años en el ámbito audiovisual… y es que este año no se retransmitirán los saltos de esquí de la mañana de Año Nuevo… crueldad indescriptible.

Así que para llevar la contraria, nada mejor para hoy que las imágenes con las que nos deleita el fotógrafo brasileño Julio Bittencourt y en las que se muestra a bañistas en un lago de agua salada conocido como “Piscinao de Ramos” construido en 2001 en los suburbios de Río de Janeiro, frente a una comunidad llamada Ramos. La “gran piscina”, situada en el lado oeste de la ciudad rodeada de unas quince favelas diferentes, es el lugar en el que las gentes más pobres de Río combaten el fuerte calor de la ciudad. Y es que aunque se nos haga extraño, a casi cuarenta grados y con poco que llevarse a la boca, ellos también celebrarán la Navidad y el Año Nuevo.

Que disfruten…

Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
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Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt
Photo Julio Bittencourt

Publicado por

Muga

"Era un autor cuyas obras eran tan poco conocidas que casi eran confidenciales" (Stanley Walker)

Un comentario sobre “…Julio Bittencourt: Ramos…”

  1. Las imàgenes impactan.
    Si hay un tratado posterior o retoque
    poco importa.
    La aparente sub exposición que se
    deja ver es, en lo personal el ùnico
    y atinado retoque ¨momento¨
    Felicidades.

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