21
Mar 13

Emotify

          Cuando entras en la página de Spotify, lo primero que lees es “Música para cada momento”. Y tienen razón. Cada situación, cada instante, cada experiencia, tiene (o debería tener, como en las películas) su propia banda sonora. Porque la música genera en nosotros sentimientos y emociones, y a la inversa, nuestro estado de ánimo nos pide determinadas canciones o estilos musicales, bien sea por el ritmo, porque nos sentimos identificados con la letra, o simplemente porque una canción en concreto nos recuerda algo.

          Por eso, pienso que la música puede ser una muy buena terapeuta a la hora de gestionar nuestras emociones. Porque nos anima cuando estamos tristes, nos relaja cuando estamos estresados, nos acompaña en los momentos íntimos, nos marca las vivencias felices y nos llena de añoranza recordando tiempos pasados.

          Pero ojo, también están esas canciones que no nos despegamos de la cabeza ni con agua caliente, o esas que hemos escuchado tantas veces que ya no las soportamos. Pero bueno, son daños colaterales, un mal menor.

          Me gustaría que, durante una semana, comprobarais de lo que os hablo. Prestad atención a las canciones que escucháis y al efecto que producen en vosotros. O por ejemplo, intentad pasar un sólo día sin escuchar una canción. Como decía un slogan de hace tiempo: “Sería terrible vivir sin música”.

PD: Por cierto… ¿Tenéis alguna canción especial? Se aceptan sugerencias 🙂


20
Mar 13

Astenia primaveral

          Por fin llega la primavera, y con ella (en teoría, al menos), más horas de sol y temperaturas más agradables. El color sale de los armarios a la calle, y parece que se cogen energías con más facilidad. Pero en el otro extremo, están los dos aspectos más negativos de esta época: las alergias derivadas del polen, y la denominada “astenia primaveral”. Sobre este segundo punto, oímos hablar mucho, pero quisiera aclarar de una manera sencilla de qué se trata.

          Se denomina astenia a un estado patológico de cansancio duradero. En el caso de la astenia primaveral, este cansancio aparece cuando nuestro organismo no es capaz de asimilar los cambios que se producen en nuestro entorno con el relevo estacional. Nuestro cerebro es muy sensible a los cambios climáticos y horarios, y cuando pasamos de un invierno duro a una primavera suave, hay personas que tienen dificultades para adptarse a dichos cambios. Bajan las defensas y se “revolucionan” las hormonas. En algunos casos, incluso pueden llegar a presentar cuadros depresivos.

          Al parecer, se da en mayor número en mujeres que en hombres, sobre todo entre los 20 y los 50 años de edad. Dentro de los diferentes grupos de población, las personas más vulnerables son aquellas que tienen estrés, problemas emocionales o psicológicos, dificultades para conciliar el sueño, desequilibrios hormonales o quienes no llevan una alimentación saludable.

           Los síntomas más habituales suelen ser cansancio y debilidad, dejadez, somnolencia e irritabilidad. También se puede notar un descenso en el apetito (tanto el gastronómico como el sexual). Sin embargo, todos ellos suelen desaparecer en cuanto el cuerpo se reajusta a los cambios externos.

          Para prevenir la aparición de la astenia, es recomendable seguir una buena dieta, respetar las horas de sueño, practicar ejercicio físico, estimular nuestro intelecto y tener una actitud vital y proactiva. Hay gente que se decanta por tomar vitaminas y suplementos, pero en este caso, actúan como un mero placebo, puesto que nuestro organismo se reajusta, como hemos comentado anteriormente, en un plazo de aproximadamente dos semanas.

 

 


07
Feb 13

La comunicación perversa

          Siempre que me preguntan sobre los pilares fundamentales para que una pareja funcione, me apresuro a decir que una de las cosas más importantes que hay que trabajar es la comunicación. Sin embargo, no toda comunicación es buena. Hoy os quiero hablar de la “comunicación perversa”, que bien podría llamarse también maltrato psicológico.

          El objetivo principal de la comunicación perversa es humillar a la otra persona en beneficio propio. Para ello, utiliza las siguientes tácticas:

– Cuando hablamos de comunicación, siempre pensamos en diálogo. Sin embargo, en este caso, la comunicación es unidireccional, es decir, el único que habla (muy fríamente) es el comunicador perverso, que no permite a la otra persona exponer sus opiniones o sus puntos de vista.

– Utiliza el sarcasmo, la burla y el desprecio para referirse a su pareja. Con este comportamiento, manifiesta una falta de respeto total por la otra persona. Muchas veces, este comportamiento oculta un gran sentimiento de inseguridad.

– Intenta desquiciar a su pareja creando malentendidos, manipulando y tergiversando las palabras. Tiene una gran capacidad para “darle la vuelta a la tortilla” y terminar convenciendo a su pareja de que siempre tiene razón.

– También intenta poner a su círculo más cercano en contra de su pareja. Para ello, no duda en humillarla en público, descalificarla y crear malentendidos si es necesario.

– Este tipo de comunicación no es exclusivo de hombres ni de mujeres, cualquier persona puede actuar así en un momento dado. A veces, es difícil identificar estos signos, pues consiguen ejercer tal poder sobre sus parejas, que terminan anulándolas.

¿Conocéis algún caso? ¿Os ha pasado a vosotros?

 


06
Feb 13

Al mal tiempo… ¿buena cara?

          En la zona en la que vivimos son muy frecuentes los cambios de tiempo y de temperatura. Tan pronto puedes estar sofocándote con un calor infernal, como rescatando el abrigo y la bufanda del armario (y todo esto en el transcurso de unas pocas horas, como estamos viendo estos días). Por eso, me pregunto si lo que supone un trastorno a nivel estético (ya no sabe una ni qué ropa ponerse) lo es también a nivel emocional.

          No creo que a nadie le resulten extrañas expresiones que se refieren a la alegría que da el buen tiempo, o lo poco animado que te encuentras cuando llueve. Sin embargo, parece ser que las condiciones meteorológicas no influyen tanto como pensábamos en nuestro humor.

          Ya son varios los estudios que rechazan esta hipótesis. El último de ellos se llevó a cabo en Alemania en 2008 (os dejo aquí el enlace, por si os interesa leerlo en profundidad: http://psycnet.apa.org/?fa=main.doiLanding&doi=10.1037/a0013497 ). En él, Jaap Denissen y su equipo se sirvieron de más de 1200 participantes para registrar sus emociones positivas y negativas en distintas épocas del año. Al analizar los resultados, se vio que no había una correspondencia significativa entre emociones positivas y buen tiempo, y viceversa.

          Sin embargo, hay muchas personas que sí aseguran manifestar estos cambios en su estado de ánimo en función del tiempo que haga. Por otra parte, de muchos es conocido (sobre todo a raíz de algún que otro “tuit” de esta misma semana) que la tasa de suicidios en los países nórdicos es bastante alta, cosa que se suele achacar a la falta de luz y/o al mal tiempo.
 

         ¿Creéis que realmente nos afectan las condiciones meteorológicas? ¿O nos dejamos influenciar por creencias culturales que así lo indican?

PD: Ana Rosa, con este tiempo, lo de tomarse una caña en una terraza va a estar complicado…

 


28
Dic 12

¡Estoy en crisis!

Aunque tenemos un concepto bastante negativo de lo que es una crisis, en realidad nos estamos refiriendo a un proceso de CAMBIO, que no tiene por qué ser necesariamente negativo. Pero estaréis de acuerdo conmigo en que cuando hablamos de “crisis de pareja”, “crisis de ansiedad” o, por ejemplo, “crisis de los 40” no suena especialmente bien. Todo depende de cómo afrontemos nosotros esa situación.

Os propongo un ejemplo que creo que podría reflejar bastante bien esto de lo que estamos hablando. Imaginad por un momento que nos encontramos con dos amigos  que se acaban de quedar sin empleo. Vamos a suponer que son de la misma edad, tienen los mismos estudios y una trayectoria profesional similar. Hablando con el primer amigo, nos damos cuenta de que está desolado, pues piensa que es un incompetente, que no sirve para nada y que jamás volverá a encontrar un trabajo. En cambio, el segundo está un poco contrariado por la situación, pero nos comenta que va a aprovechar para hacer algún curso que le apetecía hacer desde hacía tiempo, y así podrá ampliar su  curriculum vitae para buscar un nuevo trabajo.

Como veis, ante una misma situación, cada persona actúa de forma diferente. Es decir, que nuestro sufrimiento dentro de las crisis vitales que se nos presentan (con mayor o menor gravedad) no depende tanto de la situación como de la interpretación que le demos. Ojo, no estoy diciendo que tengamos que estar tranquilísimos ante acontecimientos negativos, ni que no nos puedan afectar. Simplemente, no es lo mismo sentirse mal en un momento determinado, que sentirse hundido y no buscar los medios para remontar.

Y vosotros ¿estáis pasando por una crisis? ¿Cómo la estáis viviendo?