El placer de beber buena agua del grifo

Jarra y vaso con agua del grifo. Foto: Deia.

Un cliente entra en un bar y pide un bocadillo. ¿Para beber? Una jarra de agua, por favor. No tenemos, tendrá que ser de botella, responde el camarero. Esta situación se da todavía en numerosos bares, cafeterías, restaurantes, etc., aunque también en los últimos tiempos en algunas ciudades y municipios, es cada vez más frecuente que los locales ofrezcan a sus clientes agua de grifo en jarras de cristal, cuya calidad es excelente en la mayor parte de las ciudades y municipios.

Hoy en día, el agua de grifo es el producto alimenticio que más controles pasa, ya que la legislación existente sobre el agua de consumo es muy exigente y está basada en directivas de la Unión Europea. En cada localidad se realiza un análisis completo del agua de forma rutinaria, pasando controles sistemáticos con una frecuencia que puede ser diaria, y siguiendo numerosos parámetros de calidad.

En Euskadi, así como en otras comunidades, cada vez que abrimos el grifo la responsabilidad es municipal, y cada comunidad recopila los datos y analiza las tendencias que le aportan sus municipios. De esta forma se consigue un mayor control sanitario que las aguas envasadas, a pesar de que el coste de éstas puede ser hasta seis veces superior.

Entonces, si son todo ventajas, ¿por qué existe resistencia por parte de algunos hosteleros y fabricantes de envases y máquinas expendedoras? La respuesta es bastante sencilla, y solo se puede explicar porque les afectará en alguna medida a sus intereses económicos. Se nos ha hecho creer por parte de la industria del agua que el agua embotellada es superior a la del grifo, como consecuencia de una publicidad engañosa, y el marketing.

Pero, además de la buena calidad del agua de grifo y el ahorro económico que supone al que los consumidores tienen derecho, el agua corriente es más respetuosa con el medio ambiente, mientras que la huella ecológica del agua embotellada es significativamente mayor, especialmente en lo que respecta a su envoltura y transporte. De los diversos envases que se utilizan, la mayor parte son de plástico -el 90%-, y el resto vidrio, sea retornable o no retornable. El uso de botellas de plástico requiere un gran consumo energético para su producción, transporte y residuos que hay que gestionar, y que fuera de casa también se puede ofrecer o pedir agua del grifo.

Una persona llenando el vaso con agua del grifo. Foto: Deia.

Asimismo, se debe tener en cuenta que a nivel mundial se utilizan 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua, y gran cantidad de esos envases se tiran directamente a la basura, reciclándose en el caso de Europa solamente el 25%, yendo el resto a parar a vertederos, al medio natural o al mar. Además, una botella de plástico puede tardar hasta 500 años en descomponerse.

Cada vez somos más las personas en muchos lugares que reivindicamos el consumo de agua del grifo por ser de mayor calidad, por ser más eficiente desde el punto de vista energético (producción, transporte, reparto …), más económica, más respetuosa con el medio ambiente, etc. Pero debemos ser muchos y muchas más. Para eso hay que seguir fomentando a través de campañas, que ya se han hecho en algunos lugares, pero que hay que seguir con ellas, el uso del agua del grifo como un bien público y no como una mercancía. En diversas ciudades y países del mundo, como Francia y Estados Unidos, servir agua corriente es una práctica extendida en los establecimientos hosteleros.

Campaña de fomento del agua del grifo en Navarra. Foto: Noticias de Navarra.

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