…Sestaophoto 2014 y Juantxu Rodríguez…

El Festival de Fotografía de Sestao, Sestaophoto, ya está aquí. Desde el 9 de Mayo hasta el último día del mes, previo a que otras dos localidades vizcaínas como Durango con su original festival Begiraphoto y Getxo, con su más que consolidado en el ámbito internacional Getxophoto, se inunden de imágenes, es la localidad de la margen izquierda de la Ría del Nervión la que desbordará Fotografía por sus cuatro costados. El nivel expositivo que ha logrado esta nueva edición del Festival, es más que reseñable para un certamen tan joven como este. El entusiasmo, la pasión y el buen hacer de sus organizadores, sin duda, está dando sus frutos.

14-04-14 sestao photo

Exposiciones de fotógrafos consolidados de la talla de Ricky Dávila (quien insiste que, con su particular visión del mundo, no hay vodka en la luna), Txema Salvans (quien nos muestra ese otro Mediterráneo, de espaldas al mar, alejado de las grandes masas de bañistas y chiringuitos), Javier Arcenillas (sí, efectivamente, el hombre de las series de veintiuna fotografías, autor de inolvidables trabajos como Sicarios o aquellos dormilones sin justicia bautizados como “Sleepers”, nos presentará en Sestao su visión de Transilvania) o Carlos de Andrés (madrileño, fotógrafo documentalista y una de las autoridades fotográficas del Estado), se unen a los experimentados -a pesar de su juventud- Jesús Madriñan (con “Boas Noites”, una serie que incluye sus ya inconfundibles retratos nocturnos (reconozco que su “azulada” serie “Looking for something” me atrapó para siempre)) y Jordi Ruiz (quien nos acerca a una comunidad muy especial, los Menonitas, de quienes ya hiciera una premiada serie de retratos y que ahora nos los muestra a través de una grandísima serie de marcado carácter documental), así como al aire fresco del “cefecero” Godzilla (cuya particular “invasión” de las calles de Sestao promete no dejar indiferente a nadie). Proyecciones, talleres y el siempre bienvenido ambiente fotográfico en todo el pueblo completan la programación.

Photo Ricky Dávila
Photo Ricky Dávila

Txema Salvans - copia

Javier Arcenillas
Photo Javier Arcenillas
Photo Carlos de Andrés
Photo Carlos de Andrés
Photo Jesús Madriñán
Photo Jesús Madriñán
Photo Jordi Ruiz
Photo Jordi Ruiz
Photo Godzilla
Photo Godzilla

No, no se me olvida una muestra que sin duda toca la fibra sensible. Llega al corazón. Juantxu Rodríguez era un fotoperiodista que SIEMPRE tendrá un hueco en el alma fotográfica vizcaína. Cacereño de nacimiento y vasco de adopción, a pesar de lo corta que fue su carrera, es difícil entender la fotografía de prensa de este territorio en general y de la margen izquierda en particular sin el trabajo de Juantxu. El diario Deia, El País, Tribuna Vasca, Liberátion o el New York Times entre otros, publicaron sus trabajos. Años ochenta, una juventud sin esperanza, venda negra en los ojos y maldito polvo blanco en las venas. Años de familias rotas, de cenizas de los hornos altos, de esperanzas evaporadas, de desesperación compartida. Hace ya casi un cuarto de siglo que consiguieron apagar la cámara de Juantxu. Pero no velaron sus fotografías. Tampoco eliminaron de nuestra retina sus imágenes. Menos aún su recuerdo. Tuvo que ser en Panamá. Tuvo que ser después de fotografiar una morgue, como si de una macabra premonición se tratara. Un invasor uniformado, asesino con carta blanca, decidió quitárselo del medio. Veintidós años después de nacer sus ojos se cerraron para siempre.

Gracias de todo corazón a los organizadores de Sestaophoto por traernos su recuerdo y mantener vivo su trabajo sin tener que esperar al veinticinco aniversario de aquel maldito día.

Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Juantxu Rodríguez II
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez

“Una semana después de nuestra llegada a la capital panameña, Juantxu y yo regresamos a España. Yo lo hacía viva, por los pelos, y él, en un féretro sellado. Ésa es la pesadilla”. (Maruja Torres)

Photo Juantxu Rodríguez
Photo Juantxu Rodríguez (Panamá)

“Durante el viaje de regreso a Madrid intenté sintonizar alguna emisora en onda corta, pero fue  imposible. Me quedé de piedra cuando vi en las portadas de todos los diarios el cuerpo de Juantxu tirado en el asfalto. El taxista me preguntó por qué lloraba y yo sólo pude enseñarle la portada del diario”. (Gervasio Sánchez)

 

 

 

 

 

 

… Porno Miseria…

Me sucede a menudo en muchas exposiciones de arte contemporáneo. También en las exposiciones de arte contemporáneo fotográfico. Quizás porque mi formación técnica en Bellas Artes es escasa y no consigo captar lo que el artista quiere decirme. Quizás porque el artista no tiene la capacidad de hacer llegar al público su mensaje de la misma forma que no todos los profesores tienen la capacidad de transmitir conocimientos a sus alumnos. Quizás por ambas cosas. O por ninguna, no lo sé. Pero me sucede a menudo que pienso que me han tangado, que me han sisado, que me han hurtado. O, utilizando el símil futbolístico, siento que me han metido un gol. A veces, por la escuadra. Y cuando hablo de hurtar no me refiero al dinero, no, sino al hurto de tiempo, que si nos paramos a pensar a menudo es bastante más importante que el coste de la entrada a una exposición.

La pasada semana acudí a Madrid a visitar unas cuantas exposiciones fotográficas. Llegó el jueves y estaba en un pequeño dilema. Como suele pasar a menudo hay días que se juntan varias cuestiones interesantes a la misma hora. Suele suceder con tus dos series favoritas de la televisión, o con el partido de tu equipo y el cumpleaños de alguien a quien aprecias o, por qué no, con una apasionante tarde de póquer con los amigos y la imperiosa necesidad de tener que acompañar a la pareja de compras después de tres ultimátum. Siendo Madrid un lugar en el que tantos acontecimientos hay, tenía que suceder. Así, me encontré con el dilema de tener que elegir entre la inauguración de la exposición Porno Miseria de Óscar Monzón y Fosi Vegue en la Galerie du 10 del Instituto Francés y la proyección del reportaje de Gervasio Sánchez sobre la guerra de Bosnia en Matadero Madrid. Esa tarde tenía el cuerpo de marcha fotográfica y me atraía ver el nuevo proyecto de Óscar y Fosi. Lo siento de corazón, Gervasio.

Mientras me dirigía hacia el Instituto Francés fui repasando mentalmente tanto el trabajo “Karma” de Óscar Monzón premiado en el Book Award de París y que, como suele ser habitual con alguien que consigue un premio, fue bastante criticado por muchos (“un flashazo y listo” decían algunos… lo que hay que leer); así como la serie “Grandes éxitos” de Fosi Vegue, a mi entender su mejor trabajo.

http://vimeo.com/79498242
"Grandes éxitos" (Fosi Vegue)
“Grandes éxitos” (Fosi Vegue)

Después de mirar varios planos y asumir que iba a ser complicado encontrar la Galería gracias a mi sentido de la orientación, asumí que estaba perdido y me atreví incluso a preguntar a dos policías apostados frente a la sede del Partido Popular en la calle Génova. Como veis, soy capaz de cualquier cosa por ver una exposición. Cuando finalmente di con el Instituto y entré, me encontré con que aún no había comenzado la exposición y que no había nadie sentado en las sillas que se habían dispuesto en forma de círculo en el hall de la entrada. En esos momentos la Galería estaba semivacía, lo cual agradecí, ya que detesto ver cualquier exposición abarrotada de gente tal y como suele suceder en las inauguraciones. Entré directamente a la sala de exposiciones en la que me aguardaban las fotografías. La sala, completamente blanca y bien iluminada, no era muy grande. El blanco de las paredes destacaba aún más debido a que no había ni una sola imagen, ni una sola fotografía. Vi que había en algunas zonas pequeños papeles pegados que contenían textos. Frases sueltas. “No puede ser”, pensé, “¿tan pronto he llegado que aún no han montado la exposición?”. Salí fuera sin leer ninguna de las frases esperando ver en el suelo o en alguna zona cercana las fotografías pendientes de colocarlas. No las vi. “Ya está”, seguro que las proyectan en la sala. “Sí, seguro, eso va a ser”. Me quedé fuera esperando hasta que me di cuenta de que en la entrada a la exposición había un papel donde se describía la exposición. Cogí uno y me coloqué en una esquina a leerlo…

“El título de este proyecto hace referencia al término (porno-miseria) utilizado en Colombia en los años 70 para criticar una serie de películas en las que los directores se aprovechaban de la pobreza y la miseria humana para ganar dinero y reconocimiento internacional.

Actualizando y enfrentando el término al contexto socioeconómico actual, los autores muestran textos reales encontrados en la red describiendo situaciones de explotación. Ante la ausencia de fotografías que suelen acompañar este tipo de anuncios, el espectador inevitablemente genera el equivalente visual y una opinión o juicio sobre lo que lee y proyecta, haciéndose responsable de la imagen que genera.

El soporte real de esta muestra no son las paredes de la sala sino el espacio interno del visitante, en quien queremos dejar una huella en forma de imágenes de los protagonistas, contextos y situaciones derivadas de los textos”.

En definitiva, que se trataba de una exposición ¡sin fotografías!, solo con textos extraídos de internet sobre situaciones de explotación (con carácter sexual) y las imágenes ¡me las tenía que generar yo en mi cabeza al leer dichos textos! En ese momento, efectivamente, se me vinieron a la cabeza imágenes… imágenes de Aritz Aduriz, Markel Susaeta e Iker Muniain, marcando goles. Preciosos goles. “Como el gol que me acaban de volver a meter”, pensé. Reconozco que el arte contemporáneo me cuesta, que soy muy visual y que necesito imágenes que me lleguen. “Por toda la escuadra”. Vengo a ver fotografías del nuevo proyecto de Óscar y Fosi y me encuentro con una sala vacía, sin fotografías y solo con pequeñas frases. Decepcionado, estuve a punto de irme. Pero decidí darme (o darles, no lo sé) una oportunidad. Respiré hondo, abrí la mente y entré de nuevo a la sala. Fui poco a poco leyendo los textos. Con cada una de las frases, me imaginaba la situación. No solo me venía a la mente una imagen, sino varias. Ilustraba mentalmente el momento que estarían pasando esas personas para ser capaces de pedir sexo a desconocidos. O esos ¿hombres? que ofrecían cualquier cosa que no fuera dinero para mantener relaciones sexuales. ¿Era prostitución? ¿Una nueva clase de relación sexual? ¿Quién era el cliente? ¿Qué pensaría él o ella de su situación? ¿Hasta dónde estarían dispuestos a llegar? Visualicé imágenes y vi historias. Historias que estaban ahí, en la red, en la vida real, y que ahora estaban en mi cabeza. Historias reales vs. fotografías imaginarias. Salí de la sala con la cabeza dándome vueltas. Nunca pensé que unas “simples” frases, ubicadas en un lugar tan fuera de contexto como una sala de exposiciones, fueran a impactarme.

Foto Mercedes Cosano
Foto Mercedes Cosano

En la entrevista-coloquio que se realizó a continuación, los autores respondieron preguntas de Jean-Marc Lacabe, Director de la Galería municipal de Toulouse, y dieron pie a un pequeño debate. Si la exposición me había sorprendido (nunca mejor dicho, ya que la sorpresa fue evidente), las declaraciones y las respuestas de ambos autores, me parecieron sublimes. A menudo, en el arte contemporáneo hay autores que intentan decorar sus trabajos con cuestiones ininteligibles, que a muchos se nos escapan, y que trasladan la sensación de que están subidos en un pedestal que solo cuatro gafapastas dicen entender. En este caso, la honestidad y la humildad tanto de Óscar como de Fosi fueron dignas de reseñar. Indicaron que quisieron tener precisamente humildad con la exposición y no disponían de imágenes para contar lo que querían contar, por lo que surgió esto. Contaron que lo único que hacían era trasladar algo que está ahí, en la red, a la calle, en este caso, a una sala de exposiciones. Asumieron que quizás no es arte lo que había en esa sala y que solamente era información, y que a quien le transmitiera algo o le hiciera pensar bienvenido y a quien no, también. Honestidad y humildad.

En el debate posterior hubo reflexiones interesantes (me quedo con la de uno de los asistentes en la que indicaba que lo mismo que ahora decimos que la imagen está en todos los lugares, que hablamos del boom de la imagen, hemos asumido de manera natural que el texto también está en todas partes, está ahí pero no le damos importancia porque lo tenemos completamente interiorizado… muy acertado). De todas formas, en el debate que surgió se habló principalmente de la fotografía (en este caso de su ausencia), y por desgracia, se dejó a un lado el debate sobre el tema que versaba la “exposición”: lo bautizado por los autores como Porno Miseria.

Me fui de la Galerie du 10 dando vueltas a lo que había visto y a la experiencia que había tenido. Se me mezclaron imágenes en la cabeza. Muchas. Si Óscar, Fosi y los organizadores de la muestra querían impactar, lo consiguieron. Sin duda, una exposición que recordaré siempre. La exposición fotográfica sin fotografías…

Foto Mercedes Cosano
Foto Mercedes Cosano

…Hasta siempre, maestro…

Acabo de recibir la noticia de la muerte de Gabriel García Márquez. Para un acérrimo seguidor de su literatura, un duro palo. Me cuesta hacerme a la idea de que no escribirá más. Me entristece. Egoísmo puro, lo sé. Pero no voy a entrar a valorar su enorme talento ni a recomendar sus libros, no es objeto de este blog.

Como particular homenaje y para dar el indispensable toque fotográfico, tenía intención de incluir un compendio de fotografías del gran Gabo, pero me ha venido a la cabeza un retrato que vi hace mucho tiempo del escritor colombiano que me llamó bastante la atención. Aunque se trataba de una fotografía en blanco y negro, en ella aparecía muy sonriente, con una oscura mancha bajo su ojo izquierdo, como evidencia de haber recibido un fuerte golpe. El fotógrafo Rodrigo Moya contaba en el diario La Jornada los motivos de aquella curiosa instantánea captada un 14 de febrero, para la cuál posaba orgulloso y con una amplia sonrisa:

Gabriel García Márquez (Photo: Rodrigo Moya, 14.02.1976)
Gabriel García Márquez (Photo: Rodrigo Moya, 14.02.1976)

“Gabriel García Márquez volvió a tocar el timbre de mi casa, en la colonia Nápoles, para que le tomara otras fotografías. Esa vez lo notable no era el saco de cuadritos, sino el tremendo hematoma en el ojo izquierdo y una herida en la nariz, causada por el puñetazo que dos días antes le había propinado su colega y hasta ese momento gran amigo Mario Vargas Llosa.

El Gabo quería una constancia de aquella agresión, y yo era el fotógrafo amigo y de confianza para perpetuarla. Claro que pregunté azorado qué había pasado, y claro también que Gabo fue evasivo y atribuyó la agresión a las diferencias que ya eran insalvables en la medida que el autor de La guerra del fin del mundo se sumaba a ritmo acelerado al pensamiento de derecha, mientras que el escritor que 10 años después recibiría el premio Nobel seguía fiel a las causas de la izquierda. Su esposa Mercedes Barcha, quien lo acompañaba en aquella ocasión luciendo enormes lentes ahumados, como si fuera ella quien hubiera sufrido el derechazo, fue menos lacónica y comentó con enojo la brutal agresión, y la describió a grandes rasgos: En una exhibición privada de cine, García Márquez se encontró poco antes del inicio del filme con el escritor peruano. Se dirigió a él con los brazos abiertos para el abrazo. ¡Mario…! Fue lo único que alcanzó a decir al saludarlo, porque Vargas Llosa lo recibió con un golpe seco que lo tiró sobre la alfombra con el rostro bañado en sangre. Con una fuerte hemorragia, el ojo cerrado y en estado de shock, Mercedes y amigos del Gabo lo condujeron a su casa en el Pedregal. Se trataba de evitar cualquier escándalo, y el internamiento hospitalario no habría pasado desapercibido. Mercedes me describió el tratamiento de bisteces sobre el ojo, que le había aplicado toda la noche a su vapuleado esposo para absorber la hemorragia. Es que Mario es un celoso estúpido, repitió Mercedes varias veces cuando la sesión fotográfica había devenido charla o chisme.

Según los comentarios que recuerdo de aquella mañana, mientras ambas parejas vivían en París los García Márquez habían tratado de mediar los disturbios conyugales entre Vargas Llosa y su esposa Patricia, acogiendo sus confidencias. Como suele suceder, los consejos o comentarios de la pareja colombiana rebotaron hacia Vargas Llosa cuando éste volvió al redil y se reconcilió con su esposa. Y lo que sea que se hubiese dicho o sucedido, el caso es que el peruano se sentía gravemente ofendido, y su furia la resolvió de aquella manera expedita y salvaje. Guarda las fotos y mándame unas copias, me dijo el Gabo antes de irse. Las guardé 30 años, y ahora que él cumple 80 años, y 40 la primera edición de Cien años de soledad, considero correcta la publicación de este comentario sobre el terrífico encuentro entre dos grandes escritores, uno de izquierda, y otro de contundentes derechazos.”

(Rodrigo Moya, diario La Jornada, 08.10.2010)

 

Genio y figura. Goian Bego. Descanse en Paz.

 

… yo también soy un hipócrita…

Ha caído otro. Otra, en este caso. Murió en combate dicen unos medios. Murió haciendo lo que más le gustaba, dicen otros. Pero ninguno entra en el quid de la cuestión. ¿Cómo parar esto? ¿Qué hacen los gobiernos para parar esta sangría? ¿Y los propios medios de comunicación? “Es complicado”, he oído muchas veces. Claro que es complicado, ¡faltaría más!. ¿Pero acaso no merece la pena? ¿Acaso no hay que estrujarse la cabeza para buscar soluciones entre todas las partes implicadas?

Somos todos unos hipócritas. Yo, el primero. Queremos la rapidez, la inmediatez. La fotografía digital, las redes sociales y quizás la vorágine en la que nos hemos metido han hecho cambiar el concepto de fotoperiodismo. Nada es igual. Nos conformamos con la noticia, con la imagen, aunque sea de mala calidad. Lo que hoy es noticia, mañana es pasado y la semana que viene está olvidado. Las agencias buscan lo que vende. Nada más. ¿Precio? Lo más barato posible. Competencia, recursos, caídas de ventas, bla, bla, bla. La que ha caído, en este caso, pertenecía a una gran agencia, supuestamente con recursos, pero… ¿y los freelance? ¿quién protege a los freelance? Los medios de comunicación compran las fotografías de las agencias. Y lo mismo que nosotros no pensamos en los niños de Bangladesh cuando nos compramos una camiseta en Zara, los medios no piensan en quién obtuvo esa imagen, cómo la obtuvo, qué medios tenía, con qué seguridad contaba. No. Lo importante es el precio. No hay que olvidar que todo esto, en definitiva, es un negocio.

Ayer las redes sociales clamaban con la muerte de una fotoperiodista en Afganistán de la misma forma que hace un par de años lo hacían con Rémy Ochlik, en 2011 lo hacían con el doble asesinato de Chris Hondros y Tim Hetherington, lo han hecho con tantos otros y lo seguirán haciendo con los siguientes que caigan. Los blogs de carácter fotográfico, una vez más, tanto ayer como hoy y quizás mañana, nos haremos eco de la muerte de la fotoperiodista alemana. Hablaremos de lo injusto que es todo y el lunes ya nos centraremos en otros asuntos fotográficos. Los medios de comunicación parecido pero con la diferencia de que mañana las declaraciones y andanzas de los políticos habrán hecho que la noticia haya desaparecido de periódicos, radios e incluso probablemente de medios digitales. Las Agencias lamentarán su muerte, harán vídeos, algún que otro homenaje y quizás le hagan un pequeño hueco especial en su página web, que el morbo hay que aprovecharlo. Esta misma tarde volverán al juego de comprar lo más barato posible la fotografía a un freelance que se ha jugado la vida por conseguir la imagen o, si no encuentran lo que buscan, tirarán de redes sociales o fotogramas de vídeos de YouTube. Lo de entrar en el quid de la cuestión, eso ya, más adelante. Sobre los políticos y gobernantes sobran las palabras, que lo de entrar en materia no va con ellos.

Y para acabar con mi particular hipocresía, enlazo aquí el vídeo que ha hecho Associated Press con las maravillosas fotografías que hizo la fotoperiodista alemana asesinada ayer en Afghanistan.

Que lo “disfruten”…

¿Y el nombre? ¿El nombre de la fotógrafa? No lo has puesto. ¿Y? ¿Acaso importa?

… sobre la Guerra de Crimea y la Fotografía…

Estas últimas semanas, debido al “conflicto” en Crimea, son muchos los medios de comunicación que han recogido artículos sobre la Guerra de Crimea del Siglo XIX (1852-1856) -que enfrentó a Rusia con Francia, Reino Unido y Turquía-, desde su aspecto más “fotográfico”. Algunos de estos artículos, afirman sin ningún tipo de rubor que fue la Guerra de Crimea “el primer conflicto armado fotografiado de la Historia” y que fue Roger Fenton “el primer fotógrafo que tomó fotografías de una guerra”. Algo que no es del todo cierto y que conviene matizar.

¿Primer conflicto armado fotografiado?

Aunque es cierto que la Guerra de Crimea es el primer conflicto armado al que fueron enviados ex profeso algunos fotógrafos con el fin de mostrar gráficamente lo que allí acontecía, hay otros conflictos que fueron fotografiados antes. Así, se conservan algunos daguerrotipos de 1846 de la Guerra de la Independencia de México, así como algunas imágenes de las trincheras en las calles de París durante la Revolución de 1848 o incluso varias imágenes de John McCosh, un cirujano que obtuvo fotografías de la Segunda Guerra Sikh (1848-1849) y la Segunda Guerra Burma (1852-1853) y que, como curiosidad, fue el único superviviente de un naufragio del barco que le llevaba a Tasmania. Curiosamente, John McCosh fue fotografiado por el propio Roger Fenton en 1856 en Hampton Court, durante el tercer aniversario de la Photographic Society, posando frente a un carromato similar al utilizado por Fenton durante la Guerra de Crimea como laboratorio fotográfico.

Guerra Independencia México (Fotógrafo desconocido)
Guerra Independencia México (Fotógrafo desconocido)
Revolución francesa, París 1848 (Unknown)
Revolución francesa, París 1848 (Unknown)
John McCosh
John McCosh

 

¿Roger Fenton, el primer fotógrafo que tomó fotografías de una guerra?

Roger Fenton fue uno de los fotógrafos que llegaron a Crimea a tomar imágenes del conflicto y el que ha pasado a la historia por ello, pero no fue el primero y menos aún el único. El primer fotógrafo que llegó a Crimea al de poco de comenzar la guerra fue el rumano Carol Popp de Szathmari. A pesar de que doscientas de sus imágenes de campos de batalla, fortificaciones y de soldados de ambos bandos, fueron expuestas en el pabellón turco de la Exposición de París de 1855, hoy en día apenas se conserva algún original junto con varios grabados realizados basándose en sus fotografías. Según cuenta Ernest Lacan, Szathmari quien llevaba un improvisado laboratorio fotográfico con todo el material necesario para fotografiar mediante la técnica de colodión húmedo en un reducido espacio de su carruaje, fue tiroteado por el frente turco tras ser confundido con un espía ruso, aunque finalmente salvó su vida debido a la escasa puntería de los tiradores:

“Él estaba cerca de Oltenitza en los primeros días de abril 1854, cuando los rusos tenían sitiada a la ciudad. Quería hacer una foto (…) y se acercó a la ciudad con la camioneta que utilizaba como laboratorio, preparó la cámara y comenzó su trabajo. Fue sorprendido por un golpe fuerte y, casi al mismo tiempo, el sonido de un disparo (…). Szathmári pensó que había elegido un mal sitio y que sería mejor salir de la línea de fuego de la guarnición Turkis. (…). Un segundo golpe vibró en el aire y la misma detonación siguió un instante después . Era obvio que era el objetivo y que el fuego se estaba volviendo cada vez más amenazante y preciso. Pero la visión que estaba tomando era tan interesante, la luz y la sombra tan apropiada, que era imposible para su mente para dejar el lugar. Su trabajo sería completado en pocos momentos. Esperó hasta que todo estaba listo. Ya era hora de irse. Una tercera bala de cañón, con mejor puntería que los otros, aró el suelo a pocos pasos delante de él, cubriéndolo con arena. Pero el panorama era magnífico”.

El álbum fotográfico de Szathmari recibió honores de la reina Victoria, del emperador de Austria y de los jueces de la Exposición Universal de París, entre otros. En enero de 1964, el órgano oficial de la Federación Internacional de Arte Fotográfico reveló que el álbum entregado a Napoleón III fue quemado en el palacio de las Tullerías en 1871. Otra copia que se encontraba en el Castillo de Windsor se perdió durante el reinado de Eduardo VII, por lo que son muy pocos los originales de Szathmari que han llegado a nuestros días.

Carol Szathmari
Carol Szathmari
Carol Szathmari
Carol Szathmari

 

Antes que Fenton, tal y como indica Juan Antonio Fernández Rivero en “La fotografía militar en la Guerra de África”, también estuvieron en Crimea dos fotógrafos franceses: “el físico y químico Ernest Edouard de Caranza en la ciudad de Vama (actual Bulgaria), en 1854, tomando fotografías de militares franceses (Vehbi Koy Vakfl, 2006). y un tal “de Tannyon”, pintor y fotógrafo, citado brevemente por Potonniée (1936), quien seguramente lo tomó de un anuncio aparecido en una revista francesa de la época que prácticamente reúne cuanto se sabe del personaje y de su misión fotográfica”.

En Abril de 1854, según cuentan los autores de “All the Mighty World (The Photographs of Roger Fenton 1852-1860”, el Capitán Scott “contrató” al fotógrafo amateur Gilbert Elliott para que tomara imágenes a bordo del Hecla (el barco que llevaría a Crimea once meses más tarde a Roger Fenton y su ayudante), para comprobar si la fotografía “instantánea” podía obtener con suficiente claridad imágenes de la línea de la costa y las fortificaciones en tierra desde un barco en movimiento. No se conservan imágenes del “experimento”.

Debido a que las noticias que llegaban del frente aliado no eran muy buenas y las crónicas periodísticas se hacían eco del sufrimiento de los soldados en algunas ciudades como Balaklava, Thomas Agnew, de la editora inglesa Thomas Agnew e hijos, propuso a la Secretaría de Estado la conveniencia de enviar a un fotógrafo para “mitigar el dolor de las familias sobre la verdadera situación de sus hijos en el frente”, Aunque la propuesta de la editora era puramente comercial la Secretaría de Estado accedió a ello, por lo que contrató al fotógrafo comercial Richard Nicklin para seis meses a cambio de seis chelines al día más comida. Nicklin, partía a mediados de Junio de 1854 hacia Varna, con dieciséis maletas como equipaje. Unos meses después, en noviembre de 1854, un huracán que azotaba el puerto de Balaklava en Sebastopol, hundía el buque Rip van Winckl, y tanto él como sus ayudantes perecían. Sus imágenes se perdieron para siempre.

Para reemplazar a Nicklin se eligió a Brandon y Dawson, dos oficiales ingleses que antes de ser enviados a Sebastopol fueron previamente formados en Londres por el fotógrafo J.E. Mayall, con el fin de tomar fotografías para levantar planos topográficos de la zona del conflicto. Los dos oficiales permanecieron en Crimea hasta la primavera de 1855 y las fotografías que obtuvieron fueron almacenadas en la Oficina de Guerra hasta 1869. Se cree que fueron destruidas.

Roger Fenton no llegó a Crimea hasta comienzos de marzo de 1855. Según historiadores, fue Thomas Agnew quien realizó directamente a Fenton el mismo encargo que meses antes había realizado al malogrado Richard Nicklin. Roger Fenton llegó a Crimea a bordo del Hecla junto a su ayudante Marcus Sparling, a un sirviente llamado William y tres caballos que tiraban de su famoso carromato fotográfico (Photographic Van) que contenía el equipo de colodión húmedo y material fotográfico necesario para las tomas y en el que el propio Sparling fue fotografiado por Roger Fenton poco antes de partir hacia la zona de conflicto. Una fotografía que sin duda ha pasado a la Historia de la Fotografía.

Roger Fenton
Marcus Sparling (Photo: Roger Fenton)

Sobre Roger Fenton y sus fotografías, sobre el encargo de no fotografiar muertos, sobre sus andanzas con el carromato-fotográfico, sobre las dos versiones existentes de la imagen “El valle de la sombra de la muerte” (con restos de munición y sin restos de munición) y sobre el ¿poco? éxito de sus fotografías a la vuelta de Crimea, son muchos los libros, blogs y páginas web que se han escrito y que sin duda merecen la pena su consulta.

"El valle de la sombra de la muerte" (Roger Fenton)
“El valle de la sombra de la muerte” (Roger Fenton)

Otros fotógrafos que estuvieron en la Guerra de Crimea, en este caso, después de Roger Fenton fueron James Robertson y Felice Beato, quienes sí fotografiaron la destrucción en Crimea, destacando las 60 imágenes obtenidas de la destrucción de la ciudad de Sebastopol en Septiembre de 1855.

La fotografía de la Guerra de Crimea siguió dando que hablar una vez finalizada la misma con el trabajo, por ejemplo, de Cundall y Howlett sobre los héroes de la Guerra de Crimea entre las que destacó la fotografía de tres inválidos que causó polémica en una sociedad que quizás aún no estaba preparada para determinadas imágenes.

Von William Young, Henry Burland y John Connery. Photo Robert Howlett y Joseph Cundall
Von William Young, Henry Burland y John Connery. Photo Robert Howlett y Joseph Cundall

 

Es cierto por lo tanto, que la de Crimea fue la primera Guerra a la que fueron enviados fotógrafos ex profeso para la obtención de imágenes del conflicto, pero no que fuera el primer conflicto armado del que se obtuvieron imágenes. Y aunque las fotografías tomadas por Roger Fenton -por su calidad y quizás porque una gran parte de ellas han llegado a nuestros tiempos a diferencia de la mayoría de las imágenes obtenidas por otros fotógrafos que se destruyeron o perdieron- han sido las que han pasado a la historia y las que han alimentado la creencia de que Fenton fue el primer fotógrafo de guerra de la Historia de la Fotografía, fueron otros fotógrafos los que pisaron antes Crimea con el fin de tomar fotografías de lo que allí estaba sucediendo.

Un “pequeño” matiz que creo merecía la pena reseñar.