¿Tan ‘necesario’ es el maltrato animal en unas fiestas populares? (*)

Aste Nagusia’2017 en Bilbao. Buena programación pensada para todo el mundo. Bilbainos y turistas. Sí, los turistas han sido, son y serán bien recibidos en nuestra Villa pese a la monserga de turno de los adeptos al “noísmo”.

Y cuando digo para todo el mundo también me refiero para nuestros txikis, con una programación infantil digna de reseñar por buena y variada. A esos críos les debemos proporcionar toda la diversión y el disfrute posible al tiempo de educarles en el respeto y cariño hacia los animales, entre los cuales, lógicamente, también están los toros.

No tiene cabida, observar como las corridas de toros son retransmitidas por TV en pleno horario reservado y protegido para la Infancia. Hablamos de Cadenas que se dotaron de un Código de Autorregulación. Tampoco se comprende como nadie hace algo para evitar que “se salten a la torera” una cuestión perfectamente regulada en arreglo a las previsiones recogidas en la Ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación. Para más INRI, venimos a hablar del verano. El texto legal expone: ”En los periodos de vacación escolar serán de aplicación las franjas de protección reforzada establecidas con carácter ordinario en los apartados anteriores para el conjunto del año”. Pues nada… como el que oye llover.

Hace un par de días estaba tomando unos potes con una pareja de amigos y observé que a su cría le asustaba algo pegado en el cristal de un bar. Era el cartel anunciador de las corridas de toros rediseñado para la presente Edición 2017. No me extrañó en absoluto: Parece el cartel de una película de terror. Por partes: cuando digo rediseñado lo hago porque la inesperada muerte de Iván Fandiño ha sido un luctuoso episodio sobrevenido, lo que me hace suponer, por meras fechas y por una lógica previsión, que ya existiría un cartel anunciador elaborado con antelación por el mismo autor o -no creo- por otro. Tampoco podemos saber (aunque se ha intentado) lo que ha cobrado el pintor, si en ésta ocasión ha debido elaborar dos carteles o si se convocó un Concurso abierto (de igual manera que se hace cuando se convoca para los carteles anunciadores de Aste Nagusia, Carnavales, etc.).

No todo puede ser perfecto y, de nuevo, hay que poner un punto negro a lo que los aficionados a la tauromaquia llaman “Grandes Corridas Generales” y, los que no lo somos, llamamos “gran vergüenza de exaltación del maltrato animal”. Bilbao es una Ciudad moderna gracias a un trabajado y logrado esfuerzo. Así, tenemos el “punto” más que positivo (del que nos sentimos enormemente orgullosos) y el “punto” negativo (que a muchos ciudadanos nos entristece e, incluso, nos puede llegar a avergonzar). No es ni medio normal seguir realizando este tipo de “actividades lúdicas” en pleno siglo XXI y mucho menos lo es observar como nuestra principal Institución Local co-participa en la Junta Administrativa de la Plaza de toros de Vistalegre.

No cabe duda de que somos un referente en Europa y, de igual manera, en Bilbao nos miramos en el espejo europeo pero, cuando es el mismísimo Parlamento Europeo quien plantea prohibir la tauromaquia en el Estado español a petición de Parte habrá que hacer, al menos, una mínima reflexión. Tampoco se trata de prohibir por prohibir. No me gusta eso de disponer de un poder para vetar lo que no me gusta e incentivar lo que me gusta o lo que, electoralmente, pueda llegar a beneficiarme. La declaración de la tauromaquia como Bien de Interés Cultural por parte del Gobierno español del Partido Popular parece responder a ese tipo de intereses. Qué decir cuando aplican a los festejos taurinos incentivos fiscales (reducción en el tipo del I.V.A.) pero no lo hacen con el cine, el teatro, la música o la danza. Parece que hay quienes no han perdonado, superado ni digerido aquello del famoso “Clan de la Ceja”.

En Bilbao podemos observar una especial campaña (la calificaría de un alarde de medios) para promocionar dicho “espectáculo”. En ocasiones, hemos visto en Tranvías “forrados” con publicidad taurina, páginas enteras a todo color en los principales Diarios, cuñas en las principales Emisoras de radio, vehículos publicitarios, anuncios en las estaciones de Metro Bilbao y en marquesinas de autobús… Incluso publicaciones impresas de gran calidad (ciertamente, subvencionadas). Y, éso, vale un riñón, un ojo de la cara, un pastizal o como se quiera llamar. Lo menos que se podría pedir o exigir -en aras a una mínima transparencia- serían los datos exactos referentes a semejante y desproporcionada “inversión publicitaria”. De hecho, deberían hacerse públicos de Oficio. Pero no hay manera.

Para muestra un botón: En relación con el LXIV Festival celebrado el pasado 9 de junio, sólo encontramos un dato económico. Se informa que el Club Taurino de Bilbao efectúa un donativo de 31.471,44 € a la Santa y Real Casa de Misericordia (que, junto con el Ayuntamiento, viene a ser la otra “pata” de la Junta Administrativa de la plaza de toros de Bilbao). Sobre ese evento nos informan que se dona el beneficio pero no se informa del Balance total del “Festejo”. No se sabe más. De hecho, para escribir estas líneas y hacerlo de una forma lo más objetiva posible, solicité el Balance provisional al máximo responsable de la Junta Administrativa quién no puso objeción alguna pero, dos meses después, vino a informarme que debía dirigirme a un determinado Gabinete de Prensa y, de ahí, se me remitió al Club Taurino o, directamente a la Gerencia de la Plaza. O sea, a dar vueltas para no conseguir nada. En realidad, no deja de ser otra forma de llevar a la práctica el famoso “Vuelva usted mañana”.

Y eso, se enfoque por donde se quiera enfocar, no es transparencia ni de lejos. Tampoco me llama la atención ya que siempre he opinado que en torno a esa Plaza de Toros de Bilbao existe una opacidad absoluta, seguramente, debida a una serie de intereses bastante delimitados a éstas alturas de la película. Vamos, que no cuela. Como se suele decir coloquialmente, Bilbao es un pañuelo (en muchas ocasiones lleno de mocos). Todo el mundo sabe quién es quién, dónde o para quien trabaja, quién vive exclusivamente de qué, que “sagas familiares” existen y se perpetúan, quién viaja de dehesa en dehesa… de jamada en jamada y otras cositas por el estilo.

No pasaría absolutamente nada si la gestión de la plaza de toros de Bilbao estuviese en manos privadas. Si diese ganancias hace tiempo que estaría en dichas manos pero mucho me temo que sería un negocio ruinoso. Y esto es notorio y sabido en Bilbao. Desde luego, con una gestión privada no iba a “correr” tanta invitación para intentar llenar el coso bilbaino de una forma artificiosa. A partir de ahí, allá cada empresario con sus inversiones pero, me preocupa porque, al menos, la mitad en la participación en la plaza de Bilbao es pública y, lógicamente, me gusta saber lo que se hace con nuestro parné.

En mi opinión, se debe abrir de una forma clara y honesta, un debate sobre el particular en nuestra Villa (Consulta incluida). Al margen de pulsar la opinión de la Ciudadanía, podría llevarse a cabo algo tan sencillo como que nuestra Administración Local se desvinculase de una vez por todas de la plaza de toros de Bilbao.

Los anti-taurinos descartamos los conceptos de “arte” y de “cultura” como una suerte de envoltorio para intentar justificar una trasnochada “afición” que, a todas luces, representa a una progresiva minoría Social. De hecho, la tortura animal, jamás puede ser considerada un “arte” ni mucho menos puede encuadrarse en el ámbito de la “cultura”. Y, si se pretende un planteamiento reduccionista alegando a la famosa “tradición”, podríamos plantear que también lo era ver como fieras salvajes y malnutridas ex professo se dedicaban a “merendar” cristianos en el Coliseo romano. (con butacas para un aforo cinco veces superior al de la plaza de toros de Vistalegre). Todo un “espectáculo” que tendía a convertirse en “tradición”. De hecho lo fue hasta que alguien dijo “se acabó”. Como alguien puso fin a la “tradición” de comerciar con esclavos. En Manganeses de la Polvorosa (Zamora), en otra brutal y absurda “tradición”, los “Quintos“ del pueblo tiraban una cabra desde lo alto del campanario de la iglesia. Fue prohibida en 2002 debido al escándalo que producía dentro y fuera de las fronteras españolas. La lista sería interminable pero, por citar la última prohibición definitiva (por mediática) hay que trasladarse a la localidad vallisoletana de Tordesillas, dónde los lugareños se dedicaban a lancear a un toro y dispararle unos dardos hasta darle muerte. La ya ex-tradición se conocía como El Toro de la Vega. Hasta el mismo dictador y genocida Franco llegó a prohibir semejante salvajada.

Personalmente opino que ésta absurda demostración acabará muriendo de inanición al no existir un relevo generacional lo suficientemente importante como para insuflar oxígeno a la tauromaquia. Es evidente que cada vez hay más gente que se posiciona en contra de esta barbaridad disfrazada de “arte y cultura” así como de otros espectáculos consistentes en maltratar a animales. En definitiva, se debe tener Derecho a decidir sobre muchas cosas. También si queremos un modelo de Fiestas en las que se maltraten animales o si, por el contrario, decidimos destinar esos recursos a cosas de mayor utilidad para la colectividad.

Las “diversiones” a costa de los animales van quedando atrás en una Sociedad moderna, madura y formada y, en esto, los y las menores de 30 años vienen empujando con fuerza. Son pocos (por no decir un pequeño grupito) los veinteañeros aficionados a los toros. Por eso hablaba de muerte por inanición en todo lo que rodea a la tauromaquia. Está más que claro que el maltrato animal está pasando a ser algo políticamente incorrecto y los adeptos que quedan son los que apenas llenan media plaza de toros en Bilbao (cuando no un cuarto de su aforo) y, progresivamente, tienden a ser menos. Es una mera y sencilla cuestión que solo podemos atribuir a lo que denominamos “Ley de Vida”.

Para intentar paliar esa falta de demanda entre las personas más jóvenes, se han ofertado Abonos por 78 euros para toda la Feria de Aste Nagusia’2017 a menores de 26 años (se entiende que desde los 18 a los 26) y se han puesto en taquillas entradas “sueltas” dirigidas a esa franja de edad cuyos precios oscilan entre 9,10 a los 14,50 euros. Bueno… pues creo que ni con esas. Los primeros resultados así parecen confirmarlo. Otra cosa es que convocasen a conciertos con esos precios tan interesadamente populares pero, desde el 30 de julio de 2010, parece ser que no han sido capaces de organizarlos. Como curiosidad, ése último concierto en Vistalegre corrió a cargo de Mark Knopfler. Allí estuve… una de las pocas maneras en las que se me pueda ver en el interior de una Plaza de toros.

Esa falta de relevo en la afición taurina se observa en distintas encuestas. De forma cronológica, a principios de los años 70, los interesados en las corridas de toros eran el 55% de los encuestados en el Estado español, en los años 80 este colectivo representaba alrededor del 50%, mientras que en los 90 las cifras de aficionados se desplomaron, situándose en torno al 30%. Según una encuesta de Gallup (2002) un 68,8% no mostraba ningún interés por la “Fiesta Nacional”. En 2006, según un sondeo de Investiga, el 26,7% de las personas encuestadas afirmaban estar algo o muy interesadas en las corridas de toros. El perfil de los aficionados era en su mayoría masculino (un 33,5% de los varones encuestados afirmó interesarle los toros) y de más de 45 años, alcanzándose el máximo interés entre las personas de 65 y más años, con un 41,1% de aficionados. El 72,1% de la población sondeada afirmaba, en cambio, no tener ningún interés por los espectáculos taurinos. Este desinterés lo demostraron sobre todo las mujeres, con un 78,5%, y las personas con edades comprendidas entre 16 y 24 años, con un 81,7%.

En 2009 un 67% de la población no mostraba ningún interés en la tauromaquia (en Euskadi se elevaba a un 77%). En 2013, los interesados por la tauromaquia en la C.A.V. rondaban el 23% y en 2015 no alcanzaban el 21%. Vistos los datos, el futuro de la tauromaquia se antoja negro “tirando” a negro oscuro. En nuestro entorno, no ha habido feria taurina en las gasteiztarras fiestas de La Virgen Blanca. Es de justicia dejar claro que ello no ha sido debido a ninguna prohibición por parte del Ayuntamiento sino a una evidente falta de interés que no hace rentable la plaza de toros de Gasteiz a ninguna Empresa promotora. En Donostia se prohibieron en la etapa de Gobierno de EH-Bildu. Vuelvo a lo mismo: soy partidario de consultar y nunca de imponer o de prohibir. En la actualidad sí que han habido toros en la reciente Aste Nagusia donostiarra y los resultados (a falta de Balance definitivo) son los que son y la tendencia es la que ha sido: Un auténtico fiasco en toda regla.

En Bilbao, la cuestión se puede plantear de la siguiente manera: ¿Se va a poder opinar o se va a optar por quedarse de brazos cruzados hasta que no se llene ni un cuarto de Vistalegre y no se pueda hacer frente a sus gastos más básicos? Aquí es donde conviene recordar que nuestro Alkate declaró en agosto de 2015 que “Bilbao tendrá toros si la Ciudad quiere que los tenga”. A la vista de los sondeos, mucho me temo que la Ciudad no quiere toros y queda demostrado que sí existe este debate en nuestra Villa.

Y es que no hay mejor manera para saber algo que sondeando y no hay mejor forma para tomar decisiones que consultando.

(*) Artículo completo a la versión reducida (por espacio) publicada en Tribuna Abierta en Diario DEIA, jueves, 24 de Agosto de 2017.

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