… Porno Miseria…

Me sucede a menudo en muchas exposiciones de arte contemporáneo. También en las exposiciones de arte contemporáneo fotográfico. Quizás porque mi formación técnica en Bellas Artes es escasa y no consigo captar lo que el artista quiere decirme. Quizás porque el artista no tiene la capacidad de hacer llegar al público su mensaje de la misma forma que no todos los profesores tienen la capacidad de transmitir conocimientos a sus alumnos. Quizás por ambas cosas. O por ninguna, no lo sé. Pero me sucede a menudo que pienso que me han tangado, que me han sisado, que me han hurtado. O, utilizando el símil futbolístico, siento que me han metido un gol. A veces, por la escuadra. Y cuando hablo de hurtar no me refiero al dinero, no, sino al hurto de tiempo, que si nos paramos a pensar a menudo es bastante más importante que el coste de la entrada a una exposición.

La pasada semana acudí a Madrid a visitar unas cuantas exposiciones fotográficas. Llegó el jueves y estaba en un pequeño dilema. Como suele pasar a menudo hay días que se juntan varias cuestiones interesantes a la misma hora. Suele suceder con tus dos series favoritas de la televisión, o con el partido de tu equipo y el cumpleaños de alguien a quien aprecias o, por qué no, con una apasionante tarde de póquer con los amigos y la imperiosa necesidad de tener que acompañar a la pareja de compras después de tres ultimátum. Siendo Madrid un lugar en el que tantos acontecimientos hay, tenía que suceder. Así, me encontré con el dilema de tener que elegir entre la inauguración de la exposición Porno Miseria de Óscar Monzón y Fosi Vegue en la Galerie du 10 del Instituto Francés y la proyección del reportaje de Gervasio Sánchez sobre la guerra de Bosnia en Matadero Madrid. Esa tarde tenía el cuerpo de marcha fotográfica y me atraía ver el nuevo proyecto de Óscar y Fosi. Lo siento de corazón, Gervasio.

Mientras me dirigía hacia el Instituto Francés fui repasando mentalmente tanto el trabajo “Karma” de Óscar Monzón premiado en el Book Award de París y que, como suele ser habitual con alguien que consigue un premio, fue bastante criticado por muchos (“un flashazo y listo” decían algunos… lo que hay que leer); así como la serie “Grandes éxitos” de Fosi Vegue, a mi entender su mejor trabajo.

"Grandes éxitos" (Fosi Vegue)
“Grandes éxitos” (Fosi Vegue)

Después de mirar varios planos y asumir que iba a ser complicado encontrar la Galería gracias a mi sentido de la orientación, asumí que estaba perdido y me atreví incluso a preguntar a dos policías apostados frente a la sede del Partido Popular en la calle Génova. Como veis, soy capaz de cualquier cosa por ver una exposición. Cuando finalmente di con el Instituto y entré, me encontré con que aún no había comenzado la exposición y que no había nadie sentado en las sillas que se habían dispuesto en forma de círculo en el hall de la entrada. En esos momentos la Galería estaba semivacía, lo cual agradecí, ya que detesto ver cualquier exposición abarrotada de gente tal y como suele suceder en las inauguraciones. Entré directamente a la sala de exposiciones en la que me aguardaban las fotografías. La sala, completamente blanca y bien iluminada, no era muy grande. El blanco de las paredes destacaba aún más debido a que no había ni una sola imagen, ni una sola fotografía. Vi que había en algunas zonas pequeños papeles pegados que contenían textos. Frases sueltas. “No puede ser”, pensé, “¿tan pronto he llegado que aún no han montado la exposición?”. Salí fuera sin leer ninguna de las frases esperando ver en el suelo o en alguna zona cercana las fotografías pendientes de colocarlas. No las vi. “Ya está”, seguro que las proyectan en la sala. “Sí, seguro, eso va a ser”. Me quedé fuera esperando hasta que me di cuenta de que en la entrada a la exposición había un papel donde se describía la exposición. Cogí uno y me coloqué en una esquina a leerlo…

“El título de este proyecto hace referencia al término (porno-miseria) utilizado en Colombia en los años 70 para criticar una serie de películas en las que los directores se aprovechaban de la pobreza y la miseria humana para ganar dinero y reconocimiento internacional.

Actualizando y enfrentando el término al contexto socioeconómico actual, los autores muestran textos reales encontrados en la red describiendo situaciones de explotación. Ante la ausencia de fotografías que suelen acompañar este tipo de anuncios, el espectador inevitablemente genera el equivalente visual y una opinión o juicio sobre lo que lee y proyecta, haciéndose responsable de la imagen que genera.

El soporte real de esta muestra no son las paredes de la sala sino el espacio interno del visitante, en quien queremos dejar una huella en forma de imágenes de los protagonistas, contextos y situaciones derivadas de los textos”.

En definitiva, que se trataba de una exposición ¡sin fotografías!, solo con textos extraídos de internet sobre situaciones de explotación (con carácter sexual) y las imágenes ¡me las tenía que generar yo en mi cabeza al leer dichos textos! En ese momento, efectivamente, se me vinieron a la cabeza imágenes… imágenes de Aritz Aduriz, Markel Susaeta e Iker Muniain, marcando goles. Preciosos goles. “Como el gol que me acaban de volver a meter”, pensé. Reconozco que el arte contemporáneo me cuesta, que soy muy visual y que necesito imágenes que me lleguen. “Por toda la escuadra”. Vengo a ver fotografías del nuevo proyecto de Óscar y Fosi y me encuentro con una sala vacía, sin fotografías y solo con pequeñas frases. Decepcionado, estuve a punto de irme. Pero decidí darme (o darles, no lo sé) una oportunidad. Respiré hondo, abrí la mente y entré de nuevo a la sala. Fui poco a poco leyendo los textos. Con cada una de las frases, me imaginaba la situación. No solo me venía a la mente una imagen, sino varias. Ilustraba mentalmente el momento que estarían pasando esas personas para ser capaces de pedir sexo a desconocidos. O esos ¿hombres? que ofrecían cualquier cosa que no fuera dinero para mantener relaciones sexuales. ¿Era prostitución? ¿Una nueva clase de relación sexual? ¿Quién era el cliente? ¿Qué pensaría él o ella de su situación? ¿Hasta dónde estarían dispuestos a llegar? Visualicé imágenes y vi historias. Historias que estaban ahí, en la red, en la vida real, y que ahora estaban en mi cabeza. Historias reales vs. fotografías imaginarias. Salí de la sala con la cabeza dándome vueltas. Nunca pensé que unas “simples” frases, ubicadas en un lugar tan fuera de contexto como una sala de exposiciones, fueran a impactarme.

Foto Mercedes Cosano
Foto Mercedes Cosano

En la entrevista-coloquio que se realizó a continuación, los autores respondieron preguntas de Jean-Marc Lacabe, Director de la Galería municipal de Toulouse, y dieron pie a un pequeño debate. Si la exposición me había sorprendido (nunca mejor dicho, ya que la sorpresa fue evidente), las declaraciones y las respuestas de ambos autores, me parecieron sublimes. A menudo, en el arte contemporáneo hay autores que intentan decorar sus trabajos con cuestiones ininteligibles, que a muchos se nos escapan, y que trasladan la sensación de que están subidos en un pedestal que solo cuatro gafapastas dicen entender. En este caso, la honestidad y la humildad tanto de Óscar como de Fosi fueron dignas de reseñar. Indicaron que quisieron tener precisamente humildad con la exposición y no disponían de imágenes para contar lo que querían contar, por lo que surgió esto. Contaron que lo único que hacían era trasladar algo que está ahí, en la red, a la calle, en este caso, a una sala de exposiciones. Asumieron que quizás no es arte lo que había en esa sala y que solamente era información, y que a quien le transmitiera algo o le hiciera pensar bienvenido y a quien no, también. Honestidad y humildad.

En el debate posterior hubo reflexiones interesantes (me quedo con la de uno de los asistentes en la que indicaba que lo mismo que ahora decimos que la imagen está en todos los lugares, que hablamos del boom de la imagen, hemos asumido de manera natural que el texto también está en todas partes, está ahí pero no le damos importancia porque lo tenemos completamente interiorizado… muy acertado). De todas formas, en el debate que surgió se habló principalmente de la fotografía (en este caso de su ausencia), y por desgracia, se dejó a un lado el debate sobre el tema que versaba la “exposición”: lo bautizado por los autores como Porno Miseria.

Me fui de la Galerie du 10 dando vueltas a lo que había visto y a la experiencia que había tenido. Se me mezclaron imágenes en la cabeza. Muchas. Si Óscar, Fosi y los organizadores de la muestra querían impactar, lo consiguieron. Sin duda, una exposición que recordaré siempre. La exposición fotográfica sin fotografías…

Foto Mercedes Cosano
Foto Mercedes Cosano

…World Press Photo: y de repente, Iván Urarte…

Son muchos los “muertos” que está dejando en la cuneta la fuerte crisis económica de estos últimos años. En todos los sectores. En el industrial, en el social y, por supuesto, en el cultural. La Fotografía, como no podía ser de otra forma, no se ha podido librar de los recortes y la ausencia de fondos públicos o privados. Uno de esos “muertos” fotográficos que han quedado en el camino ha sido el Festival Periscopio que se celebraba en Vitoria-Gasteiz. Una referencia en la muestra de trabajos fotoperiodísticos que no pudo afrontar la falta de ayudas públicas y privadas. La herencia que ha quedado a día de hoy de aquel magnífico Festival es la muestra estrella que, año tras año, viaja hasta la capital alavesa: World Press Photo. Junto a Barcelona y Madrid una de las plazas en el Estado en la que se puede visitar la muestra. La única, por cierto, en la que la entrada es totalmente gratuita. Hubiese preferido que la herencia fotoperiodística que Periscopio nos ha dejado hubiese ido por otros derroteros, más locales, más orientados a apasionados de la Fotografía que al gran público, pero si este tipo de muestras provoca que los no habituados a contemplar fotografías se acerquen a una exposición y que, aunque sea por media hora, disfrute con la Fotografía, bienvenida sea.

Si trasladaramos el World Press Photo al ámbito gastronómico, hablaríamos de fast food. Fotografía que entra directa – a veces a los ojos, otras veces a las tripas y en contadas ocasiones al corazón- con una rapidez absoluta, sin apenas digerir. La sangre, los muertos y las guerras entran muy rápido. Siempre que esa sangre, esos muertos y esas guerras sean lejanas, por supuesto. Es lo que tiene el fotoperiodismo y el objetivo de informar, para lo bueno y para lo malo. Y, por supuesto, es lo que la muestra busca. El que vaya a ver la exposición sabe con lo que se va a encontrar, nadie engaña a nadie. Mi pasión por la Fotografía y por el fotoperiodismo hace que nunca me pierda la muestra. Es quizás la parte incongruente que siempre tenemos todos. No es malo comer de vez en cuando una hamburguesa en el McDonalds o una pizza en el Pizza Hut, aunque si te dan a elegir prefieras un buen menú. En el World Press Photo, aunque sea muy poco, siempre hay algo que llevarse al corazón por lo que todos los años acudo a ver la exposición. Este año ha vuelto al Centro Cultural Montehermoso (antiguo Depósito de Aguas), donde ya estuvo hace unos cuantos años. Bonito enclave, sin duda, pero no por ello hace más atractiva la muestra. Más bien todo lo contrario. La irregular iluminación, entiendo que buscada por la Dirección de la muestra, es un error. Hay zonas con una iluminación excesiva y otras en las que la misma escasea de tal forma que es casi imposible ver algunos detalles de la fotografía e incluso dificulta la lectura de los largos (y a veces tediosos) textos que las acompañan. Sobre la calidad de los acabados, nada diferente a lo de otros años, paneles plasticosos que no permiten apreciar detalles fotográficos que sí se mostrarían si la muestra fuese en papel fotográfico. Una lástima. Es lo que tiene el fast food. Sobre el orden caótico de las imágenes, que te lleva a mostrar una sonrisa tan rápido como recibes una puñalada en el corazón nada más girar la cabeza treinta grados, nada diferente a lo de otros años. Difícil, muy difícil seguir el “orden” de los premios en las diferentes categorías. A pesar de todo esto, siempre es agradable acercarse a una exposición fotográfica. Siempre hay algo que llevarse al corazón y para quien no la haya visto, merece la pena acercarse. Aunque hay trabajos magníficos, si me tengo que quedar con alguno de ellos me quedo con el de Frederik Buyckx sobre las favelas y con el de Roman Vondrous sobre una curiosa carrera de caballos que se disputa en Pardubice (República Checa) desde hace más de un siglo. Sublimes. De todas formas, podéis ver las fotografías en la página web del famoso certamen. Por cierto, si tenéis un móvil de última generación podéis utilizarlo en la muestra a través de unos códigos que dan información adicional sobre las fotografías y los autores. Es la parte más innovadora de la exposición.

Photo Frederik Buyckx
Photo Frederik Buyckx
Photo Roman Vondrous
Photo Roman Vondrous

Lo curioso de este año es que la sorpresa (siempre, siempre hay alguna en cualquier exposición que visite) vino de la exposición que se mostraba en una pequeña sala contigua a la del World Press Photo. No conocía el trabajo de Iván Urarte. Otro concepto gastronómico diferente: slow food, slow photography. Aunque debido al tamaño de la sala quizás esta vez podríamos hablar de una grandísima serie de pintxos, de gastronomía en miniatura. Una barra de bar llena de pequeñas exquisiteces (otro ejemplo más de que no hace falta que las imágenes sean de dos metros de largo para impactar al espectador) en blanco y negro, perfectamente alineadas, enmarcadas de manera sencilla pero con una sobriedad digna de alabar, y con una homogeneidad y un reparto en la sala que hace meterte de lleno en las imágenes, en el sentido fotográfico, en la mirada del fotógrafo. La música que ambienta la sala, perfecta para la muestra. El toque de maestría, sin duda. No me esperaba que esta vez la sorpresa viniera de una sala contigua a la de la exposición del World Press Photo. Quizás la muestra de Iván sea el contrapunto perfecto para ver las diferentes herramientas de la fotografía, los diferentes aspectos de la misma. En un lado la rapidez, el momento (¿decisivo?), la fotografía con el fin de informar, de denunciar, de mostrar el mundo al espectador; en el otro lado, la fotografía como visión personal del mundo, de la parte conceptual de este arte. Antagonía, no sé si buscada o no por los Directores del Palacio Montehermoso, que sirve como mensaje de las dos vertientes de la Fotografía. Ambas válidas y dignas de elogiar. El camino perfecto: cargarse las pilas con la fotografía de Iván, recibir después estímulos completamente diferentes en la exposición del World Press Photo, y lavarse por último (o mojarse, como cada uno quiera) con la segunda visita a la muestra del joven fotógrafo.

Iván Urarte
Photo Iván Urarte

…exposición sobre el eterno debate en el Metropolitan (Nueva York)…

Leo en una [Enlace roto.] al fotógrafo hondarribitarra Jon Uriarte contestar, en mi modesta opinión muy acertadamente, a una pregunta sobre la aceptación por el público de las fotografías “retocadas”: “Desde su nacimiento, la foto ha tenido una lucha, incluso interna, sobre si es arte o no. Es un debate que sigue existiendo y seguirá existiendo y también se genera en torno a las prácticas fotográficas. Con la revolución tecnológica, con la fotografía digital, hay nuevas prácticas y para muchos, eso no es fotografía. La gran mayoría dirá que yo no he sacado fotos al ver este trabajo. Creo que es un debate enriquecedor. A mí me apasionan estos debates. Además, hay que saber reírse un poco de sí mismo y relativizar las cosas. ¿Por qué ciertos usos son válidos? ¿Cuáles son los límites? Por eso en mi trabajo también me interesa lanzar preguntas en vez de dar respuestas. ¿Técnicamente cómo se ha hecho esa imagen? La gente cree que yo trabajo con fotografía digital pero yo tiro casi todo con película. Cuando apareció la fotografía digital, para unos fue una crisis y para otros, una revolución”.

 “Ya, pero está retocada, ¿no?”. ¿Cuántas veces hemos escuchado esa pregunta sobre una fotografía? Podríamos ahora hablar sobre los diferentes tipos de archivos digitales (JPG, RAW, etc), sobre la saturación, luminosidad, etc., pero ya hay suficientes artículos interesantes que reflexionan (y aclaran conceptos) sobre el tema. De hecho, cuando alguien que no está muy interesado en la fotografía te realiza dicha pregunta e intentas contestar con algunos de los conceptos citados, normalmente la conversación acaba rápidamente sin que el interlocutor entienda absolutamente nada y se quede con la sensación de que sí, de que la imagen está retocada, manipulada o, a menudo, “trucada”. Pero si en vez de intentar contestar a la pregunta con conceptos ininteligibles afirmas que algunos grandes fotógrafos ya retocaban sus fotografías no solo ya muchos años antes de la era digital sino pocos años después del descubrimiento de la fotografía, simplemente te toman por loco y cambian de tema.

El debate del retoque ha ido siempre de la mano de la Fotografía. Como Quentin Bajac afirma en el libro “La invención de la Fotografía” (Ed. Blume), ya en 1855 ese mismo debate enfrentaba a Paul Périer con el fotógrafo Durieu. Mientras el primero defendía la postura de la manipulación fotográfica (“Dejadme pues retocar mis negativos e incluso mis positivos si así los mejoro y los realzo en un grado superior”), el segundo se oponía a cualquier modificación manual de la imagen original (“aplicar el pincel en auxilio de la fotografía bajo pretexto de introducir arte es precisamente excluir el arte fotográfico; al querer transgredir esta especificidad no obtendremos más que una cosa sin nombre, que depararía como mucho un interés de curiosidad”).

Desde ayer, el Museo Metropolitan de Nueva York muestra una exposición sobre fotografías analógicas manipuladas. La muestra recoge varios tipos de modificaciones, desde retoques más sutiles a manipulaciones que hacen que la fotografía inicial poco o nada tenga que ver con la toma original. “La necesidad de modificar imágenes de la cámara es tan antigua como la propia fotografía, sólo los métodos han cambiado”, se afirma en la presentación de la muestra. “Casi cualquier tipo de manipulación que hoy asociamos con la fotografía digital era también parte del repertorio pre-digital del medio: suavizar las arrugas, adelgazar la cintura, añadir personas a una escena (o eliminarlos), incluso fabricar acontecimientos que nunca sucedieron. Esta exposición traza la historia de la fotografía manipulada desde la década de 1840 hasta la década de 1990 (…). La mayoría de las 200 imágenes mostradas fueron alteradas después de que el negativo fuera expuesto, a través de la impresión, combinando el fotomontaje, el repintado, retoque, o, como suele ser el caso, una mezcla de varios procesos”.

Si les apetece dar un paseo por Nueva York, hasta el 27 de Enero de 2013 podrán asistir a esta muestra.

Photo Unknown 1956
Photo Richard C. Miller 1941
Photo Unknown 1905
Photo Raimund von Stillfried 1870
Photo Unknown 1855
Photo Mathew B. Brady 1865
Photo Louis Ducos Du Hauron 1888
Photo Kathy Grove
Photo Josiah Johnson Hawes 1850
Photo John Wolters 1936
Photo Horace Nicholls 1906
Photo Henry Peach Robinson 1858
Photo Henry Peach Robinson 1857
Photo Gustave Le Gray 1856
Photo Edward J. Steichen 1904

…John Gutmann, exposición en Bilbao…

Así, como que no quiere la cosa, con muy poco ruido pero con una gran cantidad de nueces, ha llegado a Bilbao una exposición sobre el trabajo del fotógrafo polaco John Gutmann (1905-1998). Sublime. Imprescindible. Genial. Maravillosa. Cualquier adjetivo se queda pequeño. La muestra, realizada por la Fundación Mapfre junto con el Center for Creative Photography de la Universidad de Arizona, perfectamente estructurada, te va embebiendo poco a poco, pasito a pasito, a través de la vida fotográfica de este gran autor, desde sus comienzos en Berlín hasta sus últimos días y reflexiones en forma de vídeo. Una montaña rusa de sensaciones. Desde el humor del carnaval hasta la sensibilidad de los retratos, desde la crudeza de la guerra hasta la belleza de la imaginación. Una muestra que en pocos segundos, en apenas dos fotografías, sin transición, te puede llevar de una cuasicarcajada a una cuasilágrima. Quizás haya gente que prefiera las muestras monótonas, con el mismo acorde, estables, sin cambios, homogéneas en sentimientos, pero un servidor prefiere estos cambios de acordes siempre que, como es el caso, tengan una estructura lógica y basada en una razón coherente.

 Si hay que poner un pequeño (muy pequeño) pero a la muestra sería relativa a la iluminación de las amplias salas en las que se ubican las imágenes. Creo que sería adecuado atenuar la misma para que no apareciese sobre los cristales que cubren las imágenes el molesto reflejo de los focos. Tampoco hubiese estado mal alguna fotografía en un tamaño mayor, aunque por contra, gracias al pequeño tamaño de las mismas y a la imperiosa necesidad de acercarse más a las fotografías provoca la captación de detalles que, a menudo, no se captan en imágenes de gran tamaño. No obstante, ese pequeño tamaño ayuda también a que las fotografías puedan apreciarse con gran nitidez y ausencia absoluta de grano.

La muestra se encuentra ordenada de manera tan acertada que según el espectador va avanzando, va percibiendo la evolución no solo en el acto fotográfico de Gutmann sino en la propia vida del autor. La exposición, como es habitual, incluye un vídeo en el que se alternan fotografías del autor con sus reflexiones acerca de la fotografía en general y de sus imágenes en particular, todo ello poco tiempo antes de morir, lo cuál ayuda a que en sus palabras se aprecie la experiencia de este fotógrafo. En dicho vídeo, narra su visión de la situación de Berlín y el cambio que supuso en su visión fotográfica su exilio a California, los fuertes cambios que comprobó entre una y otra sociedad, su experiencia en la guerra, la “idealización” del automóvil por parte de la sociedad americana, su pasión por los retratos dobles, por las multitudes, así como anécdotas y situaciones en torno a sus imágenes. Se puede apreciar la humildad del autor, que no tiene reparos en reconocer que una de sus primeras fotografías – “October”, en la que se puede ver a una mujer en Berlín frente a un escaparate-, la realizó apenas quince días después de haber comprado su primera cámara, sin ninguna experiencia previa en la fotografía.

Sin duda, visita obligada a la exposición, la cuál estará presente en la Sala Rekalde de Bilbao hasta el próximo 8 de enero de 2012. Y es que encontrarse cara a cara en soledad, durante más de cinco minutos, frente a “La Lágrima” (1937) de John Gutmann es una actividad que debería ser de obligado cumplimiento antes de morir bajo apercibimiento de multa en caso de no hacerlo.

Por cierto, aunque somos de Bilbao, la entrada es gratuita, por lo que mire por donde lo mire no veo ninguna excusa para no acudir a la exposición. Créanme, lo disfrutarán. Feliz visita.

"The tear" / "La lágrima" (1937) Photo John Gutmann

"October" / "Octubre" (Berlín, 1933) Photo John Gutmann
"Goodbye Berlín" / "Adiós Berlín" (Berlín, 1933) Photo John Gutmann
"The fleet is in" (San Francisco, 1934) Photo John Gutmann

"The lesson" / "La lección" (Central Park, New York, 1936) Photo John Gutmann

Mobile, Alabama (1937) Photo John Gutmann

"The artist lives dangerously" / "El artista vive peligrosamente" (San Francisco, 1938) Photo John Gutmann
"Golden Gate" (San Francisco) Photo John Gutmann
"Death stalks the filmore" (1939) Photo John Gutmann

"Good luck" / "Buena suerte" (1945) Photo John Gutmann
Photo John Gutmann
"The oracle" / "El oráculo" (1949) Photo John Gutmann

John Gutmann Web

…exposición fotográfica para invidentes…

Sí, así, como lo leen. Exposición fotográfica para invidentes. La muestra, de Juan Torre, tiene dos ubicaciones: veinte fotografías estarán en la Sala Ondare (C/ María Díaz de Haro, 11) hasta el próximo 29 de Julio, mientras que las otras veinte se ubican en la Sala BBK (C/ Gran Vía, 19) de la capital vizcaina. Alguno, obviamente, se preguntará cómo es posible una muestra fotográfica para personas que no pueden ver. Al menos yo me lo pregunté y por eso decidí visitar la exposición. La cuestión es que son fotografías en relieve, para que los “videntes” podamos tocarlas y los invidentes puedan verlas. O viceversa. En definitiva, para que vaya quien vaya a la exposición, pueda sentirla, que al fin y al cabo es lo importante. 

El vizcaíno Juan Torre, quien ha realizado esta muestra con la colaboración de la ONCE así como con una empresa de artes gráficas de Derio, fue fotógrafo de Prensa en la década de los 80 hasta que a causa de una enfermedad tuvo que dejar el trabajo. Fue hace dos años cuando comenzó a trabajar codo con codo con dicha empresa para conseguir unas fotografías impresas sobre una plancha de aluminio con tintas especiales y que, tras varias pasadas, le confieren el relieve que hace que todo aquel que acuda a la exposición pueda ver las fotografías. Para los más “técnicos”, aquí está el video en el que se muestra cómo se “crearon” estas imágenes tan especiales: Video EiTB.

Por cierto, el título de la muestra, “Imágenes para tocar”, juega con la característica principal de las fotografías, (es decir, con su sensibilidad al tacto) y con lo que muestran realmente, que no es otra cosa que retratos de músicos obtenidos tanto en estudio como en conciertos. Otra forma diferente de poder tocar a los Mikel Erentxun, Ainhoa Arteta, Kepa Junkera o Fito Cabrales.  Sin duda, merece la pena la experiencia. Por cierto, por una vez y sin que sirva de precedente, “Prohibido no tocar”.

“Imágenes para tocar o la compensación de los sentidos.

Ver fotografía cuando no sentimos con los ojos y el cerebro, utilizar el tacto como esponja de emociones.

Con lo fácil que puede ser rendirse a la adversidad, y adaptarse a lo cómodo, seguir peleando por contar la vida a través de los retratos de unos músicos, y utilizar nuevas vías de percepción, resulta admirable.

Aunque no necesite tocarlos, me gustan tus retratos, y cuando cierro los ojos y los toco, se abre un mundo profundo e inquietante, como el que percibe Perico cuando toca el alma de un Stradivarius o el percusionista Sonny Emory saliendo de la oscuridad hacia la luz.

Como en el retrato de Fito cuando escribe en braille. ¡Que te pasen cosas buenas!”

(Juan Luis Nocito – Fotógrafo).