…Hasta siempre, maestro…

Acabo de recibir la noticia de la muerte de Gabriel García Márquez. Para un acérrimo seguidor de su literatura, un duro palo. Me cuesta hacerme a la idea de que no escribirá más. Me entristece. Egoísmo puro, lo sé. Pero no voy a entrar a valorar su enorme talento ni a recomendar sus libros, no es objeto de este blog.

Como particular homenaje y para dar el indispensable toque fotográfico, tenía intención de incluir un compendio de fotografías del gran Gabo, pero me ha venido a la cabeza un retrato que vi hace mucho tiempo del escritor colombiano que me llamó bastante la atención. Aunque se trataba de una fotografía en blanco y negro, en ella aparecía muy sonriente, con una oscura mancha bajo su ojo izquierdo, como evidencia de haber recibido un fuerte golpe. El fotógrafo Rodrigo Moya contaba en el diario La Jornada los motivos de aquella curiosa instantánea captada un 14 de febrero, para la cuál posaba orgulloso y con una amplia sonrisa:

Gabriel García Márquez (Photo: Rodrigo Moya, 14.02.1976)
Gabriel García Márquez (Photo: Rodrigo Moya, 14.02.1976)

“Gabriel García Márquez volvió a tocar el timbre de mi casa, en la colonia Nápoles, para que le tomara otras fotografías. Esa vez lo notable no era el saco de cuadritos, sino el tremendo hematoma en el ojo izquierdo y una herida en la nariz, causada por el puñetazo que dos días antes le había propinado su colega y hasta ese momento gran amigo Mario Vargas Llosa.

El Gabo quería una constancia de aquella agresión, y yo era el fotógrafo amigo y de confianza para perpetuarla. Claro que pregunté azorado qué había pasado, y claro también que Gabo fue evasivo y atribuyó la agresión a las diferencias que ya eran insalvables en la medida que el autor de La guerra del fin del mundo se sumaba a ritmo acelerado al pensamiento de derecha, mientras que el escritor que 10 años después recibiría el premio Nobel seguía fiel a las causas de la izquierda. Su esposa Mercedes Barcha, quien lo acompañaba en aquella ocasión luciendo enormes lentes ahumados, como si fuera ella quien hubiera sufrido el derechazo, fue menos lacónica y comentó con enojo la brutal agresión, y la describió a grandes rasgos: En una exhibición privada de cine, García Márquez se encontró poco antes del inicio del filme con el escritor peruano. Se dirigió a él con los brazos abiertos para el abrazo. ¡Mario…! Fue lo único que alcanzó a decir al saludarlo, porque Vargas Llosa lo recibió con un golpe seco que lo tiró sobre la alfombra con el rostro bañado en sangre. Con una fuerte hemorragia, el ojo cerrado y en estado de shock, Mercedes y amigos del Gabo lo condujeron a su casa en el Pedregal. Se trataba de evitar cualquier escándalo, y el internamiento hospitalario no habría pasado desapercibido. Mercedes me describió el tratamiento de bisteces sobre el ojo, que le había aplicado toda la noche a su vapuleado esposo para absorber la hemorragia. Es que Mario es un celoso estúpido, repitió Mercedes varias veces cuando la sesión fotográfica había devenido charla o chisme.

Según los comentarios que recuerdo de aquella mañana, mientras ambas parejas vivían en París los García Márquez habían tratado de mediar los disturbios conyugales entre Vargas Llosa y su esposa Patricia, acogiendo sus confidencias. Como suele suceder, los consejos o comentarios de la pareja colombiana rebotaron hacia Vargas Llosa cuando éste volvió al redil y se reconcilió con su esposa. Y lo que sea que se hubiese dicho o sucedido, el caso es que el peruano se sentía gravemente ofendido, y su furia la resolvió de aquella manera expedita y salvaje. Guarda las fotos y mándame unas copias, me dijo el Gabo antes de irse. Las guardé 30 años, y ahora que él cumple 80 años, y 40 la primera edición de Cien años de soledad, considero correcta la publicación de este comentario sobre el terrífico encuentro entre dos grandes escritores, uno de izquierda, y otro de contundentes derechazos.”

(Rodrigo Moya, diario La Jornada, 08.10.2010)

 

Genio y figura. Goian Bego. Descanse en Paz.

 

Publicado por

Muga

"Era un autor cuyas obras eran tan poco conocidas que casi eran confidenciales" (Stanley Walker)

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