…World Press Photo: y de repente, Iván Urarte…

Son muchos los “muertos” que está dejando en la cuneta la fuerte crisis económica de estos últimos años. En todos los sectores. En el industrial, en el social y, por supuesto, en el cultural. La Fotografía, como no podía ser de otra forma, no se ha podido librar de los recortes y la ausencia de fondos públicos o privados. Uno de esos “muertos” fotográficos que han quedado en el camino ha sido el Festival Periscopio que se celebraba en Vitoria-Gasteiz. Una referencia en la muestra de trabajos fotoperiodísticos que no pudo afrontar la falta de ayudas públicas y privadas. La herencia que ha quedado a día de hoy de aquel magnífico Festival es la muestra estrella que, año tras año, viaja hasta la capital alavesa: World Press Photo. Junto a Barcelona y Madrid una de las plazas en el Estado en la que se puede visitar la muestra. La única, por cierto, en la que la entrada es totalmente gratuita. Hubiese preferido que la herencia fotoperiodística que Periscopio nos ha dejado hubiese ido por otros derroteros, más locales, más orientados a apasionados de la Fotografía que al gran público, pero si este tipo de muestras provoca que los no habituados a contemplar fotografías se acerquen a una exposición y que, aunque sea por media hora, disfrute con la Fotografía, bienvenida sea.

Si trasladaramos el World Press Photo al ámbito gastronómico, hablaríamos de fast food. Fotografía que entra directa – a veces a los ojos, otras veces a las tripas y en contadas ocasiones al corazón- con una rapidez absoluta, sin apenas digerir. La sangre, los muertos y las guerras entran muy rápido. Siempre que esa sangre, esos muertos y esas guerras sean lejanas, por supuesto. Es lo que tiene el fotoperiodismo y el objetivo de informar, para lo bueno y para lo malo. Y, por supuesto, es lo que la muestra busca. El que vaya a ver la exposición sabe con lo que se va a encontrar, nadie engaña a nadie. Mi pasión por la Fotografía y por el fotoperiodismo hace que nunca me pierda la muestra. Es quizás la parte incongruente que siempre tenemos todos. No es malo comer de vez en cuando una hamburguesa en el McDonalds o una pizza en el Pizza Hut, aunque si te dan a elegir prefieras un buen menú. En el World Press Photo, aunque sea muy poco, siempre hay algo que llevarse al corazón por lo que todos los años acudo a ver la exposición. Este año ha vuelto al Centro Cultural Montehermoso (antiguo Depósito de Aguas), donde ya estuvo hace unos cuantos años. Bonito enclave, sin duda, pero no por ello hace más atractiva la muestra. Más bien todo lo contrario. La irregular iluminación, entiendo que buscada por la Dirección de la muestra, es un error. Hay zonas con una iluminación excesiva y otras en las que la misma escasea de tal forma que es casi imposible ver algunos detalles de la fotografía e incluso dificulta la lectura de los largos (y a veces tediosos) textos que las acompañan. Sobre la calidad de los acabados, nada diferente a lo de otros años, paneles plasticosos que no permiten apreciar detalles fotográficos que sí se mostrarían si la muestra fuese en papel fotográfico. Una lástima. Es lo que tiene el fast food. Sobre el orden caótico de las imágenes, que te lleva a mostrar una sonrisa tan rápido como recibes una puñalada en el corazón nada más girar la cabeza treinta grados, nada diferente a lo de otros años. Difícil, muy difícil seguir el “orden” de los premios en las diferentes categorías. A pesar de todo esto, siempre es agradable acercarse a una exposición fotográfica. Siempre hay algo que llevarse al corazón y para quien no la haya visto, merece la pena acercarse. Aunque hay trabajos magníficos, si me tengo que quedar con alguno de ellos me quedo con el de Frederik Buyckx sobre las favelas y con el de Roman Vondrous sobre una curiosa carrera de caballos que se disputa en Pardubice (República Checa) desde hace más de un siglo. Sublimes. De todas formas, podéis ver las fotografías en la página web del famoso certamen. Por cierto, si tenéis un móvil de última generación podéis utilizarlo en la muestra a través de unos códigos que dan información adicional sobre las fotografías y los autores. Es la parte más innovadora de la exposición.

Photo Frederik Buyckx
Photo Frederik Buyckx
Photo Roman Vondrous
Photo Roman Vondrous

Lo curioso de este año es que la sorpresa (siempre, siempre hay alguna en cualquier exposición que visite) vino de la exposición que se mostraba en una pequeña sala contigua a la del World Press Photo. No conocía el trabajo de Iván Urarte. Otro concepto gastronómico diferente: slow food, slow photography. Aunque debido al tamaño de la sala quizás esta vez podríamos hablar de una grandísima serie de pintxos, de gastronomía en miniatura. Una barra de bar llena de pequeñas exquisiteces (otro ejemplo más de que no hace falta que las imágenes sean de dos metros de largo para impactar al espectador) en blanco y negro, perfectamente alineadas, enmarcadas de manera sencilla pero con una sobriedad digna de alabar, y con una homogeneidad y un reparto en la sala que hace meterte de lleno en las imágenes, en el sentido fotográfico, en la mirada del fotógrafo. La música que ambienta la sala, perfecta para la muestra. El toque de maestría, sin duda. No me esperaba que esta vez la sorpresa viniera de una sala contigua a la de la exposición del World Press Photo. Quizás la muestra de Iván sea el contrapunto perfecto para ver las diferentes herramientas de la fotografía, los diferentes aspectos de la misma. En un lado la rapidez, el momento (¿decisivo?), la fotografía con el fin de informar, de denunciar, de mostrar el mundo al espectador; en el otro lado, la fotografía como visión personal del mundo, de la parte conceptual de este arte. Antagonía, no sé si buscada o no por los Directores del Palacio Montehermoso, que sirve como mensaje de las dos vertientes de la Fotografía. Ambas válidas y dignas de elogiar. El camino perfecto: cargarse las pilas con la fotografía de Iván, recibir después estímulos completamente diferentes en la exposición del World Press Photo, y lavarse por último (o mojarse, como cada uno quiera) con la segunda visita a la muestra del joven fotógrafo.

Iván Urarte
Photo Iván Urarte

…Rémy Ochlik, un nuevo asesinato…

En la era de la información en la que nos encontramos las noticias de ayer se han quedado ya obsoletas. Si nos remontamos a una noticia de hace diez días parece que estamos hablando de la prehistoria. Pero sería injusto que en un blog que gira en torno a la fotografía no apareciera ni una mísera reseña a la muerte (perdón, quería decir asesinato) de un fotógrafo francés el pasado 22 de febrero en Siria. Aunque sea una noticia obsoleta. Ya hablamos de prácticamente lo mismo no solo una vez, ni dos veces, ni tres, sino hasta en cuatro ocasiones.

Esta vez le ha tocado al francés Rémy Ochlik, de 28 años, en Siria. Pocos días antes, había conseguido un galardón en el prestigioso certamen World Press Photo, por unas fotografías tomadas en Libia. Según los que le conocían, era un apasionado de su trabajo, del fotoperiodismo. Aunque nunca puede ser un consuelo, al menos falleció haciendo lo que le gustaba. Por desgracia, seguro que pronto daremos la noticia de un nuevo asesinato de un fotoperiodista…

“A los 20 años, no se tienen ganas de morir. Uno daría todo por estar lejos, muy lejos, y no haber venido nunca. Pero, una vez superado el peligro, sólo tenemos una necesidad, una idea fija: volver, siempre volver. (…) La guerra es peor que una droga”. (Remy Ochlik)

 “World Press Photo Awards General News, 1st prize stories, Battle for Libia”

Photo Remy Ochlik
Photo Remy Ochlik
Photo Remy Ochlik
Photo Remy Ochlik
Photo Remy Ochlik
Photo Remy Ochlik
Photo Remy Ochlik

Descanse en paz.

…el burro, la flauta y Google Street…

Google Street View

A menudo leo en foros de ámbito fotográfico discusiones, elucubraciones y divagaciones sobre el grado del aspecto “suerte” en la obtención de una buena fotografía. Que si la Fotografía es un 70% de suerte, que si un 25% escaso, que si hasta un invidente podría sacar al menos una buena fotografía en su vida, que si la suerte hay que buscarla, que si lo de Henri Cartier-Bresson no es fotografía (sí, como lo oyen), que si la fábula del burro y la flauta… En definitiva, horas y horas de charlas y lecturas sin una conclusión medianamente sustentada en base alguna. 

Estos días he vuelto a pensar en el concepto “suerte”. Llevo varios años apretando el obturador de las diferentes cámaras fotográficas que he tenido, pero no hay manera. Nada de buenas fotografías. Estaba pensando que el motivo de que mis fotografías no sirvieran ni para forrar un bebedero de vacas se debía a mi ineptitud como fotógrafo. Pero no. Me he dado cuenta de que no es ese el motivo. El problema es que no he sacado el suficiente número de fotografías. Sí, va a ser eso. Pero que no cunda el pánico, no hay problema, ya tengo la solución. Ya he comprado todo el material necesario: una baca para el coche, cinta aislante, un intervalómetro y un bote de pintura. Ahora solo me queda ajustar la baca al coche, atar la cámara fotográfica y el intervalómetro con cinta aislante, escribir en el lateral del coche “Guguel Estrit” (por eso del copyright) y empezar a circular sin rumbo. Estoy seguro de que así obtendré fotografías que me sirvan para ganar un Premio World Press Photo como el de Michael Wolf; pero sobre todo, es así como obtendré buenas imágenes. Es así como podré alardear de grandes fotografías. Ya que la suerte no me visita tendré que ir yo en su busca…

Y si no creen que esa sea la forma de obtener buenas fotografías, solo tienen que echar un vistazo a algunas de las más que notables fotografías que la cámara de Google Street pudo captar durante su largo periplo por las carreteras de medio mundo. Ya saben, el burro, la flauta y Google Street…

Por cierto, si no escribo en varios meses ya saben dónde me encuentro…

Sint Nicolas de la Grave (France) Photo Google Street View
Morrone Del Sannio (Italy) Photo Google Street View
Utsira (Norway) Photo Google Street View
Aragón (Spain) Photo Google Street View
Posada de Valdeón (Spain) Photo Google Street View
Viviens (France) Photo Google Street View
Inverallochy (Scotland) Photo Google Street View
Ponsworthy (England) Photo Google Street View
Route 17 (South Africa) Photo Google Street View
Sao Joao Del Rei (Brazil) Photo Google Street View
Saska (Czech Republic) Photo Google Street View
Huautla (Mexico) Photo Google Street View
Crotone (Italy) Photo Google Street View
Prejmer (Romania) Photo Google Street View
Dog's Island (Ireland) Photo Google Street View

… sobre el Día Universal del Niño y la Fotografía…

Hace no mucho, la Directora de un centro de Educación Infantil, me contaba una pequeña anécdota. Para cumplir con la legislación en materia de protección del menor, los centros están obligados a pedir permiso por escrito a los padres / madres de alumnos para la divulgación de fotografías en las que aparezca su hijo/a y que, habitualmente, son utilizadas para la página web del centro, folletos, publicidad, etc. En una ocasión, el padre de un niño se negó a permitir que se divulgaran fotografías de su pequeño. Totalmente en su derecho. El Centro intentó hacerle ver que las fotografías eran siempre tomadas con el único fin de mostrar al exterior las actividades escolares y extraescolares que se realizaban en la escuela y todo desde un punto de vista positivo, alegre y jovial. El padre no entró en razón alegando que “hoy en día hay mucho loco”. Aunque no le faltaba razón, quizás no era esa la mejor manera de combatir a la locura. Y es que absolutamente nada tienen que ver unas fotografías en las que aparezca un niño jugando o posando con el resto del grupo que, por ejemplo, las fotografías que Lewis Carroll tomó de Alice Liddel y otras niñas de corta edad en el Siglo XIX. Y supongo que no por eso el padre prohibirá a su hijo leer el libro de “Alicia en el pais de las maravillas” que Carroll escribió para la pequeña Alice. Pero no hay duda de que la sinrazón de un padre primerizo en pleno énfasis de protección a ultranza del pequeño de la familia es más consistente que una triple pared de acero flanqueada por quinientos lanceros.

"Alice Liddel como pordiosera" (1860) Photo Lewis Carroll (C.L. Dogdson)

Como no consiguieron el permiso, cada vez que se hacía una fotografía del grupo las educadoras retiraban al pequeño a una esquina y hacían la fotografía. Cuando yo era niño nos solían hacer una fotografía al año, no más, y era todo un acontecimiento para nosotros. Ahora, sin embargo, prácticamente todos los días se sacan fotografías de las actividades que hacen los pequeños. Así que, día sí y día también retiraban al niño y sacaban la fotografía. Y día sí y día también, el niño se ponía a llorar porque le apartaban de sus amigos y no podía salir en la foto. Cada vez que se disponían a tomar una imagen del grupo, “¡Nerea, retira a Josu!” y el niño, a llorar. Él también quería estar en el grupo.

La Directora volvió a hablar con el padre. Probablemente, era mayor el daño que la situación estaba provocando en el niño que una posible aparición de su imagen en la página web del centro. El padre se cerró en banda. No, no y no. Estaba totalmente en su derecho. Equivocado, pero en su derecho. La situación era muy incómoda y la Directora del centro, a tenor de las palabras del tutor del menor, se llegó a sentir como si fueran los culpables de que se dieran casos de pederastia y de divulgación de imágenes de niños en la Red. Sobreprotección del niño, la llamó, la cual a veces puede suponer un mayor trastorno al menor que el hecho de que disfruten, se diviertan, rían y, por qué no, se saquen fotografías con sus compañeros.

La solución a este problema, vino por dos vertientes. A veces, ponían al menor en la fotografía para que no llorara, siempre en una esquina, y el Señor Photoshop hacía el resto. Otras veces, era el niño quien jugaba con la cámara y ayudaba a las educadoras a sacar las fotografías de sus compañeros de clase. El niño disfrutaba. Y la educación y el saber hacer de estas profesionales, sin duda, ganaron a la sinrazón de algunos. Por cierto, esperemos que el padre no se lleve un disgusto cuando su hijo llegue a casa diciendo que quiere ser fotógrafo.

De todas formas, es curioso que mientras nos estamos pegando por la imagen de un menor y no se puede mostrar una fotografía del nuevo hijo de Bisbal, no hay problemas en divulgar imágenes de un montón de cadáveres de menores fallecidos por un terremoto, siempre que la desgracia, eso sí, haya sucedido en uno de esos paises del “tercer mundo”.

Premio General News, 1st prize stories World Press Photo 2011 Photo Olivier Laban-Mattei

En fín, feliz día a los más pequeños en el Día Universal del Niño y, sobre todo, feliz día a todos/as los que ayudan a educar a esos pequeños monstruos.

…Una vez más, “un fotógrafo menos” (cuarta entrega)…

O en este caso, dos fotógrafos menos.

Hace menos de un mes, más concretamente el último día del mes de marzo, abría este mismo blog con la noticia de un fotógrafo asesinado: “una vez más un fotógrafo menos”, la titulé. En ella, precisamente hacía referencia a otras dos entradas en el blog en el que ya hablaba de otras muertes de fotógrafos: “Fotógrafo de prensa asesinado en Ciudad Juarez” (Septiembre 2010) y  “un fotógrafo menos” (Enero 2011). Cinco asesinatos en siete meses y cuatro en lo que va de año. Esta vez, el turno les ha tocado a Tim Hetherington y a Chris Hondros. Dos grandísimos fotógrafos.

El primero de ellos, Tim Hetherington fue nominado en la última edición de los Oscars por el documental “Restrepo”. Además, ha sido galardonado con nada menos que cuatro premios World Press Photo: 2º Premio Categoría “Sport Stories” (1999), 1º Premio Categoría “Portrait stories” (2001), 2º Premio Categoría “General News Stories” (2007) y Premio World Press Photo of the Year también en 2007.

Photo Tim Hetherington

El segundo de ellos, Chris Hondros, aunque con menos galardones que Tim, fue finalista del Premio Pullitzer en el año 2004. No obstante, recuerdo muy bien las imágenes de este fotógrafo ya que una de sus mejores fotografías da portada al libro “Fotoperiodismo” (Ed. Electa) de Andy Steel, libro que muestra los trabajos de treinta de los mejores fotoperiodistas del mundo y entre los que se encuentra aparte del propio Chris su “compañero de muerte” Tim Hetherington.

Photo Chris Hondros

En dicho libro aparecen declaraciones de ambos fotoperiodistas que, en casos como estos, cobran aún más relevancia…

“Tengo motivos personales para hacer lo que hago” (Tim Hetherington).

Pasan cosas por el mundo en las que Occidente tiene algo que ver, y creo que es importante que comprendamos esas relaciones políticas y humanitarias. Utilizo mis fotografías para poner rostro y nombre a esas circunstancias particulares y quiero llamar la atención del público sobre ellas, porque es importante que todos sean conscientes de lo que ocurre. Si te dejas convencer de que lo que sucede en esos paises no importa, o si no crees que está estrechamente relacionado con la economía occidental, es que te estás engañando”  (Tim Hetherington).

“Trabajo mucho en lugares aislados y a veces me siento solo y mentalmente estoy harto. En ocasiones me enfrento a escenas que son difíciles de asimilar y cuesta digerir”. (Tim Hetherington).

“Trabajo principalmente en zonas de conflicto y guerra y sería justo decir que mi fotografía se basa en el conflicto. Para mí, el fotoperiodismo y el conflicto a menudo van de la mano porque es esencialmente importante comprender la realidad de la guerra y no ignorar las cosas terribles que están sucediendo en el mundo”. (Chris Hondros).

“En Occidente conocemos el poder de la fotografía y somos bastante conscientes de nuestra realidad visual, así que vemos la cámara como una intromisión. En casi todas las demás culturas del mundo no están tan sintonizados con esto, y no lo ven como algo tan invasivo”. (Chris Hondros).

“Para mí, todos los paises del mundo son un lugar donde las personas se dedican a sus tareas diarias y no pienso que un pais pueda ser más temible que otro. Irak, por ejemplo, no es un lugar donde todos salen a matar periodistas extranjeros, como lo describe la prensa internacional, más bien hay lugares peligrosos dentro de un pais como Irak. No puedo pensar en un solo lugar en el mundo que me sugiera “muerte al llegar” .” (Chris Hondros).

Por cierto, el asesinato de ambos periodistas ha sido en Libia y ambos tenían poco más de cuarenta años. Pero… ¿qué más da?

Por último, acabaré el comentario tal y como lo terminé en la anterior entrada en la que hacía referencia a un asesinato de este tipo y, aunque espero que sea tarde (o nunca), será el comentario con el que terminaré la entrada en la que haga referencia al siguiente asesinato: 

“Mucho me temo que el goteo de fotógrafos de prensa y periodistas “caídos” en combate se seguirá produciendo. (…) Supongo que (…) será uno más, una cifra más y como siempre será agasajado con un cortejo fúnebre, cuatro palabras bonitas, otras tantas palmadas a sus familiares y amigos por parte del mandamás de turno y a otra cosa. El mismo que cuando le pidan responsabilidades por no haber movido un dedo para esclarecer este nuevo asesinato, no tendrá reparo alguno en intentar adornar con palabras armoniosas lo que realmente está pensando. Pero claro, no es políticamente correcto expresar lo que realmente piensa. No es sencillo coger ese micrófono que tanto le gusta, erguir la cabeza y decir sin balbuceos…”es que ya saben, es la guerra. Y claro, en cierta medida, él se lo ha buscado”. Aunque en ese momento, lo esté pensando…”.

Descansen en Paz.

Tim Hetherington
Chris Hondros