20
mar 13

Astenia primaveral

          Por fin llega la primavera, y con ella (en teoría, al menos), más horas de sol y temperaturas más agradables. El color sale de los armarios a la calle, y parece que se cogen energías con más facilidad. Pero en el otro extremo, están los dos aspectos más negativos de esta época: las alergias derivadas del polen, y la denominada “astenia primaveral”. Sobre este segundo punto, oímos hablar mucho, pero quisiera aclarar de una manera sencilla de qué se trata.

          Se denomina astenia a un estado patológico de cansancio duradero. En el caso de la astenia primaveral, este cansancio aparece cuando nuestro organismo no es capaz de asimilar los cambios que se producen en nuestro entorno con el relevo estacional. Nuestro cerebro es muy sensible a los cambios climáticos y horarios, y cuando pasamos de un invierno duro a una primavera suave, hay personas que tienen dificultades para adptarse a dichos cambios. Bajan las defensas y se “revolucionan” las hormonas. En algunos casos, incluso pueden llegar a presentar cuadros depresivos.

          Al parecer, se da en mayor número en mujeres que en hombres, sobre todo entre los 20 y los 50 años de edad. Dentro de los diferentes grupos de población, las personas más vulnerables son aquellas que tienen estrés, problemas emocionales o psicológicos, dificultades para conciliar el sueño, desequilibrios hormonales o quienes no llevan una alimentación saludable.

           Los síntomas más habituales suelen ser cansancio y debilidad, dejadez, somnolencia e irritabilidad. También se puede notar un descenso en el apetito (tanto el gastronómico como el sexual). Sin embargo, todos ellos suelen desaparecer en cuanto el cuerpo se reajusta a los cambios externos.

          Para prevenir la aparición de la astenia, es recomendable seguir una buena dieta, respetar las horas de sueño, practicar ejercicio físico, estimular nuestro intelecto y tener una actitud vital y proactiva. Hay gente que se decanta por tomar vitaminas y suplementos, pero en este caso, actúan como un mero placebo, puesto que nuestro organismo se reajusta, como hemos comentado anteriormente, en un plazo de aproximadamente dos semanas.

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