…blood coltán…

Acaba el día y pretendes finiquitarlo tumbado en el sofá, viendo en la televisión cualquier programa banal que ayude a que las ganas de dormir se lleven el gato al agua. Los malos días hay que intentar acortarlos lo máximo posible, que ya vendrán mejores. Coges el mando y buscas por los canales algo que el cerebro no rechace de manera automática. Nada, nada, nada, nada, nada. Todo apunta a que sustituiré la televisión por un libro. Pero cuando estoy cerca de apagar la televisión aparece en la pantalla el reportero de “Callejeros” (viajeros o no, qué más da). “Bueno, un rato de callejeros (viajeros o no, qué más da) puede estar bien”, pienso. Tardo un rato en darme cuenta de que no se trata de ese programa sino de otro llamado “En Tierra hostil”. También viajan, pero parece que se trata de un reportaje que pretende más denunciar que entretener. Congo, coltán. Palabras “mágicas” que hacen que me enganche.

La primera vez que escuché hablar del coltán fue hace ya más de siete años. Me hablaron de esa mezcla de columbita y tantalita en una empresa que montaba placas base para ordenadores. Recuerdo poco de esa conversación, pero no se me olvida que hablaron de él como el nuevo “oro negro” (sic) y que la lucha por el cobre a su lado iba a quedar en una mera anécdota. Creo que no supe nada del tema hasta dos años después, en un interesante artículo del jesuita Jon Sobrino.

Periódicamente iba leyendo o escuchando noticias y artículos sobre el coltán, sobre su gran estabilidad tanto ante el frío como el calor, sobre su uso en muchísimos dispositivos electrónicos, sobre las necesidades de China y su incursión en la zona, pero tampoco buceé mucho en el tema. Sí recuerdo haber leido el libro, hace no tanto, titulado “Las minas del rey Leopoldo” (Josep F. Mària y Emmanuelle Devuyst) en el cual se describe la situación de la República Democrática del Congo respecto a la explotación de sus recursos naturales desde que Leopoldo II hiciera de su capa un sayo en el país africano cuando el Congo era el Congo Belga. De todas formas, estamos tan alienados en relación a la situación africana, a la explotación de niños, de trabajadores, de luchas, guerras, muertes, violaciones y un larguísimo etcétera, que hasta que no entra por los ojos, no parece que existe. En este caso, en el de la explotación minera del coltán, como no podía ser de otra forma me sobrecogieron de manera especial algunos trabajos que denunciaban la situación: un reportaje de vídeo (Vice) y dos grandes trabajos fotográficos, concretamente.

 

El alemán Sven Torfinn, especializado en denunciar mediante sus imágenes la situación de algunos países de África, nos acercaba allá por el 2011 un reportaje para Panos Pictures llamado “Blood Coltán” y compuesto por 32 fotografías en color en las que se denunciaba la situación en la República Democrática del Congo respecto a la explotación de las minas de coltán.

Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn

 

Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn
Photo Sven Torfinn

 

Otro gran reportaje fotográfico en las que se denunciaba el problema del coltán, esta vez en blanco y negro y que le sirvió para ser galardonada en los prestigiosos premios Julia Margaret Cameron, fue el de la oscense Judith Prat.

“Coltán” de Judith Prat
Entrevista a Judith Prat

Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat
Photo Judith Prat

 

En África se explota a la población -niños y adolescentes incluidos- en la extracción del coltán. Gobiernos y lobbys varios, entre ellos empresas y organizaciones chinas, participan activamente en dicha explotación e importan la mayor parte de la materia prima para la fabricación de ordenadores, teléfonos móviles y tablets con los que navegar por internet. Miles de personas que utilizan a diario internet durante horas y horas, precisamente en su mayoría jóvenes chinos, acaban enganchados. El círculo se cierra. Curiosa paradoja.

El tantas veces galardonado fotoperiodista Fernando Moleres mostró en el reportaje “Curing China’s Web Junkies” la situación de estos jóvenes enganchados a internet que ingresan en el centro de desintoxicación Internet Addiction Treatment Centre (IATC).

Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres
Photo Fernando Moleres

 

Hoy las redes sociales en España, Twitter principalmente, echan humo con el tema del coltán. Hoy nos sentiremos culpables cuando utilicemos el ordenador portátil, el teléfono móvil o la tablet. Mañana, algo menos. No se preocupen, para el fin de semana, olvidado.

De todas formas…

¿Acaso nos tenemos que sentir culpables nosotros mientras que los que explotan y se enriquecen a costa de los más desfavorecidos duermen a pierna suelta?

¿Qué grado de responsabilidad tiene el consumidor final frente a la responsabilidad de esos gobiernos que dan pie e incluso mantienen la situación por intereses económicos?

¿Somos unos hipócritas hablando de estos temas mientras en la otra mano sostenemos un smartphone?

¿Hasta dónde llega nuestra capacidad para revertir la situación? ¿Y cómo hacerlo?

Preguntas que pasan por mi mente para las que, como casi siempre, no tendré respuesta.

 

Vaya, otra solicitud para jugar al Candy Crash…

… sobre la Guerra de Crimea y la Fotografía…

Estas últimas semanas, debido al “conflicto” en Crimea, son muchos los medios de comunicación que han recogido artículos sobre la Guerra de Crimea del Siglo XIX (1852-1856) -que enfrentó a Rusia con Francia, Reino Unido y Turquía-, desde su aspecto más “fotográfico”. Algunos de estos artículos, afirman sin ningún tipo de rubor que fue la Guerra de Crimea “el primer conflicto armado fotografiado de la Historia” y que fue Roger Fenton “el primer fotógrafo que tomó fotografías de una guerra”. Algo que no es del todo cierto y que conviene matizar.

¿Primer conflicto armado fotografiado?

Aunque es cierto que la Guerra de Crimea es el primer conflicto armado al que fueron enviados ex profeso algunos fotógrafos con el fin de mostrar gráficamente lo que allí acontecía, hay otros conflictos que fueron fotografiados antes. Así, se conservan algunos daguerrotipos de 1846 de la Guerra de la Independencia de México, así como algunas imágenes de las trincheras en las calles de París durante la Revolución de 1848 o incluso varias imágenes de John McCosh, un cirujano que obtuvo fotografías de la Segunda Guerra Sikh (1848-1849) y la Segunda Guerra Burma (1852-1853) y que, como curiosidad, fue el único superviviente de un naufragio del barco que le llevaba a Tasmania. Curiosamente, John McCosh fue fotografiado por el propio Roger Fenton en 1856 en Hampton Court, durante el tercer aniversario de la Photographic Society, posando frente a un carromato similar al utilizado por Fenton durante la Guerra de Crimea como laboratorio fotográfico.

Guerra Independencia México (Fotógrafo desconocido)
Guerra Independencia México (Fotógrafo desconocido)
Revolución francesa, París 1848 (Unknown)
Revolución francesa, París 1848 (Unknown)
John McCosh
John McCosh

 

¿Roger Fenton, el primer fotógrafo que tomó fotografías de una guerra?

Roger Fenton fue uno de los fotógrafos que llegaron a Crimea a tomar imágenes del conflicto y el que ha pasado a la historia por ello, pero no fue el primero y menos aún el único. El primer fotógrafo que llegó a Crimea al de poco de comenzar la guerra fue el rumano Carol Popp de Szathmari. A pesar de que doscientas de sus imágenes de campos de batalla, fortificaciones y de soldados de ambos bandos, fueron expuestas en el pabellón turco de la Exposición de París de 1855, hoy en día apenas se conserva algún original junto con varios grabados realizados basándose en sus fotografías. Según cuenta Ernest Lacan, Szathmari quien llevaba un improvisado laboratorio fotográfico con todo el material necesario para fotografiar mediante la técnica de colodión húmedo en un reducido espacio de su carruaje, fue tiroteado por el frente turco tras ser confundido con un espía ruso, aunque finalmente salvó su vida debido a la escasa puntería de los tiradores:

“Él estaba cerca de Oltenitza en los primeros días de abril 1854, cuando los rusos tenían sitiada a la ciudad. Quería hacer una foto (…) y se acercó a la ciudad con la camioneta que utilizaba como laboratorio, preparó la cámara y comenzó su trabajo. Fue sorprendido por un golpe fuerte y, casi al mismo tiempo, el sonido de un disparo (…). Szathmári pensó que había elegido un mal sitio y que sería mejor salir de la línea de fuego de la guarnición Turkis. (…). Un segundo golpe vibró en el aire y la misma detonación siguió un instante después . Era obvio que era el objetivo y que el fuego se estaba volviendo cada vez más amenazante y preciso. Pero la visión que estaba tomando era tan interesante, la luz y la sombra tan apropiada, que era imposible para su mente para dejar el lugar. Su trabajo sería completado en pocos momentos. Esperó hasta que todo estaba listo. Ya era hora de irse. Una tercera bala de cañón, con mejor puntería que los otros, aró el suelo a pocos pasos delante de él, cubriéndolo con arena. Pero el panorama era magnífico”.

El álbum fotográfico de Szathmari recibió honores de la reina Victoria, del emperador de Austria y de los jueces de la Exposición Universal de París, entre otros. En enero de 1964, el órgano oficial de la Federación Internacional de Arte Fotográfico reveló que el álbum entregado a Napoleón III fue quemado en el palacio de las Tullerías en 1871. Otra copia que se encontraba en el Castillo de Windsor se perdió durante el reinado de Eduardo VII, por lo que son muy pocos los originales de Szathmari que han llegado a nuestros días.

Carol Szathmari
Carol Szathmari
Carol Szathmari
Carol Szathmari

 

Antes que Fenton, tal y como indica Juan Antonio Fernández Rivero en “La fotografía militar en la Guerra de África”, también estuvieron en Crimea dos fotógrafos franceses: “el físico y químico Ernest Edouard de Caranza en la ciudad de Vama (actual Bulgaria), en 1854, tomando fotografías de militares franceses (Vehbi Koy Vakfl, 2006). y un tal “de Tannyon”, pintor y fotógrafo, citado brevemente por Potonniée (1936), quien seguramente lo tomó de un anuncio aparecido en una revista francesa de la época que prácticamente reúne cuanto se sabe del personaje y de su misión fotográfica”.

En Abril de 1854, según cuentan los autores de “All the Mighty World (The Photographs of Roger Fenton 1852-1860″, el Capitán Scott “contrató” al fotógrafo amateur Gilbert Elliott para que tomara imágenes a bordo del Hecla (el barco que llevaría a Crimea once meses más tarde a Roger Fenton y su ayudante), para comprobar si la fotografía “instantánea” podía obtener con suficiente claridad imágenes de la línea de la costa y las fortificaciones en tierra desde un barco en movimiento. No se conservan imágenes del “experimento”.

Debido a que las noticias que llegaban del frente aliado no eran muy buenas y las crónicas periodísticas se hacían eco del sufrimiento de los soldados en algunas ciudades como Balaklava, Thomas Agnew, de la editora inglesa Thomas Agnew e hijos, propuso a la Secretaría de Estado la conveniencia de enviar a un fotógrafo para “mitigar el dolor de las familias sobre la verdadera situación de sus hijos en el frente”, Aunque la propuesta de la editora era puramente comercial la Secretaría de Estado accedió a ello, por lo que contrató al fotógrafo comercial Richard Nicklin para seis meses a cambio de seis chelines al día más comida. Nicklin, partía a mediados de Junio de 1854 hacia Varna, con dieciséis maletas como equipaje. Unos meses después, en noviembre de 1854, un huracán que azotaba el puerto de Balaklava en Sebastopol, hundía el buque Rip van Winckl, y tanto él como sus ayudantes perecían. Sus imágenes se perdieron para siempre.

Para reemplazar a Nicklin se eligió a Brandon y Dawson, dos oficiales ingleses que antes de ser enviados a Sebastopol fueron previamente formados en Londres por el fotógrafo J.E. Mayall, con el fin de tomar fotografías para levantar planos topográficos de la zona del conflicto. Los dos oficiales permanecieron en Crimea hasta la primavera de 1855 y las fotografías que obtuvieron fueron almacenadas en la Oficina de Guerra hasta 1869. Se cree que fueron destruidas.

Roger Fenton no llegó a Crimea hasta comienzos de marzo de 1855. Según historiadores, fue Thomas Agnew quien realizó directamente a Fenton el mismo encargo que meses antes había realizado al malogrado Richard Nicklin. Roger Fenton llegó a Crimea a bordo del Hecla junto a su ayudante Marcus Sparling, a un sirviente llamado William y tres caballos que tiraban de su famoso carromato fotográfico (Photographic Van) que contenía el equipo de colodión húmedo y material fotográfico necesario para las tomas y en el que el propio Sparling fue fotografiado por Roger Fenton poco antes de partir hacia la zona de conflicto. Una fotografía que sin duda ha pasado a la Historia de la Fotografía.

Roger Fenton
Marcus Sparling (Photo: Roger Fenton)

Sobre Roger Fenton y sus fotografías, sobre el encargo de no fotografiar muertos, sobre sus andanzas con el carromato-fotográfico, sobre las dos versiones existentes de la imagen “El valle de la sombra de la muerte” (con restos de munición y sin restos de munición) y sobre el ¿poco? éxito de sus fotografías a la vuelta de Crimea, son muchos los libros, blogs y páginas web que se han escrito y que sin duda merecen la pena su consulta.

"El valle de la sombra de la muerte" (Roger Fenton)
“El valle de la sombra de la muerte” (Roger Fenton)

Otros fotógrafos que estuvieron en la Guerra de Crimea, en este caso, después de Roger Fenton fueron James Robertson y Felice Beato, quienes sí fotografiaron la destrucción en Crimea, destacando las 60 imágenes obtenidas de la destrucción de la ciudad de Sebastopol en Septiembre de 1855.

La fotografía de la Guerra de Crimea siguió dando que hablar una vez finalizada la misma con el trabajo, por ejemplo, de Cundall y Howlett sobre los héroes de la Guerra de Crimea entre las que destacó la fotografía de tres inválidos que causó polémica en una sociedad que quizás aún no estaba preparada para determinadas imágenes.

Von William Young, Henry Burland y John Connery. Photo Robert Howlett y Joseph Cundall
Von William Young, Henry Burland y John Connery. Photo Robert Howlett y Joseph Cundall

 

Es cierto por lo tanto, que la de Crimea fue la primera Guerra a la que fueron enviados fotógrafos ex profeso para la obtención de imágenes del conflicto, pero no que fuera el primer conflicto armado del que se obtuvieron imágenes. Y aunque las fotografías tomadas por Roger Fenton -por su calidad y quizás porque una gran parte de ellas han llegado a nuestros tiempos a diferencia de la mayoría de las imágenes obtenidas por otros fotógrafos que se destruyeron o perdieron- han sido las que han pasado a la historia y las que han alimentado la creencia de que Fenton fue el primer fotógrafo de guerra de la Historia de la Fotografía, fueron otros fotógrafos los que pisaron antes Crimea con el fin de tomar fotografías de lo que allí estaba sucediendo.

Un “pequeño” matiz que creo merecía la pena reseñar.

 

 

… George Berniard: el fotógrafo que involuntariamente acercó a Lauaxeta a la muerte…

A las 5:39 de la mañana de un 25 de Junio de 1937, hace hoy 75 años, el poeta, periodista y euskalzale Lauaxeta era fusilado en el cementerio de Santa Isabel de Vitoria. Dos meses antes de ese fusilamiento, el 29 de Abril de 1937, Esteban Urkiaga “Lauaxeta” hablaba con el fotógrafo George Berniard, uno de los primeros fotógrafos y periodistas que, después de haber estado en Madrid, Oviedo y San Sebastián, había llegado a Bilbao. “¿George Berniard? Soy Esteban Urkiaga. He pensado que tal vez quiera que le acompañe primero al hospital de Basurto para ver a los heridos y a los muertos… Déjeme que le haga una foto, Esteban”.

Ambos llegaban a Gernika entre el 30 de Abril -según unas versiones-, y el primero de Mayo de 1937 – según otras-, con el fin de que Lauaxeta, a petición del propio Lehendakari Aguirre, mostrara al fotógrafo francés la destrucción a la que había sido sometida la población vizcaína. En el momento en el que Lauaxeta mostraba la desolación causada por el bombardeo de la Legión Cóndor, un residente reconocía al editor del periódico Euzkadi, y tras dar parte a las autoridades, ambos -poeta y fotógrafo francés- eran detenidos por las fuerzas del orden. George Berniard era acusado de espionaje conforme al decreto publicado por Franco en el que se indicaba que se condenaría a muerte a todos los periodistas que, después de estar en el frente rebelde, fueran capturados en el bando gubernamental. Las fotografías que Berniard había obtenido y que se podrían haber convertido en las primeras fotografías que un extranjero tomaba de la barbarie de Gernika, fueron veladas por las fuerzas franquistas. El hecho de que los principales fotoperiodistas de las agencias y revistas nacionales e internacionales se encontraran en el frente – a varios kilómetros de Gernika – y que la Guerra Civil en Euskadi no había despertado en los medios de comunicación tanto interés como en otros lugares de la península, provocó que no hubiera fotografías del bombardeo y que las imágenes de la devastación en los días posteriores al bombardeo, según se cree, fueran tomadas pricipalmente por soldados, fotógrafos locales o aficionados a la fotografía.

Gracias a la mediación de un reportero italiano, Sandro Sandri, George Berniard era expulsado a Francia a cambio de publicar la versión franquista del suceso (Berniard, según indica Santiago de Pablo en el estudio “¿Símbolo o mito? La memoria cinematográfica del bombardeo de Gernika”, publicaba el 8 de mayo de 1937 en “La Petite Gironde” una versión intermedia, según la cual, Gernika habría sido primero “mutilada espantosamente” por los aviones al servicio de Franco y luego quemada por los anarquistas). El que fue el guía del fotógrafo, Lauaxeta, corrió diferente suerte. Después de un Consejo de Guerra era condenado a muerte. A los 32 años, Esteban Urkiaga fallecía “de accidente”, según el acta de enterramiento. Pocas horas antes de que las balas de la Guardia Civil acabaran con él junto a la tapia del Cementerio vitoriano de Santa Isabel tuvo tiempo de escribir sus últimos versos: “Azken Oyua” (“El último grito”).

“Goiz eder onetan erail bear nabe
txindor baten txintak gozotan naukela?
El naiten leyora begiok intz gabe.
Gorbei barna yatort kañoi-ots itzela:
or egazkin-egak odei-lapur doaz.
Guda-gotzon baltzak odolez dakustaz,
euren oin aurrean beredin gudari.
Gaste argi orreik, eutsi lur amari!
Bera baizen onik eztauko ludiak.”

(“Azken Oyua”, Lauaxeta, 1937)

 

Cuentan que el sacerdote que presenció su ejecución, después del fusilamiento y el posterior tiro de gracia, afirmó: “Habéis matado a un ángel”.

…crónica de una muerte anunciada…

 

Photo Muga

Decía Gabriel García Marquez en su famosa novela que Santiago Nasar, la semana anterior a que lo mataran, “había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros”.

Mientras la mitad de la afición soñaba que volaba en ese avión de papel de estaño, la otra mitad soñaba que surcaba la ría en una gabarra. Metieron esos sueños en sus mochilas dejando un hueco para traer esa tan deseada Copa. Fueron en avión, en moto, en coche, autobús, bicicleta, isocarro e incluso andando, que para esos somos de donde somos. “Bienvenidos” y “bientratados” por la gran mayoría de madrileños, unos pocos prefirieron mugir ante la avalancha rojiblanca. Libertad de expresión. Brindaron, bailaron, cantaron y sumieron la ciudad en una alegría colectiva. “Que nos quiten lo bailao”. Pasaron las horas y la marea zurigorri era imparable. Más cánticos, bailes, alcohol y alegría. No decaía el ánimo. Poco a poco el rojo y el blanco se acercaba al estadio. Una mezcla de esperanza y respeto al rival inundaba el caluroso ambiente. Últimos sorbos de esperanza. Tomar aire y para adentro. En el estadio, la afición bilbaina gana por goleada.  En los prolegómenos del encuentro suena la música. Los culés bailan con el DJ mientras los athleticzales animan a su equipo. La canción de Fito resulta premonitoria “No voy a sentirme mal si algo no me sale bien, he aprendido a derrapar y a chocar con la pared”. Más prolegómenos. Libertad de expresión (ii). Los culés bailaban en las gradas. Y en el terreno de juego, otro baile. Las caras lo dicen todo. Los ánimos decaen, pero ello no impide que los gritos athleticzales se sigan escuchando en el campo. Ellos cantan la del elefante, nosotros animamos. Unos ríen, otros no. Como la vida misma. Dionisio Iguarán, en la novela antes citada, hubiese equiparado el sentimiento rojiblanco que poblaba las gradas a la muerte del viudo de Xius: “Estaba más sano que nosotros, pero cuando uno lo auscultaba se le sentían borboritar las lágrimas dentro del corazón”. Y borboritaban, vaya si borboritaban. Finaliza la segunda decepción del mes. Si un platillo volante aterrizara en ese momento en medio del estadio, se equivocaría en la predicción del vencedor. Sin duda. Aunque debería ser al revés, los aficionados animan a los jugadores. En el cielo madrileño un solo grito. El fútbol está en deuda con este equipo. Pero la deuda que los jugadores han contraido con la afición es aún mayor. Y solo se puede pagar de una forma.

Lo mejor de la temporada, sin duda habéis sido todos vosotros.

“Una noche de buen humor se le derramó el tintero sobre la carta terminada, y en vez de romperla le agregó una posdata: En prueba de mi amor te envío mis lágrimas”

(Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Marquez)

 

Photo Muga

 

Photo Muga

 

Photo Muga

 

Photo Muga
Photo Muga

 

Photo Muga
Photo Muga

 

Photo Muga
Photo Muga
Photo Muga

…”Las puertas se cierran, por favor, manténgase alejado de las puertas”…

No son pocas las veces que he leido críticas sobre las celebraciones de los “Días de…”. Día del Sida, Día de la Mujer, Día del Mycobacterium Tuberculosis o Día del mochuelo amarillo. Hay “días de” casi todo. Yo, sin embargo, soy de los que piensa que el “día de” no hace daño a nadie. No es la panacea, obvio, pero puede ayudar a remover conciencias, a promover ayudas o a no olvidarnos de algo.

Dicen que son alrededor de siete de cada mil personas las que sufren de autismo. Recuerdo con especial cariño una serie fotográfica que un padre de familia realizó, hace tiempo, sobre su hijo autista.

“Mi hijo mayor nació en el año 2001. Siempre fue un chico que iba al compás de su propio son. Cuando tenía 5 años, comenzamos a hacer fotografías juntos como una forma de encontrar un terreno común y tratar de entendernos. Poco después de que comenzó el proyecto, Elijah fue diagnosticado de autismo. Aunque el diagnóstico me dio las palabras y la historia para entender mejor a mi hijo, no le quitó el misterio y la necesidad de tratar de encontrar un puente emocional con él”.

Después de varios años de obtener instantáneas de Elijah, Timothy Archibald recopilaba las mismas en el Libro “Echolilia”. ”

“Echolilia” es una forma alternativa de un término más común, “ecolalia”, usado en la comunidad autista para referirse a la costumbre de repetición verbal y la copia que se encuentra comúnmente en el comportamiento de los niños autistas. Me gustaba la idea: la fotografía es una forma de copia. Los niños son una forma de repetición. Y mirando a mi hijo con la fotografía me permitió verme a mí mismo de nuevo”.

“Las puertas se cierran. Por favor, manténgase alejado de las puertas.”
“Las puertas se cierran. Por favor, manténgase alejado de las puertas.”

“Obsesivamente repetida cada vez que nos encontramos con una puerta en movimiento. En la biblioteca, en un autobús, en el supermercado. Viene desde lo profundo e interrumpe la conversación. Se declaró como un impulso, no como una colección de pensamientos expresados, que se repite en el tono exacto y el ritmo sin sentido. Esto es echolilia”.

Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald

Photo Timothy Archibald
Photo Timothy Archibald

Página web Timothy Archibald: http://www.timothyarchibald.com/