La velocidad de la tortuga

Por segunda vez en quince días ETA ha hablado.  No con las armas, como suele acostumbrar, sino a través de un comunicado en el que asegura responder a la Declaración de Bruselas (documento en el que premios Nobel y organizaciones internacionales de intermediación de conflictos se emplazan para alcanzar la paz en Euskadi). En la mencionada Declaración, sus autores -de reconocido prestigio mundial y simples “mercenarios” a juicio de Antonio Basagoiti- exigían a ETA “un alto el fuego permanente y completamente verificable”.  La respuesta llegada ayer se queda, simplemente, en una disposición a analizar, a estudiar conjuntamente los compromisos a adoptar. Es decir, que ya veremos. La nueva nota pública de ETA tiene poco más de noticioso.  Ahonda en su retórica épica del “conflicto” y esconde, en citas más o menos literarias, que está dispuesta a protagonizar y cómo.  “ETA ha vuelto a echar a la mar el barco de la oportunidad… y sin ningún tipo de anclaje ha tomado la primera decisión, con decisión de adentrarse en aguas más profundas”.  “Primera decisión”, cese de intervenciones de carácter ofensivo. “Sin anclajes”, ETA dirige el proceso.  “Adentrarse en aguas más profundas”; explorar las condiciones expuestas en la Declaración de Bruselas.

La izquierda abertzale no emancipada tiene prisa. ETA no. Parece que no se fía. No quiere perder protagonismo El primer comunicado fue insuficiente. El segundo, desalentador.

La izquierda abertzale no emancipada tiene prisa por salirse de la tutela de ETA. Así lo repite por donde vayan sus portavoces. Tienen preparados hasta los estatutos de una nueva formación política que solvente el escollo de la denuncia a la violencia. Querían haberlos pasado por el registro tras el ansiado primer comunicado de ETA. Pero ETA falló en su voluntad, que quedó corta y mermada. Así que echaron el freno, a la espera de que ETA pronunciara las palabras precisas. Pero el momento no termina de llegar.

La izquierda abertzale no emancipada tiene prisa. ETA, no. Parece que no se fía del movimiento. No quiere perder su papel de protagonista. Pero tampoco puede enfrentarse a su base social, que le presiona para que lance la carrera. Por eso alimenta la impresión de que también está de acuerdo con el asunto iniciado. Aunque la velocidad a la que está dispuesta a correr sea la de la tortuga. Este segundo comunicado es la certificación de dos voluntades y dos ritmos diferentes. El certificado de que, de existir, asistiremos a un proceso largo, confuso y tortuoso. ¿Optimistas? Ni sí, ni no, o todo lo contrario.

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