Los vencejos comen, beben, copulan y hasta duermen en pleno vuelo

En pueblos y ciudades de la península Ibérica, estos portentosos viajeros, que de Siberia a África pueden recorrer 30.000 kilómetros al año, ceban a sus crías a base de insectos capturados en su planeo, y hasta duermen en pleno vuelo.

Fáciles de reconocer, no sólo por sus gritos, sino también por la silueta con alas muy largas y curvadas hacia atrás, como guadañas. Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población de la península Ibérica de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común. Apus apus. Sorbeltz arrunt.

Fotos sacadas en Osorno (Palencia). Junio 2017.

“Por San Blas, la cigüeña verás en el vertedero”

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Cigüeñas en un vertedero del País Vasco

Ya pasó el 3 de febrero, fecha en la que el refranero dice que “Por San Blas, la cigüeña verás”. Pero eran otros tiempos. Cada vez son más las cigüeñas blancas que permanecen todo el año en la península Ibérica, sobre todo por el fácil acceso a comida en los vertederos. En las fotos que publico, que son de un vertedero situado en el País Vasco, se pueden ver a muchas cigüeñas. Ahora se podría decir: “Por San Blas, la cigüeña en el vertedero verás”. Este hecho, que ha permitido la recuperación de la especie, puede tener otra cara: los elementos tóxicos de la basura inciden en la salud de las aves. No es la única intervención del ser humano sobre la especie. A través de todo tipo de dispositivos, se trata de impedir la llegada y nidificación de las aves en los tejados, un gesto que puede llegar a ser delito. La cigüeña blanca, una especie protegida, forma parte de nuestro patrimonio natural que debe y merece convivir con el patrimonio histórico.

Fotos sacadas en el Humedal de Saburua y en un vertedero del País Vasco el 7 de febrero de 2017.

Cigúeñas copulando baja

Cigüeñas copulando. 

Cigüeña blanca. Ciconia ciconia. Amiamoko zuria.