Incendios forestales y cambio climático

EL pronóstico de los incendios que se declaran en Galicia empeora con el paso de los años, pues el cambio climático es ya una realidad que agrava factores de riesgo. La temperatura tiende a ser mayor, las precipitaciones menores y el monte está más seco. La terrible oleada de incendios que ha afectado a Galicia -con la muerte de cuatro personas y muchas zonas que han tenido que ser evacuadas por la propagación del fuego-, al igual que Asturias, León y Portugal, en una época como es el mes de octubre y no en verano, confirman que el cambio climático está aquí.

A esto habría que añadir la alta intencionalidad de los fuegos habidos, aunque tampoco se puede atribuir a esta causa el cien por cien de los fuegos ocasionados. En Galicia, y también en otras comunidades, tradicionalmente, el uso del fuego ha estado muy arraigado, asociado a usos tradicionales, como agrícolas o ganaderos.

¿Y qué sucederá en el futuro con el cambio climático? Las perspectivas advertidas por la comunidad científica apuntan a que tendremos temperaturas más elevadas y con menos precipitaciones. Esa situación aumentará el estrés de la vegetación, que tendrá menor humedad en las partes vivas y secas. Los modelos de simulación que se utilizan apuntan a que los fuegos, en esas circunstancias, serán más rápidos, más grandes y más devastadores. Fuegos, como el que tuvo lugar en Pedrógrao Grande, en Portugal, el pasado mes de junio, con 64 víctimas mortales, vienen a confirmar estas predicciones.

INCENDIOS INGOBERNABLES Los incendios que hallan gran cantidad de combustible y se propagan por una orografía de difícil acceso y durante episodios de altas temperaturas se convierten en ingobernables. Y cada vez lo está siendo más. En el Estado español, entre 1996 y 2005, estos grandes incendios forestales, superiores a 500 hectáreas, tuvieron de media 1.375 hectáreas por siniestro. En la siguiente década, esa media se colocó en 1.774 hectáreas, según datos del Ministerio de Medio Ambiente.

Incendios en Galicia

Con ese escenario, el cambio climático obliga a adoptar nuevas medidas ante la mayor peligrosidad de los incendios. Pero, sin duda, una de ellas es clave, y es la prevención. Prevención es poner los medios para que no ocurran incendios en momentos en que concurren las actuales circunstancias. Aunque en muchas ocasiones se entiende y creo que incorrectamente, prevención como solo limpiar los bosques. Pero no es así solamente, aunque sea una importante cuestión.

Políticas de prevención son necesarias para evitar diversas situaciones. En este sentido, pueden servir para salvar una urbanización. Cada vez nos encontramos con más incendios en la península ibérica en los que el fuego se desata cerca de urbanizaciones con el peligro que encierra de posibles pérdidas humanas, edificios y casas devastadas, etc.

Prevención también para salvar bosques, para evitar la erosión del suelo, para que no afecten a determinadas infraestructuras, para salvar un espacio natural, etc. Y, para anticiparse a posibles fuegos.

Cuando se activa un fuego y se desata un incendio, se pone en marcha el protocolo de extinción, y venga aviones, helicópteros, maquinaria pesada y retenes, pero puede resultar que, a pesar de todo, el incendio sea incontrolable, y en muchas ocasiones tarda días en ser sofocado.

Se gastan inmensas fortunas en labores de extinción. Un estudio del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes estimó que en el Estado español se gastaba al año unos mil millones de euros en extinción, frente a los 300 millones para prevención, una partida afectada además por los recortes de la crisis. Antes, el monto ascendía a los 600 millones de euros.

Con ese dinero destinado a la extinción, se podrían realizar muchas acciones en labores de prevención y si inevitablemente se produce el fuego nunca sería tan duro. Y esa política de prevención evitará después el incendio, o será más fácil y barato apagarlo. Además, un ecosistema cuidado da más biodiversidad que ese bosque cerrado. De este modo gana la naturaleza, quien vive de ella, quien la disfruta, y también la administración a la que le sale más barata la operación.

EL CASO DE EUSKADI En el caso de Euskadi, al menos en Bizkaia, Gipuzkoa y norte de Araba, la época de mayor riesgo de incendios forestales es precisamente en otoño -la estación en la que estamos-, e invierno. En estas estaciones, debido al frío, buena parte de la vegetación herbácea que se encuentra en los montes de Gipuzkoa, Bizkaia y la parte norte de Araba se seca y también los matorrales tienen menos humedad interna al disminuir el movimiento de la savia. Si a esta situación se le unen periodos prolongados de viento sur sin lluvias, situaciones habituales en otoño y en invierno, el peligro de incendio se incrementa considerablemente. Por el momento, la superficie afectada por el fuego en 2017 ha sido baja. A lo que hay que añadir también que en las últimas décadas la superficie afectada por los incendios forestales en Euskadi ha sido pequeña, y que el año pasado, 2016, fuera la menor de la última década.

Incendio en el País Vasco

No obstante, no hay que echar las campanas al vuelo. Existe mucha sequedad en la actualidad y está habiendo unas temperaturas altísimas, aunque parece ser que ya bajan. Pero la estación del otoño todavía no ha finalizado y el viento sur aparecerá una vez más.

Finalmente, en estos momentos, cabe expresar las máximas condolencias por las personas fallecidas en Galicia, al igual que en Portugal, y la plena solidaridad con sus familias, así como el apoyo a todas las personas que están trabajando y luchando por la extinción del incendio.

 

Artículo publicado en el diario DEIA (20.10.17). Fotos de Deia (las dos primeras). La tercera de Julen Rekondo.

La flor de las nieves o edelweiss: ¿Dónde se puede contemplar?

Miles y miles de personas marcharán a las alturas de la península Ibérica. La mayor parte dejarán su esfuerzo por los desniveles pirenaicos.

Las cuestas cuestan, pero la cosecha, a menudo, resulta inmejorable. Allá arriba nos esperan verdor arbóreo, aguas que se despeñan, brisas que refrescan y hasta unos pocos alimentos silvestres en los que se resume una buena parte de lo que las cordilleras proponen a sus visitantes. Las diminutas fresas silvestres, que comenzaron a ser dulces al final de la primavera, van culminando su ciclo, que afortunadamente se encadena al de los endrinos y arándanos. Desgraciadamente, nos encontraremos muchos glaciares que van disminuyendo o han desaparecido debido al problema medioambiental de alcance planetario que tenemos, como es el cambio climático.

Louis Ramond de Carbonnières, el primer viajero en sentido moderno que avistó el Aneto, definió este pico en 1787 como la “aguja de hielo”. Pero, si hoy lo volviera a contemplar, su descripción sería otra, y seguramente no podría evitar su decepción. El retroceso del glaciar del Aneto es galopante, como el resto de las montañas con nieves perpetuas de la península Ibérica. Los glaciares del Pirineo español, concentrados en la provincia de Huesca, han perdido un 75% de su superficie en sólo 32 años (de 1980 a 2012), según la última recopilación general del Gobierno aragonés dada a conocer este mismo año. El retroceso se ha acelerado desde el año 2000, por lo que se teme su total desaparición en unas pocas décadas.

Pero no sólo vamos a fijarnos en desgracias, como es el cambio climático. Así, en las alturas maduran unas cuantas especies vegetales. En laderas y valles húmedos destacan las diminutas fresas silvestres y el tono oscuro de arándanos y endrinos.

También es tiempo de la flor `edelweiss´ o, para muchos, la flor de las nieves, muy famosa y delicada de la gran cordillera pirenaica, y bueno, también de otras -de hecho, es la flor nacional de Austria, motivo por el que se encuentra en su moneda de 2 céntimos de euro-. El edelweiss o la flor de las nieves, está protegida por ley en el Estado Español, y, por tanto, prohibida su recolección. Mejor será que la contemplemos y nada más. Siempre es mejor dejar que los seres vivos sigan viviendo. Desgraciadamente ha sido muy esquilmada.

En la actualidad en la península Ibérica, se encuentra solamente en el Parque Natural de Sierra Nevada, el Pirineo, sobre todo en el Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido, del que es su símbolo, y, aunque raramente, se puede encontrar también en las montañas del norte de León.

El término Edelweiss -pronunciado `edalvais´-, significa en alemán “blanco noble” o “blanco puro”.

Por el contrario, resulta aconsejable apreciar el delicado olor y probar el recio sabor de los frutos de los arándanos y endrinos. Los encontraremos en muchos lugares de los Pirineos, prácticamente en todas las comarcas entre los 1.500 y los 2.000 metros de altitud.

Arándanos y endrinos son muy abundantes, y tienen en común el color: un azul oscuro, pero siempre como recubiertos de un polvillo o escarcha muy característico. Son muy parecidos. El endrino es una variedad de ciruelo y por tanto muy fácil de reconocer. Sus frutillas casi esféricas pueden perfectamente completar un buen almuerzo campero. Los arándanos, que aparecen achatados en los dos extremos, son la base de conservas y compotas que resultan excelentes por el alto contenido en vitaminas.

Las fotos corresponden a:

Edelweiss. Leontopodium alpinum. Elur lore.

Endrino. Prunus spinosa. Elorri beltz.

Arándano. Vaccinium corymbosum. Ahabia.

 

El Gorrión molinero es el más rural de las cinco especies

En la península Ibérica existen hasta cinco especies: el gorrión alpino, que cría en alta montaña; el gorrión moruno, que lo hace en Extremadura y Andalucía, aunque ha llegado a Madrid; el gorrión chillón, más escaso y habitante de medios forestales y roquedos; el común, ligado a las ciudades, y el molinero, presente en núcleos rurales.

El más frecuente es el gorrión común y que vive acompañándonos en las ciudades. Los gorriones sufren un preocupante retroceso generalizado, y el 63% de esta ave de Europa ha desaparecido. Este declive responde a causas como el cambio climático, la contaminación, la falta de espacios verdes, la invasión de especies exóticas invasoras, las nuevas construcciones de cemento o cristal, que no favorecen la nidificación, los insecticidas, etc.

En el medio rural el declive es menor, aunque también se da y está asociado a la intensificación agraria, al empleo abusivo de plaguicidas o al despoblamiento generalizado. Uno de los gorriones que habita en las zonas rurales, es el gorrión molinero. No se trata, por tanto, de una especie urbana sino rural, de pueblo pequeño, que raramente coincide con el gorrión común. Su plumaje es parecido y el canto también, aunque más agudo. Le gusta mucho el canto coral en grupo.

El molinero es el más pequeño y delicado gorrión de la fauna española y es un habitante de las campiñas arboladas, los sotos y las dehesas, siempre que en sus proximidades cuenten con áreas abiertas en las que obtener alimento. Aunque en los años ochenta del pasado siglo la especie experimentó una cierta expansión demográfica, en la actualidad parece que la competencia con especies más prolíficas y la intensificación agraria están provocando un descenso de sus efectivos.

Se puede decir que el gorrión molinero es la versión campestre del gorrión común. Destaca una mancha negra de forma cuadrada en las mejillas blancas, así como un collar de color blanco. En el cuello tiene un babero de color negro, así como una máscara alrededor de los ojos. Las alas y la cola son de color pardo con listas negras y el vientre es de color gris liso. Su hábitat preferido son los huertos de frutales cercanos a granjas y caseríos, procurando mantenerse algo alejado de las viviendas y del ser humano.

Gorrión molinero. Passer montanus. Landa-txolarre.

Fotos sacadas en Lomas de Campos (Palencia). Abril 2017.

Ciencia y conciencia ambientales

Parque eólico 1

EN el Día Mundial del Medio Ambiente, que fue establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución del 15 de diciembre de 1972, y que desde 1973 se celebra anualmente el 5 de junio, no viene nada mal hacer algunas reflexiones acerca de esta fecha -aunque proteger el medio ambiente debería ser cosa de los 365 días- y recalcar la importancia que requiere para el planeta Tierra dicha cuestión.

La percepción de la importancia de preservar el medio ambiente en su sentido más global es afortunadamente cada vez mayor en la sociedad vasca, aunque a veces la valoración de los problemas o la dimensión de los retos que se nos plantean no se formulen con precisión suficiente. Nada ayudará más a este avance de la conciencia ambiental como el progreso científico que permita conocer con rigor los problemas y proponer actuaciones eficaces.

No faltan quienes han visto en la utilización desviada de ciertos avances científicos una fuente de amenazas para el futuro, así como el desarrollo de la capacidad destructiva en manos del ser humano, que no tiene precedentes. Conocido este peligro, sería sin embargo suicida adoptar una actitud anticientífica, pues el ser humano no puede ni debe dar marcha atrás en su capacidad para conocer racionalmente la realidad. Ahí está también la mejor posibilidad de respetarla.

Sin caer en un cientifismo trasnochado, no cabe duda de que la ciencia es hoy el primer instrumento para analizar los retos ambientales, así como para articular la respuesta que precisen. La ciencia ambiental se nos revela en este sentido como un abordaje de conjunto, pluridisciplinar, necesitado de aportaciones de todos los campos desde la biología hasta las ciencias sociales, desde la tecnología física a la antropología cultural.

Nada más lógico que abogar por una aplicación de esa racionalidad científica al conocimiento de los problemas ambientales, así como a la propuesta de solución de los mismos. Surgirá así el mejor apoyo para una toma de decisiones por parte de una sociedad que sólo acertará si se convence de que el futuro tiene derechos y actúa bajo el imperativo de una ética consecuente.

En este sentido, resulta altamente esperanzador encontrar en la programación científico-tecnológica de nuestras universidades y centros tecnológicos en Euskadi todo un conjunto de tareas destinadas a estudios científicos de relevancia ambiental: desde el cambio climático a la calidad y gestión de las aguas, o las energías renovables, la biorremediación o la seguridad alimentaria, por señalar algunos ejemplos. Surge así todo un conjunto de actitudes nuevas que permiten fundamentar conceptos como el de desarrollo sostenible como única opción para un progreso económico que no puede ser tal si se basa en una visión estrecha, coyuntural y a corto plazo de los recursos de los que dispone el planeta.

Campo solar 1 baja

En esta línea, es muy interesante y prometedora la situación del sector medioambiental vasco, que se ha ido recuperando de la crisis económica. Concretamente, el Clúster de Empresas de Medio Ambiente de Euskadi (Aclima), según los datos aportados recientemente por la citada asociación, engloba a 96 socios (71 empresas privadas, 16 entidades e instituciones públicas, cuatro centros tecnológicos y centros de empresas, cuatro universidades y una asociación empresarial) que trabajan en el sector ambiental, sumando un total de 4.700 profesionales, con presencia en 38 países a través de delegaciones o por proyectos concretos. Desde 2012 se han incorporado 35 nuevas empresas que han reforzado algunas áreas estratégicas, como el ciclo integral del agua o empresas que trabajan por la economía circular.

En cuanto a la adaptación al cambio climático, se debe considerar no solamente cómo reducir la vulnerabilidad frente a los impactos negativos, sino también cómo beneficiarse de los efectos positivos.

Es difícil encontrar una sola parcela del estudio científico actual que no tenga unas implicaciones o consecuencias para el medio ambiente. De ahí la complejidad del estudio científico ambiental y también las dificultades para lograr que la ciencia ambiental sirva adecuadamente a la creación de una auténtica conciencia ambiental.

Se profundiza hasta niveles muy significativos en estudios de fenómenos como el cambio climático, la modificación de la biodiversidad, los efectos de determinados contaminantes o la evolución de una población de especie amenazada. Sin embargo, el esfuerzo por formular modelos predictivos que integren conocimientos y produzcan decisiones apropiadas resulta mucho más difícil. Como igualmente es difícil predecir cuánto tardarán en llegar determinados desarrollos tecnológicos que, sin duda, algún día han de permitir contrarrestar problemas y amenazas ambientales.

Dos actitudes muy negativas que surgen de todo esto son la negación de la existencia de ciertos problemas o -lo que es peor- la ignorancia de los mismos, que puede llevar a decisiones como la negativa lamentable a considerar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero como una necesidad urgente, en lo que respecta a la toma de decisiones que impliquen avanzar en la mitigación y adaptación al cambio climático.

Sin duda, a través de los años, las pruebas de la realidad del cambio climático se han ido acumulando, recogidas por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, constituido por unos 3.500 científicos, y han dado lugar a certezas científicas. Sin embargo, la lucha contra el cambio climático choca con enormes intereses económicos y con posiciones geopolíticas difíciles de modificar, así como con los usos de nuestra sociedad, tales como nuestras pautas de consumo. La aparición de Donald Trump en escena, con su defensa de los sectores petroleros de Estados Unidos, es otro problema importante. El anuncio de sacar a su país del Acuerdo de París es una prueba de ello.

Trump

Igualmente, es negativo situarse en el extremo opuesto y descalificar de pleno y sin paliativos algunas posibilidades tecnológicas, aplicables a diferentes campos; por ejemplo, las prácticas agrícolas o ganaderas, que el progreso científico puede fundamentar también en cuanto a sus posibilidades de aplicación respetuosa con el medio ambiente.

Aboguemos por tanto por una ciencia que al crear conciencia ambiental sirva de instrumento para una sociedad necesitada de referencias, en la que la opinión pública exija de los poderes públicos unas actuaciones de gobierno más allá de la coyuntura inmediata. Es difícil encontrar una vertiente de la actividad humana de valor más universal que la creación científica. Cuando constatamos que la problemática ambiental se convierte en planetaria, cuando vemos que, o la conocemos y abordamos en conjunto, o no hay posibilidad de solución, la ciencia se nos revela como un instrumento fundamental en esa escala planetaria. Un instrumento que, por importante que sea, de nada servirá sin la determinación humana de enfrentarse al reto de proteger el medio ambiente que ha de legar a las generaciones futuras.

Cambio climático y aves migratorias

2 golondrinas en un cable baja

Golondrinas en Espejo, Ayuntamiento de Valdegobia (Alava).

Van llegando las aves migratorias cumpliendo con un fenómeno ancestral. Así, millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de los llamados cuarteles de invierno, en el sur, en África, donde permanecen por disponer de un clima más benigno en la estación más fría del año a otras zonas donde se reproducen. Ahora, en Euskadi, ya están entre nosotros las golondrinas, la abubilla, el colirrojo tizón, el vencejo, el pardillo común, etcétera. Y más adentrada la primavera llegarán otras aves, entre ellas, el abejaruco, tan bonito por sus colores, al que tanto le gusta la miel, pero que no es ningún problema para nuestras abejas y colmenas, cuyos enemigos principales son el cambio climático, los plaguicidas y la avispa asiática. Una excepción a esta regla la marca la cigüeña, especie en la que, desde los años 80, si se ha observado un adelanto de un mes en su llegada. Ya no llega el día 3 de febrero, San Blas, sino en enero, o incluso diciembre. Además, desde mediados de los años 80 se viene detectando un número mayor cada vez mayor de cigüeñas que pasan todo el invierno en distintas zonas de la península Ibérica, entre ellas en el País Vasco, y donde encuentran una fuente continua e inagotable de alimento en algunos de nuestros vertederos.

Pero, de hecho, las cosas están cambiando, y rápidamente. Los científicos están constatando variaciones sensibles en la fenología -la ciencia que estudia la relación entre los ciclos biológicos de los seres vivos y los factores climáticos- de muchas especies migratorias. Detrás de esas alteraciones se encuentra el cambio climático -el aumento de la temperatura en el año 2016 ha sido de 1,20º C respecto a la existente en los tiempos preindustriales (1880)-, particularmente sensible en la península Ibérica. Es un fenómeno de amplia repercusión, pues afecta a la distribución y la fenología de las especies, y condiciona, asimismo, la composición y la extensión de los hábitats y el funcionamiento de los ecosistemas.

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