El rebeco cantábrico es una especie de alta montaña que desaparició del País Vasco hacia 1800

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Una pareja de rebecos cantábricos en la Montaña Palentina

El rebeco (Rupicapra pyrenaica) es un ungulado de la familia de los bóvidos, grupo que en el Estado Español incluye sólo otras tres especies: el muflón, la cabra montesa y el arruí. El rebeco es una especie sin detractores y con buena reputación, pues apenas afecta a la agricultura y a la ganadería, y es una especie representativa de los ecosistemas de alta montaña. En la población ibérica de rebecos, actualmente se consideran dos subespecies: la pirenaica (R. pyrenaica pyrenaica) y la cantábrica (R. pyrenaica parva). El rebeco pirenaico, también llamado sarrio es de mayor tamaño, cuernos más gruesos y largos, tonalidad estival amarillenta e invernal gris oscura. El rebeco cantábrico es de menor tamaño, apenas 75 cm de altura a la cruz y 20 a 35 kg de peso, tonalidad rojiza en verano y gris pálida en invierno. El rebeco de la cordillera Cantábrica -Rupricapra pyrenaica parva-, es la subespecie que presenta la menor talla entre todos los rebecos del mundo. Ha estado presente en toda la cornisa cantábrica durante miles de años, ya que aparece representado en el Cuaternario, en cuevas como la de Tito Bustillo o Balmori.

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Varios rebecos en la Montaña Palentina 

Según la información publicada por el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), “hacia 1800 la especie ya había desaparecido de la parte cantábrica del País Vasco (Real Academia de la Historia, 1802), posiblemente debido al efecto de la caza incontrolada en una orografía menos agreste que en otras zonas cantábricas donde el rebeco podía escapar más fácilmente de la caza continuada”.

En lo que respecta a Navarra y en relación al rebeco pirenaico o sarrio, esta comunidad representa actualmente el límite occidental del área de distribución de la subespecie. La zona ocupada por la mayor parte de los sarrios en Navarra está protegida bajo el amparo de tres espacios naturales: la Reserva Natural de Larra-Belagoa, la Reserva Integral de Ukerdi y la Reserva Integral de Aztaparreta.

Sarrios en Pirineo navarro

 Un sarrio en el Pirineo navarro

El ciervo es el mayor de los cérvidos existentes en Euskadi

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Ciervo en Gorbea

EL CIERVO, también denominado ciervo ibérico en el Estado Español, es el mayor de los cérvidos existentes en la Península Ibérica, si bien es más pequeño que sus parientes europeos. Pese a que sigue existiendo cierta controversia, se considera que hay dos subespecies de ciervo en la Península, Cerbas elaphus hispanicus, por lo general de menor tamaño y localizado en el sureste ibérico y Cervus elaphus hispanicus, distribuido en el resto de territorio. De aspecto majestuoso, presenta un claro dimorfismo sexual tanto por el tamaño (los machos se acercan en ocasiones a los 200 kg y las hembras rondan los 100), como por la presencia de cuernas en los machos, si bien en algunas hembras se pueden observar unas pequeñas protuberancias. Según los últimos datos disponibles, el ciervo está distribuido en la mayor parte de la Península Ibérica, salvo en Levante y Galicia, siendo ausente en todas las islas. Las introducciones han posibilitado que podamos encontrar ciervos en un gran número de provincias, pero atendiendo a su importancia podemos destacar el núcleo poblacional del suroeste, que engloba Andalucía, Extremadura y Castilla La Mancha. De menor importancia numérica, pero en crecimiento serían los núcleos del noroeste (Zamora y Cordillera Cantábrica) y noreste, Pirineos, Aragón, Sistema Ibérico y País Vasco.

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Las poblaciones en Euskadi se limitan a los núcleos de Gorbea (Araba), y Karranza (Bizkaia). Hay también ciervos en el humedal de Salburua, pero dentro de unos límites cerrados por vallas. El núcleo de Gorbea proviene de la reintroducción realizada a finales de los cincuenta con 14 ejemplares provenientes de Toledo; en 1981, se volvió a repoblar con ejemplares provenientes de Cazorla. En Bizkaia, el ciervo se introduce en Carranza en 1980, continuándose las repoblaciones a lo largo de la década con ejemplares provenientes de Toledo, Cazorla y Gorbea. Las fotos están sacadas en el Gorbea.

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Ciervo común. Cervus elaphus hispanicus. Cerbas elaphus hispanicus. Oreinak.

El lobo y su problemática en Euskadi

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El lobo (Canis Lupus)

El lobo  (Canis Lupus) es uno de los mamíferos más ampliamente distribuidos por el mundo y lleva presente en nuestro planeta desde hace dos millones de años. En el País Vasco ha estado presente desde épocas milenarias, aunque desapareció y reapareció a finales de los años 80 procedentes de poblaciones asentadas en Burgos y Cantabria. Actualmente su existencia en el Euskadi está provocando debates y discusiones a favor y en contra. Sin duda, el lobo es una animal complejo para el que no hay soluciones simples, ni en Euskadi ni en ningún lugar del mundo.

La situación del lobo ha sufrido un espectacular vuelco en los últimos 40 años en la península Ibérica. Las batidas y los cebos de estrictina sembrados en los montes durante los años 60 y 70, pusieron contra las cuerdas a esta especie. Refugiados en el noroeste peninsular, los últimos ejemplares de lobo ibérico aguardaron la llegada de tiempos mejores. Desde allí, desde sus cuarteles de refugio, iniciaron hace tres décadas una indiscutible expansión geográfica. Continúa leyendo El lobo y su problemática en Euskadi

El corzo, estampa y belleza de nuestros montes

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El corzo es el más pequeño de los cérvidos en el Estado Español y también de menor talla que sus “hermanos” europeos. En la Península Ibérica existen dos poblaciones de corzo Capreolus capreolus genéticamente diferenciadas y geográficamente bien localizadas. La población de corzos más abundante y más ampliamente distribuida es la que habita en la mitad central y norte peninsular. Dicha población pertenece al ecotipo europeo y sus núcleos más representativos se concentran en la Cordillera Cantábrica, Montes de León, Pirineos, Sistemas Ibérico y Central.

En la mitad sur está presente un segundo ecotipo de corzo caracterizado por un menor tamaño, y un pelaje más grisáceo. Se estima que a principios del siglo XX el corzo ocupaba casi toda la Península Ibérica, pero posteriormente se dio una regresión muy grande, con gran fragmentación de sus poblaciones. No obstante, desde finales del siglo pasado las poblaciones de corzo de la mitad centro y norte peninsular han experimentado una notable expansión, sobre todo debido a la pérdida de población rural y consecuente recuperación del sotobosque, junto con la ausencia de una presión de predación significativa. Esto no exime que existan problemas para la conservación de sus poblaciones, especialmente por las prácticas incorrectas de gestión, la elevada mortalidad de los corcinos, los daños a la agricultura y los accidentes de tráfico, las enfermedades y la posible competencia con otros cérvidos.

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En la foto, corzos al lado de una autopista.

Concretamente, en el País Vasco, fue en la década de los 70 cuando llegaron los primeros corzos de Cantabria y Burgos. El establecimiento del corzo ha originado varios problemas, como el aumento de los accidentes, daños en la agricultura, etc., que indica que hay que ejercer cierto control. Ahora bien, en la parte positiva, tenemos una riqueza añadida, ya que su estampa y su belleza en los montes son inmejorables.

Las fotos corresponden a corzos de la cornisa cantábrica, y están sacadas en febrero de 2017.

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Corzo. Capreolus capreolus. Orkatza.