…Emmet Gowin y Edith…

A veces viene bien una dosis de realidad. En cualquier ámbito. En el fotográfico, por supuesto, también. Con Internet, tenemos a casi todos los fotógrafos del mundo a un solo click de distancia. Podemos ver fotografías de cualquier maestro que queramos. En cualquier momento. Un click y listo. Y pensamos que con ver las fotografías de un autor en internet, con leer su biografía, o incluso con toparnos con alguna de sus imágenes en un libro, ya conocemos su obra. Y nos permitimos el lujo de decidir, en pocos instantes, si su obra nos llena o no. Mucha información procesada a una velocidad endiablada. Y claro, eso lleva a cometer errores. Con Emmet Gowin es lo que me sucedió. Había visto muchas de sus fotografías en internet, me había topado con él en algún libro y había leído su biografía. Y pensaba que ya conocía su obra. Ya había decidido que tenía una gran obra pero que a mí, no me llegaba donde había que llegar. Buenas fotografías, pero sin ese algo que te llama, que te pega de repente, sin apenas darte cuenta y hace que te quedes prendado para siempre. Craso error.

Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin

Tarde de viernes lluviosa. Me esperaban tres exposiciones de fotografía en Bilbao. Un plan perfecto. Acudí a la exposición de Emmet Gowin organizada por la Fundación Mapfre  en la Sala Rekalde sin ninguna pretensión. Creía, erróneamente, que ya conocía su obra. Sabía que Gowin era de Virginia y que muchas de sus fotografías eran de Edith, su mujer. Había visto bastantes fotografías y alguna me atraía, cierto. Pero no eran fotografías que me llegaran al corazón. Sabía también que se trataba de una exposición retrospectiva y, aunque no me gustan este tipo de exposiciones por su generalidad, hay que reconocer que ayudan a conocer al autor en todos los ámbitos fotográficos, en todas sus épocas y a menudo se puede observar claramente una evolución o una involución, el cambio a través de los años. Paradójicamente, era por este lado por el que tenía esperanza de que la exposición mereciera realmente la pena, por descubrir un ámbito diferente de Emmet Gowin.

Siempre que acudo a una exposición en la Sala Rekalde de Bilbao, me encuentro muy a gusto. La iluminación suele ser perfecta y muy cuidada. El amplio espacio permite ver las imágenes desde diferentes distancias y elimina por completo cualquier posible sensación de agobio de otras salas. Eso, unido al blanco polar de las paredes suele provocar una sensación de frialdad, pero en esta ocasión el gran número de fotografías de la exposición y el escaso espacio entre ellas mitigaba por completo tal sensación. La ubicación de las fotografías, como siempre suele suceder aquí, perfectamente cuidada y estudiada. La exposición, según el tríptico ubicado a la entrada, recogía la evolución del fotógrafo, desde las fotografías obtenidas de su mujer Edith (las más conocidas) y el resto de su familia, hasta fotografías de Italia, Petra o incluso paisajes devastados por la naturaleza o por la acción humana. Tenía esperanzas en estas últimas fotografías, que no conocía.

El primer bloque de fotografías correspondían a unas setenta imágenes de Edith y los hijos de Gowin. Me acerqué tímidamente. Las fotografías eran de pequeño tamaño, todas en blanco y negro, enmarcadas en un marco tres veces mayor, con borde y paspartú blanco. Perfectamente alineadas y con poco espacio entre ellas fui poco a poco metiéndome en el mundo de Edith, de los pequeños Barry, Dwayne, Nancy… El pequeño tamaño de las imágenes y el poco contraste ayudaban a introducirte profundamente en la imagen. Era como si estuvieses viendo un álbum familiar cualquiera, pero de una enorme calidad artística y emocional. Pocas veces me ha sucedido en una exposición el tener ganas de tocar una fotografía. En esta ocasión, maldije varias veces los cristales que me alejaban físicamente de cada una de las imágenes. No se por qué, pero me hubiese gustado acariciar la cara de Edith, su vientre hinchado por su avanzado estado de gestación, y por qué no, su cuerpo. Estaba cerca de las fotografías, muy cerca. Quería tocarlas, pero no podía. Me sorprendí a mí mismo mirando hacia los lados y hacia atrás, por si había alguien que pudiese percatarse de mi proximidad a las fotografías. Proximidad física y proximidad emocional. No había nadie. Esa sensación de soledad ayudó a que me sintiera en Virginia con Edith y los pequeños. Edith de espaldas, Edith embarazada, Edith de pie entre regalos, Edith y Ruth, Edith y… Fui metiéndome más y más en la familia. Parecía que estaba allí dentro con ellos. Con el embarazo de Edith, con su desnudez, trepando la colina o mirándola a sus ojos. Porque todo lo que hacían, lo hacían para mí. Estaba allí, frente a todos ellos. A su lado. Pocas veces me había sucedido algo así. El shock de ese primer bloque vino casi al final. Después de estar un rato en el cielo, de repente, sin avisar, me dieron un mazazo. La imagen de la madre de Edith en un ataúd acrecentaba más aún la sensación de que por un rato, había estado con la familia de Gowin. En Virginia…

Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin
Photo Emmet Gowin

Por desgracia, en ese primer bloque terminó la exposición para mí. A partir de ahí, nada. Y no porque las fotografías que mostraban Petra, las imágenes que nos llevaban por unos paisajes cuasimarcianos o las que nos acercaban al lejano Oeste no fueran buenas, simplemente porque quería volver a estar con Emmet y su familia en Virginia. Simplemente porque después de haber visto aquellas maravillosas instantáneas, no era momento de viajar a Petra, a Matera o a lugares devastados por la acción humana. No lo era. El último bloque, el más cercano en el tiempo en el que mostraba a una Edith anciana ayudó a mitigar la sensación de que a partir del primer bloque el resto de la exposición sobraba.

Después de volver a dar casi media docena de giros al primer bloque de la exposición, me acerqué a ver el vídeo que acompaña a la misma. La ubicación, no podía ser peor: a la entrada (o a la salida, según se mire) de la muestra. En caso de que se vaya a acompañar con un vídeo una exposición hay que tener mucho cuidado en la elección de la ubicación. Hay que pensar en el momento y, sobre todo, en el mensaje de la muestra. En este caso la elección del lugar no fue adecuada. Quizás ayudó que una retrospectiva de un autor, donde se muestra casi toda su carrera y las diferentes etapas del fotógrafo no suele llevar un mensaje explícito. Lástima porque las fotografías de Edith y el resto de la familia de Emmet sí llevaban mensaje. No solo uno, varios. El vídeo en sí, me pareció uno de los mejores vídeos que he podido ver en una muestra. Un vídeo simple. Una entrevista de menos de un cuarto de hora a Edith y Emmet dividida en dos bloques de poco más de seis minutos. Con anécdotas y reflexiones que provocaban que salieras de la exposición con una rara sensación de tener unos cuantos nudos en el corazón unido a una extraña sonrisa difícil de borrar.

“Si no me hubiese casado con Edith nunca habrías oído hablar de mí…”  (Emmet Gowin)

Al salir de la Sala Rekalde decidí sustituir las otras dos exposiciones a las que tenía intención de acudir por un café con leche, mi agenda de notas y tiempo para digerir toda aquella información que había acumulado en el cerebro pero sobre todo en el corazón.

Pensaba que conocía la obra de Emmet Gowin y había sentenciado que su trabajo no me llegaba lo suficiente. Hasta que pude estar cara a cara con sus fotografías y no detrás de una pantalla de ordenador. La era de la inmediatez, de la rapidez, tiene cosas positivas. Muchas. Pero también negativas…

…Flores en el asfalto…

No soy muy amigo de los `saraos´. No disfruto con las aglomeraciones, con los que escogen el mejor lugar para colocar sus enormes cámaras de vídeo ni con los `gafapastas´ que se acercan a un evento con el principal objetivo de salir en la foto y cazar, si es posible, un rico canapé. No es lo mío ver una exposición masificada en la que la atracción son los autores por lo conocidos que pueden ser en otros ámbitos de su vida y no tanto por sus trabajos – en este caso, fotográficos-. Tampoco soy amigo de los ágapes, aunque en esta ocasión fueran en forma de un buen txakoli y el tan apreciado por muchos sushi japonés. Pero había que estar. Aunque no fuera en las mejores condiciones para ver una exposición fotográfica, había que estar. Había que estar apoyando la cultura, el saber hacer, la pasión de sus promotores y, cómo no, apoyando a la Fotografía en general y la apuesta por la Fotografía en nuestro querido Bilbao, en particular. Muchos entendieron lo mismo que yo y la sala contigua a la Escuela de Fotografía CFC de Bilbao, se llenó. Aunque el Centro formativo lleva ya casi un año funcionando, la inauguración de la Sala de Exposiciones, podría considerarse la puesta de largo de la Escuela. Y para ello qué mejor que hacerlo con una Exposición fotográfica. Qué mejor que hacerlo apostando por la cultura, por la Fotografía.

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En la presentación de la muestra titulada “Flores en el asfalto”, la cual se encuentra ubicada en la planta baja del Mercado de la Plaza del Ensanche, en pleno centro de la capital vizcaína, y que podrá visitarse hasta el 31 de Octubre, estuvieron presentes varios de los cinco autores de la exposición. Los maestros de ceremonias, con un discurso corto pero intenso y lleno de pasión y apuesta por lo que uno hace –lo cual es de agradecer viendo los tiempos oscuros que corren para la economía y para la cultura- fueron Andoni Aldekoa, Consejero Delegado del Ayuntamiento de Bilbao y Presidente de Lan Ekintza Bilbao, y el fotógrafo bilbaíno (y Director el Centro) Ricky Dávila, autor de series que ningún amante de la Fotografía se puede perder como la gran “Manila” (a mi entender, su mejor serie) o su especial visión de la capital colombiana en “Nubes de un cielo que no cambia”, entre otras. Contaron a los allí presentes cómo surgió el Proyecto de la Escuela y, lo más importante, cómo apostaron por la Fotografía y por el impulso de este arte en Bilbao. La pasión con la que lo dijeron y la forma en la que nos la transmitieron a los presentes no pueden ser inciertas. La apuesta va en serio.

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Photo Joselure´s Borderline

Sobre la exposición, aunque como he comentado, no pude apreciarla en todo su esplendor, es decir con una sala vacía y con una buena música en mis oídos acorde con lo que mis ojos están viendo y mi cerebro está intentando interpretar, es una gran muestra teniendo en cuenta que es la primera exposición fotográfica que vamos a disfrutar en este espacio (el siguiente en pasar por ahí, promete: José Ramón Bas con su serie Paraíso. Casi nada). Una muestra corta, con pocas imágenes, pero que da pie a seguir descubriendo el trabajo de los cinco fotógrafos que han plasmado en fotografías su visión de la ciudad: Carlos Cánovas, rompiendo las reglas de la fotografía y haciendo de lo simple una visión especial (y espacial); Ernesto Valverde, quien mostró varias fotografías en pequeño formato de su serie “Medio Tiempo” (convertida en un recomendable libro y que ya fue presentada en este blog) y, como todo su trabajo, en blanco y negro; Aitor Ortiz, sin duda uno de los mejores fotógrafos de Arquitectura de hoy en día, presente en la muestra con dos fotografías en blanco y negro, de más de un metro de altura en formato vertical, que ayudan a entender la especial visión del bilbaíno en la interpretación de una construcción y sacar una armonía donde el resto de los mortales solo vemos cemento; Vicente Paredes, natural de Orihuela pero bilbaíno “de adopción”, con su serie Furtivos que ya pudimos disfrutar hace un par de ediciones de Getxophoto y que representa a las mil maravillas el gran dominio de la luz artificial de este fotógrafo, a la altura sin duda de grandes maestros de la iluminación; y, como única representación no local, Alberto García-Alix (qué decir de él que no se haya escrito ya), con tres fotografías en blanco y negro que muestran bien a las claras su capacidad  para sacar arte de cualquier lado, incluida la trepidación o el desenfoque. Sin duda una muestra que merece la pena disfrutar. Eso sí, en silencio, con tranquilidad, de una manera pausada, sin aglomeraciones y sin txakoli y canapés alrededor, a poder ser.

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Photo Joselure´s Borderline

Mereció la pena estar. Y mereció la pena escuchar de propia voz del Director del Centro -así como de un representante del propio Ayuntamiento de Bilbao-, que la apuesta por la cultura y, sobre todo, por la Fotografía en el Bilbao de nuestros corazones va en serio. Al Guggenheim, Museo de Bellas Artes y galerías privadas existentes, a partir de ahora hay que sumarles también la Escuela de Fotografía CFC de Bilbao, la cual sin duda promete convertirse en uno de los catalizadores del movimiento fotográfico de la ciudad.

Por último, un deseo. Y es que espero que este Centro de Fotografía sea un lugar donde no solamente puedan verse fotografías de autores de la talla de los de esta exposición, de fotógrafos consolidados y consagrados, sino que se haga una apuesta por los autores noveles o menos conocidos de nuestra tierra. En Euskadi hay grandes trabajos que no salen a la luz porque hay pocos lugares para exponer. No hay apenas salas donde se apueste por la fotografía y donde los autores poco conocidos puedan dar a conocer su obra. Y es importante apostar por ellos. Espero y deseo que este espacio ayude a ello.

(Más fotografías de la inauguración: Joselure´s Borderline)

… CFC Bilbao: nueva escuela de Fotografía…

Uno de los mejores fotógrafos vascos del que ya hablamos en su día en este blog por su trabajo “Alakrana“, tiene un nuevo Proyecto. Parece que no le es suficiente con realizar maravillosas fotografías, publicar varios libros, realizar múltiples exposiciones, escribir un más que recomendable blog o inaugurar una vivienda en Araba, en el bello entorno del Parque Natural del Gorbea, donde grandes maestros de la fotografía imparten talleres, hablan y profundizan en el mundo fotográfico. Este lunes 14 de Enero, Ricky Dávila inaugura CFC BILBAO, una escuela dedicada de manera exclusiva a la formación fotográfica. Aparte de los cursos de diferente nivel y los monográficos que impartirán el propio Ricky sobre cómo llevar a cabo un proyecto personal y el fotógrafo Vicente Paredes relativo al uso del flash, destacan especialmente los Talleres fotográficos que se han programado para los fines de semana. Unos talleres que acercarán a la capital bilbaina a fotógrafos consolidados y que tratarán sobre diferentes temas de actualidad, desde la fotografía callejera hasta la fotografía de viajes, pasando por la tan en boga técnica del “time-lapse” o las técnicas strobist entre otros. Alberto García-Alix, Juan Valbuena, David Burbano, Gianfranco Tripodo, Mikel Alonso, el gran Eduardo Momeñe, Vari Caramés, Jorge Mier-terán y Ricky Dávila serán los encargados de estar al frente de los primeros talleres que se van a impartir hasta finales de Marzo. Sin duda, esta escuela promete llenar el vacío que tenía Bilbao en este tipo de centros que, por el contrario, sí disponen desde hace muchos años otras ciudades del Estado como Madrid, Barcelona o Valencia. La profesionalidad de Ricky Dávila es el mejor aval para que esta nueva aventura llegue a buen puerto.

Como no podía ser de otro modo, aprovecho para adjuntaros un Proyecto fotográfico de Ricky Dávila que a mí, personalmente, siempre me ha enamorado: NO VODKA ON THE MOON (2007) (Poemario visual realizado en Ucrania en enero de 2007, tiempo y lugar en los que Nikolai Dávila Olano dió su adiós definitivo al orfanato n.3 de Odessa).

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila
 
Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

Photo Ricky Dávila

 

…Robert Capa en Bilbao…

Resulta curioso que a menudo, cuando te encuentras con otro aficionado a la Fotografía, una de las primeras preguntas que te hace es la de: “y tú, ¿qué cámara tienes?”. La verdad es que es una pregunta que nunca he hecho a nadie. Porque me importa bien poco. Prefiero que me hable del tipo de fotografía que suele hacer, si las imprime, si las muestra o son para “uso y disfrute” particular, fotógrafos de los que “bebe”, si asiste a cursos de formación, etc. No entiendo la manía de relacionar, de manera casi exclusiva, la Fotografía con la tecnología fotográfica. Y así, mientras la sección de fotografía de El Corte Inglés o la FNAC rebosan de gente, en las exposiciones fotográficas, se pueden oir los latidos del corazón.

Robert Capa ha vuelto a Bilbao y parece que a la gente ni le va. Vuelve acompañado de Gerda Taro y su amigo Chym Seymour. Ha venido con una maleta repleta de fotografías. Casi setentaycinco años después de aquellas míticas fotografías de Bilbao en pleno bombardeo, vuelve a la ciudad. Esta vez, al Museo de Bellas Artes…

Photo Robert Capa, 1937

“En Bilbao las sirenas aullaban su aviso. Un largo trompetazo al avistar a los invasores por los aires. Tres toques cortos cuando estaban justo encima. A veces había entre quince y veinte incursiones en una mañana. No podías cada vez bajar al sótano que no era un refugio, ni bajo el puente que tampoco servía de mucho, o al túnel que era lo mejor, entre quince y veinte veces cada mañana, con los niños. Por eso cogías la manta y te sentabas en los sacos de arena frente al buen refugio que había en las cámaras acorazadas de los bancos, con un sombrero de papel para protegerse del sol. Cuando sonaban tres toques, tres toques histéricos, las calles quedaban vacías. La policiía disparaba para apresurar a los rezagados hacia los sótanos”

(Robert Capa)

… una fotografía tomada en Bilbao la tercera más cara de la Historia…

Ayer día 27 de Diciembre se subastaba en Londres una instantánea del fotógrafo I.M. Uga obtenida en Bilbao, concretamente en los alrededores del Museo Guggenheim. La fotografía, tomada en el año 2009 durante un viaje a la capital vizcaína dentro de su Proyecto “Las nuevas construcciones potenciadas desde el ámbito local y comarcal orientadas a la internacionalización de la sociedad actual y su impacto en los recursos naturales”, partió de un precio de 150.000 dólares. Según la casa organizadora de la subasta, la misma transcurrió con gran rapidez y tras apenas diez minutos, su precio se multiplicó en más de veinte veces al precio de salida, alcanzando los 3.500.000 dólares. Esa cantidad superaba así a la conseguida por la fotografía de Richard Prince, “Untitled (Cowboy)” cuyo precio de venta se quedó en 3.401.000 dólares, aunque no pudo superar los 3,9 millones de dólares obtenidos por Cindy Sherman por la imagen “Untitled #96” ni los 4,3 millones de la fotografía del Rhin de Andreas Gursky, ambas vendidas durante el presente año. Así, a pesar de la crisis económica mundial, ha sido precisamente en el año 2011 cuando han sido vendidas las tres fotografías más caras de la Historia.

Se desconoce la identidad del comprador, aunque según algunas fuentes se trataría de un importante coleccionista especializado en fotografía contemporánea. El fotógrafo por su parte declaró que a pesar de la venta iba a seguir con su proyecto y que este negocio “le da más fuerzas para continuar en el mundo del arte”. Sobre nuestro pequeño botxo se despachó con un “amenazante”: “tengo previsto ir muy pronto a Bilbao para fotografiar a las bilbainas”. Ya saben, anden ojo avizor…

Photo I.M.Uga

NOTA (29.12.2011): Aunque no creo que haga falta aclararlo, por si acaso… Obviamente era una noticia inventada con motivo del día de los Santos Inocentes…