Invasores de río con escamas, un gran peligro para la biodiversidad

En los últimos años, la introducción de especies exóticas en nuestros ríos se ha convertido en un verdadero problema para la biodiversidad. Hay distintos motivos de la llegada de estos invasores a nuestros ríos, como las necesidades económicas, su pesca o la cría en cautividad como alimento.

Una especie exótica es la que vino de fuera o, mejor dicho, la que nuestra especie trajo, se quedó y se reproduce con éxito. Toda especie exótica cambia, más o menos, el ecosistema en el que se establece. Si las alteraciones son graves, se dice que es una especie invasora. En Europa, en 2015 ya se habían detectado unas 13.000, incluyendo microorganismos, plantas y animales, de las que el 10% son dañinas para el ecosistema y, en último término, para la economía, que deja de recibir los usos y servicios que proporcionan los ecosistemas, y, además, también pueden perjudicar a la salud humana.

En lo que respecta a los ríos de la península Ibérica, hay quién afirma, como el profesor de Zoología de la Universidad de Córdoba Carlos Fernández Delgado, autor de uno de los informes clave para que el Supremo tumbara la revisión del catálogo de especies invasoras del Ministerio de Medio Ambiente, que “en los ríos españoles hay ya más especies invasoras que autóctonas”.

Según Ramiro Asensio y Javier Pinedo, en un artículo titulado “Invasores con escamas” y publicado en la revista Sustrai del Gobierno Vasco, es difícil concretar cuándo se introdujo la primera especie no autóctona en un río español. Para unos, la carpa (Cyprinus carpio) y el carpín o pez-rojo (Carassius auratus) fueron traídos por los romanos, que los utilizaban con fines decorativos en estanques, y quizás también como un elemento gastronómico más.

Hubo de transcurrir un largo espacio de tiempo, casi 2.000 años, hasta que volviera a hablarse de introducciones, que inició un período de experimentación encaminado a aclimatar a especies foráneas. De esta forma, a finales del siglo XIX y procedentes de Norteamérica, se volcaron de manera intencionada tres especies: la trucha arco-iris (Onchorhynchus mykiss), el salvelino (Salvelinus fontinalis) y el gobio (Gobio).

Trucha arco-iris. Autor: Marcoski-Flickr

En el caso de la trucha arco-iris y el salvelino, su destino inicial era el cultivo en piscifactorías con el único fin del consumo humano, que hoy en día sigue vigente. El de la carpa, en cambio, era adornar, en los estanques. Pero había otro propósito que ya en el siglo XX llevaría a traer otros peces desde muy lejos, y era incrementar las posibilidades de pesca. Es el caso del lucio (Esox lucius) y el black-bass (Micropterus salmoides) o perca americana, dos de los peces más conocidos en la actualidad, que se convirtieron en el recurso para llenar el nicho de especies pescables que había en los tramos fluviales medios y bajos, según Javier Pinedo y Ramiro Asensio.

Una de las especies exóticas más llamativas en la península Ibérica es el siluro (Siluro glanis), un pez que puede llegar a medir dos metros y medio y pesar más de cien kilos. El siluro apareció en el Estado Español en el embalse de Mequinenza (Zaragoza), desde donde se ha extendido a todo el río Ebro. Es terrible y poco selectivo con su comida.

Siluro, pescado en el río Ebro, en Tudela (Navarra).

En cuanto a la presencia del siluro en ríos vascos, se pescó en 2015 un ejemplar de siluro de en el barrio de La Peña, en Bilbao, en el límite de influencia de marea, y donde al parecer se han reproducido. De ser así, nos encontramos ante un hecho importante en la escalada de introducción de especies alóctonas en los ríos vascos.

Para Ramiro Asensio y Javier Pinedo, es muy difícil predecir las consecuencias de una introducción, ya que cada caso concreto es diferente, pero lo que es seguro es que, si la especie introducida es capaz de vivir y proliferar en el nuevo hábitat, lo hará a costa de romper el equilibrio dinámico preexistente y, de camino hacia el nuevo equilibrio que se establecerá ya con su presencia, es muy posible que deje fuera alguna o algunas otras especies. Esta es la razón por la cual son indeseables las introducciones de peces exóticos en ecosistemas de aguas dulces”.

Fotos:

  • La primera foto es del black-blass o perca americana. Foto del Diario de Noticias de Navarra.
  • Foto de un siluro de 1,8 metros pescado en el río Ebro a su paso por Tudela el 14 de junio de 2015. Foto del Diario de Noticias de Navarra.
  • Foto de una trucha arco-iris. Autor: Marcoski-Flickr. Publicada en eldiario.es

 

“Guerra” al Plumero o Hierba de la Pampa, y a otras plantas invasoras

¿Qué son las plantas invasoras? Son plantas que salen de su hábitat y se instalan en uno nuevo, donde se multiplican sin control y en perjuicio de la flora autóctona. En la naturaleza es muy común que una especie se desplace a un nuevo hábitat. Pero si dicho proceso se produce muy rápidamente y lo provocamos nosotros, los seres humanos, pueden aparecer problemas. Uno de los más graves consiste en que las plantas foráneas se convierten en dominantes y disminuya la diversidad de plantas y animales autóctonos. En el País Vasco, la vertiente atlántica es la que cuenta con más plantas invasoras.

Uno de los casos más llamativos de plantas invasoras es el Plumero o Hierba de la Pampa, que llegó a la península Ibérica a principios del siglo pasado, con el fin de adornar los jardines de las grandes casas y que actualmente llega camino de convertirse en una auténtica plaga, al menos en los territorios vizcaíno y guipuzcoano.

El plumero, conocido científicamente como Cortaderia selloana, que tiene un porte espectacular y esbelto, es muy fácil de distinguirla, ya que tiene como principal característica un penacho de color plateado que llega a elevarse por encima de los dos metros de altura.

Se ha ido adueñando de los márgenes de las carreteras o vías de ferrocarril, los campos de siega o la orilla de los ríos, pero también de humedales, marismas y arenales costeros, debido a que tiene una capacidad de reproducción asombrosa, ya que cada penacho puede producir más de 100.000 semillas. Hoy en día su presencia es indeseada, y numerosas localidades, fundamentalmente de Gipuzkoa y Bizkaia, con el apoyo de la Agencia Vasca del Agua, Diputaciones y Gobierno Vasco, hacen grandes esfuerzos para erradicarla.

No menos llamativa que el Plumero ha sido la expansión de la especie Baccharis halimifolia, un arbusto leñoso procedente de la costa atlántica de América del Norte, que a mediados del siglo XX se extendió por la costa atlántica del sureste de Francia y la costa cantábrica de la Península Ibérica, a partir de ejemplares cultivados con fines ornamentales, y que está colonizando desde hace unos años zonas importantes de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, y de la Bahía de Txingudi y Lea.

Baccharis en flor en Urdaibai. Foto: Oficina Técnica de la Reserva de Urdaibai.

Gracias a un proyecto LIFE para la recuperación de estuarios -ha supuesto una inversión de 1,8 millones de euros, financiada al 50% por la Comisión Europea-, se han llevado tratamientos de eliminación en más de 750.000 hectáreas de las citadas zonas. En total, se han tratado 570.000 arbustos.

Otro enemigo natural, es el Bambú japonés Fallopia japónica. Es una especie llegada recientemente a nuestro territorio desde Japón por su valor ornamental, y ha invadido numerosas riberas de ríos, pudiendo llegar a medir hasta 20 metros y crecer unos 10 centímetros en un solo día. Está catalogada por los expertos como una de más difíciles de erradicar, ya que debe hacerse arrancando planta a planta.

Operarios tratando a la Baccharis en Urdaibai. Foto: Oficina Técnica de la Reserva de Urdaibai.