En el bar de Pello

Ayer en cuanto llegué al bar de Pello, como cada jueves, escapando de la lluvia a trompicones, cuando le vi detrás de la barra mirándome de esa manera, en ese preciso instante supe lo que iba a ocurrir. Lo supe antes de acercarme a él, casi en penumbra, tropezando con una silla mientras miraba las mesas vacías y me daba cuenta de que no había nadie más; lo supe antes de que llegara a la barra vacía, sin pintxos, y me sentara en el taburete de siempre frente al cañero y frente a él; lo supe antes de que me dijera que estaba empapada y que me quitara el abrigo mojado, que iba a traer algo para secarme; lo supe antes de que se acercara con la toalla, antes de retirarme el pelo mojado de la cara, antes de secarme suavemente la frente, las mejillas, los ojos, y antes de decirme que esa noche había cerrado el bar y que me esperaba, que me necesitaba porque se le había perdido la cama.

dos manos entrelazadas en blanco y negro

Si te ha gustado, te gustará

– Me Gusta contigo

– Medio dormida

– Ven un poco