…quien ama de verdad no tiene edad…

Photo Mario Giacomelli

Aunque no es bueno repetirse y a pesar de que para muchos este día no deja de ser puro marketing, creo que no existe una imagen que pueda ilustrar mejor el día de hoy, 14 de Febrero. Una imagen con su pequeña historia:

“El asilo es lo primero que hice y lo cierto es que me resultó fácil. También yo hice vida de asilo; fuí allí durante un año sin la cámara fotográfica. Cuando comencé a tomar fotos lo hice con flash, es decir, sin esconderme. Algunos lo tomaban como un relámpago que anunciaba cambios en el tiempo, pero otros tenían miedo, como una viejecita renqueante que tenía a su amante dentro del asilo. Él con sus dos muletas en una sola mano mientras ella le acariciaba la cara con una dulzura estremecedora. Quien ama de verdad no tiene edad. No existe una época para amar o para ser dulce. Piensa que ellos dos habían sido amantes veinte años antes y se encontraron de nuevo en el asilo“. (Mario Giacomelli)

…Mario Giacomelli: El fotógrafo de Senigallia…

 

25 de Noviembre de 2000. Uno de los mejores fotógrafos italianos de la Historia fallecía en el único lugar que podía fallecer: Senigallia, Ancona. El pueblo que también le vió nacer y en el que creció y se hizo fotógrafo. El propio artista italiano decía “Yo no puedo hacer las fotos que hacen en la agencia Magnum porque no me muevo de mi pueblo. Por eso documento mi sensibilidad, las cosas que me sugiere el alma”.

Serie “Verrá la morte e avrá i tuoi occhi”.

“El asilo es lo primero que hice y lo cierto es que me resultó fácil. También yo hice vida de asilo; fuí allí durante un año sin la cámara fotográfica. Cuando comencé a tomar fotos lo hice con flash, es decir, sin esconderme. Algunos lo tomaban como un relámpago que anunciaba cambios en el tiempo, pero otros tenían miedo, como una viejecita renqueante que tenía a su amante dentro del asilo. Él con sus dos muletas en una sola mano mientras ella le acariciaba la cara con una dulzura estremecedora. Quien ama de verdad no tiene edad. No existe una época para amar o para ser dulce. Piensa que ellos dos habían sido amantes veinte años antes y se encontraron de nuevo en el asilo“.

 

 Serie “Io non ho mani che mi accarezzino il volto”.

 

Serie “Io non ho mani che mi accarezzino il volto”.

 

Serie “Lourdes”.

 

Serie “Mare”

 

Serie “Puglia”.

 

Serie “Un Uomo, una Donna, un Amore”.

 

Serie “Omaggio a spoon river”.

 

Serie “La Buona terra”.

 

Serie “Calabria, il Canto dei Nuovi Emigranti”.

 

Serie “Il Mare dei Miei Racconti”.

 

Serie “Felicità Raggiunta si Cammina”.

 

Serie “Ho la Testa Piena Mamma”.

 

Serie “Il Pittore Bastari”.

 

Serie “La Notte Lava la Mente”.

 

Serie “Luna Vedova”.

 

Serie “Ninna Nanna”.

 

Serie “Passato”.

 

Serie “La mia vita intera”.

 

Serie “Questo Ricordo lo Vorrei Raccontare”.

 

Un inmejorable ejemplo de que no hay por qué viajar mucho para poder hacer grandes fotografías. A veces las tenemos delante de nuestras narices. Solo hay que abrir bien los ojos.

Copyright de las imágenes. Simone Giacomelli

http://www.mariogiacomelli.it/

 

Para conocer sus reflexiones, sus pensamientos, su vida, lo más adecuado es leer la entrevista que podemos ver a continuación. Merece la pena “perder” unos minutos en leer la misma, realizada apenas dos años antes de su fallecimiento.

 

ENTREVISTA A MARIO GIACOMELLI por Enrica Viganó.

Por fin dos días con el maestro. En Senigalia, obviamente. Nunca se mueve de su pueblo, ni siquiera para recibir el mas importante premio de fotografía de Alemania o una de las mayores distinciones artísticas del Japón. Él ha decidido que no se mueve de la rivera del mar Adriático y deja que otros le cuenten las celabraciones que desde hace muchos años le dedican en todo el mundo. Aún mejor si hay un nuevo libro para añadir a la enorme montaña de catálogos, revistas y todo tipo de publicaciones que hablan de su obra y que se acumulan en el tercer piso de su casa, junto al laboratorio. He pensado quedarme dos días esta vez para poder disponer de los ratos perdidos entre sus ocupaciones profesionales y familiares y así, a retazos, recomponer la peculiar historia del mas importante fotógrafo italiano. Mario Giacomelli de la cosecha de 1925.

Llego a la estación y lo primero que distingo es su larga cabellera plateada. Vestido de un negro casi ritual, se me acerca para llevarme la maleta con un gesto que es a la vez gentileza y demostración de autoridad en su territorio. me recuerda que para poder ser puntual ha tenido que saltarse la comida e inventar una excusa para evitar los celos de su mujer, que intenta siempre frenar su ya tradicional vocación de seductor. Mientras paseamos en dirección al bar Centrale, todos le saludan con un “Buenos días, maestro” a medio camino entre la reverencia y lo afectuoso. Èl responde con un seco “Ciao” desde la atalaya de sus setenta y tres años. No sonríe casi nunca, es más una actitud que un desinterés. Más bien puede decirse que Giacomelli es atentísimo con la gente. Es una persona generoosa por naturaleza. Cuida las atenciones hasta el punto de haberme invitado a tomar algo, durante los dos días que he pasado en Senigalia, en los distintos bares del centro para que nadie piense que se gasta el dinero sólo en un bar. Por eso, cada día toma sus numerosos cafés, un mínimo de diez, en rotación por los tres locales del centro, cercanos todos a la Tipografía.

La Tipografía donde trabaja ocho horas al día, de lunes a sábado y su casa donde consume noches enteras “poniendo a punto” sus obras, son sitios especiales que hablan de su ansia de vivir y de su insaciable curiosidad. Quizá lo único que tienen en común es el desorden. “Amo el desorden”, declara en un cartel bien visible desde el escaparate de su tienda de tipografía, tal vez para avisar de la atmósfera de bazar árabe del interior, repleto de infinitos colgantes, quincallas, objetos exóticos o tarjetas promocionales. Por otro lado, en su casa el camino al laboratorio atraviesa paredes alicatadas de cuadros y suelos alfombrados de libros. Un claro ejemplo de su desorden vital es el que recubre el cuarto oscuro: recortes de periódicos, refranes escritos en lápiz sobre la pared, poesías, trozos de fotografÌas, tarjetas de felicitación de sus hijos, el retrato de su madre, apuntes de trabajo, botellas de ácido, cajas de puros, recuerdos, el archivo de sus copias fotográficas y una ampliadora que es casi una pieza de arqueología.

Es difícil describir a este hombre, profundamente anárquico: hay que hacerle los adjetivos a su medida. Se puede decir que es bello, pero de una belleza que sale del interior. Se puede decir que es dulce, pero de esa dulzura que intenta esconderse. Tiene la fiereza de otro tiempo y una honestidad sin medias tintas, un candor difícil de creer y una indisimulada coqueterÌa.

La entrevista se inicia en uno de los sillones del Bar Centrale. Giacomelli se explaya con una generosidad que cabría esperar de un artista que se vuelca en sus obras y mezcla las esencias del alma con las de la realidad.

Enrica Viganó (EV): ¿Por qué sigue trabajando en la tipografía y el camping?
Mario Giacomelli (MG): Sigo trabajando porque tengo una familia y necesidad de trabajar. Y además, me gusta trabajar, el hecho de ser tipógrafo. Dejé de estudiar porque mi padre murió y me tuve que poner a trabajar. Pero yo he querido ser tipógrafo porque para mi es la más bella de las profesiones. Imaginar una cosa escrita a mano y después verla pegada en los muros. Era un trabajo creativo, inventivo. Además, compones al revés, ves el mundo al revés, y con el tiempo he pensado que la única manera hermosa de ver el mundo de verdad era así, del revés.

EV. ¿A qué edad comenzó?
MG. A los trece años. Hasta hoy, que tengo setenta y tres, suman sesenta años. Y volvería a hacerlo. Es un trabajo que he hecho con amor. Hoy día, con la llegada del ordenador, la tipografÌa se va muriendo y pasaremos hambre. Precisamente por eso desde años surgió lo del camping. Es un trabajo mas actual. Algunas profesiones van a desaparecer.

EV. ¿Pero usted se da cuenta de que es el fotógrafo mas famoso de Italia?
MG. Vaya, si querías decir una tontería , Èsta es buena. Jamás he pensado en mi como “el mas famoso”. Siempre he creido que se puede hacer mejor. Siempre hay alguien que lo hace mejor que tú y además, ni siquiera sé qué quiere decir “ser famoso”.

EV. Le diré lo que quiere decir. Le hacen libros, exposiciones en los museos y en los lugares más importantes, viene un montón de gente a verle, vienen de América para entrevistarle, le escriben de todas partes del mundo, o sea, es usted famoso. Además, la fotografÌa italiana practicamente no es conocida en el extranjero. Si suena algún nombre, es el suyo.
MG. Una parte de lo que dices la conozco. Que vienen a verme lo sé. A veces pienso que estos pobres que vienen a verme no tienen otra cosa que hacer. ¿Qué quieres que les cuente? Yo hago fotografías porque tengo necesidad de hacerlas; esta cosa que decís de la fama, a mi no me afecta, porque yo hago fotografías y la fama es una cuestión de suerte. Así que … Que luego me reconocen en el mundo, esto también lo sé, porque veo las cartas y además he expuesto en Japón, en China, en todos los sitios y muchos amigos míos, que son mejores que yo, nunca han expuesto en esos lugares. Sobre todo lo entiendo por la gente que viene de fuera. Hace pocos años vinieron unos estudiantes americanos y preguntaron por mi aquí en el pueblo, Senigalia. Y mis paisanos decían “Giacomelli ¿Qué?”. Los estudiantes desanimados, añadían, “Gicomelli, el fotógrafo”. En ese punto, mis paisanos les hacÌan una relación de los nombres de las tiendas de fotografía, que son los únicos nombres que conocen. Eso hace unos pocos años, porque ahora desgraciadamente lo saben por toda la publicidad que me han dado en los periódicos. Digo desgraciadamente porque en mi pueblo, si nadie supiera nada, yo sería más feliz. Porque mira, yo soy un tímido y nunca voy por ahí con la cámara. Pero esto de ser famoso es una pregunta que no me interesa.

EV. Se lo preguntaba para descubrir la relación entre su fama y su estilo de vida.
MG. Mi modo de vida ya lo has visto con tus propios ojos. Yo creo que soy la persona más sencilla de la Tierra. Trabajo de tipógrafo y vivo de ello. La fotografÌa es otra cosa. Cuando fotografío es como si entrara en un jardín, donde siento el perfume de las flores, donde veo las flores, aunque no haya. Así que es simple, necesito trabajar para comer y necesito fotografiar para vivir mi sueño.

EV. ¿De dónde saca el tiempo para fotografiar con todos esos trabajos que hace?
MG. Realmente soy un fotógrafo de domingo; el resto de la semana lo ocupa el trabajo. El domingo apenas me levanto, me afeito, me tomo un capuchino y me voy con la cámara a buscar emociones.

EV. El domingo hace las fotos ¿Y cuando las revela?
MG. Revelo y hago las copias siempre de noche. Termino de trabajar, me voy a mi casa, ceno y me subo al laboratorio. A la una y a las dos todavía estoy ahí. Todos los dÌas. En Navidad y en Semana Santa hago las ampliaciones. Aprovecho las fiestas, porque para mí son dos veces fiesta, ya que puedo salir a hacer fotos. Si por cualquier motivo, no puedo hacerlo, estoy nervioso el resto del día, y me digo que he perdido un día, con los pocos que me quedan. Me pongo de mal humor cuando no fotografío.

EV. ¿Se podría decir que se ha mantenido fuera del resplandor de la fama para seguir con la búsqueda de la sinceridad?
MG. Yo no he hecho nada para contaminarme ni para no contaminarme. Siempre he intentado ser yo mismo, saber cuáles son mis límites. Sé que no tengo una gran cultura, así que nunca se me ha subido a la cabeza. Siento no ser un hombre culto, pero soy feliz de tener una cierta sensibilidad, de sentirme mal porque han cortado una flor.

EV. Hablando de sensibilidad, hubo un momento en el que pensó reunir muchos de sus trabajos bajo un mismo título que hacía referencia al sufrimiento cósmico. En algunas de las fotografÌas del archivo de Lonato aún está escrito detrás de las copias un simple “¿Por qué?” seguido de algunos versos dedicados al dolor.
MG. A mi no me gusta ser considerado un hombre como los de hoy en día. Adultos, como yo, que se aprovechan de un niño o una niña de dos o tres años. No sé ni cómo se le llama a esa desviación.

EV. Pedofilia.
MG. Eso pedofilia. No quiero ni aprender el nombre porque me da asco sólo pronunciarlo. Si vivo en este mundo, con estas personas, la verdad es que reniego de Èl. Es verdad que yo estoy dentro de la jaula, pero vivo en mi mundo, vivo el sueño. Digamos que vivo de pequeños pedazos, de los fragmentos que son las fotografías, de los encuentros con las mujeres, con los amigos, con la naturaleza, que es la cosa más bella, que nunca traiciona, la cosa mas grande que existe y el hombre también la está destruyendo. El hombre está haciendo tanto daño que yo necesito desfogarme y me desfogo con imágenes.

EV, Parece que la emoción sea el único tema de sus fotografías, el hilo conductor de los distintos temas que ha abordado. ¿Cómo nacen sus proyectos? Esos que a veces giran en torno a temas sociales, como la serie de la residencia de ancianos, o los que están mas ligados a la poesía o a las visiones.
MG. Todas mis fotografías son como autorretratos. Siempre me fotografío, fotografío mis pensamientos. Como si me conocieras no por la forma que tengo, sino que me distinguieras por mis ideas. Yo creo que si de verdad existiera el arte, sería sólo un conjunto de ideas, donde también es importante el lenguaje, la forma que le das a las ideas.

EV. Y la forma “giacomelliana” es inconfundible.
MG. La forma es la que modifica las cosas y las hace permanecer en la memoria. Yo quiero documentar, pero no lo hago sólo por mi. Píenso en los que vendrán después de mi, quiero fotografiar algo que se queden en la mente, y eso se obtiene a través de la forma del corte de la fotografía, de cómo disparas, de cómo la positivas. El auténtico realista dirá que te has equivocado, que debes presentar la realidad tal cual es. Uno de los grandes fotógrafos, Henri Cartier-Bresson, dice que no corta las fotos, que el corte lo hace antes de disparar, pero son tonterías dichas por un gran hombre, pero tonterías. Yo corto y quito todo lo que quiero porque yo he visto a un escritor de la talla de Leopardi hacer un montón de correcciones en los manuscritos de sus poemas y no por eso se concluye que no supiera escribir. Si Leopardi, que era un dios para mi, corregía, yo, que soy un pelagatos, ¿Por qué no voy a corregir mis fotos? Corregir quiere decir cubrir, enmascarar, hacer ver una luz que no existía.

EV. Volviendo al contenido y a la selección de los temas…
MG. Como decía, siempre me he fotografiado a mi mismo. Por ejemplo, en el asilo de ancianos los retratos que hice son mi autorretrato, mi preocupación por envejecer. No me preocupa morir, pero tengo tiempo de envejecer porque no sé lo que me espera. Comparto con mi madre el miedo a terminar en una silla de ruedas. Para mí, ir al asilo era poder mirar de cerca, entender ciertas cosas. Yo recomendaría incluso a las escuelas que hicieran visitas didácticas, aunque pueda parecer una blasfemia. Deberían hacer visitas a los hospitales, a Lourdes… Sería más instructivo que lo que se lee en los libros; te ayuda a entender la vida y a gozarla de verdad. A mi me sirvió para hacerme la vida mas densa.

EV. Y ¿Cómo conquistó la confianza de los ancianos?
MG. Lo fundamental es ser honesto, decir que se quiere hacer. El asilo es lo primero que hice y lo cierto es que me resultó fácil. También yo hice vida de asilo; fuí allí durante un año sin la cámara fotográfica. Cuando comencé a tomar fotos lo hice con flash, es decir, sin esconderme. Algunos lo tomaban como un relámpago que anunciaba cambios en el tiempo, pero otros tenían miedo, como una viejecita renqueante que tenía a su amante dentro del asilo.

EV. ¿Esa que aparecen en la foto de los dos ancianos besándose?
MG. Sí. Yo nunca digo que una foto mía sea bella, pero ésa… Él con sus dos muletas en una sola mano mientras ella le acariciaba la cara con una dulzura entremecedora. Quien ama de verdad no tiene edad. No exise una época para amar o para ser dulce. Piensa que ellos dos habían sido amantes veinte años antes y se encontraron de nuevo en el asilo.

EV. No hay duda sobre su dedicación a diferentes proyectos, pero ¿Qué es lo que quiere o lo que puede contar con sus fotos?
MG. Las fotografías no pueden contarlo todo. Piensa, por ejemplo, que mientras grabábamos la conversación sonaba de fondo una canción de Lucio Battisti y de alguna manera nos habrá influenciado. Añades sonido, movimiento, olores y todo cambia. La fotografía tiene que ver con los pensamientos. La realidad es otra cosa. Yo no puedo hacer las fotos que hacen en la agencia Magnum porque no me muevo de mi pueblo. Por eso documento mi sensibilidad, las cosas que me sugiere el alma.

EV. ¿Qué piensa de la fotografía contemporánea?
MG. Ahora está de moda esa maldita “fotografía del territorio”, “la nueva objetividad”. Quieren hacer revivir cosas muertas hace tiempo. Todos hemos hecho fotografía del territorio, pero tal vez ellos no lo saben. Ese tipo de fotografía es la que siempre han hecho los topógrafos del catastro. Eso sí, se les da muy bien escribir grandilocuencias. yo sé que la fotografía nació para documentar, pero, ¿Para documentar qué? cuando hacía fotografÌas de paisaje, pensaba de verdad que la tierra era como la mano de un campesino, con las señales de su esfuerzo con la emoción de su intervención sobre la naturaleza. Lo que hacen ahora los del paisaje urbano parece de paralíticos mentales. Uno de ellos me dijo una vez: “entendí la importancia de esta fotografía cuando usé el gran formato”. Entonces comprendí lo estúpido que soy al no darme cuenta de que el gran formato puede hacer las cosas inteligentes.

EV. El gran formato es otra de las modas de hoy día.
MG. Exacto. Otra moda para listos, que ahora se comprarán una cámara de gran formato para hacer fotos de metro y medio. Yo, sin embargo, quiero olvidarme por completo de la cámara. A los jóvenes que vienen a verme siempre les digo que lo importante es lo que tienen delante y la idea que quieren fotografiar. No hay nada más. La cámara no existe, sólo el sujeto y el alma. Cuando consigues enfocar los ojos de tu alma, basta fijar la mirada hasta emocionarse y darse cuenta de que el tema no le dice nada a la cámara, tan sólo una gran emoción. Tú sólo debes contener la respiración y disparar, y eso es una acto exclusivamente tuyo.

EV. ¿Qué cámara utiliza usted?
MG. Yo sólo he utilizado una cámara, excepto una pequeña Comet que tenía cuando empecé y que era baratísima. Después de probar varias, encontré una cámara robusta que parecía de agricultor. La envié a Milán para que la apañaran como yo quería . Le quité muchas cosas; la verdad es que de la cámara original quedó muy poco, practicamente sólo conservé el objetivo. No vale de nada tener el último modelo del mercado si no tienes nada que decir. Es verdad que uno debe conocer la técnica, saber qué partido puedes sacarle, pero después debes olvidarte de ello. Una vez, los amigos con los que desayuno me regalaron una cámara grande como la mía, pero de esas que dicen siempre que sí a todo, que no se rebelan nunca. Mi cámara se rompe cada dos por tres. El mecánico se lleva las manos a la cabeza siempre que me ve aparecer. Mi cámara tiene temperamento, pero la otra no.

EV. Usted dice siempre que la fotografía es la más grande invención. ¿Por qué?

MG. Por miles de razones. Yo antes pintaba, y todo lo que ponía en el cuadro lo conocía, no había nada que descubrir. Mientras que con la fotografía me dí cuenta de que me podía sorprender, y esto es un paso adelante. La primera foto que hice (“L’aprodo, 1953) la tomé el día de Navidad. Acababan de regalarme la cámara y no sabía utilizarla; me preguntaba un montón de cosas. Ví las olas que iban y venían y metí los pies en el agua, a pesar de que se me congelaban, ya que era Navidad, para atrapar el movimiento del mar. Y me dije: si muevo la cámara al ritmo de la ola, puede ser que el agua se quede quieta y la arena salga movida. No tenía ni idea, pero me animé a probar y de todas las que hice sólo dos quedaron bien. Las demás salieron todas negras. Entonces entendí que este último invento era el más grande. Porque coges la realidad y la modificas. Incluso ella entra en la imagen sin que te des cuenta. Cuando haces las ampliaciones descubres que hay cosas que vas descubriendo un día tras otro. La fotografía tiene algo más que la pintura porque de una parte documenta la realidad, pero de otra parte te deja ver las cosas con tus propios ojos. Se deja modificar, se deja acariciar o destruir todo lo que tú quieras.

EV. Sin embargo, usted tiene una fuerte relación con la pintura.
MG. Sí. Me intereso más por la pintura que por la fotografía, en el sentido de que me informo, compro cosas… Cuando todavía estaba abierta la tienda de marcos de un amigo, nos encontrabamos siempre allí un grupo de gente, casi todos pintores, para charlar durante horas, intercambiar información. Creo que entiendo más de pintura que de fotografÌa. De hecho, alguna vez he escrito alguna que otra introducción para los catálogos de mis amigos pintores.

EV. ¿Y ha abandonado la actividad de pintor y también de poeta?
MG. La verdad es que nunca he abandonado la pintura o la poesía. Simplemente me detuve, son caminos que ya no uso, pero son estradas que siempre me rondan y seguramente volveré a ellas algún día. Para mí la poesía es muy importante. Sin embargo, no creo que vuelva a escribir poemas. En primer lugar, porque siempre los he escrito en estados de amargura o de soledad (tenía mas ganas de morir que de morir en aquel momento) pero, sobre todo, no volveré a escribir porque he perdido la práctica. Se me ha olvidado la ortografÌa y me hago un lío.

EV. ¿Dice que escribía cuando era infeliz?
MG. Desde luego, y fotografiaba más. No se puede ser feliz y hacer cosas bellas: cuando se es feliz se goza la felicidad y basta. El periodo en que he producido mas en pintura, fotografía o poesía ha sido siempre en los momentos más tristes de mi vida, cuando te sobreviene una melancolía y se cuela dentro de ti, no consigues encontrar la felicidad porque te sientes un esclavo del maldito destino. Por eso necesitas crear.

EV. Su casa está llena de libros de pintura, poesía e incluso fotografía. ¿Cual es su preferido?
MG. Nunca he comprado libros de fotografía, pero me envían continuamente catálogos de galerías y de museos en los que alguna vez he expuesto. Ahí he visto que imágenes me gustan; son fotografías de Edouard Boubat, Henri Cartier-Bresson, André Kertesz, Bill Brandt y otros que no me gustan nada y son casi siempre fotógrafos en color, cosas horribles. La verdad es que no han entendido nada del color. Yo, para no complicarme la vida, no las hago. Bueno…

EV. He visto algunas naturalezas muertas en color…
MG. Las he hecho a propósito, aunque no soy muy partidario de los bodegones, pero he aprendido mucho haciéndolas. Siempre aconsejo “fotografía, equivócate, razona desde los errores”. Si no hubiera hecho naturalezas muertas, nunca habría hecho la foto de “Scanno”, ya que me ha servido de experiencia en composición para ordenar un conjunto de personajes que se mueven caótica e imprevisiblemente.

EV. Volviendo a la pregunta sobre su libro preferido…
MG. Todos los libros tienen algo hermoso. Me interesa siempre el último que veo. No sé, por ejemplo ahora se me viene a la cabeza el de William Klein sobre Nueva York. Es un libro enorme.

EV. ¿Y la fotografía que más le ha impresionado?

MG. Siempre que me preguntan eso digo que hay una fotografía de Boubat donde hay un árbol, una gallina y un muro viejo, nada importante, pero para mí es la fotografía mas bella. La ví publicada cuando empezaba a fotografiar y siempre que la encuentro me paro a mirarla. Además, si me apuras, no hay guerra, no hay desnudos, tan sólo una gallina que parece hecha de piedra, un árbol modestísimo y un muro que hace las veces de telón. Para mí esa foto está llena de poesía… Boubat se enteró y me la regaló. Yo, a cambio, le dí la de los sacerdotes.

(Photo Boubat)

EV. Entonces, ¿Se conocieron?
MG. No. Lo hicimos a través de otro fotógrafo que hizo un libro de entrevistas: Frank Horvat.

EV. ¿Le molesta la procesión de gente que viene a visitarle o le estimula?
MG. Entre nosotros, me rompe bastante. En cierto sentido me hacen perder el tiempo. Pero no lo digo por mi (yo pagaría porque vinieran, me traen un trozo del mundo, me informan), me preocupan porque afectan a mi trabajo y mis socios pueden pensar que no les dedico el tiempo suficiente.

EV. Sin embargo, humanamente le gustan.
MG. Claro que sí. Me gusta hablar de fotografía con todo tipo de gente. Hay gente que hace tesis sobre mi trabajo. El último era de Génova y quería venir a verme, pero me da mucho apuro que vengan desde tan lejos, así que le convencí para que lo solucionáramos a través del teléfono, llamándole yo, claro. Han venido incluso de California, de la escuela donde enseñó Aaron Siskind. Siskind vino a Senigalia tres veces, una de ellas con un grupo de los estudiantes más prometedores de la escuela. Los llevé una trattoria de las buenas y daba gusto verlos comer, parecía que hacía un siglo que no comían.

EV. A menudo ha hecho donaciones de sus fotografías, com las que pertenecen al archivo de Lonato. Siempre ha sido muy generoso en ese aspecto. De hecho, no ha querido ligarse a un marchante hasta hace unos pocos años.
MG. Había recibido propuestas de todo el mundo para representar mi trabajo, pero Alberto Burri me aconsejó que no me atara nunca con nadie. me contó que su galerista de Nueva York, Castelli, le pedía que siguiera haciendo cuadros con tela de sacos, cuando él ya estaba en otra fase y no le interesaba ya ese tema. Pero como la galería ya le había vendido la obra no tenía mas remedio que hacerla. Uno termina haciendo las obras porque se lo ordenan, y no hay más envilecedor que volver a hacer algo ya hecho, así que me juré no atarme nunca a nadie. Sin embargo, a fuerza de prestar obras aquí y allá que después no volvían, la situación se me hizo insostenible. Probé a vender las fotografías; las enviaba a los compradores pero nunca recibía dinero, así que no tuve más remedio que buscar a alguien que se preocupara de mis intereses.

EV. ¿Tiene idea de cuántas copias existen de sus fotografías más famosas?
MG. No, no lo sé. Estoy en contra de numerarlas. La fotografía no es como la pintura, que está hecha sólo para poca gente. Me encantaría que mi trabajo llegara a todo el mundo, incluidos los más pobres. Si encuentran una imagen que les gusta ¿Por qué no pueden tenerla?

EV. ¿Cómo le ven los demás?
MG. No soy gregario, no me veo igual a la mayoría de la gente, así que deben de pensar que estoy loco. Pero yo creo que los locos son los otros, los que se pasan el día viendo la televisión. Me ha sucedido que, estando con amigos cultos, se iban a ver una película para pasar la tarde y me decían, si no, ¿Cómo pasas la tarde? Nunca he sabido como se pasan las horas, a mi se me pasan sin darme cuenta. Nunca me he pasado una tarde esperando a que pase, ¡porque desgraciadamente pasa! Después del trabajo, cuando vudelvo a casa, tras una cena abundante, subo al piso de arriba y comienzo a vivir.

EV. La vida…
MG. A mi me interesa la vida, la más viva, la más loca, la más intensa, siempre fuera de las reglas. En los últimos quince años he aprendido a vivir y aprendiendo a vivir he aprendido cuáles son las cosas más importantes: la salud y sobre todo el amor, amar y ser amado. Así que he disfrutado con esto de la vida de verdad y el amor, los hijos que han crecido, menos miedos.

EV. ¿Y la muerte?
MG. Ya he comprado la tierra en el cementerio, solo que no tengo el dinero suficiente para empezar a construir. Estaré en un sitio alto, más alto que los otros, así podré mirar el cielo y el mar. Estaré bien allí siempre que no me construyan nada delante. y después pienso poner una foto mía (en esto soy peor que las mujeres), pero la elegiré yo, donde haya salido bien. Quiero elegirla ahora, mientras estoy vivo, para que así mis nietos luego me recuerden dicendo “Èste era mi abuelo. Fíjate que bello era”, pero hablando de belleza como persona.