Tiempo de castañas

¿Quién no ha probado las castañas asadas? ¿Quién no recuerda pasear por las calles de nuestras ciudades y pueblos en búsqueda del castañero o la castañera en las tardes más frías del año para saborear este fruto seco del otoño tan saludable y con tan importantes beneficios nutricionales y también con aplicaciones terapéuticas?

Maduran a lo largo del mes de octubre, y los ya dorados erizos, defensa inexpugnable que durante cinco meses las protegió, se rajan empujados por la hinchada sazón del fruto. Cada zurrón contiene hasta 3 castañas. Las flores, masculinas y femeninas, en la misma espiga y de color amarillo cremoso.

Asadas en plena calle, entre rescoldos de carbón vegetal, son también la última brasa encendida de un puente casi por completo desmoronado. El de los productos que llegan al consumidor sin alteración alguna, casi sin intermediarios. Conservando, pues, los aromas esenciales. Calentando las manos y los recuerdos. Pero también evocándonos al bosque que da forma y sabor a esta delicia gastronómica.

Pero, si agradable resulta comer castañas, el otoño de los castañares merece la pena pasear entre ellos. En primer lugar, porque sus hojas, antes de tomar un tono beis oscuro, adquieren todas las gamas del amarillo y del ocre. Es decir, de espléndidos dorados.

El castaño es uno de los árboles más hermosos. Forma frondosa copa con sus hojas de borde aserrado. Sus troncos transmiten la seguridad de lo tenaz y longevo. De hecho, no son raros los ejemplares enormes, por ser varias veces centenarios. Algunos de ellos son capaces de producir hasta 400 kilos de castañas. Eso cuando está solo, porque si alcanza a ser bosque, el resultado es soberbio.

Los castañares convierten nuestros pasos en crujientes. Porque estaremos apoyándonos en uno de los suelos más orgánicos, como corresponde a árboles que todos los años aportan a sus raíces varios miles de kilos de sus propias hojas por hectárea. Y además tenemos para elegir en casi todas las comunidades de la península Ibérica porque hay en general amplios espacios forestales dominados por el castaño.

El castaño, conocido científicamente con el nombre de castanea savia, perteneciente a la familia de los fagaceae y nativo de climas templados del hemisferio norte, es un árbol autóctono en la Península Ibérica, como muestran análisis polínicos del Cuaternario.

Un dato de interés, es el “Gaztaina eguna” -“Día de la Castaña”- que se celebra todos los años en el municipio vizcaíno de Orozko (este año el pasado 29 de octubre), donde se rememora su estrecho vínculo con los castaños, como se puede ver en la foto.

Pero volviendo a las castañas asadas por los castañeros y las castañeras, en ese carromato especie locomotora, todavía perduran en el tiempo, aunque con una diferencia: menos puestos. Solo se me ocurre exclamar, ¡larga vida a los castañeros y a las castañeras! Su dulce olor, el sabor inconfundible, el ambiente amistoso que crean a su alrededor y lo sabrosas que son sus castañas asadas, merecen la pena. La tradición castañera nos necesita.

Castaño. Castanea sativa. Gaztainondo.

Fotos:

  • Autor de la primera foto: Javier Begarasa. Publicada en Noticias de Navarra.
  • Autor de la segunda foto: Deia.
  • Autor de la tercera: Deia.