En el bar de Pello

Ayer en cuanto llegué al bar de Pello, como cada jueves, escapando de la lluvia a trompicones, cuando le vi detrás de la barra mirándome de esa manera, en ese preciso instante supe lo que iba a ocurrir. Lo supe antes de acercarme a él, casi en penumbra, tropezando con una silla mientras miraba las mesas vacías y me daba cuenta de que no había nadie más; lo supe antes de que llegara a la barra vacía, sin pintxos, y me sentara en el taburete de siempre frente al cañero y frente a él; lo supe antes de que me dijera que estaba empapada y que me quitara el abrigo mojado, que iba a traer algo para secarme; lo supe antes de que se acercara con la toalla, antes de retirarme el pelo mojado de la cara, antes de secarme suavemente la frente, las mejillas, los ojos, y antes de decirme que esa noche había cerrado el bar y que me esperaba, que me necesitaba porque se le había perdido la cama.

dos manos entrelazadas en blanco y negro

Si te ha gustado, te gustará

– Me Gusta contigo

– Medio dormida

– Ven un poco

Santuario de Arantzazu

Un buen día el Santuario de Aránzazu se apoderó de mi alma. Su energía penetró en mi interior como un destello azul y me atrapó para siempre. Porque Aránzazu es piedra, es hierro, es madera, y es azul. Enclavado en el monte sobre rocas y al borde del precipicio, rodeado de montañas y con el río a sus pies, es austero, es agreste, moderno, y rebosa arte y cultura.

Lo primero que te sorprende son las tres altas torres, dos de ellas gemelas, cubiertas de miles de puntas de piedra que recuerdan al espino (arantza). Después te impresionan el friso con los 14 apóstoles de Jorge Oteiza y su Piedad solitaria en la fachada, junto con las cuatro puertas de hierro de Eduardo Chillida, como casi enterradas, que acceden al templo y te sumergen en un mundo subterráneo, oscuro, sobrio, sin columnas, y con un impresionante retablo de madera tallada policromada, iluminada con vidrieras de motivos abstractos que te envuelven en una niebla azul.

La cripta, decorada por Nestor Basterretxea, sobrecoge, con sus 18 murales de gran fuerza expresiva y llenos de color, representando la evolución de la mitología al cristianismo, con el Cristo rojo al fondo.

Impresionante. Inolvidable. Todo.

vista general del santuario de aranzazu

 

 

 

 

 

arco de piedra y hierro del santuario

 

 

 

retablo de madera policromada del santuario de aranzazu

 

vidriera azul del santuario de aranzazu

 

vidriera de colores del santuario de aranzazu

 

vista general de la cripta del santuario de aranzazu

 

cristo rojo de Nestor Basterretxea de la cripta del santuario de aranzazu

 

mural de nestor basterretxea de aranzazu

 

mural de nestor basterretxea en aranzazu

Si te ha gustado, te gustará

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– Un Mundo Natural

Cementerios vascos

Me gustan los cementerios, sobre todo los antiguos, y si están medio abandonados mejor. Pasear entre las tumbas silenciosas, escudriñar grietas, tocar las piedras, ver flores en descomposición, los retratos descoloridos, las lápidas sin nombre, las cruces en el cielo, los ángeles y los demonios. Tentaciones.
cementerio tipico vasco con lauburus adornando las orlas

 

lápida antigua sobre hierba en cenmenterio

 

exterior del cementerio de Irura e ikurriña

 

una tumba en cementerio

 

figuras de ángeles y virgen sobre lápida

 

centro de flores y crucufijo de piedra en tumba

 

un nicho vacío con verdín

 

vidriera en enterramiento

 

detalles sobre una tumba

 

cementerio con lápidas sin nombre

 

flores sobre lápida

 

cementerio típico con tumbas

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-De huerta en huerta