09
feb 13

Deja volar tu imaginación…

          ¿Quién no ha oído hablar de las fantasías sexuales? Es más… ¿quién no ha tenido una fantasía sexual? Es algo inevitable, y más si tenemos en cuenta que nuestro principal órgano sexual se encuentra precisamente en el cerebro, la fábrica de ideas. Si queremos definirlas de un modo más concreto, son representaciones que elaboramos mentalmente y cuyo principal contenido es de carácter sexual.

          Antes de nada, me gustaría romper una lanza en favor de estas fantasías, puesto que creo que tienen una mala fama que no se merecen. Muchas veces son consideradas como algo obsceno, sucio, algo que sólo cabe dentro de mentes pervertidas o adictas al sexo. Nada más lejos de la realidad. Tener fantasías sexuales no sólo no es malo, sino que es buenísimo. Con las fantasías activamos el deseo, la excitación y la imaginación, damos rienda suelta a nuestros instintos y nuestro disfrute. 

          Pero las fantasías también son buenas a nivel terapéutico. Muchas veces, cuando trabajamos con pacientes con falta de deseo, o con anorgasmia (imposibilidad de alcanzar el orgasmo) utilizamos las fantasías para que puedan ir avanzando en el tratamiento.

          Por otra parte, las fantasías no son sólo cosa de hombres, ¡para nada! Lo que sí es cierto es que hay diferencias entre las fantasías masculinas y las femeninas. Según varios estudios y libros, la fantasía masculina más recurrente es hacer un trío con dos mujeres, mientras que la de las mujeres es ser violadas. Por supuesto que en la vida real nadie quiere vivir esta situación, pero claro, si en tu mente te está “forzando”  (todo muy entre comillas) Brad Pitt…

          Porque claro, ésta es otra cuestión. ¿Las fantasías hay que cumplirlas siempre o se pueden quedar sólo en nuestra cabecita? Pues hombre, depende… Hay fantasías sencillas que se pueden poner en práctica como colofón, hay otras complicadas que no se pueden llevar a cabo, otras tantas que nos excitan como fantasía pero no nos ponen nada como hecho real… Por ejemplo, muchas personas heterosexuales tienen fantasías homosexuales que les resultan súper excitantes… pero que no se plantean convertir en realidad.

          Y… ¿hay que compartirlas con la pareja o nos las guardamos? Pues hombre, también depende. Habrá fantasías que le encanten a nuestra pareja, incluso para cumplirlas, y otras que no le gusten tanto. Aquí habría que tener en cuenta el grado de confianza, de celos y la capacidad de saber diferenciar entre fantasía y realidad. 

          Sea como sea, unos más, otros menos, todos hemos fantaseado en alguna ocasión, y como dice Sylvia de Béjar en su libro “Tu sexo es (aún) más tuyo” (súper recomendable, por cierto), nunca dejéis de erotizar vuestro pensamiento.

¿Hay alguna fantasía que os gustaría cumplir? ¿Alguna que os preocupe?

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P.D.: Por cierto, un pequeño inciso por si pudiera haber algún malentendido con respecto al tema de las fantasías de violación en las mujeres. Lo que pretendo explicar con esto es que, en una fantasía, somos nosotros (nosotras en este caso) quienes controlamos lo que sucede, por lo que, aunque imaginemos una situación que en principio sería desagradable, la estamos controlando en todo momento, y decidimos qué queremos que pase y qué no. Nunca, nunca se puede comparar con una experiencia de abuso real.


07
feb 13

La comunicación perversa

          Siempre que me preguntan sobre los pilares fundamentales para que una pareja funcione, me apresuro a decir que una de las cosas más importantes que hay que trabajar es la comunicación. Sin embargo, no toda comunicación es buena. Hoy os quiero hablar de la “comunicación perversa”, que bien podría llamarse también maltrato psicológico.

          El objetivo principal de la comunicación perversa es humillar a la otra persona en beneficio propio. Para ello, utiliza las siguientes tácticas:

– Cuando hablamos de comunicación, siempre pensamos en diálogo. Sin embargo, en este caso, la comunicación es unidireccional, es decir, el único que habla (muy fríamente) es el comunicador perverso, que no permite a la otra persona exponer sus opiniones o sus puntos de vista.

– Utiliza el sarcasmo, la burla y el desprecio para referirse a su pareja. Con este comportamiento, manifiesta una falta de respeto total por la otra persona. Muchas veces, este comportamiento oculta un gran sentimiento de inseguridad.

– Intenta desquiciar a su pareja creando malentendidos, manipulando y tergiversando las palabras. Tiene una gran capacidad para “darle la vuelta a la tortilla” y terminar convenciendo a su pareja de que siempre tiene razón.

– También intenta poner a su círculo más cercano en contra de su pareja. Para ello, no duda en humillarla en público, descalificarla y crear malentendidos si es necesario.

– Este tipo de comunicación no es exclusivo de hombres ni de mujeres, cualquier persona puede actuar así en un momento dado. A veces, es difícil identificar estos signos, pues consiguen ejercer tal poder sobre sus parejas, que terminan anulándolas.

¿Conocéis algún caso? ¿Os ha pasado a vosotros?

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06
feb 13

Al mal tiempo… ¿buena cara?

          En la zona en la que vivimos son muy frecuentes los cambios de tiempo y de temperatura. Tan pronto puedes estar sofocándote con un calor infernal, como rescatando el abrigo y la bufanda del armario (y todo esto en el transcurso de unas pocas horas, como estamos viendo estos días). Por eso, me pregunto si lo que supone un trastorno a nivel estético (ya no sabe una ni qué ropa ponerse) lo es también a nivel emocional.

          No creo que a nadie le resulten extrañas expresiones que se refieren a la alegría que da el buen tiempo, o lo poco animado que te encuentras cuando llueve. Sin embargo, parece ser que las condiciones meteorológicas no influyen tanto como pensábamos en nuestro humor.

          Ya son varios los estudios que rechazan esta hipótesis. El último de ellos se llevó a cabo en Alemania en 2008 (os dejo aquí el enlace, por si os interesa leerlo en profundidad: http://psycnet.apa.org/?fa=main.doiLanding&doi=10.1037/a0013497 ). En él, Jaap Denissen y su equipo se sirvieron de más de 1200 participantes para registrar sus emociones positivas y negativas en distintas épocas del año. Al analizar los resultados, se vio que no había una correspondencia significativa entre emociones positivas y buen tiempo, y viceversa.

          Sin embargo, hay muchas personas que sí aseguran manifestar estos cambios en su estado de ánimo en función del tiempo que haga. Por otra parte, de muchos es conocido (sobre todo a raíz de algún que otro “tuit” de esta misma semana) que la tasa de suicidios en los países nórdicos es bastante alta, cosa que se suele achacar a la falta de luz y/o al mal tiempo.
 

         ¿Creéis que realmente nos afectan las condiciones meteorológicas? ¿O nos dejamos influenciar por creencias culturales que así lo indican?

PD: Ana Rosa, con este tiempo, lo de tomarse una caña en una terraza va a estar complicado…

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