Cementerio sin Todos los santos

Todavía huele a flores en el cementerio de Hondarribia. Por poco tiempo.

Se marchitan y se deshojan las flores de las tumbas por la lluvia y el viento del otoño. Se va muriendo esta primavera artificial, enlatada, rodeada de muros de piedra y de distancia.

lapida con un jarron y dos flores

 

flores marchitas sobre lapida

 

tumba con flores medio marchitas

 

dos macetas con pocas flores sobre lapida

 

tumba con la cruz rota y flores

 

flores marchitas en el cementerio

 

cementerio de hondarribia con arcoiris

Si te ha gustado, te gustará

– Apocalíptico mundo en miniatura

– El misterio de la cruz y la navaja de Ockham

– Tras la tempestad

Los muñecos de la navidad

A mi madre no le gusta Julia. Ella quiere que salga con mis amigas del colegio y deje de jugar con mi muñeca. Y Julia la odia por eso.Me lo dice muchas veces, con su vocecita que se me mete en el pensamiento, y con su mirada, que se vuelve gris.- Un día – me suele decir -ellos vendrán y nos iremos muy lejos.

– ¿Ellos? – le digo.

– Los muñecos de la navidad – me dice, y luego se ríe sin sonreir.

niña de espaldas con muñeca mirando belen viviente

 

figura de casero de belen viviente

 

maqueta de casa para belén viviente

 

muñeca tras ventana

 

abuela en establo de belen

 

figura de carpintero de belen viviente

 

dos figuras para belen

 

maqueta de casa para belen

 

muñeco tras ventana

 

figuras de vaca y burro de belen viviente

 

Caricias naturales

Ayer descubrí que las flores dan gusto.

Fue por casualidad. Ocurrió que justo a la salida del cole me entraron ganas de mear y me metí en un jardín con hierba alta. Total que se me juntaron las prisas con las cosquillas que me hacían las plantas y, riéndome, se me mojaron las bragas. Las metí en la mochila, me subí un poco el uniforme enrollándomelo en la cintura y me adentré en el jardín.

La plantas me envolvían, era como si me quisieran conocer y tocar, sentí sus pequeños arañazos, pinchazos y caricias en los muslos y más arriba … y fui descubriendo sensaciones nuevas y naturales.

Se lo he contado a mi amiga Ana y me ha dicho que no quiere venir, que eso no está bien.

¿¿Que no está bien??  ¡¡Si está superbien !!  Hoy pienso volver.

piernas de mujer entre la hierba

Si te ha gustado, te gustará

– Kris la astronauta

– El niño, su gato y EL

– En los límites de mi realidad

Jaizkibel a babor

Desde muy lejos, desde alta mar, se divisa Jaizkibel, el monte costero más alto de la cornisa cantábrica y el primero de los Pirineos.

Su cresta se recorre desde el cabo de Higuer en Hondarribia hasta Pasaia. Y su ladera norte, la que mira al mar, se desliza suavemente hasta precipitarse en cortados acantilados de hasta 250 metros de caída, y está salpicada de pequeñas calas y coloreada por la roja arenisca que cautivó al escritor Victor Hugo: ” Las montañas de Pasaia tienen para mí dos atractivos particulares. El primero es que dan al mar (…) el segundo es que son de arenisca. La arenisca es la piedra más divertida y la más extrañamente modelada que existe (…) No hay espacio que no adopte, no hay capricho que no tenga, no hay sueño que no realice; tiene todas las caras, hace todas las muecas. Parece estar animada por un alma múltiple. Aquí en Pasaia, la montaña, esculpida y trabajada por las lluvias, el mar y el viento, está poblada por la arenisca de una infinidad de habitantes de piedra, mundos inmóviles, eternos, casi pavorosos.”

Alpes et Pyrénées, 1843costa de jaizkibel desde el mar

 

isla de amuitz de hondarribia desde el mar

 

vista de la costa de jaizkibel desde el mar

 

detalle de jaizkibel desde el mar

 

cantera de jaizkibel desde el mar

 

vista de la zona de arenisca del monte jaizkibel desde el mar
vista de jaizkibel desde el mar

 

costa de jaizkibel desde el mar

 

costa y rocas de jaizkibel desde el mar

 

vista de la costa de jaizkibel desde el mar

 

vista general de la costa de jaizkibel

 

jaizkibel desde el mar

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– Mi bosque