…retocando…

No tengo un sexto sentido, más bien todo lo contrario, me cuesta darme cuenta de las cosas. Pero esta vez no hacía falta ser ningún visionario para prever lo que iba a pasar. Sabía que algunos iban a utilizar la Huelga General para campar a sus anchas por las calles. Para romper escaparates, amedrentar a la gente y mostrar que solamente son valientes en grupo. Si a eso se le puede llamar valentía. Y sabía que después de eso, algunos iban a utilizar esas imágenes, esas fotografías, para intentar meter a todos en el mismo saco. Me da igual que se  intente desprestigiar la convocatoria de huelga en las redes sociales. Lo veo incluso parte del juego. Lo que me parece lamentable es que sean algunos medios de comunicación (los de casi siempre), que se tildan de profesionales, los que utilicen la barbarie, la salvajada, el totalitarismo de unos pocos que no se representan ni a ellos mismos, para intentar hacer ver a la sociedad lo “malos malosos” que son los que ayer salieron a la calle a protestar por lo que creen injusto. No es de recibo. Pero por desgracia, me lo imaginaba.

La gran fotografía de Emilio Morenatti (de quién iba a ser, si no…), en la que una mujer se echa las manos a la cara tras el escaparate destrozado de la tienda en la que trabaja, en una mezcla de rabia, impotencia y petición de clemencia, ha dado la vuelta al mundo. Y, como no cabía de otra forma, ha sido una de las fotografías más manipuladas por la mass media. Es curioso que algunas cabezas pensantes no tengan reparos en poner a fotoperiodistas de patitas en la calle por “retocar” fotografías con Photoshop y luego, esos mismos, utilicen el Word para manipular. Está visto que a veces no hace falta el Photoshop para “retocar” una imagen, solamente hay que poner a un pseudoperiodista a escribir un pie de foto o un artículo relacionado. Eso sí, en caso de problemas echaremos la culpa al becario, no todo va a ser poner cafés…

Photo Emilio Morenatti / AP (Mireia Arnau, encargada de tienda Chicco, Barcelona, 2012-03-29)

…mucho por aprender…

… nos queda mucho por aprender…

Ayer recibimos una lección de las de verdad. De las de la vida real. La recibimos de una mujer iraní. Una mujer cegada por el ácido, pero no cegada por el odio. Hace casi siete años un compañero de la Universidad no aguantó un “no” a su petición de matrimonio y arrojó ácido a su rostro. La desfiguró y la cegó, pero no pudo con su fuerza. No pudo con su libertad. De hecho, ni siquiera el odio que cualquiera de nosotros acumularíamos ha podido con ella. En 2008, el salvaje fue condenado a la Ley del Talión, ya saben, esa del “ojo por ojo, diente por diente”. Ameneh Bahrami, podría verter ácido en los ojos de su antiguo compañero. El resultado, los dos ciegos. Pero Bahrami, en el momento en el que tenía que ejercer de verdugo decidió no hacerlo. “Por varias razones: por dios, por mi país y por mí misma”, ha declarado. Algunos alegan presiones por parte de la judicatura iraní… ¿y? Lo importante es que el odio no la ha cegado y, en consecuencia, tampoco ha cegado a la ¿persona? que la agredió.

Muchas mujeres en Irán, Afganistán, Pakistán, continúan sufriendo ataques de este tipo bajo el argumento de deshonra, humillación o disputas entre familias. Qué más dará el argumento utilizado, si la verdadera razón es, precisamente, la sinrazón.

Ameneh Bahrami. Photo Getty

“Las mujeres que habían sufrido estas agresiones tan brutales eran prácticamente inaccesibles y fue un gran reto llegar a ellas y poder contar sus historias. La mayoría de los retratos fueron improvisados, esperando el momento justo para levantar la cámara y realizar un par de secuencias, retratos horizontales para un rápido y fácil encuadre centrado, buscando ese momento paradójicamente inexpresivo”. El gran fotoperiodista zaragozano Emilio Morenatti hablaba así de su serie “Violencia de género en Pakistán”. Una serie de imágenes que muestran una cruda realidad en algunos paises y que, mientras signa sucediendo, todos deberíamos tenerlas en la retina. Para que su publicación y difusión sirva para seguir denunciando actos tan miserables como estos. Para que la atrocidad cometida a Menuda, Munira, Kanwa, Shehnaz, Bushra, Irum, Shahnaz, Njaf, Shameem, Zainab, Saira, Tahira, Sabira y Attiyya, así como a la propia Ameneh Bahrami, no quede en el olvido…

Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti
Photo Emilio Morenatti