Deja volar tu imaginación…

          ¿Quién no ha oído hablar de las fantasías sexuales? Es más… ¿quién no ha tenido una fantasía sexual? Es algo inevitable, y más si tenemos en cuenta que nuestro principal órgano sexual se encuentra precisamente en el cerebro, la fábrica de ideas. Si queremos definirlas de un modo más concreto, son representaciones que elaboramos mentalmente y cuyo principal contenido es de carácter sexual.

          Antes de nada, me gustaría romper una lanza en favor de estas fantasías, puesto que creo que tienen una mala fama que no se merecen. Muchas veces son consideradas como algo obsceno, sucio, algo que sólo cabe dentro de mentes pervertidas o adictas al sexo. Nada más lejos de la realidad. Tener fantasías sexuales no sólo no es malo, sino que es buenísimo. Con las fantasías activamos el deseo, la excitación y la imaginación, damos rienda suelta a nuestros instintos y nuestro disfrute. 

          Pero las fantasías también son buenas a nivel terapéutico. Muchas veces, cuando trabajamos con pacientes con falta de deseo, o con anorgasmia (imposibilidad de alcanzar el orgasmo) utilizamos las fantasías para que puedan ir avanzando en el tratamiento.

          Por otra parte, las fantasías no son sólo cosa de hombres, ¡para nada! Lo que sí es cierto es que hay diferencias entre las fantasías masculinas y las femeninas. Según varios estudios y libros, la fantasía masculina más recurrente es hacer un trío con dos mujeres, mientras que la de las mujeres es ser violadas. Por supuesto que en la vida real nadie quiere vivir esta situación, pero claro, si en tu mente te está “forzando”  (todo muy entre comillas) Brad Pitt…

          Porque claro, ésta es otra cuestión. ¿Las fantasías hay que cumplirlas siempre o se pueden quedar sólo en nuestra cabecita? Pues hombre, depende… Hay fantasías sencillas que se pueden poner en práctica como colofón, hay otras complicadas que no se pueden llevar a cabo, otras tantas que nos excitan como fantasía pero no nos ponen nada como hecho real… Por ejemplo, muchas personas heterosexuales tienen fantasías homosexuales que les resultan súper excitantes… pero que no se plantean convertir en realidad.

          Y… ¿hay que compartirlas con la pareja o nos las guardamos? Pues hombre, también depende. Habrá fantasías que le encanten a nuestra pareja, incluso para cumplirlas, y otras que no le gusten tanto. Aquí habría que tener en cuenta el grado de confianza, de celos y la capacidad de saber diferenciar entre fantasía y realidad. 

          Sea como sea, unos más, otros menos, todos hemos fantaseado en alguna ocasión, y como dice Sylvia de Béjar en su libro “Tu sexo es (aún) más tuyo” (súper recomendable, por cierto), nunca dejéis de erotizar vuestro pensamiento.

¿Hay alguna fantasía que os gustaría cumplir? ¿Alguna que os preocupe?

http://www.youtube.com/watch?v=kTQJ2QiK4QU

P.D.: Por cierto, un pequeño inciso por si pudiera haber algún malentendido con respecto al tema de las fantasías de violación en las mujeres. Lo que pretendo explicar con esto es que, en una fantasía, somos nosotros (nosotras en este caso) quienes controlamos lo que sucede, por lo que, aunque imaginemos una situación que en principio sería desagradable, la estamos controlando en todo momento, y decidimos qué queremos que pase y qué no. Nunca, nunca se puede comparar con una experiencia de abuso real.

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