Los vencejos comen, beben, copulan y hasta duermen en pleno vuelo

En pueblos y ciudades de la península Ibérica, estos portentosos viajeros, que de Siberia a África pueden recorrer 30.000 kilómetros al año, ceban a sus crías a base de insectos capturados en su planeo, y hasta duermen en pleno vuelo.

Fáciles de reconocer, no sólo por sus gritos, sino también por la silueta con alas muy largas y curvadas hacia atrás, como guadañas. Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población de la península Ibérica de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt.

Fotos sacadas en Osorno (Palencia). Junio 2017.

¿La tórtola común en declive?

En la familia columbidae se encuentran dos palomas, la paloma torcaz y la tórtola común o europea. Mientras que las poblaciones de torcaces según los estudios realizados están al alza, la tórtola europea sufre un declive poblacional.

Según el Doctor en Ciencias Biológicas y Profesor Titular de Biología, Etología y Gestión Cinegética de la Universidad de Extremadura, Sebastián J. Hidalgo de Trucios, autor de dos libros y estudios sobre la Tórtola europea, esta especie escasea cada vez más en la Península Ibérica, pero, sin embargo, en Marruecos sus efectivos han aumentado. Y se pregunta: ¿significa esto, como interpretan algunos, que esta viajera ha modificado su comportamiento y prefiere quedarse allí? o, por el contrario, ¿se trata de un cambio real en el status de las distintas poblaciones reproductoras motivado por diferentes condiciones de cría?

Para muchos la cosa está clara: si aquí hay menos Tórtolas y en otros sitios, como ocurre en Marruecos, han aumentado en los últimos años, debe ser que esta migradora ha cambiado sus hábitos ancestrales migratorios y ha decidido quedarse en otros lugares. La explicación es sencilla, en Marruecos ha habido cambios en la agricultura que posibilitan un alimento abundante y estas aves no tienen necesidad de cruzar el estrecho para instalarse en sus cuarteles reproductores tradicionales europeos. Sin embargo, este razonamiento, aparentemente irrefutable, a juicio, del citado experto, es incorrecto por ser demasiado simplista y no tener en cuenta algunos aspectos básicos del proceso biológico de estas especies migradoras.

Causas de su disminución

En el libro titulado “La tórtola común: streptopelia turtur, análisis de los factores que afectan a su status”, escrito junto con Gregorio Rocha Camarero, se señala que el principal factor responsable del descenso demográfico de la especie, está relacionado con los cambios en la agricultura que se han producido en las últimas décadas, especialmente la disminución en la superficie cultivada de cereal, y de otras especies.

Otro factor negativo de relativa importancia, está determinado por el uso de herbicidas. Estos pesticidas evitan el desarrollo de plantas de tipo ruderal, cuyas semillas constituyen la base insustituible de la alimentación de la Tórtola a su llegada a las áreas reproductivas.

También está el problema de la expansión de la Tórtola turca (fue vista por primera vez en la península Ibérica, en la zona Cantábrica en la década de los sesenta), ya que juega con ventaja en esta situación de competencia porque tiene mayor tamaño, es sedentaria, ocupando una misma zona durante todo el año, y se reproduce varias veces a lo largo del ciclo anual con mayor éxito reproductivo total al de la Tórtola Común.

En esta situación, una aplicación incorrecta de la caza puede ejercer un efecto negativo añadido, señalan los dos expertos. Y ponen de relieve la importancia y la necesidad de aplicación de la ética cinegética, evitando prácticas ilegales e innobles de caza abusiva. Pero sin duda, consideran que las practicas que más perjuicio causan a la Tórtola común, son el uso de atrayentes alimenticios. Se trata de procedimientos ilegales, pero muy extendidos, que favorecen la concentración de individuos en comederos artificiales donde se les caza de forma abusiva.

Por tanto, los cambios en la agricultura, el uso de herbicidas, la competencia con la Tórtola turca y la sobrecaza están generando una, cada vez más, delicada situación para la especie.

El efecto del declive más acusado de la Tórtola común es en el País Vasco, Cataluña, Galicia y Castilla y León, aunque también hay descensos “significativos” en otras áreas del centro y este de la península Ibérica. La mayor pérdida absoluta se registra en las regiones predominantemente agrícolas (con un mayor proceso de intensificación), por lo que se ve necesario realizar estudios más detallados para identificar qué prácticas o causas relacionadas con la gestión forestal, por un lado, y con la gestión agrícola, por otro, pueden tener más relevancia en el declive poblacional de la especie.

Tórtola común. Streptopelia turtur. Usapal arrunt.

Las fotos están sacadas en Lomas de Campos (Palencia). Mayo 2017.

Más información.

  • Rocha Camarero, G.; Hidalgo de Trucios, Sebastián J., “La Tórtola común: Análisis de los factores que afectan a las aves”. Editorial Universidad de Extremadura.
  • Sáenz de Buruaga, M.; Canales, F y Robles, J.L. (2013). Proyecto Tórtola (Caza). FEDENCA y Fundación Biodiversidad. 2013.
  • SEO/BirdLife 2012. Atlas de las aves en invierno en España 2007-2010. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente-SEO/BirdLife. Madrid.

 

 

El avión común habita en los nidos de barro que construye en los aleros de los tejados

El avión es de la familia de la golondrina común y muchas veces se confunde con ella. Aunque es de origen rupícola, hoy en día, tiene sus colonias en los edificios de las ciudades y pueblos. Es un ave de pequeño tamaño, muy cantarina, negra por arriba y blanca por debajo, de obispillo blanco, de alas largas y puntiagudas, cola ahorquillada y patas cortas cubiertas de finas plumas blancas.

El avión común está dentro del grupo de las tres insectívoras estivales que cubren nuestros cielos en primavera y verano; es el grupo de los vencejos, los aviones y las golondrinas. Las tres aves son migradoras que pasan el invierno en África.

El avión común elije para anidar los aleros de los edificios que se sitúan en las ciudades y pueblos, como se puede ver en dos de las fotos. Concretamente, se trata del pueblo alavés de Espejo, que forma parte del Ayuntamiento de Valdegobia, muy cerca del parque natural de Valderejo, en Álava.  En ellos construye afanosamente un nido de barro completamente cerrado excepto por un agujerito por el cual entra y sale para alimentar a las crías. Vive en colonias en las que se sienten seguros, ya que en grupo pueden plantar cara a los depredadores que asedian sus nidos, principalmente el cernícalo común y la grajilla.

Pero también los aviones tienen que hacer frente a otros problemas, como la falta de barro en las ciudades y pueblos para construir sus nidos, además de su destrucción, desgraciadamente, por el ser humano, e incluso por parte de algunos ayuntamientos para “limpiar” algunas fachadas. A pesar de que la ley protege a estas aves.

La península Ibérica es el lugar de Europa con mayor número de parejas de aviones. Los aviones funcionan como insecticidas biológicos comiendo toneladas de insectos voladores (principalmente moscas y mosquitos) al año. Por lo tanto, les tenemos que estar muy agradecidos.

Avión común. Delichon urbicum. Enara azpizuri.

Fotos sacadas en el pueblo alavés de Espejo (Ayuntamiento de Valdegobia). Marzo 2017.

 

El pánico de todos los veranos

Con el trágico incendio ocurrido el pasado sábado en el centro de Portugal, nos viene a recordar, a las puertas del verano, la amenaza de los incendios forestales, las tragedias que ocasionan y el pánico que generan en la Península Ibérica. Parece que en esta ocasión no ha sido intencionado y se ha debido a un rayo, pero el incendio se ha propagado rápidamente por un cúmulo de causas, ocasionando lo que se ha sido calificado como el mayor incendio con víctimas mortales ocurrido en Portugal. Al menos se habla de más de 60 muertos, en una de las zonas más apreciadas por excursionistas y aficionados a los deportes acuáticos. En todo caso, que no haya sido intencionado no quiere decir que no tenga causas bien claras en la nefasta política forestal que se ha llevado a cabo en Portugal, parecida a la de muchas comunidades del Estado español, por cierto. Y en esa desastrosa política forestal tiene mucho que ver, que la zona siniestrada está cubierta de eucaliptus, a lo que no son ajenas unas cuantas comunidades del Estado, así como la falta de una política de prevención activa. Ni más ni menos, si tenemos en cuenta solo a la especie eucalyptus globulus (el eucalipto blanco, eucalipto común o eucalipto azul), en la Península Ibérica se localiza el 53% de la superficie mundial ocupada por esta especie; y el 31% se halla en Portugal y el resto, en el Estado Español. Y, por supuesto, también las adversas condiciones meteorológicas y la enorme sequía, que asimismo afecta a la mayor parte de las comunidades del Estado español, han tenido que ver con el devastador incendio del centro de Portugal.

La demanda del eucalyptus

Pero hagamos un poco de historia. Los bosques del mundo se están cortando actualmente a un ritmo muy superior al de su sustitución. A nivel mundial, como promedio, solo se planta una hectárea mientras se desmontan 10 hectáreas de bosques naturales. Hay grandes y crecientes demandas de madera para uso industrial y para atender las necesidades de combustible. Para responder a esta situación, se suele adoptar la solución de plantar especies arbóreas de crecimiento rápido y de gran uso. Un grupo de tales árboles exóticos se encuentra en las más de 600 especies del género Eucalyptus, cuya popularidad como especie de plantación puede atribuirse a que son generalmente muy adaptables, de crecimiento rápido y con una amplia variedad de usos, desde madera aserrada y productos elaborados de la madera hasta combustible de gran valor calorífico. Esta popularidad puede juzgarse a través del hecho de que más de 80 países han mostrado interés por los eucaliptos y han plantado más de 4 millones de hectáreas en todo el mundo.

Sin embargo, en medio de esta popularidad, se ha producido un estado creciente de opinión que sostiene que los eucaliptos ocasionan una serie de males a corto o largo plazo, empobreciendo el medio ambiente, en cuanto a los suelos, la disponibilidad de agua y la vida silvestre, incluso cuando las plantaciones se han establecido en tierras baldías, desprovistas de cubierta arbolada. Otro problema importante es que las plantaciones de eucalipto suelen ser muy vulnerables al fuego, lo que sería una de las razones de la gran capacidad de propagación del incendio que ha tenido lugar en el centro de Portugal.

Lo cierto es que es que, al menos en la Península Ibérica, durante los últimos cuarenta años este árbol ha dado lugar a encendidas polémicas sobre su impacto ambiental, incluso sobre su rentabilidad o sobre la capacidad del territorio para acoger más eucaliptus. De todas maneras, los males del eucalipto no son solo imputables a este árbol, sino a unas deficientes técnicas de ordenación territorial, repoblación, selvicultura y explotación, es decir, al ser humano, y a unas afirmaciones de la industria sobre su alta rentabilidad que, con el tiempo, han demostrado en parte su falsedad. Sin duda, es necesaria una ordenación racional del sector, en la que se abogue por la mejora de las prácticas forestales en estas plantaciones, pero también por fijar un límite de ocupación del territorio basado en criterios científicos y técnicos, por el respeto a la planificación forestal, las estrategias y planes de ordenación del territorio y la legislación ambiental.

En el caso de Euskadi, al menos en Bizkaia, Gipuzkoa y norte de Araba, la época de mayor riesgo de incendios forestales no es el verano, sino el otoño y el invierno. En estas estaciones, debido al frío, buena parte de la vegetación herbácea que se encuentra en los montes de Gipuzkoa, Bizkaia y la parte norte de Araba se seca y también los matorrales tienen menos humedad interna al disminuir el movimiento de la savia. Si a esta situación se le unen periodos prolongados de viento sur sin lluvias, situaciones habituales en el invierno, el peligro de incendio se incrementa considerablemente. Por el contrario, durante el verano, al no ser las temperaturas extremas, la vegetación mantiene la actividad por lo que la humedad interna de las plantas es alta y el peligro de combustión es bajo. También hay que señalar que en las últimas décadas la superficie afectada por los incendios forestales en Euskadi ha sido pequeña, y que el año pasado, 2016, fue la menor de la última década.

El 80%, provocados

No obstante, no hay que “echar las campanas al vuelo”. Existe mucha sequedad en la actualidad y está habiendo unas temperaturas altísimas, aunque les siguen intervalos con bajadas. Pero los problemas existen y entre ellos quiero destacar la negligencia humana y la intencionalidad de algunos de los incendios que ocurren. Las estadísticas señalan que el 80% de los incendios forestales son provocados por la mano del ser humano, unos por negligencia o imprudencia, otros intencionados, obra de pirómanos. Los datos son contundentes y plantean que solo un 14% de los incendios forestales son producidos por causa natural, y el 6% es por causas desconocidas. Quien le pega fuego al monte y a nuestros campos es producto del incivismo y de la negligencia… o de la maldad.

Los efectos de los incendios forestales, además de la evidente pérdida dramática por el fallecimiento de personas, van mucho más allá de la destrucción de árboles. Por un lado, es evidente que los fuegos provocan una pérdida económica directa para los propietarios del monte, también para la población cuyas propiedades (casas, pastos, infraestructuras agrícolas, etc.) son devoradas por las llamas. Pero el efecto económico es muy superior. Leña, setas, frutos silvestres, etcétera, son algunos de los productos obtenidos directamente de los ecosistemas forestales.

Finalmente, en estos momentos, nos cabe expresar las máximas condolencias por las personas fallecidas y la plena solidaridad con sus familias, así como el apoyo a todas las personas que están trabajando y luchando por la extinción de los incendios en Portugal.

La primera foto corresponde al incendio producido en el centro de Portugal. La segunda a un incendio producido en 2016 en la localidad vizcaína de Sopela. Y la tercera, a un incendio producido en Galicia en agosto de 2016.

El Gorrión molinero es el más rural de las cinco especies

En la península Ibérica existen hasta cinco especies: el gorrión alpino, que cría en alta montaña; el gorrión moruno, que lo hace en Extremadura y Andalucía, aunque ha llegado a Madrid; el gorrión chillón, más escaso y habitante de medios forestales y roquedos; el común, ligado a las ciudades, y el molinero, presente en núcleos rurales.

El más frecuente es el gorrión común y que vive acompañándonos en las ciudades. Los gorriones sufren un preocupante retroceso generalizado, y el 63% de esta ave de Europa ha desaparecido. Este declive responde a causas como el cambio climático, la contaminación, la falta de espacios verdes, la invasión de especies exóticas invasoras, las nuevas construcciones de cemento o cristal, que no favorecen la nidificación, los insecticidas, etc.

En el medio rural el declive es menor, aunque también se da y está asociado a la intensificación agraria, al empleo abusivo de plaguicidas o al despoblamiento generalizado. Uno de los gorriones que habita en las zonas rurales, es el gorrión molinero. No se trata, por tanto, de una especie urbana sino rural, de pueblo pequeño, que raramente coincide con el gorrión común. Su plumaje es parecido y el canto también, aunque más agudo. Le gusta mucho el canto coral en grupo.

El molinero es el más pequeño y delicado gorrión de la fauna española y es un habitante de las campiñas arboladas, los sotos y las dehesas, siempre que en sus proximidades cuenten con áreas abiertas en las que obtener alimento. Aunque en los años ochenta del pasado siglo la especie experimentó una cierta expansión demográfica, en la actualidad parece que la competencia con especies más prolíficas y la intensificación agraria están provocando un descenso de sus efectivos.

Se puede decir que el gorrión molinero es la versión campestre del gorrión común. Destaca una mancha negra de forma cuadrada en las mejillas blancas, así como un collar de color blanco. En el cuello tiene un babero de color negro, así como una máscara alrededor de los ojos. Las alas y la cola son de color pardo con listas negras y el vientre es de color gris liso. Su hábitat preferido son los huertos de frutales cercanos a granjas y caseríos, procurando mantenerse algo alejado de las viviendas y del ser humano.

Gorrión molinero. Passer montanus. Landa-txolarre.

Fotos sacadas en Lomas de Campos (Palencia). Abril 2017.

El gorrión desaparece: ¿Por qué?

Pocas aves representan tan bien la convivencia entre seres humanos y aves silvestres como el gorrión común. De hecho, es especialmente dependiente del ser humano. Tanto, que es difícil verlo en aquellos lugares donde no existen pueblos y está ausente en las zonas donde falta la actividad humana. Por eso, si escasea en lugares donde debía estar presente -como es el caso de pueblos y ciudades- las alarmas saltan. Puede que su ausencia indique que algo va mal.

Cuando se habla de especies en peligro de extinción en nuestro entorno se tiene a pensar en el urogallo, el lince ibérico, el oso pardo o el águila imperial. Pero esta lista roja ha incorporado de alguna forma a los gorriones, aves que conviven con nosotros en los núcleos urbanos pero que sufren un descenso generalizado.

La especie peligra. Se calcula que entre 1980 y 2014, un 63% de estas aves ha desaparecido en Europa. En ciudades como Londres ya es difícil verlos por las calles. En el Estado Español, según datos de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), en los últimos 18 años se acumula una caída del 15%, lo que supone 25 millones de gorriones menos.

¿Qué está pasando? Según el Área de Seguimiento de la Avifauna de SEO/BirlLife, las causas del declive de la más conocida y familiar de las aves paseriformes, son muy diversas. Así, una amenaza importante, si no la principal, es la limpieza de ciudades, parques y jardines, donde los gorriones se alimentaban de los desperdicios humanos, unida a una mayor competencia por el escaso alimento, fruto de la llegada de especies foráneas, como la cotorra argentina, o el aumento de la población de palomas y urracas.

Otra de las causas del declive del gorrión es la tala de árboles viejos donde estos pájaros construyen preferentemente sus nidos, o las construcciones modernas, de cemento o cristal, que no favorecen la nidificación.

También está el uso de insecticidas, que les priva del principal sustento de sus crías, los insectos, o los pesticidas, que acaban con las malas hierbas, donde los gorriones encontraban antes saltamontes y coleópteros.

Otro problema es la creciente población de gatos callejeros, el principal depredador del gorrión, como una de las mayores amenazas de esta especie, o el proceso de despoblación rural, que ha mermado su población en estas zonas hasta en un 14 por ciento en la última década, unos 150.000 ejemplares.

En todo el territorio español, aunque es el ave más numerosa y la única que supera a la población humana, con 150 millones de ejemplares contabilizados en 1996, hoy, la población habría descendido en un 10 por ciento.

Desde la SEO/BirdLife, ante esta situación, se reclama “soluciones globales para un problema global” y aseguran que “el manejo de los núcleos urbanos se puede mejorar incrementando los jardines, respetando los puntos de nidificación o instalando puntos de alimentación suplementaria.

En el Estado Español el gorrión se distribuye por todo el territorio peninsular, Baleares, Ceuta Melilla y la Isla de Gran Canaria, que ha colonizado recientemente, con toda seguridad a bordo de barcos.

Existen hasta cinco especies: el gorrión alpino, que cría en alta montaña; el gorrión moruno, que lo hace en Extremadura y Andalucía, aunque ha llegado a Madrid; el gorrión chillón, más escaso y habitante de medios forestales y roquedos; el común, ligado a las ciudades, y el molinero, presente en núcleos rurales.

Gorrión común. Passer domesticus. Etxe-txolarre

Las fotos corresponden al gorrión común y están sacadas en Cervera de Pisuerga (Palencia). 03.06.17

De interés. Artículo de Juan Millás titulado “¿Por qué agoniza el gorrión?” publicado en “El País Semanal”. 07.04.2017.

¿Por qué agoniza el gorrión?

Disfrutar de la naturaleza con respeto

Estamos en vísperas del verano, y una buena parte de la población urbana de Euskadi tiene costumbre de acudir al medio rural y natural los fines de semana. Allí realizan distintas actividades: montañismo, escalada, pasear, recreo con barbacoas, actividades acuáticas y playeras, etcétera.

En general, se acude a zonas muy concretas cerca de la ciudad, a los espacios naturales protegidos, a zonas costeras o a zonas recreativas en montes públicos, concentrándose en poco espacio muchas personas con sus equipamientos de fin de semana.

Sin embargo, tenemos que ser conscientes que nuestra forma de actuar en el campo, en el monte… es muy importante. Un uso inadecuado de estos lugares puede provocar notables impactos en el suelo, en la flora y la fauna. Los parajes sobrecargados de visitantes sufren de una degradación importante del paisaje, por el aplastamiento de la vegetación, pisoteo y destrucción del suelo, ahuyentamiento de la fauna, y otras acciones por el estilo. Si a esto se añade la extraña costumbre de arrojar basuras, aunque cada vez se hace menos, no es de extrañar que muchos lugares estén tan degradados que casi no sirven para su fin original: el descanso y el contacto con la naturaleza.

La presencia de basuras se ha convertido en muchos casos en algo consustancial a nuestros campos y, salvo en lugares que por su valor ecológico se han declarado como espacios protegidos y disponen de una cierta vigilancia, ningún espacio próximo a un merendero, a un río o un embalse, se libra del rastro sucio de la civilización.

Muchas veces se piensa que determinados residuos arrojados en el campo se degradan sin mayores problemas. Nada más lejos de la realidad. Un papel clínex puede tardar tres o cuatro meses en degradarse, los restos de comida no terminarán de pudrirlos los microorganismos del suelo antes de ocho meses, un cigarrillo con filtro requerirá de 1 a 2 años, y un papel de periódico -mucho más resistente que los papeles higiénicos-, unos cinco años, más o menos los mismos que un chicle. Pero lo peor son los envases, que supone el 40% de los residuos que se acumulan en los espacios naturales. Hechos para durar y con el peso mínimo para que facilite el transporte del contenido, los envases son el resultado de complejos procesos químicos que nada tienen que ver con los materiales que se encuentran en la Naturaleza. En su inmensa mayoría, los envases no tienen insectos, hongos o bacterias que los degraden y es la erosión y los agentes químicos naturales quienes harán el trabajo de retirarlos de la vista. Un bote de hojalata, no se degrada antes de una década; un tetra brik (compuesto de cartón, plástico y aluminio) resiste a la erosión varias décadas; una bolsa de plástico, entre 10 y 20 años; un vidrio, entre 3.000 y 4.000 años. Además, las botellas de vidrio pueden ser causa de incendio forestal.

Otro objeto insignificante para nuestra vida, pero enormemente dañino para la naturaleza son las anillas que sujetan las latas de refresco. Miles y miles de estos envases se tiran cada año de forma incontrolada en nuestra comunidad, de modo que los aros estrangulan a multitud de pequeños mamíferos y aves que introducen la cabeza en ellos para jugar y ya no pueden sacarla.

Finalmente, el acumulo de desperdicios degrada también el paisaje. Asimismo, otra acción del ser humano que provoca un fuerte impacto en la vegetación y la flora, es el corte de leñas para hacer fuego, corte que generalmente se produce sobre cualquier vegetal y en cualquier estado, hecho que favorece en muchos casos la implantación de parásitos en las heridas abiertas al árbol. Cuando existen plagas en bosques próximos el riesgo se incrementa considerablemente.

Pero no siempre hay cosas negativas. Así, cada vez más, debido a las campañas institucionales y de ciertos grupos u organismos como los clubs de montaña y asociaciones medioambientalistas, o la campaña promovida para el 17 de junio por Ecoembes y la SEO (Sociedad de Ornitología) bajo el lema ‘1m2 por la naturaleza’ con el objetivo de limpiar de basuras los espacios naturales, hay una mayor sensibilización en la materia. De todas maneras, es fundamental seguir promoviendo la máxima información sobre los impactos que se pueden producir en la naturaleza si no se siguen algunas normas básicas.

Así, en primer lugar, es necesario actuar con el sentido común, evitando, por ejemplo, los fuegos, salvo en los lugares permitidos; el destrozo de la vegetación, no arrancando, talando o serrando ramas ni árboles para construir refugios o en general esas simpáticas cabañas. Además, esas prácticas están penadas por la ley.

Con respecto a la basura, hay que poner en marcha nuestro propio programa de vertido cero. Los desperdicios, pulcramente recogidos en bolsas, deben ser depositados en el contenedor más próximo o, si no lo hay, llevarse la basura a casa, dejando el lugar de forma que parezca que allí no ha estado nadie.

Por otra parte, hay que procurar no molestar a los animales que encuentres, tanto salvajes como domésticos. Si llevas perro, tenlo bien enseñado o amárralo para que no los asuste. En la medida de lo posible, hay que evitar salirse de los caminos o senderos y meterse en los lugares más sensibles desde el punto de vista de la fauna, bosques, sobre todo, porque se puede molestar a muchos animales.

La espeleología no debería convertir las cuevas en horribles muestrarios de estalactitas y efímeras declaraciones amorosas o de otro tipo indeleblemente grabadas en la roca.

Finalmente, conviene informarse previamente del lugar o paraje natural a donde se va el domingo o el fin de semana, los caminos más cercanos para andar, bosques, ríos, parques… Escuchar a los habitantes de esas zonas, a los baserritarras, conocer sus recursos y su forma de vida, y valorar por lo general lo mucho que hacen por la conservación de la naturaleza.

Tras el `tamborileo´ del pico picapinos

Picapinos  1

Uno de nuestros más habituales pájaros carpinteros, el pico picapinos, es un ave dotada de un poderoso pico, que posee una prodigiosa capacidad para taladrar las maderas más resistentes. Estas propiedades le permiten instalarse en los hábitats forestales.  Este pájaro, a la hora de alimentarse, consume tanto insectos como todo tipo de frutos.

Es un pájaro carpintero blanco y negro con cloaca de color rojo brillante, y es el que posee un plumaje más llamativo. Su identificación no ofrece dudas cuando se le distingue posado contra el tronco de un árbol, como cuando vuela.

Es sedentario, pero cada pocos años se producen irrupciones a gran escala a fines del verano y las aves recorren distancias más amplias.

El tamborileo fuerte y de largo alcance es una de las características más conocidas de este pájaro. El pico picapinos golpea con extraordinaria rapidez y en cortos intervalos 12 veces seguidas la superficie de un árbol seco o hueco con preferencia. Es curioso observar la querencia que este pájaro tiene por determinado árbol y a él acude a “tamborilear”.

picapinos 2

Al pico picapinos y otros pájaros carpinteros, como el pico mediano, entre otros, se le puede encontrar en el Parque Natural de Izki. Este parque alavés cuenta con uno de los bosques de roble marojo más grandes de Europa. La diversidad vegetal y paisajística y el aislamiento de la zona propician la existencia de una abundante y rica fauna. El bosque, asentado en la cuenca del río Izki, alberga grandes mamíferos como el jabalí, el corzo o el gato montés, así como una buena representación de aves forestales. Junto a los distintos pájaros carpinteros, conviven el abejero europeo, el alimoche, el buitre leonado, el águila real, el halcón peregrino, el azor, el mirlo acuático o el carbonero, entre otros.

El único núcleo de población ubicado en el corazón del Parque es Corres, que, con su tipología arquitectónica medieval, está enclavado en la parte alta de un espectacular desfiladero. Desde Corres, se pueden iniciar dos rutas que atraviesan el parque, igual de bellas.

Fotos sacadas en la Parque Natural de Izki, en Álava.

Pico Picapinos 3

Pico picapinos. Dendrocopos major. Okil handia.

 

El declive de las liebres

Liebre 3

En la península Ibérica están presentes tres especies de liebres: la liebre europea (Lepus europaeus), la liebre ibérica (Lepus granatensis) y la liebre de piornal (Lepus castroviejoi), siendo estas dos últimas endémicas del territorio peninsular.

La situación actual de la liebre es de declive poblacional, como lo manifiestan los estudios realizados. Esta situación se debe a la alta presión de la caza, a la pérdida y fragmentación de su hábitat, a la mortalidad por el uso de productos químicos en la agricultura y por el atropello en carreteras, y también a la incompatibilidad con altas densidades ganaderas en zonas de montaña, así como a depredadores.

Las liebres son especies presa de algunos depredadores de gran importancia para la conservación en la península Ibérica, como son el águila real y el lince ibérico. Pero también lo son del lobo ibérico, del zorro y del jabalí.

Liebre 2

Las tres especies de la península Ibérica resultan fáciles de distinguir por sus características morfológicas. La liebre ibérica es la especie de menor tamaño de las tres y raramente sobrepasa los 3 kg de peso. Se distingue por el pequeño tamaño de su pie posterior y por la amplia extensión del colorido blanco ventral. La liebre del piornal es una especie de tamaño medio, cuyo peso en los adultos puede sobrepasar los 3 kg. Tiene los pies posteriores mucho mayores que la liebre ibérica. En cuanto a su pelaje lo más llamativo es su diseño facial blanco entre la base de las orejas y la garganta, que manifiesta principalmente en pelaje invernal. Finalmente, la liebre europea es una especie de gran tamaño, siendo normal que los ejemplares adultos grandes sobrepasen los 4 kg de peso. Tiene también los pies posteriores grandes. En cuanto a su pelaje se distingue por la pequeña superficie del blanco ventral, que no se extiende a lo largo de las extremidades ni penetra por delante de las extremidades anteriores en la zona ventral.

En cuanto a la distribución, cabe decir que la liebre ibérica está presente en casi todo el territorio peninsular excepto en la mitad oriental de Asturias, Cantabria, País Vasco y distrito pirenaico, y la segunda presente exclusivamente en la alta montaña cantábrica, entre la Sierra de Hijar en Cantabria y la Sierra de Ancares situada entre las provincias de León y Lugo. Por su parte, la liebre europea ocupa en la Península Ibérica el distrito pirenaico, el País Vasco, Cantabria y el oriente de Asturias, siendo su área ibérica el límite suroccidental de su distribución natural.

Sin duda, la liebre europea que es la que ha habitado en el País Vasco y en Navarra es la especie que se encuentra en peor estado de conservación. Sus poblaciones naturales han desaparecido en Asturias y en zonas más o menos extensas de Cantabria, Euskadi, Navarra, norte de Castilla y León y distrito pirenaico.

Recuperación de la liebre europea

En el País Vasco, las Lepus europaeus nativas se han mantenido en algunas zonas de Gipuzkoa y sobre todo de Alava, pero prácticamente han desaparecido de Bizkaia. Para el restablecimiento de la liebre europea en su área natural de la Comunidad Autónoma Vasca, Cantabria, Asturias y Navarra, se inició un proyecto en el año 2000, que está funcionando gracias a la granja de liebres LARRASAL de Alsasua (Navarra), cuyo propietario es Leocadio Galán.

Con este proyecto se persigue el restablecimiento de la liebre europea autóctona (Lepus europaeus) en la región cantábrica. Esto se llevará a cabo mediante tres tipos de acciones diferentes:

  1. Creación de núcleos de liebre viables a partir de reintroducciones con ejemplares de liebre europea autóctona cantábrica, obtenidos mediante cría en cautividad.
  2. Refuerzo o suplemento de núcleos de la población autóctona existentes en libertad con liebres nativas criadas en cautividad.
  3. Fomento, mediante recolonización natural, de núcleos de liebre europea autóctona existentes en libertad.

Se trata de un proyecto de cooperación institucional entre el Gobierno Vasco y el Gobierno de Navarra, y las entidades, organismos y universidades, AURKILAN, ADECAP, EKOS, NEIKER A.B., UPV/EHU, UAH, y CSIC, para la recuperación de la liebre europea cantábrica siguiendo las recomendaciones que establece la normativa europea para repoblaciones de especies cinegéticas.

Liebre 5

En el norte de la Península Ibérica la liebre europea tiene una importante función ecológica, pues la falta de conejo en los ecosistemas le confiere un importante papel como presa alternativa en la dieta de predadores que se encuentran amenazados de extinción y protegidos por la legislación vigente.

El esfuerzo de conservación de la liebre europea en la región cantábrica se ha centrado sobre poblaciones de liebres autóctonas, en lugar de la importación y repoblación de ejemplares de liebres provenientes de otras regiones o países, y de esta forma conservar la diversidad genética de las poblaciones naturales adaptadas a ese medio, evitando el contagio de enfermedades y parasitosis y el fracaso de las reintroducciones por falta de adaptación.

Más información:

http://www.ingurumena.ejgv.euskadi.eus/r49-6172/es/contenidos/documentacion/liebre_europea/es_doc/indice.html

Las fotos corresponden a la liebre europea.

Liebre europea 1

Liebre europea. Lepus europaeus. Erbi europar.

 

El pinzón vulgar es una de las aves más abundantes en el País Vasco

Pînzón vulgar. 3

El pinzón vulgar es un ave muy abundante, y su cuerpo es parecido en tamaño al gorrión común, pero en este destacan unos colores muy vivos que le aportan un aspecto más alegre.

Se trata de una de las especies más abundantes y mejor distribuidas en la península Ibérica en general y en Euskadi en particular -así lo atestigua el Programa Sacre de seguimiento de aves-, donde ocupa todo tipo de paisajes, desde bosques a parques y jardines.

PINZÓN Sobron 2

El pinzón vulgar es el fringílido más abundante en Europa. Su área de reproducción se extiende por todo el Continente, excepto en el extremo norte de Escandinavia e Islandia.

Se trata de un ave migradora parcial. Las poblaciones europeas norteñas migran en mayor proporción que las meridionales. En la Península recibimos pinzones europeos en invierno.

El canto típico tiene variaciones individuales y regionales, pero esencialmente está formado por dos o tres notas repetidas durante 2-3 segundos y terminadas en un más breve floreo que se eleva de tono al final.

La alimentación del pinzón vulgar es a base de insectos en verano y semillas, bayas y brotes en invierno. Suele visitar las zonas recreativas y parques donde suelen dejar restos de alimentos los visitantes.

Pinzón. 4

Pinzón común. Fringilla coelebs. Txonta arrunta.

Las fotos están sacadas en Sobrón (Álava). Marzo 2017.