Carta a un soldado

Querido soldado, fuiste valiente y cumpliste con tu deber en la defensa de esta ciudad, que sufrió siete asedios y fué codiciada por los reinos de Castilla, Navarra, Francia e Inglaterra.Te encastraron en la muralla, a modo de homenaje y recordatorio, para siempre…..Pero ya no aguantas más, se te ve en la cara, el lumbago y la claustrofobia te matan. Intentas ponerte derecho pero sólo recibes coscorrones.Espero que algún día puedas escapar del muro y tu destino.

 

Después de la tempestad

Tras la tempestad viene la calma….y el terror.Paseando por el paseo marítimo en Hondarribia miré fijamente hacia lo que el mar había traído, observé las ramas y los árboles desgarrados, escuché el viento que aún persistía, y todo ello despertó en mí una sensación de extraña inquietud.La tarde llegaba a su fin y la oscuridad les dotaba de una extraña y grotesca apariencia que les daba un aspecto de criaturas vivas.Bajé a la playa y me acerqué a un enorme tronco para constatar su naturaleza común y así ahuyentar esos pensamientos, pero al levantar el pie para tocarlo, me pareció que se arrastraba hacia mí y me gruñía. Dí un salto hacia atrás y grité, pero las olas y el viento ahogaron mis gritos y salí corriendo, tropezando con las ramas, cayendo boca abajo y arañándome el rostro al tiempo que caminaba a trompicones hasta alcanzar las rocas y trepar apresuradamente por ellas hasta llegar al paseo.

Estaba nerviosa y aterrorizada e intenté reírme de esos sentimientos absurdos e infantiles con explicaciones racionales, pero a pesar de mis esfuerzos el terror no desapareció. Había algo ahí, algo malvado.

tronco en playa tras temporal

 

rama grande tras tempestad en hondarribia

 

tronco varado en playa tras temporal